Baños Árabes en Gerona

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El Museo universal (1858)
Baños Árabes en Gerona.
 de N. Blanch e Illa

Nota: se han modernizado los acentos.

BAÑOS ÁRABES EN GERONA.

Hubo un tiempo en que los habitantes de la Arabia encontrándose fuertes y no cabiendo en los límites de su país, levantaron el estandarte de la guerra, y después de invadidas la Persia y la Siria, el Egipto y la Mauritania, llevaron sus armas vencedoras a España, cuyo clima les ofrecía riquísimos frutos y enemigos endebles.

Los celosos guerreros del hijo inspirado de la Meca, en sus excursiones en la Galia goda, se apoderaron de varios pueblos, y Gerona quedó sujeta a la coyunda musulmana, por los años de 714.

Más tarde, empezada la reconquista por los soldados de la cruz, los francos invadieron la Cataluña, y fueron apoderándose de cuantas poblaciones y fortalezas estaban bajo la obediencia de la media-luna.

Cuando las huestes de Carlo-Magno penetraron en Gerona, en 785, hallaron un monumento que respetaron, un monumento que va desmoronando el tiempo y la ignorancia.

Hablamos de los célebres baños árabes que encierra el convento de las monjas Capuchinas.

Con el mayor recato, entren pues, con nosotros los lectores, en el santuario de la inocencia y de la virtud, y verán alzarse majestuosamente del centro de una estancia cuadrada, el gran monumento que ha sido la admiración de cuantos viajeros y artistas lo han visitado. Más ¡ay! al observar el abandono y el miserable estado en que se halla tan rico tesoro para la historia de Gerona, no podemos menos de lamentarnos de la incuria de nuestro siglo, que blasona de ilustrado. Estos preciosos baños van desmoronándose insensiblemente, amenazando una próxima y total ruina, si una autoridad celosa y protectora de tan bellas artes no dirige sus miras a la reparación de monumento tan antiguo, como interesante para nuestros anales. Una fábrica que se ha mantenido en pie, al través de los siglos y de tantas épocas de trastornos, parece clamar por su conservación; en ella están radicadas memorias añejas, gratos recuerdos para la inmortal Gerona, que a la par de los infinitos que en el trascurso de los tiempos ha ido adquiriendo, vienen a constituir su corona de gloria. Sí; es el monumento más antiguo de la ciudad, y como tal, no puede menos de inspirarle cierto afecto, como lo inspiran los viejos objetos de familia. El día en que se diga que los baños árabes no son sino un montón de escombros, será un día de tristeza para Gerona; Gerona habrá perdido un bellísimo florón de su rica diadema monumental.

He aquí un bosquejo del monumento.

En el borde de los ángulos de un estilobato octógono, se elevan ocho columnas, sobre cuyos chapiteles se apoyan los airosos arcos en plena cimbra, de un ático en que estriba una elegante bóveda, dibujada por atrevidas y prolongadas curvas, que van a descansar en las paredes del salón: los cuatro ángulos de este, parecen desaparecer tras de un plano, cortado por medio de un arco algún tanto rebajado en los muros laterales. El arranque de las bóvedas sirve de base a otras ocho columnas de menores dimensiones, que prestan sostenimiento a los arcos de un segundo ático, en que se apoya una sencilla y esbelta cúpula, que elevada a una altura de más de 80 pies, presenta la graciosa forma de un toldo aéreo, cobijando el estilobato del baño, y produciendo un efecto agradable y sorprendente. Al través de los intercolumnios de este segundo cuerpo, penetran torrentes de viva luz, dando suma claridad al baño, mientras lo restante de la estancia queda cuasi sumergido en tinieblas.

El conjunto del monumento, bello y atrevido, como todas las construcciones árabes, presenta sin embargo, algunas irregularidades; así como en los detalles no se ve todo el arte y el delicado gusto con que más tarde caracterizaron sus obras los alarifes de la Alhambra. Con todo, en vista de la época a que se remontan, de la prontitud con que debieron construirse, a causa de las infinitas guerras que los sarracenos tuvieron que sostener con los francos para que no los arrebataran la ciudad, o bien tomada, para volvérsela a reconquistar, son preciosos y dignos de conservarse, pues que son un testimonio de los adelantos del arte en la época en que invadieron la península, y de los gérmenes de civilización que consigo llevaron.

Los chapiteles de las columnas del primer ático, se hacen notables por la variedad de sus ornamentos, pues se hallan bordados de bellos caprichos artísticos, representándose en unos hermosos follajes de enroscadas hojas de palmera, entre las cuales se destacan frutos del árbol del pan: en otros las griegas hojas de acanto, agrupadas y enlazadas más artísticamente que en el chapitel corintio: en estos, bellas entalladuras trazan pintorescos dibujos de fantasía, así como en aquellos, divididos en diferentes reparticiones por medio de columnitas, se admira el capricho del artista al adornar su obra de gayos cisnes con las alas extendidas, y como queriendo revolotear para lanzarse a las aguas del estilobato. Los muros, formados de piedra dura y capaz de recibir el pulimento del mármol, no se hallan ornados de trabajo alguno: en ellos se habían practicado cuatro puertas colocadas frente a frente, teniendo a los lados una de ellas pequeñas columnas empotradas en la pared y apoyadas en banquetas de piedra, debajo de las cuales se ven unos nichos, donde los bañadores colocarían sus sandalias; de las mismas columnas arrancan ligeras y elegantes curvas que van a embellecer la bóveda de la estancia, la cual debía recibir la luz por dos aberturas tapiadas en el día, formadas en los lados por tres círculos reunidos en un centro común.

Este monumento háse pretendido por algunos que sirvió de baños públicos, fundándose, ya en los datos que arrojan varios contratos antiquísimos de venta, donación o legado a que ha dado lugar, designándolo con el nombre de casa de baños, ya en su cierta semejanza con los antiguos baños que en Oriente se conservan.

He aquí cómo se expresa Don Jaime Villanueva, al hablar de este monumento, en su Viaje literario a las iglesias de España, carta XCVIII: « No tiene mucha antigüedad un monumento que permanece bien conservado, dentro del convento de las religiosas Capuchinas de esta ciudad, el cual ha despertado la atención de los curiosos, y los ha dividido en opiniones de si eran baños o baptisterio... Lo primero que ocurre, es fijar la época de su construcción, que cierto no es romana, ni aun árabe, sino lo más del siglo XII...

Véase cuánto distan aun de los tiempos bajos de los romanos las bases de las columnas, la cúspide del cimborrio, la labor varia de los capiteles y el todo del edificio. No cuadra más con el gusto de los árabes en tiempo de su dominio, que no dejaran de manifestarse en las labores que tanto estimaron, habiendo planos suficientes donde lucirlo. Por lo contrario, todo el monumento y cualquiera parte de él, dice a maravilla con los muchos edificios que quedan en este país del siglo XII y por ahí, cuando las columnas iguales sentaban sobre bases no planas, sino entumecidas y como preñadas, y los capiteles eran corintios, al menos en la intención del artífice, y algunos muy acabados, con la circunstancia de variar su labor de propósito que uno no dijese con otro, y los arcos eran de medio punto, tardando a introducirse el uso de los apuntados, hasta a fines del siglo XIII. En suma, la obra tiene una total conformidad con el modo usado en el siglo XII, y si en algo he de reformar mi parecer, ha de ser quitándole algún siglo de antigüedad.

«Supuesto lo dicho, no es fácil atinar el objeto y el por qué de este edificio. Porque claro es que no fue baptisterio como algunos han opinado, habiéndose desusado el tenerlos fuera de las iglesias desde el siglo V; ni tampoco estuvo este dentro de templo de que no hay memoria, lo hubiese en tal lugar. Cuanto más, que es cosa ridícula que la matriz estuviese como estuvo dentro de los muros, y su baptisterio fuera de ellos, como lo estuvo este sitio de que hablamos hasta al siglo XIV, y acaso más. Sobre esto, si se considera que la piscina (estilobato), está elevada sobre el pavimento unos seis palmos sin rastros de gradas para subir y bajar, y que los arcos del segundo cuerpo estaban y se hicieron para estar descubiertos, se verá que faltaba la comodidad y abrigo necesario para el bautismo de adultos, muchas veces débiles. La facilidad con que se introduce por la linterna el agua de lluvia, la espesor del pretil de la piscina, que impedía el uso fácil de las ceremonias, así en el bendecir el agua, como en el acto de bautizar, la inmensa mole de agua que era menester para llenar dicha piscina, la ninguna señal de cerradura ni tapa para su custodia, y la facilidad con que por consiguiente se mezclaría la agua pluvial con la sagrada; todo esto y más, acaba de convencer que no se hizo para este fin dicho monumento.

»¿Se haría, pues, para baños? El difunto canónigo Don Francisco Daroca, es de este parecer en una disertación que he visto manuscrita contra el canónigo premonstratense de las Avellanas, Don José Martí, que opinaba ser un baptisterio. La única razón a favor de baños, es el ver llamado así a este monumento en las escrituras desde el siglo XIV que se cuenta en la citada disertación, y de que es el extracto siguiente.

El convento de Capuchinas, se fundó en casa propia de Josef Planes, comprada a 16 de enero de 1618, ante Juan Riurans. En la escritura se venden también una huerta y baños, balnea sive banys, cuyo total afrontaba por Oriente con la calle llamada de Sacimor, palabra hebrea que significa dolor y amargura, que también dice se llamó Dels Codols o de la Blanquería. Dicho Planes adquirió esta posesión por manda testamentaria de su hermano Francisco Planes, sacristán segundo de la colegiata de San Félix, en su testamento de 4 de febrero de 1617, ante Honorato Durán. Dicho sacristán la había comprado a 30 de agosto de 1606, ante Francisco Pascual, del noble Don Juan Rafael Campmany y Descoll, ciudadano de Gerona. A este le pertenecía, como a sucesor de su padre Rafael Campmany, en testamento de 24 de enero de 1600. A este por herencia de su padre Gerónimo, instituido en capítulos matrimoniales de 6 de abril de 1565. A este como heredero de su padre Juan, en testamento de 29 de febrero de 1518. En fin, Pedro Campmany había comprado esta posesión a Francisco de Cursu, clérigo de la catedral, a 23 de marzo de 1416. Más es que en 1312, consta que ya el rey Don Pedro, con escritura de 1.o de marzo, enajenó el derecho alodial con que percibía nueve sueldos de censo anual sobre dichos baños, vendiéndole a su físico el maestro Arnaldo de Riaria. Y esta es la memoria más antigua que hay de este monumento, y tal, que enteramente convence no haber sido baptisterio, que en ese caso no sería de dominio laical.

»Mas, no porque se llamen tan frecuentemente baños, entiendo yo que lo fuesen, a lo menos que se pueda tener esto por cierto y averiguado. Las muchas partículas térreas del agua pluvial en aquella localidad, y la ventilación del aire a que estaba expuesta, no permiten acomodarse a este modo de pensar. Más bien pudo ser un taller u obrador, y acaso de adobo de pieles, que alude con el nombre de la calle próxima, llamada la Blanquería, donde además de la luz y ventilación necesaria, se recogiese el agua que inevitablemente se necesitaba en el pilón, y de ella se sirviesen para riego de la próxima huerta.»

Con toda ingenuidad debemos confesar que, a pesar de la acertada crítica que generalmente reconocemos en el P. Villanueva, no podemos convenir con él, así como él no se conformó con el doctor Dorca, ni en la época de la construcción del monumento, ni mucho menos para el objeto a que la destina. La idea general de la fábrica es bien oriental, así como en sus detalles se nota la idea de una restauración del arte antiguo, sobre cuyos diversos fragmentos, desarrollaron los árabes formas tan originales como caprichosas.

No hay duda que los arcos del ático son de plena cimbra, y por lo tanto, ajenos de la verdadera arquitectura morisca de España, que nos presenta en ellos la continuación del semicírculo en forma de herradura, y con tendencia al círculo, forma que no es más que una modificación de los arcos bizantinos. En esto creemos que es dable apoyar nuestro parecer, de que dichos baños son una transición entre la arquitectura de Bizancio, y la propiamente árabe española, haciéndoles remontar al siglo VIII, época de la dominación sarracena en esta ciudad.

En cuanto a los chapiteles, hemos indicado ya, que se diferencian muy poco los del arte bizantino y los del árabe, pues ambos nos presentan ajaracas, plantas, follajes y caprichos de imaginación, exceptuando las veces que los artistas cristianos representaron en ellos cuadros tomados del Antiguo Testamento, y hasta del gentilismo; y en su consecuencia, no dan lugar a duda que los de las columnas que soportan el ático del monumento, son debidos al cincel de entendidos artistas musulmanes, y más recordando que a menudo la arquitectura morisca es una verdadera paradoja.

Ignoramos cuáles sean los edificios del siglo XII, que el P. Villanueva dice existen en Gerona, a no ser algunas casas con ajimeces o ventanas, adornadas de arcos cimbrados o de medio punto, sostenidos por delgadas columnas bizantinas, y de floreadas jambas: empero, no vemos en esto un firme apoyo a su opinión.

Además, si fuesen construidos en el siglo XII o XIII, con destino a taller de adobo de pieles, ¿cómo es posible que en el siglo XIV el rey Don Pedro IV de Aragón, enajenase el derecho alodial de que sobre ellos tenía, dando al monumento la denominación de baños? ¿A qué objeto levantar un monumento para obrador?

En fin, lo hemos dicho ya; la atrevida y esbelta bóveda, el carácter aéreo, ideal, que se dio al conjunto de la fábrica, basta para distinguirla de las construcciones frías y severas del arte puramente bizantino: compuesta de heterogéneos elementos, se reconocen en ella, sin embargo, las huellas del gusto morisco, respirando esa languidez voluptuosa del corazón, esa melancolía, esa apacible tristeza de sentimientos que tanto domina en los pueblos orientales.