Super flumina babylonis

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Super flumina babylonis de Clemente Althaus


Junto a tus ríos, Babilonia altiva,
nos sentamos, mezclando a su corriente,
a su libre corriente fugitiva,
un largo mar de nuestro lloro ardiente:
y en vuestras ramas, sauces lloradores
que pobláis las riberas,
las resonantes cítaras colgamos
con que en días mejores,
a las orillas de los patrios ríos,
nuestras dichas y triunfos celebramos.
Y cuando los impíos
que cautivos allí nos arrastraban
nos dijeron con bárbara ironía:
«cantadnos algún canto
de los que alzabais en la patria un día»
con voz interrumpida por el llanto,
nuestro mísero labio respondía:
«¿Cómo cantar en servidumbre fiera
los himnos de la patria vencedora?
¿Cómo cautivos levantar ahora
los cánticos que al viento
un día daba nuestro libre acento?»
¡Yerta quede mi mano,
oh dulce patria, si en comarca ajena
jamás del harpa los bordones toca!
¡Muda quede mi lengua, si en mi boca
tu santo nombre sin cesar no suena!
De mí se olvide la memoria mía,
si siempre no alimento
con tu dulce recuerdo el pensamiento,
y el triste corazón con la esperanza
de que a tu seno he de tornar un día,
cuando aplaquen los cielos su venganza.
¡Ah! ¡quién fuera, quién fuera
el aura voladora,
la nube pasajera,
para volar a tu mansión querida!
¡Envidio, envidio ahora
del ágil ave el presuroso vuelo,
cual envidiaba en mi crüel partida
la raíz de los árboles felices
que se quedaban en el patrio suelo!
¡O patria bella que al Edén te igualas,
tuvieran ¡ay! tus hijos infelices,
para volver a ti veloces alas,
para quedarse en ti, firmes raíces!
¡Hermosos campos del Jordán bañados!
¡Frescos viciosos prados!
¿Cuándo os verán mis impacientes ojos?
¿Cuándo, campiñas santas
os hollarán mis anhelosas plantas?
Tierra de la esperanza y del recuerdo,
que guardas de mis padres los despojos,
¿Será que nunca he de volver a verte,
y que en campos ajenos
mis tristes ojos cerrará la muerte?
¡Ah! no, jamás, y en mi vejez postrera,
en mis instantes últimos al menos,
me dé el Señor que a saludarte torne,
aunque, al llegar a tus confines, muera.


Esta poesía forma parte del libro Obras poéticas (1872)