Conde Lucanor:Ejemplo 44

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Conde Lucanor - Ejemplo XLIV


Exemplo XLIVº - De lo que contesçió a don Pero Núñez el Leal et a don Roy Gonzáles de Cavallos et a don Gutier Roíz de Blaguiello con el conde don Rodrigo el Franco[editar]

Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et díxole:

-Patronio, a mí acaesçió de aver muy grandes guerras, en tal guisa que estava la mi fazienda en muy grand peligro. Et cuando yo estava en mayor mester, algunos de aquellos que yo crié et a quien fiziera mucho bien, dexáronme, et aun señaláronse mucho a me fazer mucho desserviçio. Et tales cosas fizieron ante mi aquéllos, que bien vos digo que me fizieron aver muy peor esperança de las gentes de cuanto avía ante que aquellos que assí errassen contra mí. Et por el buen seso que Dios vos dio, ruégovos que me consejedes lo que vos paresçe que devo fazer en esto.

-Señor conde -dixo Patronio-, si los que assí erraron contra vós fueran tales como fueron don Pero Núñez de Fuente Almexir et don Roy Gonzáles de Çavallos et don Gutier Roíz de Blaguiello et sopieran lo que les contesçió, non fizieran lo que ficieron.

El conde le preguntó cómo fuera aquello.

-Señor conde -dixo Patronio-, el conde don Rodrigo el Franco fue casado con una dueña fija de don Gil García de Çagra, et fue muy buena dueña et el conde, su marido, asacól’ falso testimonio. Et ella, quexándose desto, fizo su oraçión a Dios que si ella era culpada, que Dios mostrasse su miraglo en ella; et si el marido le assacara falso testimonio, que lo mostrasse en él.

Luego que la oración fue acabada, por el miraglo de Dios, engafezió el conde, su marido, et ella partiósse de’l. Et luego que fueron partidos, envió el rey de Navarra sus mandaderos a la dueña et casó con ella, et fue reina de Navarra.

El conde, seyendo gafo, et veyendo que non podía guaresçer, fuesse para la Tierra Sancta en romería para morir allá. Et como quier que él era muy onrado et avía muchos buenos vasallos, non fueron con él sinon estos tres cavalleros dichos, et moraron allá tanto tiempo que les non cumplió lo que levaron de su tierra et ovieron de venir a tan grand pobreza, que non avían cosa que dar al conde, su señor, para comer; et por la grand mengua, alquilávanse cada día los dos en la plaça et el uno fincava con el conde, et de lo que ganavan de su alquilé governavan su señor et a sí mismos. Et cada noche vañavan al conde et alinpiávanle las llagas de aquella gafedat.

Et acaesçió que en lavándole una noche los pies et las piernas, que, por aventura, ovieron mester de escopir, et escupieron. Cuando el conde vio que todos escupieron, cuidando que todos lo fazían por asco que de’l tomavan, començó a llorar et a quexarse del grand pesar et quebranto que daquello oviera.

Et porque el conde entendiesse que non avían asco de la su dolençia, tomaron con las manos daquella agua que estava llena de podre et de aquellas pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde avía, et bevieron della muy grand pieça. Et passando con el conde su señor tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió.

Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castiella sin su señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les dizían quel’ fiziessen cozer et que levassen los sus huesos, dixieron ellos que tampoco consintrían que ninguno pusiesse la mano en su señor seyendo muerto como si fuesse vivo. Et non consintieron quel’ coxiessen, mas enterráronle et esperaron tanto tiempo fasta que fue toda la carne desfecha. Et metieron los huesos en una arqueta, et traíenlo a veces a cuestas. Et assí vinían pidiendo las raçiones, trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio de todo esto que les avía contesçido. Et viniendo ellos tan pobres, pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa, et entrando por una villa, toparon con muy grand gente que levavan a quemar una dueña muy onrada porque la acusava un hermano de su marido. Et dizía que si algún cavallero non la salvasse, que cumpliessen en ella aquella justiçia, et non fallavan cavallero que la salvasse.

Cuando don Pero Núñez, el leal et de buena ventura, entendió que, por mengua de cavallero, fazían aquella justiçia de aquella dueña, dixo a sus compañeros que si él sopiesse que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.

Et fuesse luego para la dueña et preguntól’ la verdat de aquel fecho. Et ella díxol’ que ciertamente ella nunca fiziera aquel yerro de que la acusavan, mas que fuera su talante de lo fazer.

Et como quier que don Pero Núñez entendió que pues ella de su talante quisiera fazer lo que non devía, que non podía seer que algún mal non le contesçiesse a él, que la quería salvar, pero pues lo avía començado et sabía que non fiziera todo el yerro de que la acusavan, dixo que él la salvaría.

Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diziendo que non era cavallero, desque mostró el testimonio que traía, non lo podieron desechar. Et los parientes de la dueña diéronle cavallo et armas, et ante que entrasse en el campo, dixo a sus parientes que, con la merced de Dios, que él fincaría con onra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él non le viniesse alguna ocasión por lo que la dueña quisiera fazer.

Desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Núñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió ý don Pero Núñez el ojo, et assí se cumplió todo lo que don Pero Núñez dixiera ante que entrasse en el campo.

La dueña et los parientes dieron tanto aver a don Pero Núñez con que pudieron traer los huesos del conde su señor ya cuanto más sin lazeria que ante.

Cuando las nuebas llegaron al rey de Castiella de cómo aquellos vien andantes cavalleros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et cómo vinían tan vien andantes, plógole mucho ende et gradesçió mucho a Dios porque eran del su regno omnes que tal cosa fizieran. Et envióles mandar que viniessen de pie, assí mal vestidos como vinían. Et el día que ovieron de entrar en el regno de Castilla, saliólos a reçebir el rey de pie bien çinco leguas ante que llegassen al su regno, et fízoles tanto bien que oy en día son heredados los que vienen de los sus linages de lo que el rey les dio.

Et el rey, et todos cuantos eran con el, por fazer onra al conde, et señaladamente por lo fazer a los cavalleros, fueron con los huesos del conde fasta Osma, do lo enterraron. Et desque fue enterrado, fuéronse los cavalleros para sus casas.

Et el día que don Roy Gonzáles llegó a su casa, cuando se assentó a la mesa con su muger, desque la buena dueña vio la vianda ante sí, alçó las manos contra Dios, et dixo:

-¡Señor!, ¡vendito seas tú que me dexaste veer este día, ca tú sabes que depués que don Roy Gonzáles se partió desta tierra, que ésta es la primera carne que yo comí, et el primero vino que yo beví!

A don Roy Gonzáles pesó por esto, et preguntól’ por qué lo fiziera. Et ella díxol’ que bien sabía él que cuando se fuera con el conde, quel’ dixiera que él nunca tornaría sin el conde et ella que visquiesse como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa; et pues él esto le dixiera, que non era razón quel’ saliese ella de mandado, et por esto nunca comiera nin biviera sinon pan et agua.

Otrosí, desque don Pero Núñez llegó a su casa, desque fincaron él et su muger et sus parientes sin otra conpaña, la buena dueña et sus parientes ovieron con él tan grand plazer, que allí començaron a reír. Et cuidando don Pero Núñez que fazían escarnio de’l porque perdiera el ojo, cubrió el manto por la cabeça et echóse muy triste en la cama. Et cuando la buena dueña lo vio assí ser triste, ovo ende muy grand pesar, et tanto le afincó fasta quel’ ovo a dezir que se sintía mucho porquel’ fazían escarnio por el ojo que perdiera.

Cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrólo, et dixo a don Pero Núñez que aquello fiziera ella porque si alguna vez riesse, que nunca él cuidasse que reía por le fazer escarnio.

Et assí fizo Dios vien en todo aquellos buenos cavalleros por el bien que fizieron.

Et tengo que si los que tan bien non lo acertaron en vuestro serviçio fueran tales como éstos, et sopieran cuánto bien les vino por esto que fizieron, que non lo erraran como erraron; pero vós, señor conde, por vos fazer algún yerro algunos que lo non devían fazer, nunca vós por esso dexedes de fazer bien, ca los que vos yerran, más yerran a sí mismos que a vos. Et parad mientes que si algunos vos erraron, que muchos otros vos servieron; et más vos cumplió el serviçio que aquéllos vos fizieron, que vos enpeçió nin vos tovo mengua los que vos erraron. Et non creades que de todos los que vós fazedes bien, que de todos tomaredes serviçio, mas un tal acaesçimiento vos podrá acaesçer: que uno vos fará tal serviçio, que ternedes por bien enpleado cuanto bien fazedes a los otros.

El conde tovo éste por buen consejo et por verdadero.

Et entendiendo don Johan que este enxiemplo era muy bueno, fízolo escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:

Maguer que algunos te ayan errado,
nunca dexes de fazer aguisado.


Et la istoria deste enxiemplo es ésta que se sigue: