Sigue los tigres huyendo

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Sigue los tigres huyendo
de Manuel Botelho de Oliveira


Sigue los tigres huyendo
Del fiero vendado Dios
Sin ver que en igual fiereza
Lo mismo es tigre, que Amor.

Una Zagala del Duero,
Que al mismo tiempo se vio
Para las almas serpiente,
Para los jardines flor;

Y para ser Cielo en todo,
El mismo Cielo le dio
En su pecho la mudanza,
En sus ojos la color.

Por feroz, y hermosa siempre,
Todo en el campo rindió,
A las almas, por hermosa,
A los brutos, por feroz.

Cuando fatiga las selvas,
¡Oh, cómo paga mejor!
Si al campo fieras le quita,
Al campo flores le dio.

Con razón la sigue entonces
Un amante cazador,
Pues cuando siguió la Ninfa
La fiera entonces siguió.

Hermosa Muerte, le dice,
Espera, no corras, no,
No merezca un fiero bruto
Más que un discreto amador.

¡Oh, cómo por estos bosques
Sol te advierto en doble acción!
Eres Sol en ligereza,
Eres Sol en esplendor.

Aunque te ausentes, te veo,
Pues copian a mi pasión
Estas flores tu hermosura,
Estas fieras tu rigor.

Tu suelto cabello, a un tiempo
Agrado, y ofensa, es hoy
Lascivo agrado del aire,
Dorada ofensa del Sol.

Ni quiso más escucharle,
Y en competencias corrió
Del amante el llanto ondoso,
De la Ninfa el pie veloz.

Esta poesía forma parte del libro Música de el Parnaso (1705)