Artillería (MAQ)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


[ pág. ]
trabajos del espíritu esceden á los del cuerpo, y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su egercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester mas de buenas fuerzas; ó como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutallos mucho entendimiento; ó como si no trabajase el ánimo del guerrero que tiene á su cargo un ejército ó la defensa de una ciudad sitiada, asi con el espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanzaron con las fuerzas corporales á saber y congeturar el intento del enemigo, los designios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen, que todas éstas cosas son acciones del entendimiento en quien no tiene parte alguna el cuerpo.
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Con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despojan los mares de cosarios; y finalmente si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquias, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarian sujetos al rigor y á la confusion que trae consigo la guerra el tiempo que dura, y tiene licencia de usar de sus privilegios y de sus fuerzas; y es razon averiguada que aquello que mas cuesta se estima y debe de estimar en mas.


ARTILLERÍA.

Bien hayan aquellos benditos siglos que [ pág. ]carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artilleria, á cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invencion, con la cual dió causa que un infame y cobarde brazo quite la vida á un valeroso caballero, y que sin saber como ó por donde, en la mitad del corage y brio que enciende y anima á los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecia gozar luengos siglos. [1]

  1. Aun cuando se conceda que el descubrimiento de las armas de fuego ha ahorrado mucha sangre en las batallas, no es menos cierto que, como dice nuestro autor, sea el mas valiente víctima del mas pusilánime, que no hubiera osado á habérselas con él cuerpo á cuerpo. Tan horrenda es la invencion de la artilleria, que ha exaltado constantemente la fantasia de los grandes ingenios. Cervantes supone á su inventor en el infierno pagando la pena de su invento; Milton en su poema lo atribuye á los mismos espíritus infernales.


BARCELONA.

Archivo de la cortesia, albergue de los estrangeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única. [1]
  1. Si yo fuera barcelones haria cuanto estuviera de mi parre para que este magnifico elogio, y de tal pluma, se gravase á manera de inscripcion, sea en una de las puertas de aquella ciudad, sea en una hermosa lápida en la sala de su ayuntamiento. A sus demas timbres puede añadir con vanidad la capital de Cataluña haber merecido tal panegirista.