Virus, un mundo microscópico/Tratamiento y prevención de enfermedades virales

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TRATAMIENTO Y
PREVENCIÓN DE
ENFERMEDADES
VIRALES
Vacunación del lactante
Año Nombre Tipo de vacuna
Recién nacido Hepatitis B Hepatitis B inactivada por calor
2, 4 y 6

meses

Hexavalente

Hepatitis B, difteria, tétanos, tos convulsiva, enfermedades invasoras por H. influenzae tipo b (Hib) y poliomelitis.

12 meses Antirrábica Sarampión, rubeola y paperas.
18 meses Hexavalente

Hepatitis B, difteria, tétanos, tos convulsiva, enfermedades invasoras por H. influenzae tipo b (Hib) y poliomelitis.

Hepatitis A Hepatitis A
Vacunación escolar
Primero básico Tres Vírica Sarampión, rubeola y paperas.
Cuarto básico

VPH primera dosis en niños y niñas

Infecciones por virus papiloma humano.

Quinto básico

VPH segunda dosis solo en niñas

Infecciones por virus papiloma humano.

MÉTODOS GENERALES

Para prevenir enfermedades virales podemos tomar algunas sencillas medidas.

Lavarse las manos al manipular alimentos,

Mantener una buena higiene al ir al baño,

Asear y ventilar espacios comunes (algunos virus mueren fácilmente con luz solar [hantavirus], cloro o amoniaco),

Si se presenta una infección viral, lo ideal es mantener reposo y evitar contacto con otros. Si esto no es posible, es importante usar pañuelos desechables, lavarse las manos después de sonarse o ir al baño, y cubrirse la boca con el antebrazo al toser, de este modo se evita esparcir el virus y contagiar a otros.

ANTIVIRALES

En general, las enfermedades virales no tienen cura y el tratamiento que se suministra es para disminuir los síntomas asociados a esta.

En el mercado existen antivirales y estos son altamente específicos ya que sirven solo para algunas enfermedades. De hecho, dependiendo del mecanismo de acción del antiviral, pueden ser efectivos únicamente en etapas tempranas de la infección.

Por ejemplo, en el caso de:

Herpes

No es posible eliminar el virus de forma permanente, pero las etapas sintomáticas de la infección pueden ser tratadas con aciclovir; antiviral que se encuentra como comprimido de uso oral, inyectable y crema tópica.

VIH

Los pacientes infectados con VIH son sometidos a tratamientos con distintos antivirales para impedir la replicación del virus, o la unión del virus a su célula blanco. En general, la terapia antiviral implica una combinación de fármacos como maraviroc, lamivudina, efavirenz, dolutegravir, zidovudina, nevirapina, didanosina y abacavir.

Influenza

Existen diversos antivirales en el mercado. Entre ellos el más usado es el osetalmivir (Tamiflu©), también está el zanamivir, el peramivir, la amantadina clorhidrato y el baloxavir marboxil. Los efectos secundarios más comunes del oseltamivir son náuseas y vómitos. El zanamivir puede causar broncoespasmos y el peramivir puede provocar diarrea.

VACUNAS

Aunque gran parte de las enfermedades virales no tienen tratamiento específico y solo se usan fármacos para atenuar los síntomas, existen vacunas que permiten prevenir la infección y ayudan a controlar brotes epidémicos. Enfermedades como hepatitis A y B, sarampión, rubeola, paperas, poliomielitis, rabia y algunos subtipos de influenza pueden ser prevenidos siguiendo el calendario de vacunación del Ministerio de Salud del Estado de Chile.

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Si te interesa conocer más sobre las vacunas y sobre el esquema de vacunación del Ministerio de Salud de Chile para prevención de enfermedades, te invitamos a leer el libro Bacterias ¿por qué me enferman?

VIRUS Y SISTEMA INMUNE

El sistema inmune de nuestro cuerpo nos defiende contra diversos patógenos. De forma sencilla, puede ser descrito como un mecanismo que diferencia lo propio de lo extraño y tiene capacidad para eliminarlo.

El sistema inmune se puede clasificar en dos: el sistema inmune innato (SII) y el sistema inmune adaptativo (SIA).

El SII nos defiende los primeros días de la infección y si esta persiste, el SIA actúa mediante células que se especializan para luchar de forma específica contra el patógeno que nos ataca.


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Respuesta del sistema inmune adaptativo (SIA) a un virus o partícula extraña (antígeno)

El sistema inmune innato tiene barreras físicas entre ellas la piel, las mucosas y las secreciones y barreras químicas como algunas proteínas sanguíneas entre las que destaca el sistema del complemento, los anticuerpos y los elementos de señalización además de ciertos tipos de células como los granulocitos (neutrófilos, eosinófilos y basófilos) y los macrófagos. Esta inmunidad actúa de forma rápida e inespecífica.

En cambio, el SIA se va desarrollando con la edad y la exposición a agentes infecciosos, además, es muy específico. Forman parte de esta inmunidad células altamente especializadas denominadas linfocitos T y linfocitos B.

Los linfocitos T se diferencian entre colaboradores o helper, cuyo rol es modular la respuesta inmune adaptativa, y linfocitos citotóxicos, que tienen la capacidad de destruir células infectadas, cancerígenas o extrañas.

Por otro lado, los linfocitos B, al ser estimulados, se convierten en productores de anticuerpos con la capacidad de reconocer específicamente al microorganismo (virus, bacteria, hongo o parásito) o toxina invasora. Los neutralizan y ayudan a los linfocitos T para eliminarlos.

Cuando ocurre una infección, nuestro SII detecta las partículas virales (antígenos), el estrés de las células o el daño celular causado por la infección viral y, mediante señalización, permite que los componentes del SII lleguen al lugar de la infección para eliminar las partículas virales y las células infectadas. Si el SII no logra controlar la infección viral, entonces actúa el SIA que, con sus células específicas y anticuerpos, intentará erradicar al virus del organismo.

En el caso de las reinfecciones, el SIA es clave. Si el virus ya nos ha infectado antes, al detectar un nuevo foco, el cuerpo ya tiene células determinadas que detectan y eliminan ese virus en particular. La respuesta inmune es rápida y específica, lo que acelera el curso de la enfermedad o causa una infección asintomática, ya que el virus no alcanza a generar daño en nuestro cuerpo como para presentar síntomas.

¿POR QUÉ VACUNAR CONTRA LOS VIRUS?

Los virus, al igual que las bacterias patógenas, pueden causar epidemias en la población. Estas epidemias pueden prevenirse con la existencia de una vacuna contra el microorganismo patógeno, lo que implicaría que, de infectarse, las personas inmunizadas, presentarían un cuadro más leve o incluso imperceptible de la enfermedad.

La implementación de planes de vacunación ha causado un enorme impacto en la salud pública. La Organización Mundial de la Salud calcula que, al año, las vacunas evitan, entre dos a tres millones de muertes por enfermedades infecciosas.

En la actualidad, se han ido desarrollando los autodenominados «grupos antivacunas», que argumentan que las vacunas causan autismo y otros efectos secundarios. Estas agrupaciones basan sus creencias, principalmente, en un estudio científico publicado en 1998 que, a la postre, fue retractado por falsificación de datos.

El problema que generan estos movimientos es que, la decisión infundada de pocas personas puede causar gran impacto en la salud pública. Si una persona no se vacuna, se convierte en un reservorio del virus y con eso ayuda a diseminar el patógeno. Esto último, sumado a la alta migración y a la globalización, puede provocar brotes de enfermedades que se consideraban controladas gracias a los programas de vacunación que realizan los diferentes países.

CIENTÍFICOS LATINOAMERICANOS
DESTACADOS EN EL CAMPO DE LA VIROLOGÍA

LAURA ALCHÉ. Destacada científica argentina, doctora en Ciencias Biológicas y finalista del Premio Innovadores de América en 2018, gracias al desarrollo de un remedio para infecciones oculares de origen viral. Este medicamento tiene actividad dual (antiviral y antiinflamatoria) por lo que fue patentado en Estados Unidos.

ALEXIS KALERGIS. Bioquímico chileno, doctor en Microbiología e Inmunología por el Albert Einstein College of Medicine. Ha realizado un trabajo sobresaliente en el desarrollo de una vacuna contra el virus sincicial. La vacuna, que cumple con los requisitos internacionales de producción, entrará en la etapa de testeo masivo para demostrar su eficacia en una gran población.

PABLO VALENZUELA. Bioquímico chileno, doctor en Química por la Universidad Northwestern, en Estados Unidos. Participó en el descubrimiento del virus de la hepatitis C. También, bajo su dirección, se secuenció el virus de la inmunodeficiencia humana. En Estados Unidos fundó la empresa biotecnológica Chiron Corporation y en Chile creó Bios Chile Ingeniería Genética S.A. Además, creó la fundación Ciencia para la vida y participó en la creación del Instituto Milenio de Biología Fundamental y Aplicada.

SUSAN BUENO. Tecnóloga médica y doctora en Ciencias Biomédicas por la Universidad de Chile, profesora de la Pontifica Universidad Católica de Chile e investigadora asociada del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia. En 2018 ganó el Premio Nacional de Innovación Avonni, por desarrollar un test ―de bajo costo y uso masivo― para la detección rápida de distintos virus respiratorios. Durante 2019, este test se incorporará en un programa piloto en el Hospital Sotero del Río, en Santiago de Chile, y distintos consultorios de la Red Salud UC.

ANDREA GAMARNIK. Investigadora argentina, doctora en Bioquímica por la Universidad de Buenos Aires, con un posdoctorado en virología por la Universidad de California (Estados Unidos). Destacada en el campo de la virología, en 2015 ganó el premio L’Oreal Unesco por descubrir el mecanismo de replicación del material genético del virus del dengue.

SUSANA LÓPEZ CHARRETÓN. Destacada científica mexicana, doctora en Biomedicina Básica, con estudios posdoctorales en el Instituto Tecnológico de California (CalTech). Especializada en rotavirus, su trabajo se ha enfocado a estudiar cómo este reconoce a la célula que infecta, cómo se reproduce dentro de ella y cuáles mecanismos y genes son relevantes para que ocurra. Ganó el premio L’Oreal Unesco en 2012 por su trabajo de investigación en esta área.

NUBIA MUÑOZ CALERO. Reconocida científica colombiana, realizó sus estudios de Medicina en la Universidad del Valle, donde se especializó en Patología. Posteriormente estudió Virología y Epidemiología en el Instituto Nacional del Cáncer en Maryland y en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, ambos en Estados Unidos. En 2008 fue nominada al Premio Nobel de Medicina por su trabajo de investigación en cáncer de útero, el que permitió el desarrollo de una vacuna contra el virus del papiloma humano.