Contrastes: 13

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El autor de bucólica
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Contrastes Ramón de Mesonero Romanos


Ahora, en los tiempos positivos que alcanzamos, el ingenio está sujeto a tarifa, Apolo y las musas se rigen por un arancel. No hay eruditos que consuman su vida en averiguar fechas o en interpretar viejos cronicones; pero en cambio tenemos amplia cosecha de genios improvisados, desde la edad de diez a la de veinte abriles; amén de algunos genios de pecho que hacen concebir las más lisonjeras esperanzas. -En los principios de su carrera, el ingenio espontáneo derrama a manos llenas y sin el más mínimo interés los torrentes de su sabiduría, pero andando más los tiempos y luego que reconoce la necesidad práctica de ganar su vida, la razón corta los vuelos al albedrío, la materia sube a las ancas del espíritu, y el cálculo matemático entra a disputar el campo a la noble inspiración.

Nuestro autor entonces abre tienda de talento o pone bufete de ingenio; y abraza la carrera de las bellas letras como el comerciante la de las buenas y el abogado la de las malas. Echa el ojo en el vasto campo de la literatura a aquella especialidad que más le conviene o de que espera tener mayor despacho, y ya se dedica a vender a la menuda trozos líricos y composiciones fugitivas, al sol, a la luna, a las estrellas y demás novedades, ya se declara filósofo contemplativo y pintor de las costumbres sociales; ora se emplea en trazar la historia que puede pasar por novela, ora se complace en escribir novelas que pican en historia; los unos se encargan del surtido por mayor de narraciones, episodios, cuentos y traducciones para los periódicos, los otros (y son los más) disparan al teatro su erizada batería de dramas venenosos, tragedias líricas, comedias, loas y entremeses.

La literatura mercantil se desarrolla, en fin, entre nosotros, y estamos ya muy lejos de aquellos tiempos en que se decía que


sólo la poesía es buena


hecha a moco de candil.


Hoy nuestros vates necesitan para sus doradas inspiraciones tintero de plata y bujías de esperma, papel satinado y mullido sofá.

Hasta ahora, es verdad, la importancia metálica de esta profesión no ha llegado en España al alto grado que alcanza en los mercados extranjeros, y solamente el ramo teatral es el que ofrece ventajas a los que se dedican a cultivarlo. He aquí la causa por que abundan los poetas dramáticos y escasean los historiadores y prosistas: la solución del enigma está en que para las comedias hay empresarios y para los libros no; que aquéllas se cotizan al contado como papel de nueva creación, y éstos entran en la categoría de deuda diferida y sin interés.

Todo lo que no sea, por lo tanto, hacer comedias, es lo mismo que no hacer nada: para la gloria, porque nadie lo lee; para el bolsillo, porque nadie lo compra. -El autor dramático recibe a lo menos su contingente mitad en laureles y mitad en pesos duros: el escritor de libros tiene que consolarse con apelar al juicio y aplauso de la posteridad. Verdad es que los libros que hoy corren no llegarán a ella, o sólo llegarán bajo la forma de cucuruchos.

Por lo demás, siempre es un consuelo tener una puerta abierta por donde entrar a lucir el ingenio; y cuando esta puerta es ancha y espaciosa como la Puerta Otomana, tanto mejor; porque conviene a saber que para ser hoy día escritor dramático no se necesita gran dosis de invención ni de filosofía, de observación ni de estilo. -Se agarra una historia, y cuando en ella no se encuentra cuadro dramático, se suple lo que falta, se cuelga un crimen al más pintado, y que chille el muerto; se dialoga un folletín o se disuelve en coplas un fragmento, y que rabien y bostecen los vivos; se cuentan en quintillas y romances una conversación de paseo, unos amores de entresuelo, y hágote comedia de costumbres; se pilla un carácter a Moreto, una situación a Rojas y un enredo a Tirso, se rellena el hueco con el competente ripio, cosecha de casa, y allá va un drama filosófico o caballeresco. Últimamente (y es lo más socorrido) se traduce un drama de Buchardi, o una piececita de Scribe, se la esquila, trastrueca y muda el nombre como hacen los gitanos con las caballerías hurtadas, y hágote, acomodo y arreglo a la escena española. Por lo demás, objeto ni intención moral o política Dios les dé. -¿Qué ha querido probar el autor con esta comedia? (preguntaba yo a un amigo al salir del teatro). -Yo le diré a usted (me contestó): ha querido probar que se pueden ganar cien doblones con una sandez, y lo peor es que lo ha conseguido.

Por fortuna, entre el destemplado clamoreo de este tutti dramático, descuellan hasta una media docena de voces verdaderamente sonoras y apacibles que hacen olvidar el dicho coro infernal.



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