De sobremesa (Carriego)

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DE SOBREMESA


 Anoche, terminada ya la cena
y mientras saboreaba el café amargo,
me puse a meditar un rato largo:
el alma como nunca de serena.

 Bien lo sé que la copa no está llena
de todo lo mejor, y, sin embargo,
por pereza quizás, ni un solo cargo
le hago a la suerte, que no ha sido buena.

 Pero, como por una virtud rara
no le muestro a la vida mala cara
ni en las horas que son más fastidiosas,

 nunca nadie podrá tener derecho
a exigirme una mueca... ¡Tantas cosas
se pueden ocultar bien en el pecho!


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