Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1827/Sesión de la Comisión Nacional, en 1 de agosto de 1827

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COMISION NACIONAL
SESION 8.ª ESTEAORDINARIA, EN 1.º DE AGOSTO DE 1827
PRESIDENCIA DE DON SANTIAGO ANTONIO PÉREZ


SUMARIO. —Asistencia. —Cuenta. —Abuso de Imprenta por El Verdadero Liberal. —Nombramiento de individuos para integrar la Junta protectora de la libertad de imprenta. —Acta. —Anexos

CUENTA[editar]

Se da cuenta:

De un oficio con que S. E. el Vice-Presidente de la República acompaña un ejemplar del número 60 de El Verdadero Liberal i un parte del comandante militar de Talca, en que denuncia los abusos cometidos por este periódico i pide se aprueben o nó en sesion permanente los procedimientos del Gobierno. (Anexos núms. 39,40, 41, 42 i 43. V. sesiones del 9 de Febrero de 1820, 1º de Agosto de 1824, 19 de Julio de 1827 i Cámara de Diputados en 15 de Enero de 1829)

ACUERDOS[editar]

Se acuerda:

  1. Pasar los antecedentes remitidos por el Gobierno sobre los abusos de cierto periódico, a la Junta protectora de la libertad de imprenta. (Anexo núm. 44. V. sesion del 6.)
  2. Habiéndose nombrado irregularmente por el Gobierno los individuos de dicha Junta protectora, proponer los que incumbe a la Comision nombrar en representacion del Senado. (Anexo núm. 45. V. sesiones del 24 de Abril i 2 de Agosto de 1827.)

ACTA[editar]

(POR LA NOCHE)

Se abrió con los señores: Albano, Benavente, Calderon, Fariñas, Novoa i Pérez.

Se leyó la nota del Vice-presidente de la República, en que hace presente los abusos cometidos por el autor del periódico titulado El Verdadero liberal en su número 60, acompañando parte oficial del comandante militar de las tropas de Talca, para que se adviertan los hechos falsos de que se ha valido para publicar un papel tan sedicioso i alarmante; acompaña tambien el oficio dirijido al juez del crimen para que procediese a levantar la sumaria i a poner en captura al referido autor; la Comision creyó necesario allanar las dificultades que se presentaban para enjuiciarlo i sin entrar a conocer el mérito de justicia, acordó que se pasasen los antecedentes a la Junta protectora de imprenta, i como la nombrada por él Gobierno no haya sido con todos los requisitos que prescriben las leyes del caso, se proceda a la nueva eleccion en los términos que ellas previenen; i para que esta Junta esté reunida a la mayor brevedad, se acompañase al Vice-Presidente de la República la lista de los quince individuos que debe nombrar la Comision por hallarse haciendo las veces de Senado, i que se reuniria al dia siguiente con el otro cuerpo proponente para que quedase espedito el Tribunal que haya de declarar si hai abuso o nó.

Inmediatamente se procedió al nombramiento de los quince individuos que debia proponer la Comision, el cual recayó en los señores: don Manuel Renjifo, don Pedro Ovalle i Landa, don Santiago Muñoz Bezanilla, don José Santiago Montt, don Melchor Santiago Concha, don Francisco Ramon Vicuña, don José Maria Rojas, don Antonio Mendibur, don Casimiro Albano, don José Antonio Huici, don Bruno Larrain, don Pedro Palazuelos Astaburuaga i don Manuel Araos, levantándose la sesion a las nueve i media de la noche. —Perez. —J. Domingo Amunátegui, Pro-Secretario.


ANEXOS[editar]

Núm. 39[editar]

El número 60 del periódico El Verdadero Liberal, publicado anoche, ha obligado al Gobierno a tomar una medida estraordinaria de la que cree de su deber el informaros, como de los motivos que para ella ha venido esperando; sobre todo vuestra deliberacion.

Los documentos que se acompañan impondrán a la Comision, del movimiento militar acaecido en Talca. El número del periódico citado le supone un orijen que no ha existido (el decreto de la consolidacion de la demanda), i esta lijereza o mala fe debe notarse; pero, aun cuando por desgracia hubiera sido éste la causa de aquel funesto acontecimiento, el modo en que lo trata no parece ser sino una proclama o escitacion a una insurreccion contra el Gobierno. No puede éste dejar de hacer presente a la Comision la conducta de este escritor estranjero desde su aparecimiento en el pais, en revolucion; no todo lo despreciable merece despreciarse. Ninguna administracion ni institucion ha habido contra la que no haya procurado escitar sedicion, alabando con imprudencia despues que han caido aquéllas de quienes mas mal ha dicho, para de este modo introducir la disension i discordia entre todos. No seria importuno recordarles que los ajentes estranjeros espusieron en un tiempo la tranquilidad i aun la distancia del primer Gobierno libre de América ni las medidas de precaucion a que los Gobiernos, nuestros hermanos, se han visto obligados en el dia por los datos que tenemos de las ejecuciones i maniobras que se emplean entre nosotros, i por el ejemplo reciente de lo sucedido a los constitucionales de España, con el empleo de estos mismos medios. El Gobierno, es verdad, se inclina a creer sean los escritos de este autor, obra mas de su temperamento i carácter particular que la mision o encargo de un Gobierno cuya grandeza i repetidas protestas a nosotros lo alejan de poder ser sospechado que descienda hasta bajezas tan indignas.

Contrayéndose el Gobierno mas al caso presente, dirá que despues de haberse desentendido de varias especies anárquicas i sediciosas de los números anteriores, comprendió con respecto al presente que, hallándose encargado de la conservacion del órden i tranquilidad pública, no podia prescindir de tomar alguna medida suficiente a evitar los malos efectos de este escrito sin faltar a sus mas conocidos i principales deberes. Por tanto; pasó al juez de ietras don Manuel Joaquín Valdivieso el oficio cuya copia se acompaña.

Verdad es que por el artículo 4.º del decreto de 23 de Junio de 1813, vuelto a publicar en 13 de Julio de 1819, i últimamente en 31 de Marzo de 1827, como consta del rejistro de documentos del Gobierno, número 63; se previene que ningún tribunal ni juez pueda proceder a conocer ni castigar crimen de esta clase, sin la previa declaracion de hecho que debe dar la Junta protectora de imprenta, deque haya abuso.

Pero, las circunstancias del caso presente eran estraordinarías, por el decreto del 31 de Marzo del presente año, en que se mandaron publicar las leyes relativas a imprenta, nombró tambien el Gobierno la lista de jurados que debían conocer en estos juicios; i este nombramiento que se oponia al modo prescrito por el artículo 5.º de aquella lei, fué impugnado en el Congreso i materia de la acusacion a un Ministro. El hecho es que tal decreto no ha podido ser puesto en práctica, i que tampoco podrian llamarse los antiguos nombrados, por la razon que en el mismo decreto se da de falta de algunos de sus vocales; i haber concluido en otros el término de sus nombramientos.

El escrito acusado i lo que en él se amagaba en circunstancias de haber acaecido una revolucion militar, lo consideraba el Gobierno de unos efectos mui próximamente inminentes, i si para contenerlos tenia que apelar a las leyes i juzgados de imprenta, en la situacion que actualmente se hallan, esto seria solo comprometer la dignidad del Gobierno, i empeñarse él mismo en quedar burlado por la provocacion de su juzgamiento que no debia tener suceso.

El Gobierno espera que la Comision Nacional dispensará el desgreño con que estas líneas precipitadamente se han escrito, haciendo solo la justicia debida a la escrupulosidad del Gobierno en dar parte, a los que tienen la representacion nacional, de las medidas estraordinarías, a que circunstancias igualmente estraordinarías le obligan. El Gobierno espera que la Comision se declare en sesion permanente hasta decidir; aprobando o reprobando la conducta que ha adoptado, o bien dictándole lo que en las circunstancias creyese mas conveniente.

Dios guarde a la Comision Nacional muchos años. —Santiago, Agosto 1.º de 1827. —F. A. Pinto. —Melchor José Ramos, Pro-Secretario.


Núm. 40[editar]

De órden suprema acompaño a V. S. el adjunto número de El Verdadero Liberal, para que, impuesto de los artículos sediciosos que contiene, i en uso de la autoridad que ejerce, proceda inmediatamente contra su autor disponiendo su captura, formacion de la sumaria, i todas las demas dilijencias que prescriben las leyes respecto de los perturbadores de la tranquilidad pública.

Con este motivo tengo el honor de saludar a V. S. i ofrecerle los sentimientos de mi cordial aprecio. —Ministerio del Interior, Santiago, Agosto 1.ºde 1827. —Hai una rúbrica de Su Excelencia. —Melchor José Ramos. —Señor juez de letras en lo criminal. —Es copia. —Ramos.


Núm. 41[1][editar]

Martes, 31 de Julio de 1827

Acontecimiento de Talca

En esta ocasion, como en muchas otras, hemos sido profetas, para lo cual no nos ha sido necesario mucha perspicacia sino solo un poco de buen sentido i el conocimiento del estado actual del pais. Ninguno había esperimentado la menor sorpresa, al saber lo acaecido en Talca, pues el árbol ha dado su fruto.

Una medida talvez sábia en el fondo pero impracticable en la forma, justa bajo algunos aspectos pero mas injusta bajo ciertos otros, ha puesto a todos en movimiento; la tropa sobre la cual recaia mas directamente que sobre ningun otro no ha podido verla con indiferencia. "Desde que el soldado raciocina está mui pronto a sublevarse", dice un autor moderno, i su sentencia acaba de recibir la confirmacion por los hechos mismos de Talca. Unas armas que solo debian emplearse contra el enemigo comun, se han teñido con la sangre nacional i hemos visto matarse mútuamente unos hombres que obedecen a un mismo Dios, las mismas leyes i a quienes ha visto nacer un mismo suelo ignoramos toda vía cuál haya sido la parte vencedora en tan horrible combate, pero sea cual fuere el triunfador, será eternamente odioso, pues que se habrá manchado con la sangre de sus conciudadanos.

El Gobierno habrá visto con espanto el terrible resultado que ha producido una de sus medidas. ¡Ojalá este resultado le sirva de instruccion para lo sucesivo i le enseñe a no lanzar decretos tan importantes, como el que acaba de emitir, sin haber préviamente consultado la opinion!

Pasemos a referir los hechos, despues sacaremos las consecuencias que de éllos emanan naturalmente.

Luego que llegó a Talca el decreto sobre la liquidacion i consolidacion, el escuadron de Cazadores manifestó su descontento; en este decreto vieron los soldados una banca-rota del Gobierno. Esperando se les pagase sus sueldos, habian contraido empeños que ya no podian satisfacer; estando para retirarse a sus hogares, ya que se hablaba de reformas, el Gobierno les dejaba por legado los andrajos con que cubren sus heridas i por único recurso el deber a la caridad pública el pan que hubieran podido conseguir, pagándoseles lo que habian ganado a costa de su sangre. Estos o semejantes raciocinios pusieron en efervescencia los Animos, i no tomando los Cazadores mas consejo que el de su desesperacion, se echaron sobre las armas en la noche del sábado 21 de este mes.

Pusieron en arresto a cuatro oficiales que vivian en el cuartel i al oficial de guardia; tomaron otras varias medidas, i el movimiento que solo tenia por jefes a un sarjento í a un soldado se verificó sin el menor tumulto.

Al amanecer dírijieron los sublevados una diputacion a los oficiales arrestados con el objeto de hacerles ver que éllos no intentaban de ningun modo levantarse contra sus jefes; que el Gobierno faltaba a todos sus compromisos para con éllos; que solo pretendian reclamar contra el decreto i que si los oficiales querian hacer causa comun con éllos i elevar sus quejas al Poder Supremo, obedecerian como hasta entonces i esperariian lo que se decidiese, que de lo contrario tendrian que salir éllos del cuartel.

Los oficiales se negaron a condescender con las pretensiones de los soldados, i puestos al punto en libertad, fueron a dar parte de lo sucedido al comandante del escuadron don Manuel Urquizo que al mismo tiempo era comandante de armas; éste sabedor ya de lo que sucedia se habia dirijido al cuartel número 1 i le habia hecho tomar las armas. Habiendo tenido noticias los Cazadores de las disposiciones de su jefe le suplicaron que se hiciese presente a éllos para que oyese sus reclamos; fué, en efecto; se impuso de sus pretensiones i les dijo que en la actualidad era imposible satisfacerlas; les ofreció mil pesos, que se negaron a recibir; por fin, despues de una larga conferencia, se retiró sin haber conseguido cosa alguna. De vuelta ordenó que se armasen las milicias i con ellas i el número 1 se encaminó al cuartel de los Cazadores; estos últimos le salieron al encuentro, i al tiempo de partir para Santiago el conductor de estas noticias, se habia roto el fuego; ya se veia conducir por las calles muertos i heridos i entre éllos algunos oficiales de los Cazadores.

Lo que importa saber es si el ardiente deseo de apaciguar el movimiento, no ha hecho tomar medidas precipitadas; si los Cazadores atacaron o fueron atacados; en fin si de hombres abandonados al primer ímpetu del furor que debia producir en éllos el citado decreto i a quienes hubiera sido quizá fácil reducir al verdadero camino, lisonjeándolos con la esperanza de que el Gobierno prestaria oido a sus reclamos, se les ha forzado a ser criminales, empleando medios de rigor.

¿Se nombrará ahora una comision encargada de hacer una sumaria i de proceder al juicio de los culpables?. ¿No es de temer que la causa de los Cazadores venga a ser la de todo el ejército? ¿Qué jueces condenarán a unos hombres que reclaman lo que se les debia? I sobre todo, si ha terminado ya el plazo de seis meses que se les habia señalado para continuar su servicio, ¿pueden estar sujetos al imperio de la lei militar?

Dejemos estas cuestiones i pasemos a lo sucedido en Santiago despues de la llegada de estas noticias.

Se sabe que el Gobierno dió órden a los jefes que momentáneamente residen en la capital para que se pongan al frente de su cuerpo a la mayor brevedad. Detengámonos un momento a considerar en sí misma esta órden sin ocuparnos de la forma en que fué concebida.

¿A qué han venido a Santiago los jefes de los cuerpos? ¿a pasearse? nadie podrá creerlo. ¿Luego, los ha traido algun otro motivo? Sin la menor duda. Ellos han venido a hacer presente a la administracion, la horrible situacion en que se halla la tropa; han venido a buscar con que mantener i vestir a unos bravos que acababan de hacer una campaña en medio de las cordilleras. ¿Ha dado el Gobierno oidos a su solicitud? No diremos que la haya recibido mal, pero palabras no son plata; se contentó con esponer la escasez del Erario i hasta ahora no se les ha dado medio real! ¿I a estos mismos jefes da la órden el Gobierno para que vayan a incorporarse a sus banderas? ¿Qué irán éllos entonces a decir a sus soldados? ¿que está exausto el tesoro público? ¿que no hai esperanza alguna? ¿que deben someterse irrevocablemente al decreto? ¿I los soldados quedarán satisfechos con esas palabras?

Si al menos llevasen algun socorro, alguna cantidad de dinero para el sueldo o alguna porcion de paño para vestuarios, pudieran tranquilizar el espíritu del soldado. ¡Pero nó! ¡Se les da la órden espresa que partan inmediatamente! Para poder mandar i ser obedecido es preciso llenar sus obligaciones; las del Gobierno respecto de la tropa i de sus jefes son las de pagarles; si no se les paga, no es esponerse a ser desobedecido? ¿En lugar de dar órdenes tan terminantes, no hubiera sido mejor llamar a los oficiales a una especie de consejo de familia?

Si se manda a los jefes para mantener el órden i la disciplina es preciso que tengan a su disposicion los medios de establecer dicho órden i disciplina; estos medios no pueden ser ahora las palabras o las varillas sino la plata. Sobre todo debe evitarse que a su regreso puedan decirles sus soldados que han descuidado sus intereses en Santiago por ocuparse solamente de sí mismos. Que han recibido sus sueldos cuando por el contrario no se les ha dado medio real. I qué otra cosa ha de pensar la tropa al verlos volver con las manos vacías? Para que la tropa no piense de ese modo es preciso prevenirle que así los reclamos de los jefes como los que hicieron por sus cuerpos han sido desatendidos hasta ahora, quizá por justos motivos.

Lo que hai es que para remediar en algo el mal que ha producido el decreto se le debe anular al ménos en lo que respecta a los militares. I si se hubiese querido que este decreto produjese efectos ménos desastrosos era necesario empezar por pagar los meses de Mayo, Junio i Julio; empeñarse en satisfacer exactamente el sueldo corriente; en tal caso los jefes habrian podido decir a sus soldados:

"Compañeros, la patria hace por vosotros cuanto le es posible, no le pidais mayores esfuerzos porque no puede hacerlos; vosotros, acostumbrados a sacrificaros por ella, haced este último sacrificio. Ahí teneis lo que os manda: dos meses de sueldo, la promesa de ser pagados regularmente en lo sucesivo i paño para vestiros. En lo tocante a la consolidacion seguiremos todos la misma suerte."

Pero los jefes no podrán usar este lenguaje, sino que al contrario dirán: "Compañeros, el Estado consolida vuestra deuda, nada os traemos por ahora; compañeros, paciencia i viva la patria!"

¿Entenderán los soldados este último lenguaje? Lo dudamos, pues que tenemos presente un antiguo proverbio que dice: Barriga hambrienta no presta oidos.

Finalmente, estamos amenazados de nuevas convulsiones; preciso es tratar de evitarlas; preciso es abandonar esos pequeños medios que solo son buenos para pequeños hombres de Estado; basta ya de invisibilidad i de secreto; basta de consejero; la Nacion por sus órganos es a quien debe llamarse a los consejos; tiempo es ya de pensar en sus intereses i sobre todo consultar la opinion, lo que hasta ahora no ha creido deber hacer la administracion, persuadida vanamente de su infalibilidad.

La administracion del señor Eyzaguirre, entorpecida por todas partes, no fué mui ruidosa, pero al ménos se creó bajo ella el ejército del sur; se ajustaron las cuentas de la tropa; se le pagó su sueldo i su nombre es bendecido por el primero i último soldado; desde que salió del mando se suspendieron los pagos. Si recordamos el estado en que se hallaba la República cuando estaba al frente de los negocios se convendrá en que todo no iba tan mal como decian algunos.

La administracion del jeneral Freire, que esperimentó los mismos obstáculos nada hizo i sin embargo echó las bases de una libertad que nunca podrá perecer por mas conmociones que esperimente la República, ¿Es éste un pequeño servicio?

La nueva administracion, que se puede comparar a las que han precedido, está libre de toda traba por cuya razon ha tenido el talento de hacer mucho, en poco tiempo, pero convendria saber si lo que ha hecho es bueno. Dejaremos decidir a otros la cuestion. I si admirados algunos de oírnos decir que la administracion ha hecho mucho, preguntasen cuál es lo mucho que ha hecho, no aguardariamos a que se nos repita la cuestion: la contestaríamos francamente.

Copiamos literalmente el parte que pasó el comandante D. M. Urquizo, al capitan J. M. Iñiguez, comandante interino del segundo escuadron de Cazadores de a caballo de Curicó.


COMANDANCIA DE ARMAS DE TALCA
Talca, Julio 21 de 1827

A las cuatro de la mañana se me dió aviso de que se hallaba sublevado el escuadron de mi mando; a la misma hora me dirijí al cuartel i los centinelas de los sublevados me impidieron la entrada. Con este motivo me resolví a pasar inmediatamente al cuartel del batallon Chacabuco de donde empecé a tomar las mas sérias providencias para contener tan gran desórden. A las nueve de la mañana se me hizo llamar por los sublevados, i lo verifiqué en el acto; en la entrevista me hicieron saber que únicamente reclamaban sus pagos, a lo que contesté: que no estaba en mis alcances el condescender con su peticion, i aunque para contenerlos apuré todos los medios que en iguales casos dicta la prudencia me fué enteramente imposible i el desórden tomaba ya un aspecto de gravedad. Acordé en junta de guerra lo que se debia hacer en esta materia, i se resolvió repelerlos con el batallon Chacabuco i las milicias que pude reunir: éllos hicieron resistencia en la guardia de la cárcel i en el cuartel, con bastante obstinacion. Al ver que me eran infructuosas todas las medidas de pacificacion me determiné a rendirlos a fuego, como efectivamente se verificó. Me anticipo a avisar a Ud. este resultado porque mas de treinta sublevados se han dirijido a esa capital. Pudiera ser que estos relajados intentasen contaminar a esa tropa, encargándole a Ud. las providencias que creyese oportunas para evitar cualquier desórden.

Con este motivo aseguro a Ud. los sentimientos de mi aprecio. —Manuel Urquizo. —Señor Comandante de la frontera de Curicó don J. Maria Iñíguez.


Núm. 42[editar]

Oficio del Comandante del tercer Escuadron de Cazadores a caballo[2].

Talca i julio 23 de 1827.

El veintiuno del que jira como a las tres de la mañana, se acercó violentamente a la casa de mi habitacion el cabo de mi escuadron Narciso Millan, a darme parte que la tropa de mi mando se habia sublevado. Quise indagar del individuo quiénes eran los autores del movimiento, sobre qué bases lo habian hecho i cuáles eran sus aspiraciones; mas como no fuese comprendido, no se hallaba al cabo del acontecimiento. Con esta noticia el primer paso que di fué dirijirme inmediatamente al cuartel i cerciorado de ser cierto por haberme contenido las avanzadas el ingreso, me volví volando al de Chacabuco, e informando a su jefe de lo acaecido, tratamos allí Reservadamente si habria algun contajio en el cuartel, i asegurado de que nó, di órden se pusiese el batallon sobre las armas.

Al instante me encaminé a la guardia de cárcel que la cubrian doce cazadores al mando de un sarjento, cuya guardia custodiaba los almacenes de armas cívicas i municiones. Allí se me hizo la misma resistencia que en el cuartel. En estos momentos volví a mi casa i oficié a las autoridades del pueblo para que por su parte tomasen providencias de seguridad.

Dado este paso volví nuevamente al cuartel Chacabuco a hacer nuevas observaciones sobre la disposicion de la tropa, i aumentar las órdenes que hallé por conveniente.

Cerciorado plenamente que este cuerpo se hallaba fuera de todo comprometimiento i que estaba ciego al obedecimiento de mis órdenes, mandé a mi cuartel a mi asistente, (único hombre que se hallaba en franquia de todo el escuadron) para que se me permitiese hablar con el que comandaba la tropa, pues hasta entonces yo lo ignoraba.

Se me accedió, i en el momento fui con éllos, entré al cuartel i encontré en él el mayor desórden. Los oficiales todos presos con centinelas; el escuadron; formado i los sarjentos desarmados, aunque en sus puestos. El almacen descerrajado, i puestos al frente de la línea las uniciones sobrantes despues de municionados a tres paquetes.

Observé que el que comandaba era el cabo de la 1.ª, Bernardo Pérez, pues al preguntarse por mí quién era el autor de aquel movimiento i con quién me debia entender, se me contestó por éste que con él. Salió al frente, i héchole por mí los cargos del buen trato, i la exacta asistencia en un todo, con cuanto mas pudo sujerirme la prudencia i el tino con que debia conducirme en aquel caso a fin de retraerlos al órden, se me contestó que todo era mui cierto, pero que carecian absolutamente de sus pagos, que se hallaban debiendo en el pueblo; que no tenian lo necesario de sus vicios, i que precisamente ántes de deponer las armas habian de ser completamente ajustados.

Se le reprodujo por mí que el Gobierno no podia hacer mas que lo que hacia; que acababan de recibir un vestuario; que trescientos i mas pesos se me habian suplido a crédito en el pueblo para socorrerles seis dias ántes; que se esperaba al oficial conductor de caudales por momentos, en que serian socorridos de un modo bastante: que un escuadron, que jamas habia dado que notar en este órden me era mui sensible lo verificase ahora, en un pueblo de quien habia merecido las mayores consideraciones i mejor hospitalidad. Le hice infinitas otras reflexiones; pero tenaz en su capricho, unas me rebatia i otras me despreciaba.

Viendo su terquedad traté de entrar en pacto, i despues de varios debates quedamos acordes en que si se les daba cuatro pesos a cada uno, cesarian de la empresa. Convine en éllo i me fui al Ilustre Cabildo que se hallaba reunido, e igualmente a la Asamblea, para que ambos cuerpos meditasen de dónde debía salir este dinero.

A mi presencia se llamó al teniente de ministros quien contestó no tener un real: a continuacion al administrador de ramos estancados quien dijo no existia en su poder la cantidad que se necesitaba. En este caso acordaron los cuerpos reunidos se exijiese de los vecinos pudientes el déficit.

En estos momentos se me da parte, por los espías que ya yo tenia, que se decia públicamente en la guardia de la cárcel que admitirian de pronto los cuatro pesos, pero que no depondrian las armas hasta saquear el pueblo. El Cabildo que se habia reunido en su sala fué contenido por esta guardia, el que consiguió salir a fuerza de protestas. El comandante de Nacionales don José Santos Mardones fué sorprendido entre dos i tres de la mañana en su casa de habitacion; se le quitó la llave del almacen de armamento i municiones de su cuerpo, i se le condujo preso a la cárcel con algunos otros oficiales del batallon Chacabuco que se hallaban fuera de su cuartel.

Notándose esta falta al momento de ser citado por mi i sabiendo se hallaba preso, me dirijí a la guardia i haciendo el mayor arrojo, acompañado solamente con los oficiales, tenientes Arteaga i Barraza i alférez Anguita, que acababan de lograr escaparse de la prision en que los tenia la tropa. Con éllos puse en libertad a Mardones i tres oficiales del Chacabuco.

Los sublevados, aprovechándose del tiempo, colectaron caballos de los vecinos sacándolos de donde los encontraban. Volví segunda vez al cuartel, i aunque encontré mas tenaz obstinacion conseguí sacar de la prision a los oficiales i colocarlos en sus puestos, pero desarmados.

Di cuenta a las corporaciones civiles del estado de gravedad en que se hallaba la sublevacion, pues ya habian dado principio a forzar la casa de estanco. En este caso acordé se reuniese una junta de guerra compuesta de capitanes arriba para que en ella se resolviese lo mejor que debia convenir.

Efectivamente se acordó que sin perder momento, se repeliesen los sublevados con la fuerza del batallon Chacabuco i el cuerpo de Nacionales que ya estaba reunido. Se dió parte a la Asamblea i Cabildo de la resolucion antecedente, i estando ambos Cuerpos conforme en la determinacion por ser llegado el último caso, i que se habian ya tocado lodos los medios que dicta la buena razon, puse en práctica el ataque dando al efecto las órdenes siguientes. Al bravo teniente Barraza lo estaqué con 20 hombres a forzar i tomarse a todo trance la guardia de la cárcel, por ser la mas importante, pues se hallaban bajo su custodia los diez mil tiros i el armamento de Nacionales. El batallon, en seguida de la vanguardia, marchó bajo mis órdenes a distancia de 50 pasos. La intrepidez del teniente Barraza hizo rendirse por la fuerza a la citada guardia a pesar de haberse sostenido con vivo fuego.

Al momento volví a reencarcelar los presos que habian sido puestos en libertad por los sublevados: inmediatamente de desarmarse la guardia i puesta en prision, encargué la custodia de aquel punto al comandante Mardónes con ciento veinte hombres de su cuerpo. Incontinenti tomé la direccion a mi cuartel, marchando a mi vanguardia el citado oficial Barraza con su partida descubierta. Al sarjento mayor Navarro ordené que con la mitad de su batallon tomase una calle i yo otra con la otra mitad. Así que fuimos vistos, rompieron el fuego los Cazadores, habiendo sido antes invitados con el perdon por el oficial Barraza sí se rendian, a lo que se contestó con el fuego en cuya primera descarga cayó este bravo oficial digno de los mas altos encomios por su comportacion e intrepidez. Roto el fuego, fue preciso contestarles. Avanzó mi tropa, i despues de media hora de vivo fuego sostenido por los Cazadores desde las torres, ventanas del coro i su línea en la plazuela, conseguí la victoria con habérmeles ido a la bayoneta.

Desorganizados i puestos en fuga por el inte rior del cuartel los perseguí hasta las márjenes del rio Claro. Allí se precipitaron algunos que probablemente se cree hayan perecido. Los mas rindiendo las armas, se entregaron. Conseguí tomar presos a los cabezas del motin que fueron el cabo Bernardo Pérez, los soldados Pablo Arriagada, José María Reyes i Rosauro Muñoz, los que han sido fusilados el dia de ayer. En esta trájica escena han perecido en el ataque el teniente Barraza i tres soldados Cazadores. Chacabuco no ha esperimentado el mas leve perjuicio. Mi cuerpo resulta con pérdida de veintiun hombres entre fugados i muertos. Mediante esta medida, aunque sensible, se ha restablecido el órden. Existe en mi cuartel la fuerza de noventa i dos hombres que con las mas vivas protestas aseguran no haber tenido parte en la insurreccion. Esto mismo han confesado ántes de morir los fusilados. Los demas incidentes del hecho informará a V. S. el oficial conductor de este parte, teniendo V. S. a bien elevarlo todo al Supremo conocimiento de S. E. el señor Vice-Presidente, para que se sirva S. E. aprobar esta medida, única adoptable en las críticas circunstancias.

El escuadron lo mantengo desarmado hasta obtener del Excmo. señor Vice-Presidente las órdenes que tuviere a bien comunicarme, todo solo por medios de precaucion, no temor que me asista.

No puedo ménos que recomendar a V. S. el mérito del sarjento mayor Navarro i todos sus oficiales, que a competencia se disputaban el punto mas riesgoso. De los de mi cuerpo, permítaseme decir, que por esta vez han tomado ejemplo de éllos. El comandante Mardones i su cuerpo Nacionales se ha portado con la mayor bizarría.

Aprovecho esta ocasion para ofrecer a V. S. mis consideraciones de aprecio i respeto. —Manuel Urquizo. —Santiago de Chile, miércoles 1.º de Agosto de 1827.


Núm. 43[editar]

Oficio del gobernador de Talca[3].

Talca, 24 de Julio de 1827

La primera comunicacion oficial que el Gobernador de Talca, elejido por la voluntad de este pueblo, tiene el honor de impartir a S. E. el señor Vice-Presidente de la República por ministerio de V. S. lleva por objeto la noticia del suceso que ménos esperaba este vecindario.

Bien avenido con los cuerpos militares estacionados en su centro, el batallon Chacabuco i escuadron Cazadores a caballo: en el mejor órden i tranquilidad pública: seguros de hostilidades en razon de la estacion en que nos hallamos a cubierto de Pincheira í sus satélites: entregados al reposo que los mismos militares lograban para desahogo de sus fatigas i trabajos consiguientes a la anterior campaña; entónces es que el antedicho cuerpo de Cazadores forja, sin que por otros se trascienda, un proyecto de sublevarse escandalosamente en esta plaza, como lo verificó el dia 21 del que rije a pretesto de no estar pagados mucho tiempo há de sus sueldos, i exijiendo sus ajustes de las existencias que suponian en esta tesorería í administracion, o en caso de que con tales fondos no alcanzaren a pagarse, lo verificara el pueblo bajo el mas sério apercibimiento de un saqueo.

En prosecucion de estas ideas se apoderaron de la cárcel con todas sus municiones i pertrechos de guerra que allí estaban almacenados, franqueando a los presos la libertad, que seguramente habrian conseguido sí la terminacion del proyecto no hubiera sido contraria a sus autores.

El convento de San Agustin, que servia de cuartel al cuerpo sublevado, fué para éllos en aquella mañana su mas segura fortaleza. Allí se daban las órdenes de arrestos i prisiones contra sus fieles oficiales; allí se nombraban las partidas que debian reforzar la cárcel i alternar los centinelas puestos por éllos de antemano en todas las boca-calles de la plaza principal i plazuela de dicho convento, sirviéndoles como de cuerpo de reserva el numeroso concurso de la plebe que por todas partes se veía agolpado en la disposicion i amago que puede pensarse.

El vecindario, en este conflicto temia por momentos el de su desolacion i saqueo con todos los demas horrores i desastres que eran de recelar en el caso. El que habla i las demas autoridades sintieron el dolor de ver frustradas las primeras providencias i propuestas que, tanto por algunos de sus miembros, como por varios particulares, i últimamente por el comandante don Manuel Urquizo se hicieron a los rebeldes, hasta el estremo de gratificarlos con cuatro pesos a cada uno, en parte del sueldo, por la deficiencia de los fondos públicos destinados a este objeto, que iba a ser subrogado en tales momentos por los particulares, tan notoriamente exaustos.

La repulsa de estas medidas i otras de sagacidad i prudencia que se aplicaron entónces, desengañaron al pueblo de que ya el mal exijia otra clase de remedio: i en efecto, reunidos los principales vecinos con las corporaciones, i en consejo de guerra el referido comandante Urquizo, el sarjento mayor don Manuel Navairo, comandante accidental del batallon Chacabuco, con los demas oficiales que lo formaron, se resolvió de comun acuerdo, que debia ocurrirse al arbitrio de la fuerza como único capaz de repeler lo que hacian los rebeldes. Acto contínuo se trasladó a la plaza mayor el batallon Chacabuco con su comandante i oficiales, todos a las órdenes del antedicho Urquizo: i puestos al frente de la cárcel, reforzada por veinte de los sublevados, entregaron el punto en que se hallaban, despues de un obstinado fuego, i dominado por los nuestros, continuó su marcha el comandante Urquizo con la tropa fiel i virtuosos oficiales, hasta acercarse al cuartel de San Agustin, desde cuya torre, a manera de castillo, hacian fuego los sublevados quedando victima de sus tiros, mortal mente herido, el teniente de Cazadores don fulano Barraza que avanzó un tanto separado de sus filas a invitarles por última vez con el perdon si se rendian. El resultado de esta tentativa fué del todo semejante a las anteriores. No tuvo mas contestacion que una descarga con que quitaron del medio a un oficial que, por su propuesta, no llevaba otras miras que economizar la sangre de los soldados de su mismo cuerpo. No pudo menos entónces que avanzar la tropa, mandada por aquel héroe ya difunto, sobre su cadáver; con cuyo hecho se apoderó de los revolucionados el temor, i desesperando de todo buen suceso, tomaron el partido de la fuga los unos i de rendirse con las armas el resto. Así quedó por nosotros el cuartel con sus municiones i pertrechos, i desapareció el peligro i entró el pueblo en la satisfaccion i desengaño de que ya estaba por él el triunfo, esplicando la ternura de estos sentimientos con los mas encarecidos vivas i parabienes a los jefes militares i tropa fiel que habia hecho tan recomendable servicio a la ciudad de Talca.

Este es, aunque solo en bosquejo, el cuadro del triste estado en que acabamos de vernos i de que por un favor de la Providencia i las virtudes del jefe militar encargado de la guardia de esta plaza i los valientes oficiales que le acompañaron en la defensa, podemos ya gloriarnos de estar libres, restituido el órden, castigados oportunamente los cabecillas, restauradas casi todas las armas, entregados muchos de los prófugos sin mas efusion de sangre que la del inmortal Barraza, tres Cazadores i cuatro fusilados.

El Cabildo por su parte no desiste de hacer efectiva la palabra empeñada a la fidelidad de los soldados que no tuvieron parte en la sublevacion, i a los que han servido para sofocarla con tan buen suceso, esforzándose a juntar el vecindario un continjente que hoi mismo se va a repartir por via de gratificacion en las tropas que han sostenido el órden, i por mi conducto se estiende a indicar a V. S. la necesidad de que S. E. el Vice-Presidente de la República recompense i tenga presente, del modo que acostumbra, el mérito con que aquellos bravos i virtuosos defensores de la causa comun de la Nacion han llenado ejemplarmente sus deberes en este punto.

Sírvase V. S. esponerlo así al Excmo. señor Vice-Presidente de la República, i recibir con este motivo el mas distinguido afecto de la respetuosa consideracion que le profesa.-Juan Nepomuceno de la Cruz. —Al señor Ministro de la Guerra.


Núm. 44[editar]

La Comision Nacional ha considerado la nota de hoi del Poder Ejecutivo i las ocurrencias a que se refiere, como igualmente las dificultades que se presentan para enjuiciar al autor del periódico titulado El Verdadero Liberal que, por medida de precaucion, se halla arrestado i ha creido necesario allanarlas acordando: que se pasen los antecedentes a la Junta protectora de imprenta, i como la nombrada por el Gobierno no lo haya sido con todos los requisitos que prescriben las leyes del caso, se proceda a la nueva eleccion en los términos que ellas proponen.

Para que esta Junta esté reunida a la mayor brevedad, se acompaña a V. E. la lista de los quince individuos que debe nombrar la Comision, por hallarse haciendo las veces de Senado, que se reunirá mañana con el otro Cuerpo proponente, para que quede espedito el Tribunal que ha de declarar el abuso.

El Presidente de la Comision saluda con este motivo al Presidente de la República, ofreciéndole las consideraciones de su mayor aprecio. —Santiago, Agosto 1.º de 1827. —(Firmado). —SANTIAGO ANTONIO Perez. —José Domingo de Amunátegui, Pro Secretario. —Al Excmo. señor Presidente de la República.


Núm. 45[editar]


Lista de los individuos nombrados por la Comision Nacional, para formar el Tribunal protector de imprenta, que se acompaña al Gobierno con el oficio anterior

DonManuel Renjifo

Pedro Ovalle i Landa
Santiago Muñoz Bezanilla
José Santiago Montt
Melchor Santiago Concha
Francisco R. Vicuña
José María Rosas
Antonio Mendíbur
Casimiro Albano
Rafael Bilbao
José Santiago Huici
José Antonio Ovalle
Bruno Larrain
Pedro Palazuelos Astaburuaga
Manuel Araos

  1. Este documento ha sido tomado de El Verdadero Liberal. Vol. 13, páj. 348 de periódicos de la Biblioteca Nacional. (Nota del Recopilador.)
  2. Este documento ha sido tomado de la Clave-1-1827-1828-pá]. 14.
  3. Este documento ha sido tomado de la clave 1-1827-828 (p. 15).