Amor, matrimonio y divorcio/Amor

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Amor, matrimonio y divorcio (1922) de Luz Mjar
Amor



 PARA TI,

  HERMANA MUJER





AMOR, MATRIMONIO I DIVORCIO


I

AMOR




Los instintos de conservación i reproducción son las dos grandes fuerzas que rigen el mundo biológico, manteniendo la vida del individuo i la de las especies.

El instinto de reproducción lleva al hombre i a la mujer a las relaciones sexuales, que en las agrupaciones primitivas se establecían sólo por la atracción recíproca de un sexo hacia otro, sin tener absolutamente en cuenta las particularidades individuales, poco o nada ostensibles, por otra parte, pues es la educación, los diferentes sistemas de vida, i el cruzamiento los que van determinando la variedad de individualidades. Más ardiente i poderosa la necesidad fisiológica en el hombre, busca siempre a la mujer asaltándola, cazándola en el bosque, arrebatándola a la tribu vecina.

Pero se organizan las primeras sociedades, la vida sexual es promiscua, la mujer con varios hijos arrastra una existencia miserable, acaparadas como están todas las ventajas por el hombre, i la sociedad obliga entonces a éste a que tome una o varias mujeres permanentes, i atienda a sus necesidades i a las de la prole; de aquí el origen del matrimonio, polígamo para el hombre en las primeras sociedades.

Habiendo existido también la poliandría, según la cual la mujer tenía varios maridos, era la jefe del clan (hogar) i daba nombre a los hijos. Pero la lei evolutiva va perfeccionandola especie; desarrollando su inteligencia; creándole nuevas necesidades, levantando sobre el animal, el hombre: el instinto genésico seleccionado ya, se personifica en la inclinacion a determinada persona, se convierte en sentimiento. Agradan la belleza, la virtud, el valor; nace así el amor. Ya no es sólo la función fisiológica, sino la complacencia en las cualidades distinguidas de una persona, elegida entre otras para perpetuar la especie, mejorándola, la fuerza que une los sexos, asi la reina Talestris designa un soberano del mérito de Alejandro el Grande para tener descendencia.

El amor aparece en la evolución de la humanidad desde los tiempos prehistóricos, como uno de sus mas poderosos factores, ya siendo causa de guerras, de crímenes, de rebeliones, ya estimulando las conquistas de la libertad i el progreso, reprimiendo los instintos feroces, suavizando los sentimientos i las costumbres, elevando i ennobleciendo al hombre en ascención perfectiva.

Mas no obstante la influencia de la mujer por medio del amor en la vida social, se la mantiene por innúmeros siglos en la mas depresiva esclavitud en casi todos los pueblos.

Considerada siempre en el estado primitivo de inclinación ciega al sexo opuesto, i no asignándole más papel que el de reproductora de la especie, los padres, amos, i jefes, la entregaban en matrimonio apenas púber, sin consultar su voluntad, creyendo que sería feliz con el cumplimiento de la maternidad.

Mas si el instinto genésico veníase elevando en el hombre a sentimiento, a amor selectivo i personal, también pervertíase convirtiéndose en vicio grosero e insaciable: la sensualidad que hizo de la mujer mero objeto de placer, generando la prostitución, vergüenza y degeración de la raza humana. Y al arrastrar el hombre a la mujer al vicio, le impuso al mismo tiempo, por absurda antinomia, la castidad de soltera, la fidelidad de casada, cubriéndola de oprobio e infiriéndole terribles castigos cuando faltaba a tales prescripciones, seducida por sus mismos halagos, mientras él gozaba de todas las libertades, y se encenagaba en los vicios sin el menor menoscabo de su honradez, autoridad i reputación.

El marido, dueño i señor de la mujer por los derechos del matrimonio, que le concedieron las legislaciones, ejercía sobre ella un dominio tiránico, cruel, sometiéndola a sus antojos i haciéndola bien la odalisca voluptuosa o la bestia de carga envilecida.

Mas en toda esclavitud se incuba la rebelión: casada la mujer con persona a quien no profesaba ninguna simpatía, muchas veces repulsiva por su fealdad i vejez, sintiendo frecuentemente en el arcano del yo inclinación afectiva por otro ser, si bien cumplía los deberes conyugales, surgía el amor personal, electivo, dando lugar a conflictos dolorosos entre la pasión i el deber impuesto por las costumbres i las leyes, conflicto resuelto ya en sacrificio de toda una vida, ya en secreto idilio, interrumpido a menudo por sangrienta tragedia, causa de odios feroces, irreconciliables i hereditarios en las familias, que promovían guerras terribles llevando la desolacion i la ruina al dominio de los vencidos, como lo relatan las leiendas medioevales.

Pero la ley evolutiva se cumple no obstante la oposición de los individuos i de las instituciones: la mujer reivindica la dignidad i libertad de persona humana, i conquista el derecho de elegir el compañero de su vida. Los poetas cantando el amor rebelde a las tiranías de las costumbres, a los prejuicios sociales, a las conveniencias egoístas; triunfante sobre el predominio paterno, sobre el despotismo del marido impuesto, has contribuido a la liberación del amor, poniendo fin al odioso e inicuo derecho de entregar la mujer a un hombre contra su voluntad, atendiendo sólo a los intereses y vanidades de las familias.

De nuestras abuelas el noventa por ciento han ido al matrimonio obedeciendo al mandato imperioso de los padres.

Es sólo la mujer contemporánea quien ejerce el derecho de elección entre sus pretendientes.

Ahora bien: he dicho que en la evolución progresiva de la pareja humana, el instinto sexual se elevó a sentimiento haciéndose electivo y personal, generando el amor.

Cuánto se ha escrito sobre este sentimiento que constituye desde épocas remotas el impulso incontrastable i determinante de las acciones del hombre! Los pensadores han tratado de analizarlo, de fijar sus causas generadoras, de descubrir sus íntimas emociones, sus modalidades diversas, pudiendo sólo conocer sus efectos trascendentales.

Para el naturalista el amor es el instinto genésico despojado de toda poesía; para el teólogo, es una pasión impura i pecaminosa; para el materialista, es el placer supremo de los sentidos; para el romántico, es el dolor cruel i la feliciidad inefable; para el poeta es lo indefinible, lo sublime; para el frívolo, es una mera galantería, más o menos malévola; para la coqueta, un juego divertido; para la mujer seria, la síntesis i ventura de la vida...

Es evidente que el alto grado de cultura a que ha llegado la humanidad en la vida moderna, compleja e intensa, ha modificado funcionalmente su mentalidad, creándole nuevas necesidades imperiosas, i erigiendo el predominio de la vida psíquica sobre la fisiológica. La sensibilidad estética, los goces intelectuales, el anhelo de nobles afectos, de una inteligencia comprensiva, de una eficaz colaboración en las actividades de la vida, es un ideal de los intelectos superiores en la unión afectiva.

"Con razón se ha afirmado que el amor, ésta gran realidad psicológica, en la cual es preciso contar con su actual carácter tan complejo, tan vario, tan alambicado, —constituye la resultante de todos los progresos de la actividad humana". [1]

Si, el amor evoluciona, elevándose desde su origen de ciego instinto genésico a necesidad psíquica. De aqui, de esta nueva faz del amor, las lagunas inmensas que separan los matrimonios cuando una mujer inteligente, noble i sentimental, comprende que para su esposo el amor es sólo la sensualidad; o al contrario, cuando el hombre culto, de hondo sentir, se ve unido a mujer frívola i vulgar, que no le comprende i únicamente gusta del papel de odalisca i figura de sociedad.

Creo que entre los seres verdaderamente cultos, el amor debe ser un sentimiento noble i puro, fundado en la simpatía psíquica, la similitud intelectual, la apreciación recíproca de bellas cualidades, la comunidad de aspiraciones, que tenga por principal objetivo los goces elevados del idealismo, i por modalidad la ternura delicada, el compañerismo bondadoso, la soliciiud exquisita, la dulcísima amistad, dando a la lei genésica únicamente el rol que por naturaleza le corresponde: el de la conservación de la especie dentro del límite de la higiene i la razón, sin sacrificar jamás a esta lei la salud de la mujer ni la de los mismos hijos víctima muchas veces del erróneo concepto del matrimonio, por el que se cree el hombre autorizado al vicio aniquilando a la esposa con una maternidad excesiva i degenerando la prole.

La concepción del amor que acabo de exponer ennoblece i perfecciona al ser humano, porque en el convencimiento de que su base es la estimación, ofrenda los remanentes de sus pequeñeces i egoísmos en el ara santa de la virtud del ser amado, para hacerse cada día más digno de su afecto, i laborar su felicidad en un ambiente de abnegación, dulzura i armonía.

Este amor se eleva sobre la sensualidad como el águila sobre las simas tenebrosas, a la región del azul infinito; tiene la fulgente luz del sol, la poesía del crepúsculo, la tranquila belleza de un lago dormido a los besos de la luna... Jamás reclama derechos ni dominios, considerando siempre como un don inestimable la dicha que se le otorga, i que devuelve agradecido embelleciendo con un matiz de exquisita afectuosidad las prosaicas horas de la vida diaria.

Que no reclama derechos, ni dominio, he dicho, el verdadero i noble amor, porque en su delicadeza quintaesenciada su mayor ventura deriva de la espontaneidad i la fe, rehusando ejercer la más mínima coersión sobre la libertad i voluntad del amado. Tampoco abriga celos ni promueve discordias, pues en caso de no poder disfrutar la dulce dicha, sufre con el silencioso dolor de los grandes caracteres, el desvanecimiento de un ensueño que no fué posible alcanzar por demasiado bello entre la mentira i corrupción del mundo.

El amor ennoblecido e idealizado así es inteligencia clarovidente que comprende, ilumina i orienta; es moral que fortifica i perfeeciona; es consuelo i entereza en la desgracia; es creador de felicidad; es fuerza i defensa en las luchas de la vida; i finalmente, su grandeza i nobleza no puede perdurar confinada en el estrecho egoismo de dos, sino que se irradia a la sociedad toda, en ejemplo edificante, en labor proficua por el perfeccionamiento humano.

¡Cuántas obras filantrópicas, cuántos trabajos científicos, cuántas reformas benéficas, no han sido inspiradas por un noble amor! "Es preciso que el amor sea creador, si no de vidas, por lo menos de obras buenas; es forsozo que los amantes, i por lo tanto la humanidad queden enriquecidos”. [2]

Hacer del amor un vano flirt es frivolidad perniciosa; convertirlo en medio de placeres sensuales es perversión repugnante: reducirlo a ciego instinto, es animalizarlo.

En conclusión: el amor noble, tierno i comprensivo, cristalizado en la más abnegada amistad, es la única fuerza capaz de fusionar dos mentalidades selectas en una completa armonía de sentimientos e ideales, generando una elevada felicidad en medio de la compleja e intensa vida moderna.



  1. Ellen Key.
  2. Ellen Key