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Carta de Ricardo Gutiérrez a Estanislao del Campo

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Fausto: Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de la Ópera (1866)
de Estanislao del Campo
Carta de Ricardo Gutiérrez

Sr. D. Estanislao del Campo.


Recuerdo que una noche alegre en que yo apreciaba infinidad de ocurrencias criollas que decia Vd. al vuelo, apropósito de las escenas del Fausto, lo tenté á escribir en estilo gaucho, sus impresiones de ese espectáculo: seguro de que un cuadro compendiado bajo el punto de mira de tan original criterio, ofreceria un interés particular.

Para un carácter como el de su indole literaria, era este tema completamente seductor, y yo veia que la oportunidad y el motivo podrian pocas veces tentar con mejor éxito la Musa de Hidalgo, para levantar sobre el torbellino de nuestro sociedad desprovista de perfil transmisible y determinado,—la estraordinaria, especialísima, profunda y poética índole americana primitiva, refugiada hoy naturalmente en el corazon del paisano.

Veia tambien en este tema, como Vd. mismo, una ocasion feliz para reflejar nuestro tipo primitivo con caractéres tanto mas saltantes, cuanto que iban á resultar de la apreciacion hecha por él mismo de una sociedad diversa.

Cierto es que era esta una empresa dificil. Fuera de Hidalgo, no tenemos en esta rama de nuestra literatura, sinó manifestaciones mas ó menos felices de los giros de lenguaje y comparaciones del gaucho,—accesorios que nunca reflejan la indole de las razas, porque no emanan del modo de sentir de ellas, que es tambien el único modo de animar la interpretacion en el dificil rol de poeta caracteristico.

El tecnicismo es una simpleza, y el pensamiento que no retrata mas que la construccion del idioma, no tiene un dia de vida. Para pintar é interpretar al gaucho es preciso trasladarse no á su lenguaje sinó á su corazon, y arreglarlo todo, no al paisage, sinó á su preocupacion, á su filosofia, á su sentimiento.

Asi se comprende que dos solos versos puedan reflejar el carácter del paisano, con sus preocupaciones y su religion enteras, cuando Hidalgo pone en boca del gaucho que va á afrontar un peligro, este compendio de su alma:—

« puse el corazon en Dios
y en la viuda, y embesti. »

Usted verá todos los dias pretendidas descripciones de la indole y costumbres del gaucho, donde todo se reduce á hacinar significados campesinos que no tienen mas particularidad que estar subrayados hasta el fastidio.

Es que no todos tienen bastante luz interna para penetrar el corazon ageno en la vorágine de sus instintos, y creen que, dibujando la vestimenta, puede reflejarse el tipo moral deduciéndolo por la vulgaridad de lo comun.

Esos que asi son retratados, no son gauchos de este mundo ni del otro; son simples camiluchos que no constituyen género de raza.

El Dr. Cané, que era un talento literario muy notable, dice en una de sus novelas que el tipo del gaucho es digno del estro de Byron, y yo pienso humildemente, que en el corazon de Quiroga habia tela para el mismo Shakspeare.

El que se acerque entonces mas á aquellos corazones estraordinarios, por la mayor fuerza de su génio, estará mas próximo á la interpretacion de su mundo y al foco de nuestra poesía popular y tradicional, inagotable en encantos.

Vd. ha venido al terreno mas dificil, pero al mas grandioso: la magestad está siempre en esa especie de topografía humana que nunca se halla á la superficie. Es por eso que su leyenda está colorida con las dos tintas mas sublimes de la poesia,—la filosofía y el sentimiento,— que son los arquéos de la espresion: el que sube sobre esta trípode, está en el camino de la belleza, de donde se domina todo accesorio: el que entra al espíritu domina el material: asi Hidalgo no ha copiado al gaucho; ha mirado por los ojos del gaucho; no se ha amanerado á su sentimiento, ha sentido por su corazon.

Todas estas dificultades redundan en provecho de Vd., una vez que se ha levantado á la atmósfera de la interpretacion verdadera: Anastasio el Pollo es aquí de la raza de Santos Vega.

Ha tocado Vd. el tema espléndidamente, haciendo gala de recursos desconocidos que todavia no habia manifestado en poesia,—y me permito decirle que esto es culpa suya, porque antes, en todo lo que ha escrito, solo ha querido ver las cosas como un paisano, y hoy las ha sentido como él.

Su Fausto, Anastasio, es lo mas notable que he visto apropósito del poema de Gœthe, y no encuentro nombre de poeta americano que no se hallára favorecido al pié de muchas de sus estrofas.

La introduccion es un hermoso trozo de descripcion local, un bello cuadro de costumbres, de mano maestra. Hay en todo ese prólogo una infinidad de imágenes comparativas, de peculiaridades de frase y de toques generales que ocuparian mucho espacio para transcribirse.

El cuadro donde comienza la narracion, tiene un raro interés descriptivo que hace apresurar la lectura en busca de los incidentes graciosísimos que şe suceden sin descanso: cada estrofa, cada verso, y á veces cada palabra, rebosa de pensamiento y de interpretacion.

La tercera parte tiene una novedad especialísima, comprendida en los recursos que hasta hoy no habia desplegado Vd.,—tiene un caudal de encantadora y sentimental poesia, revestida bajo una sencillez tan admirable que no la hace estraña en boca de un paisano.

Aparte, pues, del mérito genérico de su Fausto, reconozco con particular sorpresa (no sabia que Vd. era un poeta tan sério) la hermosura del trozo descriptivo del mar, rival de aquel con que trae la aurora sobre el jardin de Margarita, de aquel otro con que pinta la noche de la serenata, de aquel de la comparacion de la flor, y de aquella magnifica digresion del capítulo V que acaba con esta sentida y hermosísima estrofa:—


« Soltar al aire su queja
« será su solo consuelo,
« y empapar con llanto el pelo
« del hijo que usté le deja. »|


Esta es la poesia: aquí empieza el camino de Hidalgo y el estro de Santos Vega. Despues de ellos, nada se ha hecho en nuestra poesia popular que pueda igualar el encanto de esas reflexiones.

No me es ya estraño entonces que haga Vd. cópia tan abundante de las semejanzas y giros que chispean por todas las estrofas de su Fausto: el que entra á la seriedad, ha pasado por la malicia.

Siento que la especialidad de su trabajo, que es uno de sus méritos particulares, no esté al alcance de todos sus lectores: para valorarla completamente, es preciso conocer el primer poema del Parnaso aleman y la mas sublime partitura del génio francés.

Su Fausto, Anastasio, es pues una obra de poesia envidiable. Me felicito sinceramente de haber prestado motivo á ella y le agradezco de corazon el buen momento que me ha dado con su lectura.

Aplaudo verla en público, celebrada justamente en todas las clases de la sociedad.

Por mas á lo sério que tome el hombre las situaciones sociales, en ninguna de ellas se desfavorece con sus pruebas de arte y de talento, porque ellas siempre lo enaltecen, llevándolo á las verdaderas gerarquías, que son las que ocupa por su organizacion cerebral en la estiba de la gente, como dice Vd.

Si tuviera que fortalecer esto con ejemplos, le citaría nombres célebres en la humanidad que han jugado con los pueblos mas grandes de la tierra, sin desdeñar el cultivo de las letras, y empezando por David y Salomon.

Un buen libro ó una hermosa poesía, hacen honor, de Dios para abajo, á todos los hombres del mundo, en cualquier terreno que pisen, desde el trono hasta el cadalso.—Vd. ha merecido ese honor.