Desterrado estaba el Cid

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Nota: Esta transcripción respeta la ortografía original de la época.


LXV



esterrado estaba el Cid
de la corte y de su aldea
de Castilla por su rey,
cansado de vencer guerras,
y en las venturosas armas
apenas las manchas secas
de la sangre de los moros
que ha vencido en sus fronteras;
y aun estaban los pendones
tremolando en las almenas
de las soberbias murallas
humilladas de Valencia,
cuando para el rey Alfonso
un rico presente ordena
de cautivos y caballos,
de despojos y riquezas.
Todo lo despacha á Burgos,
y á Alvar Fáñez que lo lleva,
para que lo diga al rey,
le dice d'esta manera:

«Díle, amigo, al rey Alfonso,
»que reciba su grandeza
»de un fidalgo desterrado
»la voluntad y la ofrenda,
»y que en este dón pequeño
»solamente tome en cuenta
»que es comprado de los moros
ȇ precio de sangre buena;
»que con mi espada en dos años
»le he ganado yo más tierras
»que le dejó el rey Fernando,
»su padre, que en gloria sea;
»que en feudo d’ello lo tome
»y que no juzgue á soberbia
»que con parias de otros reyes
»pague yo á mi rey mis deudas;
»que pues él como señor
»me pudo quitar mi hacienda,
»bien puedo yo como pobre
»pagar con hacienda ajena;
»y que juzgue que en su dicha
»son delante mis enseñas
»millaradas de enemigos
»como ante el sol las tinieblas;
»y espero en Dios que mi brazo
»ha de hacello rico, mientras
»la mano aprieta á Tizona
»y el talón fiere á Babieca;
»y en tanto mis envidiosos
»descansen, mientras les sea
»firme muralla mi pecho
»de su vida y de sus tierras,
»y entreténganse en palacio,
»y guárdense no me vendan,
»que del tropel de los moros
»soltaré una vez la presa

»y llegarán su avenida
ȇ ver entre sus almenas;
»y defiendan bien sus honras
»como manchan las ajenas;
»y si les diere en los ojos
»lo que les dió en las orejas,
»verán que el Cid no es tan malo
»como son sus obras buenas,
»y si sirven á su rey
»en la paz como en la guerra
»mentirosos lisonjeros
»con la espada ó con la lengua;
»y verá el buen rey Alfonso
»si son de Burgos las fuerzas,
»los caminos de ladrillo
»ó los ánimos de piedra:
»que le suplico permita
»se pongan esas banderas
ȇ los ojos del glorioso
»mi Príncipe de la Iglesia,
»en señal que con su ayuda
»apenas enhiestas quedan
»en toda España otras tantas,
»y ya me parto por ellas;
»y le suplico me envíe
»mis fijas y mi Jimena,
»d’esta alma sola afligida
»regaladas dulces prendas;
»que si nó mi soledad,
»la suya al menos le duela,
»porque de mi gloria goce
»ganada en tan larga ausencia.»
Mirad, Álvaro, no erréis:
que en cada razón de aquestas
lleváis delante del rey
mi descargo y mi limpieza.

Decidlo con libertad,
que bien sé que habrá en la rueda
quien mis pensamientos mida
y vuesas palabras mesmas.
Procurad que aunque les pese
á los que mi bien les pesa,
no lleven más que la envidia
de mí, de vos ni de ellas;
y si en mi Valencia amada
no me hallareis á la vuelta,
peleando me hallarédes
con los moros de Consuegra.