Se baten en retirada

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<< Autor: José Batlle y Ordóñez


Miércoles 2 de diciembre de 1891, EL DIA.

Editorial

SE BATEN EN RETIRADA

Bueno es dejar constatado en esta lucha que venimos sosteniendo contra prejuicios populares, y sobre todo contra los intereses personales e inconsiderados de un grupo de especuladores, las contradicciones en que incurre el adversario cada vez que pronuncia una palabra, y las posiciones que lentamente va abandonando.

Habla el órganos de los partidarios a outrance del oro y dice, textualmente, lo que sigue: “De lo que nosotros hemos tenido cuidado siempre es de no asistir a las exageraciones populares respecto del papel-moneda, a la equiparación con el robo que se hace, de una medida, a veces de salvación publica, que se adopta por los pueblos mas cultos y honrados del mundo”. Nos place verlo expresarse de esta manera porque la discusión es así posible; pero queremos hacer notar la contradicción de su conducta: -hasta hace poco el órgano en cuestión no hablaba jamás de papel-moneda; decía, empapelamiento, dando a entender de esa manera que el papel-moneda no significaba más que escándalo y robo, y fomentando esas exageraciones populares contra las que ahora protesta. Ahora el empapelamiento de antes, es papel moneda y puede ser una medida de salvación pública. “Puede producir, además, el saludable efecto de repartir más equitativamente la ruina social y evitar la desvalorización extrema de las cosas.”

El mismo diario dice: “nadie puede referirse a abusos de la magnitud de los del tiempo de Varela, que están corregidos por sí solos; en realidad, el año 75, el papel no convertido no hizo los oficios de moneda un solo día: la sociedad los desmonetizó inmediatamente y no se sirvió sino de la moneda metálica.” Esta bien que se reconozcan estas profundas diferencias de época a época; pero si esas diferencias son tan grandes ¿ no fue y no es completamente desatentado el proceder del comercio al adaptar ahora medidas que solo en aquellos tiempos pudieron justificarse?...

Abandonadas estas posiciones, el órgano orista se dispone nuevamente a la defensa. Lo malo que tiene el papel no es eso: -es que se quiera hacer buenas con él –dice- “Todas las empresas disparatadas del período inflacionista, suprimiendo las perdidas que fatalmente tienen que sufrir cuantos contaron con una suba indefinida de los precios.” –La vaciedad de la acusación no puede ser mayor. Llevamos dos años de liquidación y todas las cosas han llegado a sus precios mas bajo. Las perdidas son ya definitivas. Lo que se desea es no ir a la ruina completa. Lo que se desea es, usando las mismas palabras del colega, Poner en practica “una medida de salvación pública”, de esas que “los pueblos más cultos y honrados del mundo adoptan” , para “evitar la desvalorización extrema de las cosas”, para repartir “más equitativamente la ruina social”.

Pero el colega no se apea y sigue: “Es la conciencia formada en el público de que detrás de una emisión viene otra, cuya necesidad se demostrara tan irrefutablemente como la de la primera, lo que legitima la resistencia invencible que opone a recibir un solo peso inconvertible”. “Esa desconfianza fundada trae las fluctuaciones del valor del papel, etc., etc. –En el primer párrafo dice el colega que la creencia de que se abusara el legitima la resistencia a recibirlo. En el segundo ya más fundada a esa creencia. De manera que su gran argumento contra la emisión inconvertible está basado en la certidumbre pesimista que abriga, de que se abusará ahora del papel de la misma manera que se abusó en el año 75! No hay diferencias: a una emisión seguirá otra, y otra y otra. Y con las emisión vendrían las alteraciones en el valor de la moneda, la falta de fijeza para todas las transacciones. La medida de salvación pública de que suelen echar mano los pueblos más cultos y honrados, no es, pues, para nosotros.

Veamos como reúne sus argumentos para dar el gran masazo, ni más ni menos que el jefe aguerrido que reúne sus fuerzas para llevar el ataque decisivo: “Absoluta falta de fijeza (en el valor de la moneda); conciencia plena de que las emisiones no tienen limites, la idea absurda de resistir con tiras de papel a la necesidad inflexible de liquidar los malos negocios hechos durante la inflación; pretensión de salvar perdidas que es fatal que sufrirá la sociedad, sacada de quicio, para volver a la normalidad de la existencia, todo esto es lo que da razón fundada a la resistencia al papel que como se ve está lejos de ser una preocupación rancia y sin fundamento alguno razonable”.

Hemos trascrito el párrafo íntegro, porque todo esto es el arsenal de guerra del órgano orista. No hay más material. Y ¿qué es, todo esto?... La suposición, que su pesimismo convierte en absoluta certidumbre, de que no queremos el papel para vivir y progresar, sino para derrocharlo sin miramientos haciendo emisiones de tiras de papel hasta más no poder. Son precisamente las exageraciones populares a que el colega dice que no ha querido nunca suscribir!... ¿Y es así como distingue entre una situación cada vez más regular y la situación creada el año 75?.

Hay, a la verdad, algo que puede tomarse en consideración en el párrafo trascrito. El papel, es indudable, tiene el inconveniente de que su valor fluctúa, y no da fijeza para las operaciones que se hacen en esa moneda. Pero este inconveniente ¿es del papel tan solo? –Contestaremos con un párrafo tomado del artículo del diario orista, que motiva estas líneas: -“El régimen metálico, sin ninguna atenuante, tiene el efecto de que ese oro, por la rareza violenta que ha producido la crisis, aunque en la apariencia siempre suena la misma cantidad, en realidad duplica y triplica de valor mientras que, a la inversa, todas las cosas se reducen a valer la tercera o la cuarta parte”. Y la reciproca también se produce: cuando el oro abunda, su valor se reduce a la mitad o a la tercera parte y las cosas suben de precio. La falta de fijeza no es característica, pues, del papel.

La debilidad de los argumentos que hace, no se le oculta del todo al colega orista, y así, al terminar, por lo que potest-contingere, vuelve de nuevo a sus cuarteles de invierno, diciendo que aún cuando todo lo que ha expuesto nada valiera, siempre quedaría como baluarte insalvable, la oposición que el pueblo hace al papel, que en el caso supuesto sería por completo falta de razón.

Hace bien en tomar esas preocupaciones, porque en verdad lo que ha dicho nada vale, pero sepa que las preocupaciones populares se destruyen con la propaganda y que el papel moneda ha hecho ya mucho camino en el país.