Usuario:Georgeos Diaz-Montexano

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Aquí, en uno de los parajes mas bellos del planeta, el "Coto de Doñana". Verano del 2006

Presentación, objetivos y principios...[editar]

Apenas tenía doce años cuando sentí por primera vez la presencia de la mayor fuerza que existe en el Universo, la fuerza del amor al saber, que es también la fuerza del amor a la verdad, y ese sentimiento -o esa capacidad- hasta entonces dormido lo desperté aquel día en que mi profesora de Historia me habló de las antiguas civilizaciones y me acercó al fascinante mundo de los egipcios y a la historia de Champollion y el desciframiento de la escritura jeroglífica egipcia a través de la célebre Estela de Rosseta.

Aquella clase de Historia Antigua, aquel encuentro con el pasado marcó profundamente el derrotero de mi presente existencia. Fue mi primer despertar. El segundo despertar estuvo asociado al estudio del Gran Maestro, pensador y filósofo cubano del siglo XIX, José Martí; el tercer despertar, al descubrimiento y contacto personal con el Maestro en Epigrafía y Lenguas Antiguas, el Dr. Barry Fell, de la Harvard University, y el cuarto despertar, ocurrió con el descubrimiento de Platón.

Mientras José Martí me inculcaba el amor a la libertad y a la justicia social y Barry Fell me enseñaba el camino de la investigación epigráfica y filológica, sin fronteras -más allá de las meras convenciones o de la "verdad histórica establecida mediante consensos"- Platón me mostraba el sendero del amor a la sabiduría y a la búsqueda de una verdad suprema, más allá de las simples manifestaciones de la materia (o de lo meramente tangible). La lectura y estudio profundo de la obra de Platón y de la mayoría de los Maestros filósofos de la antigüedad despertó en mi una profunda pasión por los antiguos misterios de la humanidad, por el amor al saber que es verdadero...

Esta pasión por el pasado, por los orígenes y misterios de la humanidad, acompañado siempre (en las medidas de mis limitaciones) de un espíritu crítico y riguroso, de un equilibrio entre pasión y vehemencia me ha llevado a la realización de muchos descubrimientos arqueológicos, antropológicos, epigráficos y filológicos que han arrojado nuevas luces sobre el pasado del ser humano, y que -bien interpretados- podrían iluminar también con nuevos rayos de esperanza nuestro destino como especie humana.

He creado -hasta la fecha- ocho revistas de divulgación científica y cultural (en papel impreso), y varios portales, foros, listas de correos, y revistas digitales, donde han escrito muchos destacados investigadores, desde grandes amateurs o amantes del pasado hasta prestigiosos licenciados y doctores universitarios. También he fundado cuatro sociedades de idénticos objetivos, consciente de que numerosas son las manifestaciones del saber y las vías para acceder a el, pues es obvio, evidente e incuestionable, que jamás existirá un único camino para llegar a la verdad. Los senderos del verdadero saber son tan innumerables como las manifestaciones de esa fuerza vital del Universo que los humanos hemos llamado siempre Dios o Vida. Así pues, se puede llegar a la filosofía, al conocimiento mismo de la verdad, a través de la geología, de la arqueología, de la filología o de la física, a través de cualquier ciencia o de cualquiera de las manifestaciones del saber humano -incluso desde una filosofía-religión-, ya sea ayudados por la guía de un maestro exterior, o bien por el propio maestro interior que todos tenemos.

La vía que este filaletheo o "amante de la verdad" conoce es la del estudio del pasado, de la arqueología en su máxima expresión semántica, que es el "estudio de lo antiguo", es decir, la investigación de la Antigüedad, que comprende el estudio de todos los aspectos geográficos y antropológicos: estudio de la Tierra o Geología, Estudio del Hombre o Antropología, con todas sus manifestaciones, el hombre como ser biológico y como ser espiritual; su pensamiento, su lenguaje, sus costumbres...

Cualquier persona que busque la verdad, por encima de todas las cosas, con total convencimiento de corazón, puede llamarse filósofo y filaletheo, aún cuando su nivel cultural no sea suficientemente amplio. Sin embargo, aquél que aun ostentando títulos académicos y presumiendo de un elevado nivel cultural, no ha llegado a comprender esa máxima oriental que dice: SATY AT NASH PARO DHARMAH, "la justicia (ley) no está por encima de la verdad" (o esa otra interpretación esotérica y teosófica: "no hay religión más elevada que la verdad"), no será más que un "intelectual", porque un verdadero filósofo es quién "ama la sabiduría", quién siente una profunda pasión por la búsqueda del saber, esté donde esté, sea cual sea y caiga quien caiga. Pues el estado más elevado del filósofo es el de ser un filalethósofo, un amante del saber que es verdadero, el que ya no sólo busca el saber, sino el saber que es verdadero, puesto que existe un sinfín de falsos saberes de los cuales sólo por el hecho de ser filósofos no podemos libramos, ya que el que ama el saber, en su afán, no siempre examina el saber que le es presentado; más aun si este saber proviene de una fuente "especial", más o menos fidedigna o legendaria.

El filalethósofo en su pasión por el saber verdadero analiza profundamente todo conocimiento con vistas a descubrir y diferenciar el saber falso del verdadero, el superficial y transitorio del profundo y atemporal. No cree en un conocimiento dado, más bien lo siente, lo vive y lo exprime hasta extraerle la esencia verdadera. El filósofo filaletheo no acepta un conocimiento como válido sólo por el hecho de que éste provenga de una doctrina "maravillosa" o "misteriosa", o porque su transmisor sea un ser "especial", pues entonces sólo sería un religioso, ni tampoco por el simple hecho de que ese saber haya sido promulgado por grandes personalidades de la ciencia física o materialista, pues entonces solo sería un fundacientífico. Nada de ello será garantía suficiente para el buscador del verdadero saber quien nunca lo confiará todo solamente a la intuición, o a la razón. Su correcta posición debe estar siempre en el justo centro entre la intuición y la razón.

El saber, por el saber mismo, es la aberración del saber. De nada, o muy poco, serviría el intentar descifrar antiguos enigmas de nuestro pasado o del mundo que nos rodea si estos no nos hacen reflexionar, si no nos transforman en seres superiores (intelectual y espiritualmente), superiores fundamentalmente a nosotros mismos y si no nos elevan de nuestra mediocridad hasta el escalafón donde comienza el sendero de la auténtica humanidad. Ese tortuoso camino que conquista tras conquista nos conducirá a la cima de la compresión, a la auténtica iluminación, algo que está más allá de lo material y de lo espiritual, de lo racional y de lo místico, y del conocimiento sobre el bien y el mal, o de las fuerzas que rigen el pulso vital del Universo.

Cada uno de nosotros tiene el deber (obligación diríase) de contribuir a esta gran lucha contra la ignorancia y contra todo aquello que nos conviertes en seres miserables y mediocres, más preocupados por la crítica, censura y destrucción del prójimo, que por su bienestar y derecho al desarrollo intelectual, a la dignididad, al honor y a la humanidad misma. Y en este sentido, sí podemos decir que solamente existe un camino: cultivar el amor a la sabiduría. Como decía el gran Maestro Hispano-Cubano José Martí:

"Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria… Los hombres han de vivir en el goce natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y la luz… (y) ser culto es el único modo de ser libre". José Martí


Georgeos Díaz-Montexano

En Madrid, España, el 02-1-2007.

Proyectos en WikiSource[editar]

Actualmente estoy colaborando en la edición de los textos de Platón. También estoy trabajando en la traducción de varias obras antiguas (greco-latinas y egipcias) que o bien no han sido traducidas al castellano aún, o las traducciones que existen están protegidas por copyright (por lo que no pueden usarse en aqui en WikiSource) y encima con unos precios un poco elevados lo que dificulta bastante el acceso a dicha información.

Es un proyecto díficil, y llevo ya más de quice años trabajando en ello, tengo una gran biblioteca de clásicos entre códices, manuscritos y ediciones digitalizadas y fascímiles (muchos inéditos en cuanto a traducción a lenguas modernas), que poco a poco estoy traduciendo desde el griego, el latín y el egipcio, y algunas, las más importantes, las estoy editando con aparato crítico incluido.

Mis objetivos son que puedan estar a disposición de todos, de manera gratuita, y de ahí que halla escogido a WikiSource para ello.

Otras obras, debido a su complejidad y porque que van mucho más allá de la simple traducción, serán publicadas en Wikilibros.

Toda ayuda al respecto será bienvenida.


Georgeos Díaz-Montexano

En Madrid, España, el 02:54 4 ene 2007 (UTC)