Año Nuevo (Poema)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
El Tesoro de la Juventud (1911)
El libro de la Poesía, Tomo 6
Año Nuevo
 de Alfred Tennyson

Nota: se ha conservado la ortografía original.
No consta el nombre del traductor en el libro.


Una de las obras más notables de Alfredo Ténnyson, el célebre poeta inglés (1809—1892), es su famosa poesía « In Memoriam ». En realidad, esa composición es una larga serie de poemas, en los cuales, por espacio de varios años, lamenta el poeta la muerte de su más querido amigo de la infancia, Arthur Henry Hallam. Ténnyson describe las distintas estaciones de cada año, y al propio tiempo expresa los pensamientos que cada una de ellas le sugiere, cuando todavía tiene fresco en su memoria el recuerdo del amigo desaparecido. Los versos que van a continuación corresponden al final de un año, y en ellos vemos que el poeta se refiere a los repiques de campana con los cuales se despide al año que termina y se recibe al que comienza. Cree él escuchar en esos sonidos, promesas de mejores días y hace votos que, de realizarse, convertirían este mundo en una mansión de reposo y de paz.


AÑO NUEVO


CALLAD, campanas tristes; si el cielo está sombrío,
Si flota entre las nieblas algún fulgor extraño.
Si la estación oscura muriendo está de frío...
Callad, campanas tristes, dejad morir el año.

¡Dejad al que ha pasado! vibrad, bronces dichosos,
Por el que viene ornado de nieve blanca y pura;
Dejad en el olvido los tiempos tenebrosos,
Cantad por las verdades que el porvenir augura.

¡Callad por las angustias que sufren los mortales,
Por lo que llora el mundo desde su edad primera,
Por las de rico y pobre contiendas desiguales!
¡Cantad por que despierte la humanidad entera!

Silencio, ¡oh Dios! silencio, si el juez en el debate
Escucha a los partidos como si fueran reyes,
¡Cantad por el ministro que el deshonor abate!
¡Cantad por los que cuidan el templo de las leyes!

Callad si los pecados y el hambre y el tormento
Encubren el presente con funerario manto;
Que calle sí, que calle mi querelloso acento
Y que la musa enjugue las gotas de su llanto.

¡Ah! ¡No sonéis nunca por el orgullo adusto,
Por las calumnias viles y cínicas pasiones!
Sonad porque subsista lo verdadero y justo,
¡Sonad porque se enlacen los hombres y nacionesl

Dejad, dejad la injuria yaciendo en el olvido,
Y el torpe amor al oro que nace en el desvelo.
¡Callad por las mil guerras del tiempo transcurrido!
¡Sonad porque mil años de paz nos mande el cielo!

Load, alegres bronces, al que jamás se aterra
Y ofrece brazo y pecho al bien común en tanto.
¡Callad las horas tristes de sombras en la tierra!
¡Cantad, alegres bronces, cantad al Cristo Santo!