Dos cuentos populares

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Los que van á leerse no son fruto íntegro de mi cálamo. Me los envió un amigo, y sólo he tenido que alterar la forma.

I

Guardián de los franciscanos de Lima, por los años de 1816, era un fraile notable, más que por su ciencia y virtud, por lo extremado de su avaricia. Llegaba ésta al punto de mermar a los conventuales hasta el pan del refectorio.

El famoso padre Chuecas, que a la sazón era corista, fastidióse del mal trato; y en uno de los días del novenario de san Antonio, hallándose el guardián en un confesonario atendiendo al desvalijo de culpas de una vieja, subió nuestro corista al púlpito para rezar en voz alta la novena del santo lisbonense. Chuecas se propuso afrontar, en público, la tacañería del reverendo padre guardián, seguro, segurísimo de que las beatas contestarían como loros con el estribillo de costumbre.

Empezó así el corista:

Los frailes en las tarimas
y el guardián en los colchones...

a lo que las devotas contestaron en coro:

Humilde y divino Antonio,
ruega por los pecadores.

Y prosiguió el travieso fraile:

El guardián come gallina,
los frailes comen fréjoles...

y las rezadoras, sin darse cuenta de la pulla, volvieron á canturrear.

Humilde y divino Antonio,
ruega por los pecadores.

Y tornó fray Mateo Chuecas:

Todos los frailes en cueros
y el guardián buenos calzones...

y, dale que le darás, las hembras repitieron el consabido estribillo.

Y por este tono siguió el tunante corista cantándole á su superior las verdades del barquero.

Amostazóse, a la postre, el guardián, y sacando la cabeza del confesonario, dijo:

Baje del pulpito el pillo
antes que yo lo acogote...

y las beatas contestaron:

Humilde y divino Antonio,
ruega por los pecadores.

El corista obedeció, y su guardián lo plantó en la cárcel del convento, a pan y agua, por ocho días; pero la cosa llegó a oídos del arzobispo Las Heras, quien llamó al superior franciscano, le echó una repasata de padre y muy señor mío, y lo obligó a cambiar de conducta para con los conventuales que, gracias a la aguda iniciativa del corista Chuecas, se vieron desde ese día bien vestidos y mejor alimentados.


II


En el pueblo de ***(bautícelo el lector con el nombre que le cuadre) se veneraba como patrona a la Santísima Virgen. Andando los tiempos, la polilla que no respeta ni el manto real ni las efigies de los santos, les comió las orejas y el cuerpo, de modo que las puso inservibles para el culto. Visto lo cual, el señor cura, el alcalde, los sacristanes, los mayordomos, los notables y feligreses pertenecientes a ambas cofradías, se reunieron en junta solemne, y después de discusión más larga que la paciencia de un pobre, se acordó y resolvió hacer santos nuevos; y al efecto se nombró una comisión de cinco gamonales del pueblo para contratar la obra.

Ipso facto la comisión se dirigió a Lima y, después de averiguar por el tallador ó escultor de imágenes que de mayor fama disfrutara en la ciudad, ajustó contrato con don Pascual, y regresó con él al pueblo, donde se le recibió con música, camaretazos, repique y mesa de once. Brindó el alcalde, brindó el cura, brindaron los mayordomos, y cuando le llegó turno á don Pascual, éste dijo: que tenía a mucha honra el haber sido contratado para ejecutar obra de tanta importancia, y que el mal de polilla, de que adolecían con frecuencia los santos, provenía de la pésima calidad de las maderas o de torpeza del artista en la preparación del barniz; por ende, lo primero que había que hacer era escoger buenos troncos, y que para ello iría él mismo, acompañado de las autoridades y vecinos, de fuste, á recorrer el campo hasta dar con los troncos de que había menester. (Aplauso atronador del auditorio)

Al otro día, muy de madrugada, salió don Pascual con la comitiva, y después de recorrer gran trecho de monte sin dar con árbol que petase, llegaron a un sitio llamado el Romeral, en el cual se detuvo el artista, fijándose en un tronco hermoso que estaba frente a la choza de un pobre viejo, conocido por el apodo de ño Pachurro, tronco que le servía para amarrar su asno.

— Muchachos— exclamó gozoso don Pascual,— mano a las hachas, y á ver si en cuatro minutos cortamos este tronco, que no lo he visto mejor, en los días de mi vida, para hacer de él a la Virgen.

— ¡Alto, alto, caballeros!— brincó el viejo.~No aguanto infracción constitucional. ¿O soy peruano ó no soy peruano? El tronco es mío, y no lo dejo cortar sin que haya resuelto el supremo gobierno el expediente de utilidad y necesidad para expropiarme de mi propiedad; y aun así, si no se me paga el justo precio del tronco, tendremos pleito hasta que san Juan baje el dedo.

Como el alcalde y los cabildantes eran de la comitiva, y el ladino viejo hablaba en razón, entraron en componendas con él: y por cuatro duros de plata y una botella de cañazo, se convino en que, siendo el tronco bastante largo se cortara, do la parte de arriba, lo suficiente para labrar la imagen de la Virgen, dejando la de abajo para que No Pachurro atase su borrico.

Hecho el corte regresaron al pueblo como en procesión triunfal. siendo recibidos con muchas aclamaciones y vivas;y patán hubo que se arrodilló al pasar el tronco, como si fuera ya la misma Santísima Virgen, tributándole lo que la Iglesia llama culto de hiperdulía.


*

Transcurrieron tres días y, cuando don Pascual estaba ya acabando de descortezar y pulir el tronco, el señor cura volvió a convocar a junta solemne, y en ella expuso: que la fiesta del patrón san Saturnino, que se celebra mucho antes que la de la patrona, se venía encima, y que era más urgente hacer el santo; que, por consiguiente, el tronco que se había escogido para la Virgen se destinara para aquél, y que después se buscaría otro para la patrona. Hubo de parecer a todos sesuda la proposición, se comunicó lo resuelto á don Pascual, y éste labró la imagen del santo, que diz que salió una obra de arte...

El día de la fiesta y estreno de la imagen, le cantaron al santo las siguientes coplas:

Glorioso san Saturnino,
qué nunca os olvidéis vos
de que fuisteis escogido
para ser madre de Dios.
Naciste en el Romeral,
en frente de Ño Pachurro,
y el pesebre de su burro
vuestro hermano natural.
De raíz de árbol nacido,
sin pecado original,
has tomado forma humana
por obra de don Pascual.
Dios te libre de polilla,
y a nosotros del afán
de andar en busca de tronco
que te venga tas con tas.
De este modo tú en el cielo,
y nosotros por acá,
cantando tus alabanzas
tendremos la fiesta en paz.
Esperamos tus milagros,
nuevecito como estás,
y que no salgan diciendo
que el santo viejo hacía más.
Que viva san Saturnino
y que viva don Pascual,
y que todos nos juntemos
en la patria celestial,
y el señor cura también,
por siempre jamás, amén.