También por ellos

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ESDE que el Augusto Desterrado de Venecia, inspirándose en su amor á España y en su admiración por los que sacrificaron hasta su vida por su Dios, por su Patria y por su Rey, tuvo la felicísima idea de instituir la Fiesta del 10 de Marzo, con el fin de perpetuar la memoria de los hombres beneméritos, y de que en dicho día subieran á los cielos las oraciones de los españoles amigos de la Tradición, agrupadas y formando tan gran contingente que fueran ante Dios de segura eficacia para inclinar su misericordia infinita en favor de los que desinteresadamente sirvieron á su Patria, hemos venido señalando á la admiración pública los nombres de héroes que ilustraron su vida con hazañas asombrosas, con manifestaciones de admirable patriotismo y con pruebas de abnegación por su magnitud inapreciables.

 Hoy, en igual ocasión, dejando por una vez á los que en sangrienta lucha conquistaron el derecho á participar en el homenaje que en esta fecha tributa la España tradicionalista, vamos á consagrar un recuerdo á otros beneméritos de la Patria, que también ilustraron su nombre, si no todos en lides sangrientas, en la incruenta lucha con la pluma, menos peligrosa que la de los campos de batalla, pero igualmente penosa, igualmente llena de abnegación y sacrificios, igualmente meritoria, puesto que mantiene vivo el sentimiento del amor á la sacrosanta bandera, creando nuevos héroes que, como aquéllos, están dispuestos á dar cuanto son y cuanto poseen por la Causa de la Religión, de España y del Rey.

 Apóstoles de la Tradición, despreciaron honores, posición, riquezas que hubieran obtenido en el campo del liberalismo, y sufrieron persecuciones y estrechez, por seguir predicando la buena doctrina, por servir á su bandera salvadora en la época de paz, manteniendo el fuego que inflamó los pechos de los vencedores de Abarzuza, de Montejurra, de Lácar, de Alpens y de tantas y tantas otras batallas, á fin de que si Dios en sus inescrutables designios necesitase para la salvación de la Patria de nuevos cruzados, poder ofrecerle legiones tan heroicas, tan sufridas, tan leales, como las que del 1872 á 1876 pasearon victoriosa la bandera de la Tradición por los campos de las Vascongadas y Navarra, de las Castillas, de Aragón, de Cataluña, de Valencia, del Maestrazgo y de Asturias.

 De estos campeones de la pluma El Correo Español ha visto desaparecer de entre los vivos al ilustre polemista D. Luis María de Llauder, su fundador, hombre meritísimo, que en El Correo Catalán primero, en La Hormiga de Oro á la vez, y fundando por orden superior El Correo Español después, prestó á nuestra Causa inapreciables servicios que el Augusto Jefe de nuestra Comunión supo apreciar y se dignó aprobar repetidas veces, dando al insigne periodista poderes y representaciones que tenía bien merecidos.

 D. Leandro Herrero, Director que fué de este periódico, escritor de valía, cuya pluma destilaba con admirable naturalidad terrible y culta sátira, que anonadaba á sus adversarios; D. Antonio Somoza, veterano en las lides periodísticas y ducho en extremo en los asuntos políticos; D. Mariano Jamardo, joven lleno de entusiasmo, que, sin una muerte prematura, hubiera ilustrado su nombre, y á Galicia, de donde vino para trabajar entre nosotros; D. Félix Vázquez, que, después de luchar con arrojo increíble en los campos de batalla, aprendió en la isla de Cuba lo que era la política de España en la gran Antilla, aprovechando después estos conocimientos en nuestras columnas para revelar, aunque inútilmente, el cáncer que corroía nuestra dominación en América; y D. José María del Castillo, que también puso al servicio de la causa de España, desde nuestras columnas, los conocimientos que de la desastrosa conducta de los Gobiernos liberales adquirió en Filipinas, éstos son los periodistas carlistas que ha perdido El Correo Español en los años que lleva de publicación.

 También por ellos es la Fiesta del 10 de Marzo; también ellos merecen un puesto al lado de aquellos otros héroes de las batallas sangrientas; también por ellos se elevarán hoy oraciones al Altisimo.

 Y yo que en pasados años cumplí señalando á la admiración de los carlistas la heroica conducta de compañeros míos de armas que perdieron la vida defendiendo la bandera tres veces santa, hoy presento á los que celebran la Fiesta de los Mártires el ramillete formado con los nombres de Llauder, Herrero, Somoza, Jamardo, Vázquez y Castillo, que dejaron pruebas irrecusables de su fe y de su amor al tradicionalismo en las columnas de El Correo Español, y les digo: también por ellos se elevan nuestras oraciones. Rezad por ellos, como tal vez pronto recéis por este veterano de la espada y de la pluma, que desde este momento se recomienda á vuestras oraciones.

  Joaquín Aranda


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