Canto secular (Horacio)

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Horacio, Canto secular

Traducción de Germán Salinas
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  CORO DE MANCEBOS Y DONCELLAS
  ¡Oh Febo, y tú, Diana, poderosa en las selvas, astros brillantes del cielo, siempre adorados y siempre dignos de adoración, escuchad nuestras preces en los días consagrados por los versos de la Sibila, para que las vírgenes escogidas y los castos mancebos eleven sus cánticos en loor de los dioses protectores de las siete colinas!
   
  CORO DEL PUEBLO Y LOS MANCEBOS
  Sol resplandeciente que en tu carro de fuego nos traes y celas el día, y renaces siempre nuevo y siempre el mismo, así no puedas alumbrar nunca ciudad más poderosa que Roma.
   
  CORO DE DONCELLAS
  Dulce Ilitía, que presides los alumbramientos felices, protege a las madres; y ya quieras ser llamada Lucina, ya Genital, favorece, ¡oh diosa!, su fecundidad, y haz que prosperen los decretos de los senadores sobre los matrimonios y la ley conyugal llamada a multiplicar nuestra prole; así, transcurridos otros ciento diez años, volverán a resonar estos cantos y celebrarse estos juegos tres veces a la luz radiante del sol, y otras tantas en la alegría de la noche.
   
  CORO DEL PUEBLO
  Y vosotras, Parcas, siempre veraces al anunciar lo que el destino ha decretado, lo que guarda el orden estable de la Naturaleza, añadid nuevas dichas a las ya logradas.
   Que la tierra, fértil en granos y rica en rebaños, ciña con corona de espigas las sienes de Ceres, y fecundicen sus gérmenes vitales las ondas cristalinas y las auras de Jove.
  MANCEBOS
  Depón los certeros dardos, Apolo, y escucha grato y benévolo a los jóvenes supiícantes.
   
  DONCELLAS
  ¡Oh Luna, creciente reina de los astros, dígnate oír a las doncellas!
   
  CORO GENERAL
  Si Roma es obra vuestra, si obedientes a vuestros mandatos abandonaron sus Lares y su ciudad y emprendieron próspero viaje hacia las playas de Etruria los habitantes de Ilión, a quienes el piadoso Eneas, sobreviviendo a la catástrofe de su patria y fiel a sus promesas, abrió libre camino a través de la incendiada Troya para darles más de lo que abandonaban, ¡oh dioses!, conceded a la dócil juventud puras costumbres, plácido descanso a los ancianos, y al pueblo de Rómulo sucesión, riquezas y glorias envidiables.
  Que el descendiente esclarecido de Anquises y Venus, que ahora os sacrifica los blancos toros, impere vencedor del enemigo belicoso, y clemente con el enemigo humillado a sus plantas.
  Ya el medo reconoce su poder, tan grande en la Tierra como en el mar, y tiembla ante las segures de Alba; ya los escitas y los indos, antes tan soberbios, aguardan sus soberanos decretos,
  Ya se atreven a volver el honor, la buena fe, la paz, el antiguo pudor y la virtud tanto tiempo olvidada; ya aparece la feliz Abundancia con su cuerno henchido de frutos.
  CORO DE MANCEBOS
  Y el profetico Apolo, ornado de su aljaba rutilante, y siempre querido de las nueve hermanaa, cuya ciencia saludable vigoriza los cuerpos que languidecen enfermos, si contempla orgulloso los alcázares del Palatino, la grandeza de Roma y la tierra feliz del Lacio, prolongue nuestras dichas otro siglo con días siempre mejores.
   
  CORO DE DONCELLAS
  Que Diana, tan reverenciada en el Aventino y el Álgido, acepte los ruegos de los quince sacerdotes, y preste atento oído a los votos    de los mancebos.
   
  CORO GENERAL
  Nosotros, que aprendimos a cantar en coro las alabanzas de Febo y Diana, nos llevamos a casa la firme y consoladora esperanza de que han atendido nuestras súplicas Jove y todos los dioses.