Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1826/Sesión del Congreso Nacional, en 4 de julio de 1826

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CONGRESO NACIONAL
SESION DE INSTALACION, EN 4 DE JULIO DE 1826
PRESIDENCIA DE DON JOSÉ IGNACIO CIENFUEGOS


SUMARIO.—Cuenta.—Aprobación del acta de la sesión precedente. —Asistencia del señor Campino. —Elección de los señores Cienfuegos i Vicuña para Presidente i Vice-Presidente. —Id. de los señores Montt i Fernández para secretarios. —Juramento de los diputados. —Id. de los funcionarios públicos. —Fijación de la tabla.—Acta.—Anexos.

El Excmo. Supremo Director comparece i pone en manos del Presidente del Congreso un mensaje. (V. sesiones del 22 de Noviembre de 1824 i del 25 de Febrero de 1828.)

CUENTA[editar]

Se da cuenta:

  1. De un oficio en que el Supremo Director comunica haber impartido las órdenes convenientes para que todas las autoridades i corporaciones de la capital concurran el dia de mañana a la apertura del Congreso. (Anexo núm. 56. V. sesión del 3.)
  2. De otro oficio con que el señor Ministro del Interior acompaña cincuenta ejemplares impresos del mensaje dirijido por el Supremo Director al Congreso en el acto de la instalación de este Cuerpo i en el cual informa sobre el estado de la República i hace indeclinable renuncia del mando. (Anexos núms. 37 i 38. V. sesiones del 17 de Julio i del 33 de Noviembre de 1824, del 7 i del 11 de Julio de 1826 i el documento 14º de los posteriores a la disolución de la Asamblea de 1823.)

ACUERDOS[editar]

Se acuerda:

  1. Que el señor Campino continúe asistiendo a sesión, no obstante el reclamo de nulidad interpuesto contra su elección.
  2. Elejir para Presidente i Vice-Presidente respectivamente a don José Ignacio Cienfuegos i a don Francisco Ramón de Vicuña. (Anexo núm. 39. V. sesiones del 3 i del 8.)
  3. Elejir para secretarios a los señores Montt i Fernández. (Anexo núm. 39. V. sesiones del 3 de Julio de 1826, del 3 de Marzo i del 14 i del 19 de Julio de 1827.)
  4. Dar aviso al Supremo Director, de que la Sala está ya en disposición de recibirle.
  5. Dejar en tabla para la sesión próxima el reglamento de Sala. (V. sesiones del 16 de Setiembre de 1825 i del 5 de Julio de 1826.)

ACTA[editar]

Se abrió con los señores Romero, Donoso, Huerta, Molina, Arce don Estanislao, Alcázar, Lavin, Villagran, bustos, Arce don Casiano, López, Marcoleta, Arriagada, Hernández, Bauza, Balbontin, Olivos, Campos, Muñoz Bezanilla, Elizondo, Cruz, Meneses, Fariñas, Benavides, Prats, Torres, Campino, Silva, Vicuña, Albano, Lazo, Ojeda, Fernández i Montt.

Se leyó el acta anterior i fué aprobada.

El señor Campino insistió sobre su no asistencia por la nulidad deducida. Se mandó estuviese a lo acordado.

Luego se dió principio a la elección de Presidente, Vice-presidente i secretarios, i sacó, para Presidente, el señor Infante, diez sufrajios; el señor Lazo, siete; el señor Vicuña, uno, i el señor Cienfuegos, diezisiete, quien fué declarado Presidente. Para Vice-Presidente, el señor Lazo, uno; el señor Cruz, siete; el señor Donoso, uno, el señor Elizondo, dos, i el señor Vicuña, veinticuatro, quien fué declarado Vice Presidente. Para secretarios, el señor Lazo, uno; el señor Fernández, dieziocho; el señor Romero, dieziocho, i el señor Montt, treinta i tres. Fué declarado dicho señor Montt secretario, i por la igualdad de sufrajios que obtuvo el señor Fernández i el señor Romero, se procedió a nueva elección, en la que resultaron, por el señor Romero, nueve, i por el señor Fernández, veinticuatro. Quedó declarado secretario dicho señor Fernández. Habiendo quedado la Sala en disposición de proceder a la instalación, se avisó al señor Director, quien pasó inmediatamente, acompañado de sus Ministros i jenerales, i tomó el juramento a todos los señores diputados, con arreglo al ceremonial presentado.

Acto continuo se procedió a tomar el mismo juramento por el señor Presidente al señor Director, Ministros i jenerales. Leido finalmente el mensaje, que entregó el señor Director, i retirado de la Sala, se levantó la sesión a las dos de la tarde, anunciando para el dia siguiente la discusión del reglamento interior. Se aprobó. —Cienfuegos. —Montt.


ANEXOS[editar]

Núm. 56[editar]

El Director Supremo de la República tiene la honra de informar al señor Presidente del Congreso haber dado ya sus órdenes, a fin de que todas las corporaciones concurran mañana, a las doce del dia, a la Sala de la Representación Nacional a prestar el juramento correspondiente.

Con este motivo, el Director Supremo protesta nuevamente al señor Presidente sus sentimientos de alta consideración. —Santiago, Julio 4 de 1826. —FREIRE. —Ventura Blanco Encalada. —Al señor Presidente del Congreso Nacional.


Núm. 57[editar]

El Ministro que suscribe tiene el honor de dirijir al señor secretario del Congreso cincuenta ejemplares del Mensaje del Director Supremo a la Representación Nacional, con el objeto de que se distribuyan entre los señores diputados.

El infrascrito saluda al señor secretario, a quien se dirije con la mas distinguida consideración. —Santiago, Julio 4 de 1826. —Ventura Blanco Encalada. —Al señor Secretario del Congreso Nacional.


Núm. 58[editar]


MENSAJE DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA REPÚBLICA DE CHILE AL CONGRESO CONSTITUYENTE.

Señores:

Despues de tantos afanes, salvos ya de los peligros que un tiempo nos aflijieran, ¡cuán grato es para mi corazon el contemplar reunidos los representantes del pueblo chileno en esta Augusta Asamblea! Las esperanzas de la Nación reposan en ella, i de ella van en adelante a depender sus destinos. Vuestra sabiduría, vuestro ínteres i patriotismo, en que se fija la confianza pública, son para mí la mas firme garantía de vuestra futura conducta, i de que ningún obstáculo, sea cual fuere su magnitud i naturaleza, detendrá la marcha que emprendereis, dirijida a llevar a cabo la inmensa empresa de una nueva rejeneracion social.

El objeto que, en las circuntancias, os reúne, no puede ser de un Ínteres mas grande i trascendental. La dignidad nacional i el espíritu del siglo, cuando fuera posible desentenderse de la necesidad que tan imperiosamente habla a los pueblos el lenguaje de su propia conveniencia, todo exije de vosotros, señores, la pronta realización de una obra que, consignando los derechos jenerales de la Nación i los particulares de los ciudadanos, sea a un tiempo el fundamento de la común prosperidad i el antemural contra los ataques del poder arbitrario i el indujo de las ideas anárquicas desorganizadoras, que felizmente aun no han desarrollado entre nosotros su jérmen destructor. Al hablaros de la formación de nuestras leyes fundamentales, de una Constitución, séame permitido indicaros que, para que esta Constitución pueda producir los inmensos bienes por que anhelamos, es forzoso, no solo que ella se conforme con nuestras costumbres i se adapte al estado de nuestra civilización, sino que huyáis del peligro en que frecuentemente han caido los lejisladores americanos, imprimiendo en estos códigos políticos un carácter de inmutabilidad que se opone a la adopcion progresiva de las ventajas que el tiempo i la práctica van señalando como necesarias.

La que dictó el Congreso de 1823, a pesar de sus principios luminosos i de las grandes i elevadas ideas que contiene, no pudo por este i otros motivos, resistir a los embates de la opinion pública, ni a la incontrastable fuerza de la voluntad jeneral de los pueblos, que solemnemente i como impelidos de una acción simultánea, elevaban al Gobierno sus quejas, pidiendo su suspensión. Se alegaba para ello, entre otras razones, la imposibilidad de su aplicación práctica, nacida de sus complicados resortes, de su espíritu excesivamente minucioso i reglamentario, tal vez de su misma perfección ideal que no podia acomodarse a las costumbres de los naturales ni a las ideas jenerales recibidas. Se añadia la nulidad en que se hallaba constituido el Poder Ejecutivo, a causa de sus restrinjidas facultades, que no le permitían obrar con la fuerza ¡ actividad que le es inherente por su naturaleza, i que reclamaba la salud pública en medio de circunstancias difíciles, i de la urjente necesidad de emprender reformas que la utilidad i la ilustración del siglo recomendaban altamente. Estas consideraciones eran dirijidas al Gobierno en representaciones, ora sumisas i respetuosas, ora vigorosas i marcadas con el sello de la impaciencia, i aun con el tono amargo de la desesperación.

En estas circunstancias, me fué forzoso, contrariando mis propios principios i sentimientos, ceder al clamor universal de los pueblos. No se me ocultaban los funestos efectos de una resolución que, aunque lejitimada por la voluntad pública, presentaba, no obstante, el espectáculo de un ejemplar perjudicial en sí mismo i tal vez escandaloso en la distancia. Hube de cerrar los ojos, i no escuchando sino la voz del bien i conveniencia pública, suprema lei de la sociedad, decreté, de acuerdo con el mismoSenado Conservador existente entonces, la disolución de éste i la suspensión de la Constitución en aquella parte que aun no se hallaba plantificada.

Reasumidas, por efecto de este acontecimiento, en mi persona las facultades estraordinarias, que eran objeto del común anhelo, me dediqué con el mayor empeño a la elección de todos los medios que estaban a mi alcances para promover el bien jeneral, correspondiendo así a la ilimitada confianza con que habian querido honrarme mis conciudadanos, entretanto las circunstancias permitían la reunión de un Congreso que o bien formase aquella Constitución o dictase otra nueva. Entre los primeros que adopté tuvo por objeto la reforma de los regulares. La decadencia de estos establecimientos, el total olvido del espíritu de sus fundadores, la moral, la relijion i la sana política aconsejaban, no solo restituirlos a su antigua pureza, conformándolos con los fines de su institución, sino la enajenación de las inmensas riquezas que una piedad indiscreta, i el torrente de añejas preocupaciones, habian acumulado en sus manos con notable perjuicio de la industria, i en oposicion diametral al principio que la ciencia económica i la práctica han probado ser la fuente principal de la prosperidad pública, a saber: la subdivisión de capitales. A él debe la Francia el estado actual de felicidad, poderío i esplendor que la constituyen la primera nación del continente europeo, i que la hacen olvidar los horrores i desgracias de su pasada revolución. Si de estos fundos, que aun no han sufrido alteración sensible, se hace el uso conveniente, Chile deberá asi mismo a la adopcion de aquel principio una parte de su prosperidad venidera, pudiendo con los productos de su enajenación, facilitar tal vez la amortización de su deuda pública.

Convencido de que la agricultura es la primera de las artes, la que constituye la riqueza leal de una nación, i por consiguiente la que mas reclama la protección de todo Gobierno, mayormente en un país, que por su prodijíosa fertilidad, parece ser llamado esencialmente agrícola, no he perdonado fatiga para la consecución de mis vehementes deseos, dirijidos a sacarla de su actual decadente estado. A este fin, nuestro Ministro Plenipotenciario residente en Londres, conforme a las instrucciones que se le dieron, ha celebrado una contrata de colonizacion, por la cual se pactó la traslación a esta República de 4,000 familias, a quienes debe repartírseles 28,000 cuadras de terreno en el territorio que yace entre los rios Biobío e Imperial, i en los distritos del gobierno de Valdivia i delegación de Osorno, con cayo medio, si llega a realizarse, no solo se logrará ver trasformados aquellos campos eriales en tierras de labor i en talleres de industria fabril, sino también dar creces a nuestra poblacion, en cuyo menoscabo ha influido tanto la guerra cruel i desoladora, a que nos ha impulsado la tenaz injusticia de la España por espacio de quince años, i cuya terminación aun se aleja de nuestras esperanzas, atendida la ciega i absurda política del tirano que rije a aquella infeliz Nación. Se han celebrado igualmente contratas por el mismo Ministro Plenipotenciario con compañías respetables para la esplotacion de minas del país. l)e nada servia para nosotros que la naturaleza próbida encerrase en las entrañas de nuestro suelo los preciosos minerales que forman uno de los principales manantiales de la riqueza nacional, si al mismo tiempo no procurásemos ad quirir los recursos necesarios para sacar provecho de estos mismos dones. Los medios ordinarios que hasta ahora se han empleado, son insuficientes al logro indicado, pues que ni pueden hacer frente a esta clase de empresas por la tenuidad de los capitales de particulares que a ellas se destinan, ni tampoco les ayudan los conocimientos teóricos i prácticos que la perfección de las artes en jeneral i particularmente de la maquinaria, han introducido modernamente en la Europa. Grandes capitales, nuevos métodos i recursos estensos de todo jénero han sustituido a los débiles conatos i apocadas ideas, que hasta aquí solo han presentado insuperables obstáculos al fomento de esta industria. La diferencia de resultados se palpará mui luego, i Chile podrá competir en adelante con los primeros países del mundo en producciones i trabajos mineralójicos, dando con ellos un fuerte impulso a su industria rural i fabril i a sus relaciones comerciales. Con el mismo fin se habia estipulado con una de las casas de comercio mas fuertes de Lóndres las bases para el establecimiento de un banco nacional en Chile, con un capital de dos millones de libras; cuyo contrato quedó rescindido por graves inconvenientes que se interpusieron, impidiendo su realización. Mas, comunicaciones de dicho Ministro aseguran se preparaba a celebrar uno nuevo con otra casa de no ménos crédito que la anterior, i con esperanza de mayores ventajas.

Siendo imposible fundar sistema alguno de hacienda, ni establecer arreglo acertado de contribuciones, sin la base esencial en que debe naturalmente apoyarse, el Gobierno fió a un individuo de las luces i conocimientos necesarios la comision de formar la estadística del país, empezando por las provincias del Norte. El público ha visto con satisfacción una parte de aquellos trabajos, i espero que en breve llénarásus esperanzas i deseos la completa redacción de los que constituyen la poblacion, producciones i riqueza de nuestro suelo. Estos datos no solo son útiles al objeto primario que he indicado, mas también contribuyen eficazmente a los progresos déla ciencia jeográfica en jeneral, i a establecer con su conocimiento el crédito que sin razón no puede negarse a esta hermosa i privilejiada porcion de la América.

La administración de justicia, sin la cual no puede existir paz ni felicidad interior, este ramo tan sublime por lo augusto de sus funciones, que hace la garantía principal del ciudadano, se halla sujeta a reglas fijas e invariables. El reglamento mandado promulgar por un senado-consulto del año de 1824, no puede bastantemente recomendarse a la gratitud nacional, por los principios de ilustración i filosofía en que abunda, i que lo hacen digno de la grande época en que nos ha cabido vivir.

La policía, tanto la que tiene por objeto el aseo, comodidad, salubridad i ornato, como la relativa a protejer la seguridad pública, aun no ha sido posible reducirla a un sistema fijo i análogo a tan nobles fines. El Ministro del Interio presentará oportunamente a la alta deliberacion del Congreso un plan sobre ella, que acaso puede llenar sus deseos i ocasionar con su adopción los saludables efectos que se advierten en todas las Naciones civilizadas; siendo los mas importantes la mejora de la moral pública, i por consecuencia la diminución de los delitos que degradan la especie humana. ¡Feliz el Gobierno que, a favor de tan sublime institución, logra mas bien prevenir aquéllos, que verse en la dura necesidad de castigarlos!

Mas, este ramo, aunque tan importante, de la organización social, no basta por sí solo a producir los inestimables beneficios que son de desear con respecto a la moral pública. Obra es mas particularmente de la educación. Ella es la que, formando el corazon i el entendimiento humano, despojándolos de los vicios de una naturaleza ruda e informe, nos eleva al fin para que fuimos criados, señalándonos el sendero de la felicidad. De ella derivan los principios de una sana moral, de ella todos los medios de corresponder al objeto que motivó el establecimento de la sociedad civil. Ella forma los buenos ciudadanos, infundiéndoles el respeto debido a las leyes i a los majistrados, el apego al órden i concordia interior; en una palabra, imprimiéndoles todas las virtudes morales i civiles que hacen el fundamento de la prosperidad común, i el mas firme apoyo de la sociedad i délos Gobiernos. El estado actual de éste, mas que todos interesante ramo, es, a la verdad, deplorable; i por lo tanto reclama con preferencia vuestra protección i desvelos. No hablo de una educación aislada i privilejiada, favorable únicamente a un corto número o a un pueblo en particular; sí de aquella educación propiamente nacional que, abrazando en su vasto plan a todos los individuos de una misma sociedad, franquea a todos por igual i sin distinción la entrada al santuario de los conocimientos útiles; que, indiferente a las accidentales desigualdades que una caprichosa fortuna, una lejislacion viciosa, í talvez el crimen establecen entre los hombres, solo aprecia i recompensa el mérito i los talentos. El Instituto Nacional, aunque insuficiente a llenar tamaño plan, es, sin embargo, el único establecimiento que puede con verdad decirse existe en Chile capaz de corresponder en parte a nuestras esperanzas, particularmente después que, penetrado de la languidez e incuria en que yacía, decreté su reforma dándole la nueva planta, tanto en la parte material de su edificio como en la de su organización interior administrativa i científica. Mui en breve responderá dicho establecimiento al singular Ínteres que me ha merecido, i que confío merecerá al celo e ilustración que os distingue. En la estudiosa juventud que encierra, descansa la suerte futura, la gloria de nuestra Patria.

La situación de un erario siempre apurado por os grandes i estraordinarios gastos a que me ha sido forzoso atender, no me ha permitido contraerme a otros objetos de grande importancia i utilidad pública, ni hasta ahora tampoco ha podido efectuarse la organización de la hacienda nacional bajo un sistema de nivelar las entradas con los gastos aun ordinarios, cuyo fin no podrá jamas lograrse sino sustituyendo a los medios eventuales, insuficientes i gravosos, particular mente a la clase menesterosa que desgraciadamente aun subsisten, los que indican la sana razón, cuando no fuesen los principios mas vulgares de la economía pública. La contribución directa, a pesar de conciliar todas las ventajas con los principios de justicia distributiva en que se funda, encontró la mas estupenda indiferencia por parte del Cuerpo Lejislativo del año de 24, a quien se propuso para su sanción, con otros objetos por el Ministro entonces de Hacienda, manifestando en una luminosa memoria las máximas déla economia política en apoyo de su utilidad. Halló también este proyecto una tenaz resistencia en la oposicion errónea de un gran número que siempre han mirado esta medida como una fatal innovación, llegando hasta el estremo de presentarla corno una ocasion de dudas e inquietudes para las conciencias timoratas que les haria vacilar entre su propio Ínteres i la santidad del juramento. Finalmente se la miraba como una odiosa inquisición fiscal que comprometía i rasgaba el velo de los secretos domésticos. A vosotros, señores, os está reservado remover estos obstáculos de la opinion que siempre se han opuesto a la plantificación de todo pensamiento útil. El Ministro de Hacienda os presentará en toda su luz, tanto el estado de nulidad en que se encuentra dicho ramo, como las reformas que imperiosamente demanda para poder atender a las necesidades de la Nación en su planta ordinaria.

El déficit que hasta el dia han esperimentado nuestras rentas, i que no han podido cubrir los recursos ordinarios, ha producido males de suma trascendencia, entre los que no puede considerarse como el menor, el compromiso en que se ha visto el Estado para atender al pago simestre de los intereses del empréstito de cinco millones levantado en Lóndres, de estancar los artículos de tabaco, naipes, licores estranjeros i té, arruinando así una parte de nuestra mísera i apénas naciente industria. Medida ciertamente que solo ha podido justificarse por la invencible lei de la necesidad, que obliga a elejir entre dos males el menor.

La espedicion sobre Chiloé, último asilo que quedaba en estos mares al poder español, i cuyo resultado fué la incorporacion de aquel archipiélago al territorio de la República, de que era parte integrante, habiendo asegurado para siempre nuestra independencia, ha dejado también sin objeto muchas de nuestras fuerzas, tanto terrestres como marítimas. Estas consideraciones me mo vieron a espedir el decreto de desarme de la escuadra i el de venta de los buques: fragata Isabel i corbetas Independencia i Chacabuco, en la forma que en ellos se indicaron, i de cuya realización i detalles sereis instruidos por el Ministerio respectivo Una gran parte de su producto ha sido aplicado a satisfacer los alcances de la oficialidad i tripulación, deuda tanto mas sagrada, cuanto el Gobierno no podia desatender sin la nota de injusto i desconocido, los eminentes servicios que en todas épocas han prestado estos bravos a la Nación, cuyo pabellón, siempre victorioso, ha recorrido la vasta estension del Océano Pacífico hasta tanto tuvo enemigos que vencer.

La reforma del ejército es igualmente necesaria, mayormente cuando las guardias nacionales que se hallan en el dia organizándose, habrán pronto de poder sustituirle en el sosten i conservación del orden público. Justo es también que despues de tantos sacrificios, de tanta constancia i valor como han marcado los servicios sobresalientes de los veteranos que le componen, i a que han puesto el colmo en la última campaña, vuelva una parte de ellos a sus hogares i a la compañía de sus familias desoladas por su ausencia, llevando por galardón, no solo honrosas cicatrices i gloriosos laureles, sino también testimonios de la gratitud i munificencia nacional.

Aquí debiera hablaros de los motivos económicos i de justicia que recomiendan él plan de una reforma militar, conforme se ha practicado en una república hermana, cuyo gobierno e instituciones obran entre nosotros con la fuerza de la autoridad. Mas, prescindiendo de tan ilustre ejemplo, bastan las razones de la conveniencia para decidiros a imitarle, con lo que señalaríais adi-mas la época de esta lejislatura, como la de las justas recompensas de los héroes que sellaron con su sangre la independencia de la Patria.

La división del territorio de la República en un mayor número de provincias, ha sido decretada provisoriamente, conforme al voto jeneral de todos los chilenos, procurando conciliar los intereses i ventajas de cada una de ellas. Esta medida me ha parecido podrá en lo sucesivo producir bienes incalculables, no solamente por el incremento que deben tomar los diferentes ramos de industria, que se fian al cuidado e Ínteres locales, sino porque apagará el fuego de los celos i rivalidades recíprocas de los pueblos, dando a nuestras instituciones un carácter de firmeza i solidez que hasta ahora no han tenido, con riesgo del orden interior i con mengua de nuestro crédito.

Despues de haber recorrido los objetos principales que constituyen la administración interior, me resta el daros cuenta del estado de la República con respecto a sus negocios esteriores.

Muestras relaciones amigables con los estados hermanos del Perú, Colombia, Estados Unidos, Mejicanos, Guatemala i Provincias Unidas del Rio de la Plata, existen i existirán inalterables para dicha común, El primero ha recibido en todos tiempos no solamente seguridades del ínteres que Chile ha tomado en su suerte, sino que, olvidándose de sus propias atenciones, ha sabido, en la época de las amarguras i conflictos de aquella nación hermana, prestarle auxilios que aun estaban fuera del círculo de su deber i posibilidad. Es de esperar que el Gobierno peruano corresponda con la gratitud i relijiosidad que le son características i que los fuertes créditos que Chile posee contra aquel Estado, serán considerados por él como preferentes, atendidas nuestras actuales necesidades i los heroicos sacrificios que las han producido. Este objeto, i en las circunstancias el importantísimo de reclamar, conforme al uso internacional, contra los autores de las inicuas conspiraciones que se fraguan desde el centro mismo de aquella República, pretendiendo introducir en ésta la discordia i la guerra civil, hacen urjentísimo el nombramiento de un Enviado cerca de dicho Gobierno. El reciente acontecimiento de la sublevación militar de San Carlos, en el archipiélago de Chiloé, i a que fué incautamente arrastrada su guarnición por la mas inaudita perfidia, es el primer resultado que ya tocamos de los tenebrosos designios de aquellos facciosos; tanto mas escandaloso, cuanto para mejor fascinar el candor i la buena fe, han osado escudarlos con el ilustre nombre del libertador de Colombia, en menoscabo de su alta reputación i de su gloria. El Gobierno, entretanto, ha tomado las mas activas i vigorosas providencias para el restablecimiento del órden en aquel punto, de las que se os dará cuenta por el Ministerio a quien corresponde.

Aun se halla pendiente la resolución a que se ha invitado a Chile por parte de aquella República i la de Colombia, relativa al envío de Plenipotenciarios a la Asamblea Jeneral del Itsmo de Panamá, a la que deben concurrir todos los Estados independientes americanos, que ántes eran colonias españolas. Los Plenipotenciarios del Perú i Colombia se hallan reunidos en aquel punto desde el 11 de Diciembre último; i los de Méjico i Guatemala deben habérseles incorporado a esta fecha. Aunque penetrado de las grandes ventajas de esta confederación, no he podido resolverme a verificar el nombramiento i envío de los referidos Plenipotenciarios, reservando a la actual Representación Nacional, la decisión de este negocio, el mas importante que pueda ofrecerse en política a su meditación. Las bases principales i las adicionales sobre que ha de reposar aquella confederación, con los demás documentos relativos a ella, os serán sometidos para vuestro conocimiento por el Ministro de Relaciones Esteriores.

Las circunstancias de una guerra injusta i escandalosa, provocada por el Emperador del Brasil contra las Provincias Unidas del Rio de la Plata, obligaron al Gobierno de esta República a entablar, por conducto de su Ministro Plenipotenciario, jestiones i solicitudes a que no he podido satisfacer por conceptuarme sin suficiente autorización para ello, i porque envolvían compromisos que la prudencia i las leyes de la neutralidad me hacían una obligación de evitar. Ellas serán igualmente sujetas a vuestra deliberación.

Deseando estrechar las relaciones de amistad que ligan a Chile con los Estados Unidos de Norte América, i llenar la obligación en que nos empeña la conducta jenerosa de aquel Gobierno que, desechando la tímida circunspección de la diplomacia europea, ha reconocido solemnemente nuestra independencia, i ha mantenido desde aquel momento un Ministro Plenipotenciario entre nosotros, he nombrado un Ajente que, revestido de igual carácter, Presida cerca de dicho Gobierno. Esta resolución, fundada en una justa reciprocidad, es a la vez un testimonio de nuestra gratitud hácia aquella Nación, cuna de la libertad del jénero humano, i objeto de asombro, aun mas que de imitación, para todos los pueblos.

El Gobierno de los Países Bajos ha nombrado un Cónsul en Valparaíso, con el objeto de cultivar las relaciones de comercio con Chile. Esta Nación, rejida por un Príncipe amante de las instituciones liberales, me hace presajiar que será de las primeras en entablar otras nuevas i favorables.

Iguales ventajas son de esperar de la ilustrada política actual de la Francia, i de las disposiciones que muestra en favor de los Estados independientes de América, a cuyos buques han franqueado ya la entrada de sus puertos, i la protección que jeneralmente se dispensa a las naciones amigas.

La Inglaterra, en cuya circunspecta conducta con respecto a Chile, ha influido como principal causa el espíritu de detracción de apasionados folletistas estranjeros o de siniestros informes, apoyados en sucesos comunes, indiferentes i de ninguna trascendencia, cerciorada al cabo del verdadero estado interior de nuestro país, confío que mui pronto, nivelándonos con los Estados Unidos Mejicanos, Colombia i Provincias Unidas del Rio de la Plata, dará el paso a que le inclinan naturalmente la equidad de sus principios i las máximas de sana política que constituyen la base de su Gobierno.

De la España nada aun presta motivo a esperar varíe la terquedad i orgullo impotente con que su Rei Fernando, sordo a la voz de su propia conveniencia, se resiste a adoptar los únicos medios que aun quedan a aquella Nación para reanimar su falleciente industria i aniquilado comercio, i que con mano jenerosa le ha brindado siempre todo el continente americano.

La llegada a esta República del Vicario Apostólico Monseñor J. Muzzi, al mismo tiempo que se consideró como un remedio a las necesidades espirituales que se sentían por la falta hasta entonces de comunicación con la Silla Romana, regocijó al Gobierno, que aguardaba de esta feliz circunstancia la armonía i buena intelijencia consiguientes. Mas, ni la conducta que observó con respecto a dicho Vicario, ni los obsequios ni consideraciones que se le prodigaron, fueron bastantes a satisfacerle ni a impedir la inesperada resolución de su partida. Pretendió injerirse en negocios ajénos de su objeto i de su jurisdicción puramente espiritual; i trastornando todos los principios del derecho político, exijió con el tono altivo de la supremacía del tiempo de Hildebrando el asentimiento junto con la degradación del Gobierno, i la ruina de instituciones fundadas con el precio de quince años de sacrificios por la libertad. El Gobierno de Chile opuso sus derechos i prerrogativas a tan exorbitantes pretensiones; i el Vicario Papal, que ya había desmentido los sentimientos de humanidad i de beneficencia cristiana, propios de su carácter i misión apostólica, precipitó su marcha, encubriendo misteriosamente la causa, i abandonó con negra ingratitud un pueblo humano, hospitalario i católico, que habia sacrificado cuantiosas sumas en su obsequio. Es de esperar que la Santidad del actual Pontífice León XII, habrá desaprobado altamente la conducta del Vicario Muzzi, i hecho justicia en su opinion a la relijiosa Nación chilena i su Gobierno; i que no se resistirá a prestarnos el alivio espiritual de nuestras urjencias, ni a nuestros anhelos por establecer la comunicación que debe existir entre el Padre común i una considerable parte de sus fieles.

He aquí, señores, el cuadro, aunque imperfecto, que me ha sido posible trazar para daros una débil idea de la situación interior i esterior del Estado en sus diversos ramos. Algunos,es verdad, han recibido mejoras durante mi administración; mas, pueden ántes considerarse como paliativas que como eficaces i radicales; están, por consiguiente, mui léjos del término de perfección de que son susceptibles. Otros ni aun han podido obtener esta mediana suerte, porque las considerables atenciones de una guerra (por ventura ya terminada) en circunstancias las mas críticas i angustiadas, mal podian combinarse con la meditación i sosiego que requiere una total mejora o reforma de la administración interna. Acontecimientos inherentes a toda época de revolución política, i que han turbado alguna vez, bien que instantáneamente, la armonía social, han frustrado asimismo mis deseos bien patentizados de cimentar ántes de ahora por medio de un Gobierno representativo el crédito i honor nacionales, vulnerados en lo esterior mas allá de lo que exijian la imparcial verdad i el respeto debido a la dignidad de un pueblo libre. Yo debo encomendarlos al silencio, pues que en los momentos de júbilo que inspira a todo ciudadano vuestra suspirada instalación, justo es que la jenerosidad cierre las llagas que la fogosidad de un exaltado patriotismo, la inconsideración i la ciega inesperiencia dilaceraron en el seno de la madre Patria.

Ni la esposicion de nuestras faltas serviría tampoco sino para prestar pábulo a la malignidad de nuestros detractores que se gozan en abultarlas, llevando su imprudente descaro i mala fe hasta el estremo de pintarnos alternativamente sumidos en el despotismo o la anarquía. Chile ho ha esperimentado estas terribles plagas en la época de mi mando, sí lijeras oscilaciones nacidas en gran parte de mis sentimientos i carácter personal, que huyendo siempre de tocar el estremo de la tiranía, he podido tal vez dar en el de una peligrosa libertad, preferible, no obstante, a los horrores de una silenciosa servidumbre. Si esta fuese un error, él hallará disculpa ante vosotros i mis conciudadanos, mayormente cuando del fondo de mi conciencia oigo una voz que me grita, que jamas ninguno de aquellos crímenes harto frecuentes en la historia de las turbulencias de los pueblos, ha mancillado mi conducta pública. —La libertad de la prensa, desconocida hasta la época de mi administración, me habría denunciado al mundo entero; i yo me glorío de que durante ella, ha conservado aquella institución saludable todo el tono i valentía que la hacen ominosa a los tiranos.

Toca ahora a los padres de la Patria, a los dignos Representantes de esta Nación heroica, el remedio de los males que aun nos aquejan. La rejeneracion insensible de las costumbres por medio de la educación moral i de leyes análogas; la difusión de la enseñanza, i con ella de las luces a todas las clases del Estado; el fomento de la agricultura; la vivificación del comercio i de la industria; los medios de comunicación interior que le sean favorables; la protección de los establecimientos útiles de todo jénero; la creación, finalmente, de todas aquellas instituciones que promueven el bien jeneral de la sociedad, son otros tantos objetos que desde hoi deben ocupar vuestra meditación, i excitar vuestro empeño i desvelos paternales.

Mas, ante todo, reclama preferentemente vuestras tareas el mas esencial i el oríjen común de los bienes sociales, es decir, la formación de las leyes políticas i fundamentales. ¡Una constitución! Este es el grito universal del pueblo chileno, el colmo de sus deseos, la base en que se asientan todas mis esperanzas. Lejisladores, el primero es este de vuestros deberes, i el mió pediros elijáis desde luego el ciudadano virtuoso, en cuyos hombros haya de librar el grave peso de mi autoridad; que yo, volviendo a confundirme gustoso con el resto de mis conciudadanos, sabré, si la necesidad lo exijiese, empuñar la espada que, como soldado esgrimo, siempre contra los enemigos de mi Patria, jamas contra su libertad.

¡Plegue al cielo daros el acierto necesario! Todo debe esperarse de vuestras luces, celo i patriotismo. —Santiago, Julio 4 de 1826. —FREIRE.


==== Núm. 59 ====

Tengo el honor de comunicar V. E. que, en sesión de ayer cuatro, se ha servido la Sala honrarme nuevamente con la Presidencia, i al señor Vicuña con la Vice-Presidencia; asimismo nombró para secretarios a los señores diputados don José Santiago Montt i don Francisco Fernández, i para el servicio de la Secretaría al licenciado don Domingo Amunátegui para oficial primero, i para subalternos, a don José Miguel de la Cruz, don Manuel Prieto, don Cayetano O'Ryan, don Matías Riveros i don Cárlos Vandorse; acordando que V. E. ordene se tome razón donde corresponda, para que les corra el sueldo que se les designe, desde el sábado primero de Julio, en que dieron principio a sus trabajos. —El Presidente de la Sala tiene el honor de comunicarlo al señor Supremo Director de la República reiterándole los sentimientos de su mayor aprecio i consideración.—Sala del Congreso. —Al Supremo Director de la República.


Núm. 60[editar]

El Presidente del Congreso me dice ponga en noticia de Ud., por Secretaría, que en celebridad de la instalación del dia 4, se dé salida a los alumnos del Instituto Nacional los dias sábado i domingo. Tengo el honor de comunicarlo a Ud. reiterándole los sentimientos de mi mayor aprecio.—Al Rector del Instituto Nacional.