Compendio de Literatura Argentina: 13

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPÍTULO IX[editar]

OLEGARIO ANDRADE.[editar]


Es Olegario Andrade el poeta de más vuelo y de entonación más robusta del Parnaso argentino. Sus versos, llenos de fuego y de vida son, ante todo y sobre todo, la expresión de un pensamiento vigoroso puesto al servicio de las ideas de su siglo, y el canto en las cuerdas de bronce de su lira es algo más que un arte: es una moral, un sacerdocio, un apostolado. La epopeya de su patria: las conquistas del progreso; el amor á la humanidad; todo lo que tiende á dignificar y ennoblecer á pueblos jóvenes que viven bajo la éjida salvadora de la democracia... hé ahí los asuntos para los cuales tiene Andrade voz enérgica y emociones que brotan de lo más íntimo del alma.

Nació Andrade en la provincia de Entre Ríos, haciendo sus primeros estudios en el colegio del Uruguay.

Era muy niño aún, cuando escribió sus primeras composiciones poéticas, que á pesar de ser tímidos é imperfectos ensayos, ya ponían de relieve los rasgos característicos de su filiación, formulados entre las brisas de la esperanza.

En ellos cantó á la patria, al amor filial, á la amistad, á la gloria y á la naturaleza esplendente de su suelo natal. Su inspiración está nutrida por la sensibilidad más que por las ideas; no hay que buscar en ellas la armonía de la forma, sino el mérito del esfuerzo inicial, la frescura de los primeros pensamientos, la vibración simpática de los primeros acordes.

En 1857 abandonó el Colegio sin llevar más bagaje que sus estudios de filosofía, nociones generales de historia y conocimientos muy elementales de literatura.

La índole de sus conocimientos y su decidida vocación, lo llevaron al periodismo, donde encontró campo y espacio á la febril actividad de su espíritu. Primero en Gualeguaychú y sucesivamente en Uruguay, Paraná, Santa Fé y Concordia fundó y redactó diversos periódicos ya políticos, ya literarios, desplegando sus ideas y convicciones en infinidad de artículos llenos de novedad por su forma y por su estilo.

Pasó veinte y cinco años de su vida escribiendo para la prensa diaria, y siempre con la fuerza de pensamiento y de imaginación, que distinguen todos sus trabajos.

Pero no por esto abandonó la poesía; su composición La Libertad y La América, inspirada por los acontecimientos bélicos entre España y las Repúblicas del Pacífico, es un espléndido cuadro donde se destacan con salientes perfiles las magnificencias de la exhuberante naturaleza americana. Si bien este canto no está exento de algunos defectos ellos pasan desapercibidos, en medio de una entonación épica y robusta y de una profusión de imágenes del más acentuado lirismo.

La poesía Al General Lavalle tampoco está libre de defectos, ya en la rima ya en el exceso de metáforas, pero indudablemente contiene, sobre estas ligeras sombras, bellísimas y valientes estrofas.

A Paysandú, es un canto magnífico al patriotismo uruguayo en su resistencia contra el Brasil. El poeta que presenció aquel hecho de armas, ha trazado en ella las peripecias de la heroica lucha, desplegando hasta las grandes alturas, el majestuoso vuelo de su musa épica. La invocación tiene todos los tintes y la solemne entonación de una elegía.

Sombra de Paysandú ¡Sombra gigante
Que velas los despojos de la gloria
Urna de las reliquias del martirio,
Espectro vengador!
Sombra de Paysandú, lecho de muerte
Donde la libertad cayó violada,
Altar de los supremos sacrificios
Santuario del valor
...........................................
...........................................
Paysandú! epitafio sacrosanto
Escrito con la sangre de los libres!
Altar de los supremos sacrificios,
A tus cenizas, ¡paz!.


La esperanza, la desesperación, el heroísmo, la ambición, el valor y la cobardía, todas las pasiones, todos los instintos que trabajan y luchan en estos tremendos escenarios de la vida, están allí transfigurados y deslumbrantes, soberbios y magníficos en las excelsas estrofas del poeta.

En la composición A mi hija Agustina, trazó en breves estrofas el cuadro de la existencia en esas primeras jornadas de la juventud, cuando los días son claros y serenos y todas las perspectivas de la naturaleza que nos rodea están repletas de vida, de armonías y de esplendores.

La Mujer es un horizonte luminoso en los primeros días del Edén, lleno de poesía y encanto.

El Nido de Cóndores, original y poética apoteósis del genio de la independencia americana, es la primera de una serie de composiciones de gran aliento. Esta poesía tiene admirables estrofas, por la soltura de la rima, por su armonía penetrante y por su vigorosa entonación.

Igual éxito que la anterior composición tuvo El arpa perdida, publicada en 1877, cuyo tema es la muerte del poeta Luca, en un naufragio.

Notable es también La noche de Mendoxa, en que llora la ciudad destruida. La entonación es apropiada y las imágenes son reflejos verdaderos de aquel cuadro de espantosos derrumbes.

Tuvo Andrade la ambición de los grandes asuntos, y no se mostró indigno de tenerla. Muchas de sus composiciones justifican nuestro aserto, pero nos basta citar los dos monumentos más gigantescos, germinados por la omnipotencia de su imaginación: nos referimos al Prometeo y á la Atlántida.

La primera de éstas, considerada bajo el aspecto de su ejecución poética, es la mejor de sus obras.

En este poema Andrade toma por base una de las explicaciones que algunos críticos modernos dan á la leyenda griega, hablándonos de evoluciones y progresos del espíritu humano, pronosticando y cantando su triunfo.

Larga sería nuestra tarea, si en alas de la inspiración del poeta quisiésemos seguirle, cuando nos hace aquellas magníficas reflexiones del estado de la tierra, flotando como urna vacía en los abismos de la nada, cuando nos habla del germen de vida que palpita en sus entrañas, cuando nos pinta los esfuerzos del espíritu del hombre, sus luchas y contradiciones y al gran Titán (Prometeo) maldiciendo á Júpiter y pronosticándole su caída.

En ninguna otra de sus obras ha desplegado Andrade más libremente su fantasía enorme, al decir de Groussac, que en el inmenso drama de Esquilo, cuyos personajes son dioses y titanes, cuyo coro es el Océano, y cuyo escenario es el Cáucaso, dominador del mundo antiguo. En todo esto hay esplendidez y exuberancia de imaginación, pero mucho desorden y confusión de ideas «reflejando su autor en alto grado, como dice uno de sus compatriotas, sus descollantes dotes de poeta, á la par que los desvíos de su fecunda inventiva, que visiblemente necesitaba de la disciplina saludable de las reglas del arte».

Andrade ha tomado el mito griego, por el lado pintoresco y filosófico, al mismo tiempo, y se complace en asombrarnos ya con la salvaje y áspera energía de las maldiciones que lanza Prometeo, ó nos deleita con la suavidad delicada y etérea del coro de las Oceánidas.

Pero su originalidad reside en la incomparable belleza del estilo, manejando los temas sobrehumanos de este cuadro gigantesco con admirable maestría.

Empieza el poema con esta valiente estrofa:

Sobre negros corceles de granito
A cuyo paso ensordeció la tierra,
Hollando montes, revolviendo mares,
Al viento el rojo pabellón de guerra
Teñido con la luz de cien volcanes,
Fueron en horas de soberbia loca,
A escalar el Olimpo los Titanes.


El canto A Víctor Hugo es otra de las obras celebradas de Andrade. Esta composición ha sido muy encomiada por sus bellezas, que las tiene en abundancia, aunque se noten en ella, algunos pensamientos é imágenes exageradas, sin contar las frecuentes asonancias.

Tiene por tema la misión del poeta en la humanidad, flagelador de tiranías y corrupciones, sacerdote y profeta:

Para enseñar el horizonte abierto
Y bendecir los nuevos derroteros.


A pesar de los lunares indicados, llama la atención en esta poesía, como en todas las demás, el vigor de la frase, la opulencia de la rima y esa profusión de espléndidas imágenes con que el poeta presenta los pensamientos y las sensaciones que dominan su espíritu.

Es el canto A San Martin, una de sus obras de más aliento, no sólo por la índole del poderoso pensamiento que la preside, sino también por el desenvolvimiento que ha sabido imprimirle. Muchos poetas han cantado con éxito esas épocas y las salientes personalidades que las llenaron con sus hazañas, sus virtudes, y sus sacrificios, pero quizá ninguno levantó la musa lírica á tanta altura como el autor del canto que nos ocupa. En las estrofas que citamos á continuación, está condensado el pensamiento de esta poesía.

Nació como el torrente.
En ignorada y misteriosa zona
De ríos como mares
De grandes y sublimes perspectivas,
Do parece escucharse en los palmares
El sollozo profundo
De las inquietas razas primitivas.
Nació como el torrente,
Rodó por langa y tenebrosa vía,
Desde el mundo naciente al mundo viejo;
Torció su curso un día,
Y entre marciales himnos de victoria,
Deató sobre América cautiva
Las turbulentas ondas de su gloria.


Como estos versos son todos los que componen esta obra, llenos de nervio y colorido, con todos los perfiles de la estética, impregnados del ritmo majestuoso que corresponde á una evocación de los recuerdos más grandes de la patria. La conclusión es soberbia:

No morirá tu nombre
Ni dejará de resonar un día
Tu grito de batalla,
Mientras haya en los Andes una roca
Y un cóndor en su cúspide bravia.


La Atlántida, canto al porvenir de la raza latina, fué la última obra poética de Andrade. En esta composición, de versos magistrales como los que siempre brotaron de la exhuberante inspiración de Andrade, cuadro vivo de los movimientos colosales y de la acción trascendental en los destinos humanos, de la raza que despertó

Como enjambre irritado en las sombrías
Hondonadas del Lacio,
De la raza latina destinada
A inaugurar la historia
Y á abarcar el espacio
Llevando por esclava á la victoria!


Esta poesía magnífica, sobresale por la grandiosidad de las imágenes y el estilo atrayente de la frase, que fueron en Andrade las manifestaciones características de su talento poético. Andrade fué un gran poeta. Sus soberbias concepciones, quizá nos fatigan por la monotonía de lo grandioso, porque su inspiración es como la luz abrazadora del medio día, derramada por igual y de plano sobre todos los objetos.

En otros poetas percibimos combinaciones variadas, en que se mezclan las exaltaciones de la imaginación con las armonías del ruiseñor, pero en las composiciones de Andrade sólo sentimos los aleteos del cóndor en sus escursiones frenéticas por la inmensidad!

Los cantos de Andrade están destinados á vivir perdurablemente en el dominio de las letras, porque son verdaderas creaciones del genio, inspiraciones radiantes de un espíritu que sorprendió el secreto de lo bello y de lo grande.

La inexorable muerta que apagó la luz de su existencia en temprana edad no alcanzará jamás á las manifestaciones de su genio, porque Andrade tiene sobre la tierra la inmortalidad del talento.

El gobierno argentino decretó en 1886 la publicación completa de sus obras poéticas, como merecido homenaje á su memoria, y como un justo tributo á la literatura nacional, que aquel enriqueció con los brillantes acentos de su lira.


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