Sacerdote y filósofo

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Que no guardamos vuestros santos, nos reprocháis, curas,
Aunque pertenecemos a vuestro gremio también nosotros...
También para nosotros la búsqueda de oro y poder
Representa el dominio del mal en el mundo.
La carrera por el camino del placer
También nos trae disgusto y dolor al corazón.
Nosotros también nos sentimos hijos de la pequeñez,
Arrojadas infelices en el surco de la eternidad...
Y nuestras almas temblantes son como el mar
Cortado por las naves del sufrimiento eterno;
Como ondas efímeras del azulado mar,
Así son nuestros deseos, espuma de nuestra necedad.
También tenemos una ley - aunque no es Dios -
También sentimos que aguantamos el peso del Universo entero :
Sabemos que somos descendientes de ese gran pecado
Que el linaje de Caín trajo al mundo.
Si no hablamos en parábolas, es signo de entendimiento,
Nosotros tenemos buena fe, mientras otros son heréticos.
Herético es el tirano que reza a la cruz
Mientras sus hordas traen muerte y ruina.
En vano reza apoyado en el atril,
Encima de él extiende sus alas Satanás.
En vano al lado de su cama está el ataúd
Si a sus órdenes sus hombres vaciaron el mundo.
¿ Qué Dios es aquel que lo podría perdonar
Por haber transformado países en desiertos extensos ?
¿ No es herético aquel que besa vuestras sotanas,
Mientras su alma hierve con un odio antiguo ?
En vano intentáis a enseñar el bien,
Malos se quedarán mientras estarán vivos,
Hasta que serán despertados del sueño tejido
Por el demonio de éste mundo, con su comedia extraña.

¡ No nos exhortéis ! Nosotros tenemos el oído fino
Y hemos entendido el misterio divino.
Dejad que os siga la multitud absurda,
Seguid componiendo sinfonías para sordos,
Afilad la verdad en ídolos, piedra, madera,
Porque sólo así entiende la muchedumbre indigna,
Sólo así entiende la sublime verdad,
Que vosotros contáis en parábolas
Y nosotros lo sabemos del cielo.