Asunto concluido

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El 2S de Septiembre de 1814 alzóse en la ciudad de La Paz un poste, colgado del cual se balanceaba un cadáver sobre cuya frente, y a guisa de Inri, habían puesto un cartel con estas palabras: Asunto concluido.

Y pues, a la corta o a la larga, no hay tapada que no se destape, satisfagamos la curiosidad del lector, si bien confieso que, en esta tradición, me he embarcado con poca galleta. ¡Y digan, que de Dios dijeron!

I

Don Gregorio de Hoyos, natural de la Habana, marqués de Valdehoyos y brigadier de los reales ejércitos, fue enviado A Lima desde la madrileña Corte, allá por los años de 1812, con recomendación al virrey Abascal para que utilizase sus servicios. Nombrólo su excelencia Gobernador, Intendente y Comandante general de la provincia de La Paz, y en 4 de Junio de 1813 tomó posesión del cargo.

Era el marqués de Valdehoyos hombre de muchos méritos y virtudes, y del todo al todo ajeno a vicios. Ni siquiera tenía los instintos de Cortés y Pizarro, en lo de dedicarse a la conquista de indias, pues su señoría hacía ascos a todo faldellín en cuerpo de buena moza.

Con él habría perdido lastimosamente su tiempo aquel criado de hotel que decía á cada huésped:"Si se le ofrece algo a media noche, llámeme con un solo golpe de timbre; pero si necesita a la camarera, que es muchacha preciosa y amiga de hacer favores, empleará dos golpes de timbre; y si le urgiere hablar con la mujer del patrón, que es bastante guapa, toque tres veces el timbre".

El señor Gobernador era de los que dicen que la mujer, en aritmética, es un multiplicador que no hace operaciones con un quebrado; en álgebra, la X de una ecuación; en geometría un poliedro de muchas caras; en botánica, flor bella y de grato aroma, pero de jugo venenoso; en zoología, bípedo lindo, pero indomesticable; en literatura, valiente paradoja de poetas chirles; en náutica, abismo que asusta y atrae; en medicina, píldora dorada y de sabor amargo; en ciencia administrativa, un banco hipotecario de la razón y el acierto, y... asunto concluido, frase que era obligada muletilla en boca del marqués, y con la que ponía punto, remate y contera a toda conversación. La verdad es que, en cuestión de amorosos trapicheos, nunca dio su señoría un cuarto al pregonero; pues, con cerca de medio siglo a cuestas, no fue de aquellos mancarrones con más mañas y marraquetas que muía de alquiler, por los que se ha escrito:


que son como los membrillos,
mientras más viejos más amarillos.

— ¿Qué parentesco tiene el toro con la vaca?— preguntaba un niño.

—El de marido— contestó la mamá.

—¿Y el buey?

—Será el de tío.

El de Valdehoyos estaba, pues, matriculado ante la opinión pública en la categoría de tío.

Dicho está con lo apuntado que las simpatías del bello sexo paceño no acompañaban a la superior autoridad, y menos las de los barbudos, para con los que desplegaba su señoría no poca aspereza de carácter. Era el marqués todo lo que se conoce por hombre de la cascara amarga. Rectos o torcidos, sus mandatos habían de obedecerse, sin que por Dios ni por sus santos amainara en terquedad, por mucho que se le probase que algunas de sus disposiciones redundaban en deservicio del rey o desprestigio del Gobierno, y que eran violatorias de la libe- ral Constitución promulgada en Cádiz por las Cortes del año 12. Para el de Valdehoyos no había más credo político que "quien manda, manda, y cartuchera al cañón" que es el credo de los déspotas, y ponía término a toda discusión diciendo muy exaltado:

— Yo soy aquí el rey, yo soy la Constitución, yo soy todo V... asunto concluido.


II


En Julio de 1814 empezó á circular el runrún de que el brigadier Asunto concluido, apodo con que en todo el Sur del Perú era conocido don Gregorio, estaba designado por el virrey para reemplazar al brigadier Pumacahua en la presidencia de la real Audiencia del Cuzco. Llegada la noticia á la ciudad incásica, la irritación popular no tuvo límites; y el 2 de Agosto se desbordó el torrente, y estalló la gorda con la famosa rebeldía encabezada por Pumacahua. Como sabe todo el que algo ha leído sobre historia americana, en un tumbo de dado estuvo el triunfo de la buena causa y el que la Independencia del Perú hubiera sido desde entonces un hecho.

La revolución se extendió también, como aceite en pañizuelo, por el Alto Perú, poniéndose a la cabeza de la indiada el famoso cura Muñecas, quien abandonando a su suegra, mote que algunos clérigos dan al breviario, se armó de sable, canana y trabuco, y el 24 de Septiembre emprendió el ataque de La Paz.

El marqués de Valdehoyos, con la pequeña guarnición española de que disponía, resistió hasta donde humanamente le fue posible; pero arrollado por el número, tuvo al fin que rendirse.

Cuatro días después, el 28, los indios, que desde la hora del triunfo se habían entregado a la bebendurria^ incendiaron el cuartel, mataron al Gobernador-Intendente y á más de cuarenta prisioneros, y... asunto concluido.