Tedio

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La linterna mágica - Tomo 8 de José Tomás de Cuellar
En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


TEDIO.[editar]


    
APARTA, aparta, Tisbe; me cansan tus caricias,
Me abruman los instantes que paso junto á tí;
Veneno amargo encierran tus férvidas caricias,
Germen de tédio y pena tu loco frenesí.

Me miras, y en tus ojos de la voraz hoguera
Que guardas en tu pecho, brillando está el fulgor;
Mi mano entre las tuyas descansa, y no quisiera
Habértela cedido, cual te cedí mi amor.

Huye de mí; ya el tédio me enerva y me quebranta,
Lo que antes fuera dicha tornóse en sinsabor.
Dirige á otros amantes la vacilante planta;
No me ames, abandóname en brazos del dolor.

Tal vez un pecho tierno más cándido en el mundo
Encuentres, ya mi pecho la tempestad secó;
Marasmo donde quiera y malestar profundo,
En mi aislamiento triste, me seguirán en pos.

Qué quieres? no me exijas que vierta melodías.
Que solo ayes tristísimos por siempre arrojaré;
Olvida aquellos dulces y placenteros días,
Que yo hasta de mí mismo también me olvidaré.

Los votos! ah! no sabes en tu experiencia corta
Lo que en el mundo valen los votos del amor;
Si ya no siente el alma felicidad; ¿qué importa
Que juren los amantes lo que el amor dictó?

Los juramentos vuelan cual hojas arrancadas
Del árbol al empuje de rápido aquilón,
Y se disipan leves cual nubes arrasadas,
Por los glaciales vientos en la inmortal región.

No alientes en tu pecho un rayo de esperanza,
Me abruma el contemplarte pidiendo un corazón,
Que seco y desgarrado hacia el sepulcro avanza,
A convertirse en polvo sin llanto ni temor.

Déjame solo y triste cruzando mi camino,
Lanzando por do quiera los ayes del pesar;
No es uno mismo, Tisbe, nuestro fatal destino,
Tú goza, yo entretanto camino sin cesar.

Tú encontrarás al paso ardientes amadores
Cual mariposa leve que va de flor en flor;
Prodiga tus encantos, regala tus amores.
Apura los deleites sin tregua ni aflicción.

Por qué congoja fiera te arranca de los ojos
El llanto cuando miras á tu cantor sufrir?
Rie voluptuosa, Tisbe, olvida los enojos,
Entre el tumulto piérdete de espléndido festín.

Qué importa que yo triste, cual cárabo nocturno,
Tan solo notas lúgubres exhale mi laúd,
Que cruce por el mundo callado, taciturno,
Ó que me postre débil al peso de mi cruz?

Qué importa al mundo el eco de mi dolor? ¡se ríe!
Y á tí ¿por qué te hiere mi acento? ríe también;
El mundo en sus festines con júbilo se engríe,
Y tú, con tus amantes, olvida lo que fué.

Pero si quieres, Tisbe, que yo también me ría,
Dame el pandero y danza cual rápida visión;
Y moriremos juntos enmedio á la alegría,
Danzando tú y yo riendo... con risa de dolor!