De gallo a gallo

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Entre el doctor don José Joaquín de Larriva y el presbítero Echegaray existía, por los años de 1828, constante cambio de bromas en verso. Ambos eran limeños, poetas festivos y, aunque sacerdotes, de costumbres nada edificantes.

Con menos culto público que hubiera tributado a Venus y con un poco más de consecuencia política, Larriva habría alcanzado, por su talento y erudición, á ocupar los más altos puestos del Estado. Con la misma pluma con que escribiera, en 1807, el elogio universitario de Abascal; en 1812, el discurso contra los insurgentes del Alto-Perú; en 1816, el elogio del virrey Pezuela; y en 1819, la oración fúnebre por los prisioneros realistas en la Punta de San Luis, producciones todas de subido mérito literario; con esa misma pluma, repetimos, escribió, en 1824, el sermón por los patriotas que murieron en la batalla de Junín; el elogio académico de Bolívar, en 1826; el bellísimo artículo crítico titulado El Fusílico, en que puse al Libertador como ropa de pascua, y la tan popular letrilla

Sucre, en el año veintiocho,
irse á su tierra promete...
¡Cómo permitiera Dios
que se fuera el veintisiete!

Hasta 1820, juzgándolo por sus escritos, fué Larriva más monarquista y godo que el rey Wamba; y desde 1824 á 1826 más republicano y bolivarista que Bolívar. Después fué, en política, todo lo que Dios quiso permitirle que fuera. Siempre oportunista ó partidario del sol que alumbra.

Un día hace frío
y otro hace calor...
¡qué tiempo. Dios mío,
tan jeringador!

Muy ventajosa idea del risueño poeta tendrá que formarse todo el que lea la parte que llegó á publicar de su poema La Angulada y sus preciosas fábulas La Araña y El Mono y los Gatos. Musa verdaderamente traviesa inspiraba al poeta que escribía, como el mismo nos lo dice,

en el silencio de la noche, cuando,
tosiendo y rebuznando,
los hombres y borricos
tienen en movimiento los hocicos.

Como periodista no está Larriva á la altura de su mérito como orador. En 1821 publicó varios números del Nuevo Depositario; y en 1825, la Nueva Depositaría papeluchos que, aunque chistosos, no tuvieron significación política ni social. Ambos fueron hacinamiento de injurias personales contra don Gaspar Rico y Ángulo, periodista español de revesado estilo. No fatló quien echase en cara a nuestro paisano el que malgastara su tiempo ocupándose tan tesoneramente de un pobre diablo. Pero Larriva contestó:

«Cada vez que se me dirige este reproche, me quiero desbautizar, ¡Gran empeño de la laya! Yo no escribo p«ara todos, y si se me apura no escribo para nadie sino para mí solo; porque me agrada ver mis escritosen letras de molde. A nadie le pongo puñal sobre el pecho para que compre y lea el Depositario. ¿Qué cuenta tiene nadie con que yo gaste mi tiempo en lo que me diera la gana? ¿Yo gasto el tiempo de otro? ¿No es mío el que gasto? Si yo, para escribir, pidiese prestada una noche a Zutano, un día a Perencejo, y á Mengano una semana, entonces sí que atendrían fundamento para hablar; pero, gracias a Dios que puedo dar una vuelta en redondo, sin que nadie me señale con el dedo y diga que le debo ni un minuto» (1).

Graciosa es la defensa; mas no por ella merecerá Larriva puesto culminante en el periodismo del Perú.

*

El presbítero Echegaray era, como hemos dicho, un clérigo libertino; pero justo es también consignar que, si en la mocedad dio no flojo escándalo, fue en la vejez austero sacerdote.

De sus producciones literarias sólo nos son conocidas algunas fáciles y graciosas letrillas, impresas en los listines de toros; y entre las composiciones místicas, que escribió en los últimos años de su vida, es muy notable un soneto que existe en una pared del convento de los padres Descalzos.

Tertulios del café de Bodegones eran Larriva y Echegaray, El primero padecía de reumatismo en una pierna, dolencia que le había conquistado el apodo de Cojo; y el segundo era de una gordura fenomenal, por lo que el pueblo lo bautizó con el nombre de Tinaja.

En el frecuente tiroteo de chanzas entre los dos poetas, decía el Cojo Larriva que Echaray era

Juicio final con patas;
nido de garrapatas;
envoltorio estupendo;
tambora de retreta y sin remiendo ;
demonio vil injerto en papagayo
que viste largo sayo;
judío de Levante
que lleva el pujavante
para cortar los callos á Longino,
su padre y su padrino.

El adversario no tenía necesidad de ir a Roma por la respuesta y, entre otras bromas, ensartaba estos pareados:

Cállese usted, cojete;
cojo y recojo, cojo con bonete;
cojo con muletilla;
cojo y cojín con sudadero y silla;
cojo requiem-eterna
que se desencuaderna;
palitroque cojito;
muleta de costilla de mosquito;
mísero monigote,
cojo desde los pies hasta el cogote.

Pero ya es tiempo de entrar en la historia de las dos improvisaciones, historia a la que ha servido de introito todo el largo párrafo hasta aquí escrito.

*

Una noche charlábase sobre política, manjar de gente ociosa, entre los tertulios del café de Bodegones. Larriva había volteado la casaca y dejado de ser bolivarista. No se acordaba ya de que dos años antes, en 1826, había dicho en el discurso universitario, que ni con los ojos de la imaginación quería ver a Bolívar lejos del Perú, que la Fama necesitaba de clarín nuevo para ensalzar a un héroe tan grande como Alejandro, César y demás capitanes de la antigüedad, y pongo punto á las demás exageraciones lisonjeras. Ahora decía Larriva.

El tal don Simón
nunca ha sido santo
de mi devoción.

¡Desmemoriado poeta! A esa época de su vida pertenecen también estos popularísimos versos, que los peruanos repetimos siempre:

Cuando de España las trabas
en Ayacucho rompimos,
otra cosa más no hicimos
que cambiar mocos por babas.
Mudamos de condición;
pero fué sólo pasando
del poder de Don Fernando
al poder de Don Simón.

No había por aquel tiempo hombre ilustrado que, en la conversación familiar, y como entre col y col lechuga, no soltase un latinajo. No sabemos a propósito de qué objeción que, sobre sucesos o partidos políticos, hizo Echegaray, contestó Larriva .

-Puede que así sea. El potest ni los teólogos lo rechazan. Nihil dificile est

Y levantándose de la silla se dispuso a salir del café.

Echegaray lo detuvo, largándole á quemarropa este trabucazo:

Si nihil dificile est,
según tu lengua relata,
enderézate esa pata
que la llevas al revés.

Una salva de palmadas acogió la feliz redondilla. Larriva tomó vuelo, se terció el manteo, y poniendo la mano sobre el hombro de su rival en Apolo, contestó al pelo :

Cuando Dios hizo esta alhaja,
tan ancha de vientre y lomo,
no dijo: — Faciamus homo —
sino: — Faciamus tinaja.

No menos ruidosos aplausos obtuvo la improvisación de Larriva que los tributados á la de Echegaray.

¿En cuál de las dos improvisaciones hay mayor mérito? Decídalo el lector. De mí sé decir que no doy preferencia a la una sobre la otra. La lucha fue de bueno a bueno de potencia a potencia, de gallo a gallo.

(1) En 1872, es decir, años después de publicado este articulo, coleccionó Odríozola, en el tomo II de sus Documentos literarios las principales producciones de Larriva.