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Escena IV[editar]

REBENQUE, VIAJEROS; luego el MARQUÉS y DOÑA VENTURA.


TÍO REBENQUE. -Entren ustedes señores. (A los viajeros.) Pronto se va a poner la sopa. Por aquí, por aquí (a otros viajeros), señores. ¡Calle! viene el marqués del Roble.

MARQUÉS DEL ROBLE. -Sí señora: aquí me separo de usted.

TÍO REBENQUE. -Señor marqués para servir a V. S. (Con grandes cortesías.)

MARQUÉS DEL ROBLE. -Buenos días, tío Rebenque. ¿Ha llegado mi coche?

TÍO REBENQUE. -No, señor marqués, todavía no.

-MARQUÉS DEL ROBLE. -Y eso que les escribí..., yo quería llegar a comer a la quinta..., ¡qué diantre!... Y tengo un apetito más que regular. (Saca el reloj.)

D.ª VENTURA BAZÁN. -(No hay duda; al subir a la diligencia, perdí mi bolsillo.)

MARQUÉS DEL ROBLE. -A la hora que es, ya debía haber llegado. No sé...

TÍO REBENQUE. -Puede V. S. comer aquí.

MARQUÉS DEL ROBLE. -Casi casi estoy tentado...

D.ª VENTURA BAZÁN. -(La fortuna es que el conductor trae dinero mío para pagar las comidas, que si no, ¡pobre de mí!)

MARQUÉS DEL ROBLE. -Pues señor, mi estómago es de su opinión de usted: tío Rebenque, que me pongan un cubierto.

TÍO REBENQUE. -Voy a disponer lo más escogido para V. S. (Éntrase.)

MARQUÉS DEL ROBLE. -Así tendré el gusto de pasar un rato más con mi amable compañera de viaje. (Los viajeros se sientan a la mesa.)

D.ª VENTURA BAZÁN. -Si viera usted cuánto siento separarme de usted: es usted la única persona de la diligencia que...

MARQUÉS DEL ROBLE. -Mil gracias, hija mía: lo mismo pienso yo de usted. Y eso que apenas nos hemos hablado media docena de palabras; pero me ha bastado para conocer la escogida educación que ha recibido usted, su modestia, su...

D.ª VENTURA BAZÁN. -¡Es usted demasiado amable!...

MARQUÉS DEL ROBLE. -No, no; digo lo que siento, como lo he hecho toda mi vida. Pero con aquellos dos elefantes que estaban entre nosotros, y aquella especie de mosquito, voz de tiple, que venía enfrente, no nos ha sido posible hablar una palabra. ¡Qué gritos!, ¡qué algarabía! Dale con los toros andaluces, y los manchegos, y el salto de Montes, y la..., y dale con la ópera, y vuelta con los toros..., y así las nueve leguas, manoteando y dándome unos frotes en este lado..., y el otro gaznápiro de los anteojos verdes, ¡cantando todo el camino con una voz de grajo la canción del Jocó!... «Es Jocó, es Jocó...» Maldita sea su...

D.ª VENTURA BAZÁN. -Y aquel viejo de los pelos espantados que tenía yo enfrente empeñado en contarme la batalla de las Pirámides, y..., y todo porque vio en mi abanico la toma de Argel..., ¡como si tuviera algo que ver uno con otro!

MARQUÉS DEL ROBLE. -Pues, y el otro aragonés gordo sin cesar de gruñir, porque aquella urca que venía a su lado le torcía la peluca cada vez que se volvía con el ala del gorro, ¡y no le dejaba fumar porque le daba jaqueca!... Válgame Dios...

TÍO REBENQUE. -Señor marqués, cuando V. S. guste... (Saliendo.)

MARQUÉS DEL ROBLE. -Vamos allá. Entremos, señorita. (Le da la mano, y entran en la posada.)


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