Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1811/Comunicaciones cambiadas entre el Congreso Nacional i don Carlos Elphistone Fleming, en 27 de julio de 1811

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
XXIII
COMUNICACIONES CAMBIADAS ENTRE EL CONGRESO NACIONAL I DON CARLOS ELPHISTONE FLEMING,
COMANDANTE DEL NAVÍO DE S. M. B. “STANDARD”


El comandante del navío ingles Standard anuncia al Congreso su arribo a Valparaiso, i le comunica que ha sido comisionado con el objeto de conducir a bordo del navío de su mando a los diputados que Chile haya elejido para las córtes españolas, i ademas, que tiene autorizacion para recibir el dinero que esta colonia debe enviar a España como subsidio de guerra. El Congreso le contesta que Chile no ha verificado la eleccion de los diputados a córtes, i que, a causa de la pobreza del erario, se encuentra en la imposibilidad de enviar subsidios a la Península. En un último oficio, el comandante ingles, despues de esforzarse por desautorizar la falsa suposicion de que la Inglaterra favorece la independencia de las colonias hispano americanas, reitera al Congreso su ofrecimiento para conducir a hordo del navío de su mando a los diputados que Chile elija para las córtes españoles.


Oficio del comandante Fleming

Excmo. Señor:

Tengo el honor de anunciar a V.E. mi arribo a este puerto, en el navío de guerra Standard de S.M.B., comisionado por el gobierno español e ingles para conducir pliegos del real servicio i público; i, siendo estensivo este encargo a la capital de Lima, solo me detendré aquel preciso término para que V.E. pueda contestarme sobre los dos principales objetos a que es terminante mi mision, a saber: Si este reino tiene elejidos i dispuestos a partir a la Península los diputados propietarios que le han de representar en el congreso jeneral de córtes, en cuyo caso los conduciré a bordo del navío de mi mando; i, en el de que no se halle aun realizada su eleccion, i pueda verificarse durante mi permanencia en Lima, regresaré a recibirlos i tendré la mayor satisfaccion de conducirlos a España, porque su reunion a los demas de la monarquía española de ambos hemisferios, es la confianza del pueblo español, de ellos i el deseo constante de las naciones aliadas, que lo consideran el típico remedio de restablecer la tranquilidad i oponerse vigorosamente al enemigo comun.

El otro de mis principales encargos es la conduccion de los caudales que deben remitirse a la Península de estos dominios, objeto tan interesante en el dia, que sin él no es posible auxiliar los esfuerzos que la nacion española i sus aliados hacen por sacudir al enemigo, que esperimenta, a su pesar, el poder que tiene una verdadera alianza i un teson constante en la defensa de la mas justa causa. La resistencia que ha opuesto la nacion española al tirano, le ha hecho conocer que sus intentos, si tuvieron algun éxito en su principio, son desgraciados desde el momento que consolidó su gobierno en el congreso de córtes, estableciendo principios liberales i reformando sus antiguos abusos.

Yo mismo le vi igualar confianza al gobierno español. Pasé a Nueva España i conduje los nuevos caudales que aquel reino remitió para la defensa de la patria, i tambien los señores que se hallaron en disposicion de trasladarse a España, nombrados para el congreso de córtes; recibiendo los caudales que los particulares querian rejistrar para España, cuyo anuncio espero que V.E. se sirva comunicar al público. —Tengo el honor de ser atento servidor de V.E. —Cárlos Elphistone Fleming. —Excmo. señor presidente gobernador del reino de Chile. —A bordo del navío de S.M.B. Standard, a la ancla en Valparaiso, a 27 de julio de 1811. —Fleming.


Contestacion del Congreso

El mui atento oficio de V.S. i la franqueza que manifiesta, bastaria a dar la mas alta idea de su jenerosidad personal i la de la gran nacion que, en el tiempo mas angustiado, supo arrostrar, en obsequio de la nuestra, al opresor de la mayor parte de la Europa, i contener las miras ambiciosas dirijidas tambien a esos paises. Sin duda, no podria presentarse una oportunidad mejor para el trasporte de las personas que, con destino de diputados a las córtes españolas u otro de igual importancia, hubiesen de trasladarse a España, si las circunstancias permitiesen aprovechar la noble oferta de V.S., i que éstos lograsen de las bondades que nuestros compatriotas traidos a su bordo de la Península.

Para el tiempo de su salida habrá producido su efecto la publicacion que se ha hecho de que el comercio puede rejistrar sus caudales en el buque de S.M.B. i del mando de V.S., a quien avisaré el resultado.

Suplico a V.S. que permita al gohernador de ese puerto que cumpla la órden de reponer los víveres que puedan faltar a su tripulacion despues de tan largo viaje.

Igualmente que, si gusta honrar con su presencia esta capital, se dirija a la casa que le está preparada, en la que, i en la sinceridad de nuestras intenciones, verá la profunda consideracion a su carácter i aprecio a su persona. —Dios guarde a V.S. muchos años. —Santiago, julio 30 de 1811. Martin Calvo Encalada. —Señor don Cárlos Elphistone Fleming, comandante del navío de S.M.B. Standard.


Oficio del comandante Fleming

Impuesto en el contesto del obsequioso oficio de V.E., 30 del pasado, debo contestar que me ha sido mui sensible el que no se halle realizada la eleccion de los señores diputados que han de representar este reino en el congreso jeneral de córtes, así como creo que lo será a la nacion británica, cuyo gobierno considera como el mayor obstáculo a las miras ambiciosas del tirano, aquella augusta asamblea, en que, reunidos los votos de la monarquía española, se dicten los decretos i resoluciones que, al tiempo que formarán la felicidad de ambos hemisferios, son las armas que mas teme aquel injusto opresor, como que ellas han formado la opinion jeneral del reino í consolidado su gobierno.

Estimaria que V.E. se sirviese manifestarme si existen caudales pertenecientes al real erario, que estoi pronto a trasportar, pues sabe V.E. que este es el ajente jeneral con que la España i sus aliados deben sostener la justa guerra que han emprendido; i espero, asimismo, el éxito de la publicacion que V.E. ha mandado hacer con respecto a los de el comercio.

Doi a V.E. las mas espresivas gracias por su apreciable oferta relativamente a víveres, de que ya estaba provisto, i la haré presente a mi gobierno, que la estimará, observando que este jeneroso reino ha manifestado a la nacion británica los mismos sentimientos que esperimenta en toda la Península i en América.

Por último, no debo omitir que me es mui satisfactorio el obsequio que V.E. me prepara en esa capital, i de que, a mi pesar, no puedo disfrutar por no retardar mi partida a Lima, en justo desempeño de mi comision; i acaso a mi regreso de aquella capital recibiré este honor, donde, si V.E. me considerase de alguna utilidad, podrá ocuparme con entera satisfaccion. —Dios guarde a V.E. muchos años. —En la rada de Valparaiso, al ancla, a bordo del navío de S.M.B. Standard, a 2 de agosto de 1811. —Excmo. señor. —Cárlos Elphistone Fleming. —Excmo. señor presidente gobernador del reino de Chile. —Fleming.


Contestacion del Congreso

La imprevision con que los mandatarios del gobierno antiguo prodigaron la hacienda real en edificios de lujo i otros objetos de menor importancia, la trajo a nuestras manos debilitada de un modo que ha sido necesario usar de los exíguos ramos remisibles para costear un pié de ejército, no solo indispensable para defender el reino de la fuerza armada del usurpador, sino muí especialmente de sus maquinaciones e intrigas dirijidas a revolucionar estos dominios, cuya seguridad nos está encargada para mantenerlos a nuestro soberano. Por consiguiente, i a pesar de los mejores deseos, no contamos en el dia con caudal alguno que poder enviar.

No ha producido hasta la fecha efecto alguno el aviso publicado al comercio para rejistrar a bordo del Standard, del mando de V.S., sus caudales. Seguramente es efecto de estar tanto tiempo há interrumpida la comunicacion, siéndoles inesperada esta preciosa ocasiono Sírvase V.S. creernos los mas interesados en la justa causa que sostiene nuestra nacion, i es una en aquélla i este dominio, bajo la proteccion de la suya, que vemos como su mejor aliada i protectora. —Dios guarde a V.S. muchos años. —Santiago, agosto 6 de 1811. —Manuel Perez de Cotapos. —Doctor Juan Cerdan. —Agustin de Vial, secretario diputado. —Señor brigadier don Cárlos Elphistone Fleming.


Último oficio del comandante Fleming

Excmo. Señor:

A mi arribo a ese puerto en desempeño de los encargos del gobierno español, tuve el honor de dirijir a esa capital dos oficios con fecha de 27 de julio i 2 de agosto, i las contestaciones que recibí me hicieron conocer la certeza de lo que, por opinion casi jeneral, se me aseguraba, esto es, que la de ese reino no estaba conforme con su gobierno, si alguno existia a la sazon. Debia partir para esta capital, i realicé, no sin recelo de que legase a mi noticia haberse verificado en Chile uno de aquellos efectos que son consecuencia de la discordia; pero felizmente he entendido que el reino se ha conformado con la eleccion de personas que no rijan, teniendo en consideracion los respetos i circunstancias que adornan a los electos, cuyo acierto no es posible que deje de ser un anuncio seguro del restablecimiento de la tranquilidad; que, arroladas ya las miras ambiciosas de algunos díscolos, volverá ese pais a entrar en la senda que le debe conducir a su felicidad, gozando de la confianza del gobierno supremo de la nacion española, de que es parte, i del influjo de las que están en su alianza.

Un motivo tan relevante me pone en la obligacion de reiterar a V.E. lo mismo que espresé en mis citados oficios, a que daré alguna estension, ya porque me anima el creer que sean mejor encaminadas las razones de su apoyo, ya por desvanecer equivocaciones que vemos demasiado estendidas, i que acaso han tenido bastante parte para alucinar a los incautos e inducirlos al error.

De esta clase es, i no de corta consideracion, el que han puesto en uso los primeros jenios malignos que han alterado el sosiego de las Américas españolas, suponiendo a la Gran Bretaña protectora de una independencia con que han alucinado a los hombres poco reflexibles e incapaces de entrar al exámen de los poderosos obstáculos que resisten un principio tan opuesto a la razon de justicia, de conveniencia i de política.

Voi a reunirlos concisamente. La nacion británica se unió a la España al momento que dió la señal de su heróica resistencia contra las miras ambiciosas i pérfidas del tirano. Esta alianza no puede considerarse puramente ceremonial; pues justifican lo contrario los socorros de toda clase espedidos por aquélla, i todos serian de pequeña consecuencia si no concurriera con la sangre de sus ciudadanos vertida en repetidos combates y mezclada con la de sus aliados. Seria, pues, una absurda contradiccion sostener, con una mano, los intereses de España en Europa i arruinarlos, con otra, en América, debilitando su poder i fuerza para combatir al enemigo comun.

No considera la Inglaterra las Américas espalas con las disposiciones i circunstancias indispensables a separarse de su metrópoli, aun prescindiendo de los vínculos de justicia i reconocimiento, ni es este el deseo ni la opinion jeneral de sus habitantes. Los que se llaman indíjenas, no tienen opinion propiamente hablando; los españoles europeos residentes en ella, lo miran con horror; los españoles americanos acomodados, fincados i empleados, son del mismo sentir; i los mestizos, por inclinacion, siguen este mismo partido. Yo mismo me he certificado en estas mismas ideas, tanto en Nueva España como en esta América Meridional, i, si hubiera podido equivocarme, me sacaria del error, como a todo el que vea sin prevencion las preocupaciones, el éxito de los sucesos de Nueva España, Coro, Paraguai, Montevideo, Desaguadero, Cochabamba, en cuyas escenas trájicas i sangrientas no se han batido los españoles americanos con los europeos, sino con sus mismos paisanos, sin esceptuarse los mas íntimamente relacionados.

Todo el interes de la Gran Bretaña relativamente a las Américas españolas debe considerarse mercantil; porque de nada está mas distante que de nuevas adquisiciones de terreno, i, siendo aquel su objeto, mal podria realizarlo en unos paises devastados a impulsos de la anarquía i de sus efectos espantosos, que ya iba estenuando la influencia francesa, notandose el perjuicio de la misma Inglaterra aun en el comercio, pues se ven los jéneros franceses introducidos por conducto de los americanos del norte.

Los paises en que tuvo oríjen esta delirante idea de la independencia fueron aquellos en que mas concurrian los anglo-americanos i algunos ingleses que, guiados de su interes particular, contribuyeron eficazmente a la seduccion; pero ni ellos estaban autorizados, ni tenian los competentes conocimientos para dar seguridades, que debieron mirarse, no solo con desconfianza, sino con desprecio, pues ellas embebian contradiccion i violencia con los sentimientos de la Gran Bretaña i con las terminantes esplicaciones de su gobierno, como puede verse en el oficio del lord Liverpool dirijido, con fecha 29 de junio de 1810, al gobierno de Curasco, a quien dice, entre otras cosas, que S.M.B. cree que es un deber suyo, en honor de la justicia i de la buena fe, oponerse a todo jénero de procedimientos que puedan producir la menor separacion de las provincias españolas de América de su metrópoli de Europa, pues la integridad de la monarquía española, fundada en principios de justicia i verdadera política, es el blanco a que aspira su majestad.

Estas terminantes esplicaciones de la Gran Bretaña no admiten interpretaciones, ni pueden oscurecerse por el abuso de ellas ni por otras producidas en tiempo en que España tenia un gobierno de cuya lejitimidad se dudaba, o, a lo ménos, no estaba reconocido por todas las provincias ni por todas las potencias estranjeras. Hoi se halla la nacion española reunida en córtes jenerales, con un gobierno solemne i lejítimamente establecido, a quien respetan i han reconocido uniformemente las provincias de uno i otro hemisferio. En aquel congreso, dedicado desde el punto de su reunion a restablecer el bien de todos los españoles i fijar las bases sólidas de aquella lejislacion igual i justa, tienen su confianza todos los pueblos que componen aquella monarquía. Los españoles americanos han visto ya desaparecer con sus decretos muchos de los abusos de que se quejaban, i lograrán el total remedio de ellos sin necesidad de sangre, horrores i devastacion, desgracias a que ha pretendido inducirles la influencia de la Francia i que trata de evitar la Inglaterra.

Una misma es la causa i recíprocos los intereses entre españoles, portugueses e ingleses; mas la Gran Bretaña ha evitado cuidadosamente toda jestion que pudiera infundir recelo, aun el mas remoto, siendo la prueba de la rectitud de sus principios la resistencia a la pretension del nuevo gobierno de Buenos Aires, que solicitaba ponerse bajo la proteccion del Portugal. La Inglaterra consideró esta medida opuesta a la verdadera alianza i al objeto que desde luego se propuso, que nunca será otro que el de auxiliar a una i otra potencia contra el enemigo comun, para mantener indemnes sus respectivos dominios de Europa i América. A este efecto, se ha ofrecido pronta a las jestiones de conciliacion. Yo, como individuo de la nacion británica, obrando con conocimiento de sus sentimientos en la materia, inclinado, ademas, por amor a los españoles, no he querido omitir el reiterar a V.E. el contenido de mis citados anteriores oficios, ofreciéndome de nuevo a pasar a ese puerto i recojer i conducir abordo del navío de mi mando los señores diputados que ese reino elija para que le representen en el congreso nacional, seguro de que en él obtendrán los deseos convenientes a la felicidad de ese hermoso reino, en mision con sus hermanos de Europa, con honor, con lejitimidad i por los medios que corresponden a la nobleza i decoro de que son dignos sus habitantes. —Dios guarde a V.E. muchos años. —Lima, octubre 3 de 1811. —Excmo. Señor. —Cárlos Fleming. —Excmo. señor presidente gobernador del reino de Chile. —Fleming.