Tratado de la Pintura: 08

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


NOTAS[editar]


(A) Quiere decir con esta expresión, que no tiene anchura alguna.


(B) Braza llamamos en castellano á la distancia que hay del extremo de una mano á otra, estando los brazos extendidos en una línea recta. Esta distancia es igual por lo común á la altura del hombre, por lo cual parece, que la medida que Alberti llama brazo ó braza, será diferente, respecto que da tres de ellas á la estatura humana.


(C) Toda esta operación, tan prolijamente explicada, se reduce á señalar el pavimento de una estancia en una pintura, en cuyo supuesto, si ha de coger todo el cuadro (según parece que habla aqui Alberti), parece ocioso que se haga esta demarcacion en un espacio pequeño, y no en el mismo lienzo en que se va á pintar. Al punto A de la lámina le llama equivocadamente punto de vista, debiendo llamarle punto de la distancia, pues el de la vista es M, desde donde se tiran todas las rectas á las divisiones de la basa para señalar las baldosas del pavimento.


(D) El florin tiene diferentes valores, según el pais, por lo cual no se puede asignar el equivalente de nuestra moneda, pues no sabemos de qué florines habla aqui Alberti. El valor justo del talento tampoco se puede calcular, porque no siempre era igual.


(E) Varios han ventilado la preferencia y superioridad entre la Pintura y la Escultura, ya en atención á las prerogativas, cualidades y ventajas propias del arte, y ya respecto del mayor primor ó dificultad para el artífice. Pero á mí me parece que puede acabarse tan reñida controversia, considerando que el Escultor en una obra tiene que atender á la composición de las figuras, á su dibujo y expresión, y al efecto que deben hacer desde el sitio en que se han de colocar; pero el Pintor ademas de todas estas cosas ha de atender al relieve que deben tener las figuras, al efecto de la luz, que debe ser el mejor y mas agradable, al colorido proporcionado y adecuado á cada figura de por sí, al contraste armonioso de los colores, y á la exacta división de términos que se ha de conocer en la composición, de modo que se vea el aire que hay entre la figura que está delante, y la que está detras, prescindiendo de la dificultad suma de poner los escorzos bien entendidos, de la cual carece la Escultura; pues aunque caben en los bajos relieves, en estos debe ser el mayor cuidado del artífice el evitarlos por el mal efecto que hacen regularmente á la vista.


(F) En el Real Gabinete de Historia natural se ven infinitas piezas de mármoles y jaspes que representan cabezas, países, edificios y otras cosas con tanta perfección, que parece entró el arte á ayudar á la naturaleza.


(G) Esto se llama dibujar por cuadrícula, la cual es precisa cuando se copia un cuadro grande para la mayor exactitud &c.


(H) Aun sin tanta oposición y discordancia puede haber desconveniencia entre los miembros de una figura, pues si, por ejemplo, se le ponen á una Matrona de estatura prócer y esbelta, y proporción delgada las manos muy redondas y gruesas, será un defecto notable contra el arte; é igualmente lo será si sucediese al contrario.


(I) No se sabe qué géneros de blanco son los que aquí menciona Alberti, pues ahora solo se gasta el albayalde para la pintura al óleo, y la cal para el fresco.


(K) Estos ornatos son los marcos de talla ó bronce, que regularmente se ponen á las pinturas, para su mayor decencia.


(L) En este lugar habla Alberti con los que aun no estan muy firmes en el dibujo y manejo del clarooscuro, segun los efectos naturales de la luz, en cuyo estudio insiste el autor que se ejerciten los jóvenes para que adquieran costumbre y hábito de lo bueno; después de lo cual es indispensable que copien y estudien en las obras de los Maestros acreditados, y demás Pintores eminentes para instruirse en la belleza y distribución de las tintas, y en el artificio de la composición, como dice Leonardo de Vinci en el § I de su Tratado.


(M) Es claro que habla aqui Alberti de los Pintores de su tiempo, sin que pueda tener lugar esta proposición en nuestros dias, en que vemos felizmente competir en los primores del arte con aplauso universal á los Pintores y Escultores, siendo iguales al mismo tiempo los adelantamientos de la Arquitectura en sus profesores.


(N) Parece que aqui da á entender Alberti que su voluntad es, no de que retraten y copien la fisonomía de su rostro los Pintores en las obras que hagan; sino que observen, imitándole en esto, las máximas y documentos que les da en sus tres libros: y es evidente que uno de los modos (ó quizá el mejor) de agradecer un beneficio á un Escritor ó á un Maestro, es ejecutar lo que ordena en virtud de su ciencia y experiencia.

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