Comentarios del Pueblo Araucano II/Segunda parte/Capítulo III

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CAPITULO III

La táctica i la capacidad militar del indio
Carácter sagrado de la guerra.—El asalto a Angol

El roce contínuo del indio con sus armas lo hizo ser un ente enteramente guerrero. Siempre lo encontraron en el camino del honor i de la victoria, i jamas el ronco estruendo del cañon i del arcabuz lo aterraron.

El brazo diestro i ájil del conquistador no hizo «mella alguna en el alma de acero de los araucanos».

Mediante los ejercicios guerreros el indio llegó a la edad adulta transformado en el verdadero soldado, en el soldado intrépido, temerario e intelijente.

Tendía la trampa al audaz adversario, cercando «un espacio cuadrado de altos i gruesos troncos de árboles.

«Dentro de este recinto arreglaban otro menor de resistente empalizada, con troneras para las flechas.

En la parte esterior rodeaban este fuerte de hoyos de todas dimensiones, hábilmente tapados de árboles i yerbas i armados en el fondo de estacas aguzadas.

En estas fortalezas indíjenas encontraron en ocasiones los castellanos su derrota i su tumba» [1].

La guerra fué para el indio su ocupacion favorita, por revestir el carácter sagrado.

El jefe principal, ñidol, combatia al frente de sus fuerzas, desempeñando admirablemente las funciones de primer jefe; corria de un lado para otro despertando el entusiasmo de los suyos.

Revestia carácter sagrado la guerra, porque despues de la patriótica e inspirada alocucion venia un ņüwé, que todo lo soluciona, que con la arrogancia del wentrun i, tomando por testigo los adornos sagrados del indio agorero, lanzaba la mas patriótica arenga que pudiera oir el guerrero araucano.

El ņüwé comparaba la intrepidez india con correr de un animal o con el vuelo presuroso de algun ave que, por el correr de aquél o por el volar de éste, significaban la intervencion mística i la victoria preconiza da ya en la reunion sagrada de los kalkus.


El indio era tan intelijente como guerrero para acometer a sus enemigos. Ningun pueblo aboríjen del Nuevo Mundo opuso al ibero la resistencia tan tenaz i tan tremenda como la de Arauco.

Por eso, es que la historia de la Araucanía está sembrada de episodios heroicos i admirables, de hechos guerreros que nos manifiestan, por una vez mas, el temple militar de estos bravos que encontraron en la defensa de su suelo su nombre i su inmortalidad.

Pero la accion mas memorable que recuerda el alma araucana i que con ternura narra en las noches de invierno a su prole, es el asalto a Angol verificado en tiempo de la Pacificacion de la Araucanía i, segun cálculos a juzgar por los nombres que citan, debe haber ocurrido despues del año 1880.

El asalto a Angol no pertenece a ningun cronista como tampoco a ningun araucanista, sino que es el reflejo de la tradicion mapuche. No pertenece, aun, ni a la lira del poeta ni al pincel del artista [2].

1.—Kiñe liwen meu, piam, petu ñi dumiñ külelu, petu ñi ankülen ta ketran, peņenņelafui, piam, ta wenú.

Illkaukülen ta mülefui, piam, che ñi piuké meu ñi doi kümé duam, ñi zakiñ duņu mai laņumael ta winka wechan meu llemai.

1.—Erase una mañana nebulosa i fria del tiempo cosechero: caia una menuda niebla que ocultaba la vista del cielo como si quisiera privar a una partida de leones alcanzar la emblema de su esperanza única: asaltar i matar al chileno de Angol.

Quilapan, eficazmente secundado por Montri i Huentecol, decididos i eternos enemigos de la ocupacion de la Araucanía, fueron los caudillos de este asalto.

Quilapan, el guerrero irreconciliable del pacificador, fué el jefe: al mismo tiempo el primero en llegar a una colina situada por los intermediarios de Huequen a Angol.

Desde lo alto de ese collado i por el lado sur el corpulento lancero, Quilapan, divisa una pobre aldea.

El paisaje que se estiende ante su vista penetrante es monótono i triste. La naturaleza no tiene el verde encantador de sus hojas i el sol no hiere a la tierra con esos rayos que abrillantan «los colores que al parecer suben del fondo a la superficie por la fuerza de atraccion de aquel astro poderoso».

«Si el lector no tiene inconveniente en presenciar uno de estos episodios que con tanta frecuencia ocurre entre estos indios i sus adversarios, si sobre esas escenas de dolor i de miseria sobre las cuales tiende el mundo su manto de armiño forrado de harapos», traduzca conjuntamente con nosotros los párrafos consignados a continuacion en el tan dulce idioma mapuche:

2. Witralei, piam, ta Külapaņ; norümkülei, piam, ta koyam reké tañi adkintual ta waria kañi eņumael ta pu wenüi. 2. Detiénese Quilapan majestuoso como un roble a observar el pueblo i a esperar a sus amigos.
3. Fentren pu lonkó wenulu meu kupai ñi pu kona eņu ka kimfali ñi akun kull-kull ñi duņun meu. 3. Muchos grupos llegan con su jefe adelante, comunicando su arribo con el toque del cacho, kull-kull.
4. Kon tragulelu eņun winka klariñ duņui tañi doi wirarnoam ta che, tragulelu mai. Inei no rümé tranaleiņun mapu meu, anken kachu meu. 4. De improviso una corneta chilena interrumpe la algazara infernal del campamento. Todo el mundo queda silencioso i perfectamente tendido sobre la yerba.
5. Külapaņ ñi winka klariñ erke ñi duņun ñi mütrumael kom pu ke lonkó müten. 5. Era el klarin prisionero de Quilapan que anunciaba un consejo de guerra.

En el fondo de ese consejo secreto i aislador se alzaba la figura del ņuwé, agorero i que todo lo puede, que con aire enfático i marcial atraía las miradas de sus oyentes, i esplicaba en tono sonoro i majestuoso el significado del tiempo i el tiriton de su brazo o de su cuerpo en correlacion con la empresa que pretendian efectuar en ese solemne día.

La reunion fué larga; el debate animado. El terrible Quilapan lanza su proyecto no encontrando cosa alguna inusitada ni estraña; ni obstáculo ni estorbo alguno en los senderos, sino la maleza i la oscuridad del follaje, que impiden tal vez el paso u ocultan la vista.

El consejo trajo como consecuencia el siguiente plan:

6. Kom pu ke lonkó dulli kom ñi doi ñiwáke wechafe tañi werkülafiel Külapaņ eņu ta ñi konael ta waria meu. 6. Cada cacique elijió un grupo de los mas valientes de sus konas i los puso a las órdenes de Quilapan.
7. Kom tufeichi dulliņechi che amuafule em ta Encol chi waria meu. 7. Este pequeño grupo de bravos tenia por mision asaltar el fuerte de Angol.
8. Tañi konael ta waria meu tañi peņeno-ael ñi waiki yenien eņun, ka ñi raņiñ winka meu rume-ael, felefui em tañi kümeke che müten ñi dulliņeal. 8. A fin de entrar a la ciudad con la mayor precaucion, completamente armados, a vista i presencia de sus intrépidos adversarios, se necesitaba hacer la eleccion que ordenó el gran Quilapan.
9.—Petú ñi küme konnon ta antü, kiñe kechan ufisá ta Encol plé nagpui. 9.—Al caer la tarde un piño de ovejas se dirijia a Angol.

El indio chileno que es un fiel imitador del grito de sus animales, encontró en el pellejo del ganado lanar el encubridor de su astucia i su plan a sus formidables asaltos.

10.—Küme chimpoyenieņun tañi waiki, ka welé ka man ple meli namun meu tentoņ-kuleiņun, memetuiņun ka kachutulu eņun reke amurkeiņun ta pu wechafe. 10.—Cuidadosamente envueltos conjuntamente con sus armas, corrian en cuatro pies de un lado para el otro; balaban i pastaban a semejanza del carnero.
11.—Epe pualu eņun ta waria meu epu trokiñ meu ta udamiņun. Kiñe ta wente plé amui kaņelu waiwen plé. 11.—En las cercanías del pueblo se dividen en dos grupos. Uno entra por el este i el otro por el sur.
12.—Petu ñi küme dumiñnon koniņun Encol meu ka ñi kimņenoal raņiñ waria meu ta amuiņun ka memetuiņun ka waichif-ael ta isquina duņui Külapan ñi winka klariñ futa siñan em kai. 12.—Entran entre oscuro i claro a Angol i a fin de no despertar sospechas a los centinelas se dirijen al cuartel balando, i al dar vuelta una esquina se escucha el rancho dado por el clarin de Quilapan [3].

Los moradores de Angol, tranquila i dulcemente cuchicheaban i saboreaban ya la carne de los ricos asados que les proporcionarian los hermosos capones. La jente, toda, creia que eran piños de ovejas que los soldados del jeneral Pinto habian quitado a los indios belicosos que no deseaban bajo ningun pretesto someterse a las leyes de la República.

Quilapan, el astuto soldado indíjena, hizo tocar rancho a su corneta a fin de no despertar la sospecha i por ser la señal convenida de sus bravos capitanes aucas.

13.—Futa wirarün mai allkütui ka pu winka kai los indio, los indío piņun. Aukiñ reké allküfalí ta che ñi wirarün. 13.—Un chivateo jeneral se deja sentir i el grito de los indios! los indios! repercutia a la distancia como el eco del primero.
14.—Waiki eņu winka kuchillu eņu trawí ñi watroal eņun ka mütratun meu mapu meu pui ta kainé kalül em. 14.—La espada i la lanza se quebran i los robustos i formidables brazos dan por tierra con el acérrimo enemigo.

Quilapan, Montri i Huentecol con la arrogancia del jeneral osado i diestro en la direccion del combate, animan a los suyos, corren de un lado a otro, tratando que en esa lucha a muerte no desmaye ese bravo indio.

Quilapan, con la lanza en el aire i con la fiereza aterradora, pareció sentir bajo su tostada epidérmis el calor de un fuego intenso, de un ruido semejante al débil susurro de sollozos i suspiros humanos, i era un no se qué confuso que despierta en el corazon piedad, dolor i espanto.

Quilapan levanta la lanza i quiere repetir con furor el golpe, cuando oye salir de las profundidades de la tierra un doloroso jemido, que convertido en frases para él conocidas le esclamó:» ¡oh Quilapan! guerrero audaz i temerario que te osaste penetrar hasta este recinto; tú, gran araucano, no eres tan cruel como valiente, perdona, por eso, a este recinto i no turbes la paz de estas almas que son las hermanas i las amigas de tus almas!»

Quilapan reconoce la voz; es tan semejante a la de su querida chilena cautiva; piensa en ella i moviendo pausadamente la cabeza, toca su clarin i emprende la retirada.

¡Ai de mí! ¡Lo que puede el recu erdo de la mujer que se ama!

15.—Femņechi mai ta koniņun Encol waria meu futake kauchú ñiwá wechafe, femņechi mai, piam, yeņekei ta winká yem! 15.—Tal es la entrada a Angol i el modo como el guerrero mapuche engañó a tantos espertos vencedores del Rimac.
«El amor a la patria, ha dicho el eminente historiador don Gonzalo Búlnes, es un sentimiento que se debe cultivar hasta por egoismo» i bajo el imperio de este modo de apreciacion no he omitido esfuerzo alguno en estampar en el papel las patrióticas leyendas oidas ya en uno o en otro fogon de una ruka contemporánea.

Esa lei severa que liga a nuestro ser con el patrio suelo, esta que nos lleva a esclamar con un dulce orgullo: «Nada de lo que toca a nuestra patria nos debe ser estraño, porque si ella tiene su lugar en nuestro corazon lo tendrá tambien en nuestros cantos [4]».[5]


  1. Tomas Guevara, Historia de la Civilizacion de la Araucanía, Tomo I, páj. 234.
  2. Para desarrollar este tema ha sido mi única labor dar método a seleccionar lo que he creido mas verídico de la narracion mapuche. La parte mapuche se consigna sin alteracion alguna i la traduccion es libre.
  3. Quilapan a pesar de ser un enemigo de los chilenos, comprendió las ventajas de la civilizacion. Tenia en su casa un soldado chileno que enseñaba a leer a sus hijos i a él les dió los toques de la corneta chilena.
  4. I. Grandjean Roux, Verte fontaine, dans ravant propos a dit: «Rien de ce qui touche à la patrie ne doit m'être étranger. Elle a sa place dans mon coeur, elle l'aura dans mes chants».
  5. NOTA.—Como la correccion de pruebas de este trabajo ha estado esclusivamente a mi cargo, tengo que declarar que, salvo algunos errores evidentes, no he alterado en nada la trascripcion del señor Manquilef, aunque en muchos casos escribe indistintamente ya u, ya ü, donde Frai Félix José i yo distinguimos ə, ü (Febrés ù) i u. La g de Manquilef a veces corresponde a w, a veces a ü o q; por ejemplo gund=wüņ, kung=kuü o kuq. R. Lenz.