Romance del arriero de Bembibre

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Romance del arriero de Bembibre
Anónimo

Versión A[1] Versión B[2]
Caminito de Bembibre, caminaba un arriero
buen zapato, buena media, buena bolsa con dinero.

Arreaba siete machos, ocho con el delantero
nueve se pueden contar con el de la silla y freno.

Detrás de una encrucijada siete bandidos salieron.
- ¿A dónde camina el mozo?. ¿A dónde va el arriero?
- Camino para Bembibre con un recado que llevo.
- A Bembibre iremos todos como buenos compañeros.
- De los siete que aquí vamos, ninguno lleva dinero.
- Por dinero no asustarse, que el dinero yo lo tengo,
que tengo yo más doblones que estrellitas tiene el cielo.

Ellos como eran ladrones se miraron sonriendo.
Ya llegaron a una venta, echaron vino y bebieron,
y el primer vaso que echaron fue para el mozo arriero.

- Yo no bebo de ese vino, que me sirve de veneno.
Que lo beba el rey de España, que yo por mí no lo bebo.

Al oir estas palabras los puñales relucieron.
El arriero sacó el suyo que era de brillante acero.
Del primer golpe que dio, los siete retrocedieron
al segundo que tiró, cinco cayeron al suelo.

Gritos daba la ventera por ver si la oía el pueblo;
ha llegado la Justicia, le han llevado prisionero.

Escribe una carta al rey, contándole aquellos hechos.
Cada renglón que leía, el rey se iba sonriendo:
- Si mató cinco ladrones, como si matara ciento;
siete reales tiene el mozo, mientras viva en este reino.
Por las calles de Bembibre se pasea un arriero,
buen zapato, buena media, buen bolsillo con dinero.

Arreaba siete machos, ocho con el delantero,
nueve se pueden decir con el de la silla y freno.

Al revolver de una esquina siete quintos le salieron:
—¿A dónde camina el mozo, a donde va el arriero?
—A la Mancha voy, señores, con esta carga que llevo,
—Pa la Mancha vamos todos como buenos compañeros.
—De los siete que aquí vamos ninguno tiene dinero.
—Por dinero no apurarse, adelante, compañeros,
que llevo yo más doblones que estrellitas tiene el cielo.

Ellos como eran ladrones se miraron y rieron,
cuando llegan a la venta piden vino del más bueno
y el primer vaso que sirve es para el mozo arriero

—Que lo beba el rey de España, yo para mí no lo quiero
porque le echasteis veneno.

Estando en esta disputa siete sables relucieron
el mozo sacaba el suyo que era de un brillante acero.
A la primera embestida cinco cayeron al suelo,
los otros dos que quedaron huyeron llenos de miedo.





El Rey que supo aquel lance premió al valiente arriero
con sueldo de cinco reales
y tres le dio a la ventera por el vino que bebieron.
Lugar de interpretación:
Villacorta, León, España
Duración: 2m 58s
Lugar de interpretación:
Noceda del Bierzo, León, España
Duración: 1m 5s

Referencias[editar]

  1. Romances tradicionales, 1972. Díaz, Joaquín
  2. Historia de Bembibre, 1993. Díaz Carro, Antonio