A la muerte

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Esta obra se encuentra en dominio público. Esto es aplicable en todo el mundo debido a que su autor falleció hace más de 100 años. La traducción de la obra puede no estar en dominio público. (Más información...)

 




Décimas

¡Oh tú, que estás sepultado    
en el sueño del olvido,   
si para tu bien dormido,   
pata tu mal desvelado!   
Deja el letargo pesado,   
despierta un poco, y advierte   
que no es bien que desa suerte   
duerma, y haga lo que hace   
quien está desde que nace   
en los brazos de la muerte.  
 

Da lugar al pensamiento   
para que discurra, y veas   
y que lo más que tú deseas   
no es más que soplo de viento.   
No labres sin fundamento    
máquinas de vanidad,   
pues la mayor majestad   
en un sepulcro se encierra,   
donde dice, siendo tierra:   
«Aquí vive la verdad...  


Mira cómo pasó ayer,   
veloz como tantos años:   
evidentes desengaños   
del limitado poder.   
Lo que fue dejó de ser,     
y no quedó dello más   
del ha sido: tú, que vas    
por este mundo inconstante,   
mira que el que va adelante   
avisa al que va detrás.     


La corona y la tiara   
que tanto el mundo estimó   
¿qué se hizo?, ¿en qué paró    
sino en lo que todo para?   
¡Oh mano del mundo avara!   
Si tanto bien nos limitas,   
¿para qué, di, nos incitas   
a aspirar a más y más,   
si lo que despacio das   
tan de prisa nos lo quitas?  
 

Si te engaña el propio amor   
para que no veas el daño,   
la muerte, que es desengaño,   
sirva de despertador.   
Hoy nace la tierna flor   
y hoy su curso se termina;   
todo a la muerte camina:   
la estatua del más bizarro,   
como está fundada en barro,   
la deshace cualquier china.  
 

¿En qué piensas o a qué aspiras    
cuando tras tu gusto vas,   
pues dél no te queda más   
que enemigos que conspiras?   
Si es que adelante no miras,    
mira la vida pasada,   
que si en tan corta jornada   
lo más pasa desa suerte,   
hasta llegar a la muerte,   
¿qué te queda? Poco o nada.     
 

Desde el nacer al morir   
casi se puede dudar   
si el partir es el parar,   
o el parar es el partir.   
Tu carrera has de seguir:     
y pues con tal brevedad   
pasa la más larga edad,   
¿cómo duermes y no ves   
que lo que aquí un soplo es   
es allá una eternidad?    
 

Mira el tiempo volador   
cómo pasa, y considera   
cómo va tras la carrera   
desde el menor al mayor.   
El esclavo y el señor     
corren parejas iguales,   
que como nacen mortales,   
iguales van a la hoya,   
de cuya deshecha Troya   
aún no quedan la señales.  
 

La juventud más lozana   
¿en qué paró?, ¿qué se hizo?    
Todo el tiempo lo deshizo   
y anocheció su mañana,   
la muerte siempre es temprana  
y no perdona a ninguno:   
goza del tiempo oportuno,   
granjea con tu talento,   
que aquí dan uno por ciento   
y allí dan ciento por uno.    
 

¿Qué eternidades te ofrece   
la más dilatada vida,   
pues que apenas es venida   
cuando se desaparece?   
Hoy piensas que te amanece     
y es el día de tu ocaso.   
¡Término breve y escaso!   
Mas ¿qué mucho, si volando   
te va la muerte buscando   
cuando tú vas paso a paso?     
 

La dama más celebrada,   
lazo en que todos cayeron,   
ella y ellos, di, ¿qué fueron   
sino tierra, polvo y nada?   
¡Oh limitada jornada,   
oh frágil naturaleza!   
La humildad y la grandeza   
todo en nada se resuelve:   
es de tierra y a ella vuelve,   
y así, acaba en lo que empieza.  


¿De qué te sirve anhelar,   
por tener y más tener,   
si eso en tu muerte ha de ser   
fiscal que te ha de acusar?   
Todo acá se ha de quedar;  
y pues no hay más que adquirir   
en la vida que el morir,   
la tuya rige de modo,   
pues está en tu mano todo,   
que mueras para vivir.