Ejemplar poético

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Ejemplar poético
de Juan de la Cueva



Epístola I[editar]

        Sobre el ingenio y arte disputaron  	 	
	Palas y el fiero hijo de la Muerte 		
	a quien del cielo por odioso echaron. 		

	    La sabia diosa su razón convierte 		
	en decir que el ingenio sin el arte 	  	
	es ingenio sin arte cuando acierte. 		

	    De estas dos causas seguiré la parte 		
	por do el ingenio inspira, el arte adiestra 		
	sin que de su propósito me aparte. 		

	    Si admite la deidad sagrada vuestra, 	  	
	Fébeas cultoras de Helicón divino, 		
	comunicarse a la bajeza nuestra. 		

	    Y adiestrándome vos por el camino 		
	de la vulgar rudeza desviado, 		
	a su brutez profana siempre indino, 	  	

	    llegaré al punto en que veréis cantado 		
	lo que el Arte al ingenio perfecciona, 		
	y de quien es, si ha de acertar, guiado. 		

	    Sujeto es que repuna y abandona 		
	de la mortal graveza la ignorancia, 	  	
	y con puros espíritus razona. 		

	    Entre ellos hace dulce consonancia, 		
	de quien recibe el numeroso acento 		
	que lo adorna de afectos, y elegancia. 		

	    Vos a quien Febo Apolo da su asiento 	  	
	y las Musas celebran en su canto 		
	y el vuestro escuchan con discurso atento; 		

	    en mi temor que dificulta tanto 		
	la extraña empresa, y me promete cierto, 		
	la caída en el vuelo que levanto: 	  	

	    por este perturbado mar incierto 		
	naufragando mi nave va a buscaros, 		
	pues sois mi norte, a que seáis su puerto. 		

	    No va cargada -gran Fernando- a daros 		
	ricas piedras de Oriente, ni preciosos 	  	
	aromas, con que pueda regalaros. 		

	    Dones son los que os lleva más gloriosos, 		
	de más estima, y de mayor riqueza 		
	para la eternidad más poderosos. 		

	    De esta segura suerte la grandeza 	  	
	se adquiere con los números, que el vuelo 		
	cortan al tiempo en su mortal presteza. 		

	    Estos, son los que igualan con el cielo 		
	los nombres, y así deben adornarse 		
	con esplendor cual su lustroso velo. 	  	

	    De muchas cosas deben apartarse, 		
	y otras muchas seguir precisamente 		
	y por ley unas y otras observarse. 		

	    El verso advierta el escritor prudente 		
	que ha de ser claro, fácil, numeroso 	 	
	de sonido, y espíritu excelente. 		

	    Ha de ser figurado, y copioso 		
	de sentencias, y libre de dicciones 		
	que lo hagan humilde u escabroso. 		

	    La elevación de voces y oraciones 	  	
	sublimes, muchas veces son viciosas 		
	y enflaquecen la fuerza a las razones. 		

	    Vanse tras las palabras sonorosas 		
	la hinchazón del verso, y la dulzura, 		
	tras las sílabas llenas, y pomposas. 	  	

	    Entienden que está en esto la segura 		
	felicidad y luz de la poesía 		
	y que sin esto es lo demás horrura, 		

	    Si el verso consta sólo de armonía 		
	sonora, de razones levantadas, 	 65 	
	ni fuerza a más, bien siguen esa vía. 		

	    Mas si las cosas han de ser tratadas 		
	con puntual decoro del sujeto 		
	faltaran, de ese modo gobernadas. 		

	    No explica bien el alma de un conceto 	  	
	el que se va tras el galano estilo 		
	a la dulzura del hablar sujeto. 		

	    Ni el que del vulgo sigue el común hilo 		
	en término, y razones ordinarias 		
	cual en su ditirámbica Grecilo. 	 	

	    Entrambas a dos cosas son contrarias 		
	a la buena poesía, en careciendo 		
	del medio, con las partes necesarias. 		

	    Caerá en el mismo yerro el que escribiendo 		
	puramente en lenguaje castellano 	  	
	se sale de él por escribir horrendo. 		

	    Cual ya dijo un poeta semi hispano 		
	el centimano Gigans que vibraba, 		
	que ni habló en romance, ni en romano. 		

	    Otro que de elevado se elevaba 	  	
	dijo, el sonoro son y voz de Orfeo, 		
	en mi espíritu interno modulaba. 		

	    Esta escabrosidad de estilo es feo, 		
	sin ingenio, y sin arte, que es la llave 		
	con que se abre el celestial museo. 	 	

	   Ha de ser el poeta dulce, y grave, 		
	blando en significar sus sentimientos, 		
	afectuoso en ellos, y suave. 		

	    Ha de ser de sublimes pensamientos, 		
	vano, elegante, terso, generoso, 	  	
	puro en la lengua, y propio en los acentos. 		

	    Ha de tener ingenio y ser copioso, 		
	y este ingenio, con arte cultivallo, 		
	que no será sin ella fructuoso. 		

	    Fruto dará, mas cual conviene dallo 	  	
	no puede ser, que ingenio falto de arte 		
	ha de faltar si quieren apretallo. 		

	    No se puede negar que no es la parte 		
	más principal, y que sin arte vemos 		
	lo que Naturaleza le reparte. 	

	    Y aunque es verdad que algunos conocemos 		
	que con su ingenio sólo han merecido 		
	nombre, lugar común les concedemos. 		

	    Que el nombre de poeta no es debido 		
	sólo por hacer versos, ni el hacellos 	 	
	dará más, que el hacello conocido. 		

	    Este renombre se le debe a aquellos 		
	que con erudición, dotrina, y ciencia 		
	les dan ornato que los hacen bellos. 		

	    Vístenlos de dulzura y elocuencia,	
	de varias y hermosas locuciones, 		
	libres de la vulgar impertinencia. 		

	    Hablan por elegantes circuiciones, 		
	usan de las figuras convenientes 		
	que dan fuerza a exprimir sus intenciones. 	 	

	    Los poetas que fueren diligentes 		
	observando la lengua en su pureza 		
	formarán voces nuevas de otras gentes. 		

	    No a todos se concede esta grandeza 		
	de formar voces, sino a aquel que tiene 	 	
	excelente juicio, y agudeza. 		

	    Aquel que en los estudios se entretiene 		
	y alcanza a discernir con su trabajo 		
	lo que a la lengua es propio, y le conviene. 		

	    Cuál vocablo es común, y cuál es bajo, 	  	
	cuál voz dulce, cuál áspera, cuál dura, 		
	cuál camino es seguido, y cuál atajo: 		

	    Este tiene licencia en paz segura 		
	de componer vocablos, y este puede 		
	enriquecer la lengua culta y pura. 	  	

	    Finalmente, al que sabe, se concede 		
	poder en esto osar, poner la mano, 		
	y el que lo hace sin saber, excede. 		

	    Por este modo fue el sermón romano 		
	enriquecido con las voces griegas, 	  	
	y peregrinas, cual lo vemos llano. 		

	    Y si tú que lo ignoras, no te allegas 		
	a seguir esto, y porque a ti te admira 		
	lo menosprecias, y su efecto niegas, 		

	    lo propio dice el Sabio de Stagira 	  	
	a quien Horacio imita doctamente 		
	en dulce, numerosa y alta lira. 		

	    Si formaren dicción, es conveniente 		
	que sea tal de la oración el resto 		
	que autoridad le dé a la voz reciente. 	 	

	    No se descuide en la advertencia de esto, 		
	y en cuáles son las letras con que suenan 		
	bien, y con cuáles mal lo que es compuesto. 		

	    Vocablos propios muchos los condenan 		
	por simples, mas las voces trasladadas 	  	
	y ajenas, por dulcísimas resuenan. 		

	    Voces antiguas hacen sublimadas 		
	con majestad y ser las oraciones, 		
	si las palabras son bien inventadas. 		

	    La oración hacen grave las dicciones 	 	
	inusitadas, y serás loado 		
	si cuerdamente ordenas, y dispones. 		

	    Una cosa encomienda más cuidado 		
	que en cualquiera sujeto que tratares 		
	siga siempre el estilo comenzado. 	  	

	    Si fuera triste aquello que cantares 		
	que las palabras muestren la tristeza 		
	y los afectos digan los pesares. 		

	    Si de Amor celebrares la aspereza, 		
	la impaciencia y furor de un ciego amante, 		
	de la mujer la ira y la crueza: 		

	    este decoro has de llevar delante 		
	sin mezclar en sus rabias congojosas 		
	cosa que no sea de esto semejante. 		

	    Si de cosas tratares deleitosas 	  	
	las razones es justo que lo sean; 		
	si de fieras, sean fieras y espantosas. 		

	    Acomoda el estilo que en él vean 		
	las cosas que tratares tan al vivo 		
	que tu designo por verdad lo crean. 	 	

	    Pinta al Satúrneo Júpiter esquivo 		
	contra el terrestre bando de Briareo 		
	y al soberbio Jayán, en vano altivo. 		

	    Celosa a Juno, congojoso a Orfeo, 		
	hermosa a Hebe, lastimada a Ino, 	  	
	a Clito bello, y sin fe a Tereo. 		

	    No estará la virtud en su divino 		
	trono entre el Ocio vil y Gula vana 		
	por ser lugar a su deidad indino. 		

	    Ni la corona sacra de Ariadna 		
	esmaltada de formas celestiales 		
	estará bien ciñendo frente humana: 		

	    estas partes son todas principales 		
	en el Arte, y si en ellas no se advierte 		
	errarán en las cosas esenciales. 	 	

	    Y vendrá a sucederles de la suerte 		
	que en la lira una cuerda destemplada 		
	en disonancia las demás convierte. 		

	    En la salud del hombre deseada 		
	una señal de muerte, en mil de vida, 	  	
	basta para que muera y sea acabada. 		

	    Si la obra en que tienes consumida 		
	con largo estudio, y con vigilia eterna 		
	la mejor parte de tu edad florida; 		

	    si abstinente de Baco, y de la tierna 	 	
	Venus, que los espíritus enciende 		
	y las almas destempla, y desgobierna: 		

	    Si Apolo que te inspira, la defiende 		
	si le faltó la parte de inventiva 		
	de do el alma poética depende: 	 	

	    no puede ufana alzar la frente altiva 		
	ni tú llamarte con soberbia Homero, 		
	si le hace la fábula que viva. 		

	    De este yerro culparon al severo 		
	Scalígero, y de esto anduvo falto 	  	
	en su Arte Poética el primero. 		

	    Castigo fue que vino de lo alto 		
	que él criticó al Obispo de Cremona 		
	y a él le dan por la inventiva asalto. 		

	    Así el que aspira a la Febea corona 	  	
	observe la Poética imitante 		
	que es la vía a la cumbre de Helicona. 		

	    Parte, ni fuerza tiene tan bastante, 		
	ni más vida, ni esencia, cuanto tiene 		
	de fábula, que en ella es lo importante. 	  	

	    Después de saber esto le conviene 		
	al pierio Poeta usar bien de ello 		
	como no exceda al Arte, ni disuene. 		

	    De tal modo es forzoso disponello 		
	que nadie inore, y sea a todos claro 	 	
	sin que la oscuridad prive entendello. 		

	    Ha de ser nuevo en la invención y raro, 		
	en la historia admirable, y prodigioso 		
	en la fábula, y fácil el reparo. 		

	    Ningún preceto hace ser forzoso 	  	
	el escribir verdad en la poesía, 		
	mas tenido en algunos por vicioso. 		

	    La obra principal no es la que guía 		
	solamente a tratar de aquella parte 		
	que de decir verdad no ¡se desvía. 	  	

	    Mas en saber fingilla de tal arte 		
	que sea verisímil, y llegada 		
	tan a razón, que de ella no se aparte. 		

	    Nicandro en su Triaca celebrada 		
	dicen que no es poeta, y que Lucano 		
	no lo fue en su Farsalia laureada. 		

	    Históricos los llama Quintiliano 		
	porque tanto a la Historia se llegaron. 		
	Poetas a Platón y Luciano. 		

	    Estos que en sus poesías se apartaron 	  	
	de la inventiva son historiadores 		
	y poetas aquellos que inventaron. 		

	    No se dan del Parnaso los honores 		
	por solo hacer versos, aunque hagan 		
	más que Favonio da a los Samios flores. 	  	

	    Cuando se alarguen más, y satisfagan 		
	al común parecer, en careciendo 		
	de intención, con poco honor les pagan. 		

	    Así, a los que este ingenio va encendiendo 		
	son metrificadores, no poetas 	 	
	cual fue Empedocles que lo fue siguiendo. 		

	    Di tú, que a la invención no te sujetas 		
	y quieres que tu fama sea gloriosa, 		
	¿sin ellas, cuáles obras hay perfetas? 		

	    Di, ¿cómo será especie de otra cosa 	 	
	aquella que debajo no estuviere 		
	de su género? o ¿cómo provechosa? 		

	    Cuando uno o más versos escribiere 		
	dando poemas cada día diversos, 		
	no es eso, lo que en esto se requiere. 	  	

	    Menos hace un poeta en hacer versos, 		
	que en fingir, y fingiendo satisface, 		
	y no fingiendo cuando sean más tersos. 		

	    Así, el que escribe al modo que le aplace 		
	sin sujetarse a reglas ni precetos, 		
	de estimación carece lo que hace. 		

	    Los versos de esta suerte más perfetos 		
	son oro con alquimia, o sin quilates, 		
	que valen, pero poco entre discretos. 		

	    No faltará quien llame disparates 	 	
	esto que voy diciendo, no entendido, 		
	ni tratado cual cumple que lo trates. 		

	    Y será tu razón, si en el oído 		
	suenan bien, si la lengua es propia y pura, 		
	alto el conceto, el verso bien medido. 		

	    Si de cualquier dición, común o dura, 		
	se aparta, y va esmaltado de sentencias 		
	y pone a cada paso una figura. 		

	    Si en las imitaciones, y licencias 		
	poéticas, se hace lo posible, 	 	
	déjennos ya estas críticas sentencias. 		

	    No tengas lo que digo por terrible, 		
	ni lo que tú respondes por seguro, 		
	ni a solo tu conceto por creíble, 		

	    Cuando tú hables en lenguaje puro, 		
	cuando sea tu canto levantado, 		
	cuando huya el vulgar y frasis duro. 		

	    ¿Qué piensas tú que importa ese cuidado 		
	si en lo que imitas perfección no guardas, 		
	hermosura en lenguaje, y verso ornado? 	 	

	    ¿Qué piensas tú que importa, cuando ardas 		
	el corazón, y el alma, alambicando 		
	el cerebro, tras ver lo que no aguardas? 		

	    Si en esas obras que te vas cansando 		
	ni enseñas, ni deleitas, que es oficio 	  	
	de los que siguen los que vas mostrando: 		

	    luego, razón será imputarle a vicio 		
	al que de esto se aparta en su poesía 		
	aunque se sueñe a Febo el más propicio. 		

	    En otro yerro incurre el que confía 	 	
	en adornar los versos de dicciones 		
	graves, dulces, que hagan armonía. 		

	    Si por subir de punto las razones 		
	usa vocablos altos aplicados 		
	en tiempos diferentes, y ocasiones. 	  	

	    Si los que son del tierno Aleman usados 		
	en la dulzura de la blanda lira, 		
	en la trompa de Homero son cantados. 		

	    Ni bien con ellos cantarán la ira 		
	de Marte, ni de Amor los sentimientos 		
	si del curso debido se retira. 		

	    A cada estilo apliquen sus acentos 		
	propios, a su propósito y decoro, 		
	no sólo tras la voz de los concentos. 		

	    Febo se agrada y su piério coro 		
	que se use en la lírica terneza 		
	el verso dulce, fácil y sonoro. 		

	    Y por el consiguiente a la grandeza 		
	heroica, aplica los vocablos fieros 		
	con que se sinifique su fiereza. 	 	

	    Peregrinos vocablos, y extranjeros 		
	sirven a su propósito, y mezclallos 		
	permitido, es también con los íberos. 		

	    Mas deben con tal orden aplicallos 		
	que su economía y su decoro sea 	  	
	en el nuevo idioma trasladallos. 		

	    El que en este propósito desea 		
	alabanza, guardando los precetos 		
	junte al provecho aquello que recrea. 		

	    Y tome solamente los sujetos 	 	
	a que su ingenio más se aficionare 		
	sin que en ellos violente los efetos. 		

	    Vaya por donde el mismo le guiare 		
	sin torcer, ni hacelle repunancia 		
	que imposible será si no acertare. 	 	

	    El ingenio da fuerza a la elegancia 		
	es la fuente, y el alma a -la inventiva, 		
	y sin él, todo hace disonancia. 		

	    Mas importa advertir, que cuando esquiva 		
	un sujeto, que huyan de forzallo, 	  	
	que de acertar, formándolo, se priva. 		

	    Cual acontece al marcial caballo 		
	revolver rehusando la carrera 		
	sin poder arte o fuerza gobernallo: 		

	    Mas si el diestro jinete considera 	  	
	la causa oculta, y con mudalle el puesto 		
	hace lo que al apremio no hiciera. 		

	    Claro tenemos el ejemplo de esto 		
	en el que hizo el «Sueño» a la viuda, 		
	y a Venus el jardín tan deshonesto. 	 	

	    Que siempre fue su Musa tosca y muda, 		
	en no siendo lasciva y descompuesta, 		
	y en siendo obcena, fácil fue y aguda. 		

	    Otra Musa siguió los pasos de ésta 		
	y de su mala inclinación el uso 	 	
	cual en sus torpes obras manifiesta; 		

	    que ninguna de muchas que compuso 		
	de sujetos de ingenio y regalados 		
	dejó de dar molestia y ser confuso; 		

	    y como fuesen versos aplicados 	 	
	a pullas, que era el centro de su ingenio, 		
	fue admirable y los versos extremados. 		

	    Yo conocí un poeta cuyo genio 		
	se aplicó siempre a varios argumentos, 		
	y en especial a los que el dato Ennio. 	 	

	    Astro no dio favor a sus intentos, 		
	ni jamás hizo cosa en que no viesen 		
	lánguidos versos, bajos pensamientos. 		

	    Y como sus amigos le advirtiesen 		
	del bruto estilo, y zafia compostura, 	 	
	y los propios escritos lo dijesen: 		

	    echó de ver que toda su escritura 		
	era sin arte y llena de rudeza, 		
	sin medida, ni buena contextura. 		

	    Que las cosas comunes sin alteza 	  	
	en lugares sublimes colocaba, 		
	y las sublimes las ponía en bajeza. 		

	    Que en los sagrados épicos usaba 		
	concetos ordinarios, inorando 		
	la majestad que en ellos demandaba. 		

	    Que nos les iba a sus escritos dando 		
	hermosura con flores y figuras, 		
	que en variedad los fuesen esmaltando. 		

	    Que las diciones ásperas y duras 		
	no supo corregir, y usando de ellas 		
	las nuevas ofuscó y dañó las puras. 		

	    Sin alcanzar, después de no entendellas, 		
	consistir la ecelencia a la Poesía 		
	en variedad de elocuciones bellas. 		

	    En esta congojosa fantasía 		
	su triste y laso espíritu rendido 		
	a mil perturbaciones le ofrecía. 		

	    Lleno de confusión, entristecido, 		
	rompió el silencio, levantando al Cielo 		
	la voz diciendo, de dolor movido: 		

	    ¡Oh, tú, Deidad que el tenebroso velo 		
	de la caliginosa sombra ahuyentas 		
	con luz divina, esclareciendo el suelo. 		

	    ¡Oh, tú que los espíritus alientas 		
	y con tu influjo celestial inspiras 	 	
	las que en tu solio y a tu lado asientas: 		

	    Y coronando de laurel sus liras, 		
	su gloria haces cual la tuya eterna, 		
	y hombres y orbes con su canto admiras. 		

	    Si el mío tu sacro espíritu gobierna, 	  	
	si en mis escritos invoqué tu nombre, 		
	y en la dulzura de mi Musa tierna: 		

	    dime, ¡ay de mí!, ¿por qué no hallo un hombre, 		
	ya que tú desdeñas de escucharme, 		
	que en oyendo mis versos no se asombre? 		

	    ¿Dejo de trabajar, y fatigarme 		
	en el cómico y trágico argumento, 		
	y en las sátiras libres desvelarme? 		

	    ¿Dejo de hacer notorio el sentimiento 		
	de mis ansias, en élegos llorosos, 		
	y en líricos suaves mí tormento? 		

	    ¿Dejo de celebrar héroes famosos 		
	en verso heroico, a Marte consagrado, 		
	y en épicos, oráculos gloriosos? 		

	    Si en esto, como sabes, he gastado 	 	
	mi alegre juventud, y en alabanza 		
	de dioses cien mil himnos he cantado, 		

	    ¿por qué permites sin hacer mudanza 		
	que en tan infame abatimiento vea 		
	de mis largos trabajos la esperanza, 	  	

	    y que no hay sabio ni hay vulgar que lea 		
	mis obras, que no vuelva el rostro dellas 		
	el que más las alaba y lisonjea? 		

	    ¿Es justo así que sufra escarnecellas? 		
	¿Es justo así ver yo menospreciallas? 	 	
	¿Es justo así que dejes tú ofendellas? 		

	    Si no es justo, y tú debes amparallas, 		
	como deidad suprema y retor suyo, 		
	acude, ¡oh, sacro Apolo!, a remediallas. 		

	    Acude a este sufragáneo tuyo, 	 	
	acude, Apolo, a la infelice suerte 		
	en que en tan triste deshonor concluyo. 		

	    Revélame algún arte con que acierte 		
	a hacerme estimar y ser de aquellos 		
	a quien tu aliento en otro ser convierte. 		

	    Ya podiste sacar alguno dellos 		
	de oficios viles de alquilada gente, 		
	y preferir los cómicos más bellos. 		

	    Y de un sueño podiste solamente 		
	hacer poeta al que guardaba cabras 	 	
	y que en tu coro junto a ti se asiente. 		

	    Estas no son quimeras, ni palabras; 		
	cosas son pregonadas y sabidas 		
	que en tus divinas oficinas labras. 		

	    Cosas son a ti Bolo concedidas, 	 	
	y a quien ofrezco humilde y congojoso 		
	estas húmidas lágrimas vertidas. 		

	    Esto diciendo, le juntó un sabroso 		
	sueño los blancos párpados, quedando 		
	a su dulzor rendido con reposo. 	 	

	    Y estuvo de esta suerte reposando 		
	lo que la oscura sombra cubrió el mundo, 		
	con Febo, según dijo, consultando. 		

	    Y resultó de allí, que en su profundo 		
	sueño, le reveló el conocimiento 	  	
	de aquello en que su ingenio era fecundo. 		

	    Sacudió el perezoso encogimiento 		
	que tenía sus nervios impedidos 		
	con la dulzura del netáreo aliento. 		

	    Revolvió sus papeles conocidos 	  	
	de tantos años, con afanes tantos 		
	sustentados a fuerza y defendidos. 		

	    Y dijo, ya no quiero más quebrantos 		
	en esta ceguedad, sirva el anillo 		
	de Ciges que deshaga estos encantos. 	 	

	    El ingenio que supo mal regillo, 		
	arrebatado de él, cativo y ciego 		
	por tantos disparates, di en seguillo; 		

	    ahora que a la sacra luz me llego 		
	estas obras que hice sin seguilla, 		
	contra mi natural, mueran en fuego. 		

	    Sin más hablar, ¡oh, extraña maravilla! 		
	que un hombre así con su opinión casado 		
	poder tan fácilmente reducilla: 		

	    Y cuanto tenía escrito y trabajado 	 	
	por este parecer que eligió solo 		
	sin dejar hoja, al fuego fue entregado. 		

	    Y por acuerdo, cual decía, de Apolo 		
	siguió lo que en su ingenio le ditaba, 		
	y lo demás que le dañó, dejólo. 		

	    Y de tal modo desde allí observaba 		
	las leyes de su ingenio, que ninguna 		
	por ocasión ni fuerza traspasaba. 		

	    conociendo contraria su fortuna 		
	de lo que fue, huyó constantemente 	 	
	cuanto el ingenio con hastío repuna. 		

	    dio en hacer coplas de plebeya gente 		
	sin majestad heroica ni artificio, 		
	en que su natural era ecelente. 		

	    A Séneca dejó el lloroso oficio 	 	
	de la tragedia, a Plauto y a Cecilio 		
	de la vulgar comedia el ejercicio. 		

	    Cantar las armas remitió a Virgilio, 		
	al de Ascra de Dioses -y labores, 		
	a quien dio Apolo celestial auxilio. 	 	

	    La lírica dulzura y los amores 		
	a Horacio y a Tibulo, y al fogoso 		
	Juvenal murmurar vicios y honores. 		

	    Y un argumento humilde, aunque gracioso, 		
	eligió, que su ingenio lo dispuso, 		
	en que ecedió al más alto y generoso, 		

	    Libre del Caos que le traía confuso, 		
	cantó, en heroico plectro la ecelencia 		
	de la Tarasca, con ingenio infuso. 		

	    Cantó su natural y descendencia, 		
	el origen, la causa, el fundamento 		
	de hacer en Sevilla su asistencia. 		

	    Por qué sale en tal fiesta y con qué intento 		
	se le entregó a la gente que la tiene 		
	a su cargo, y dó fue su alojamiento. 		

	    Esto vistió de cuanto en sí contiene 		
	un heroico poema, sin faltalle 		
	parte de cuantas observar conviene. 		

	    De aquí nació seguille, y estimalle, 		
	y entre los más ilustres escritores 	 	
	la Tarascana nombre eterno dalle. 		

	    Mereció conseguir estos honores 		
	porque siguió su ingenio y dejó aquello 		
	que fue ocasión de todos sus errores. 		

	    Cherillo mereció de no hacello 	 	
	la poca estimación, y la memoria 		
	que en tal abatimiento fue a ponello. 		

	    De la gloriosa Atenas la vitoria 		
	contra Jerjes cantó, de ingenio opreso 		
	y cómo, opreso así, le dio la gloria. 	  	

	    Tenga el poeta en la memoria impreso 		
	esto, y con este ejemplo no se aparte 		
	de lo que tengo del ingenio expreso, 		

	    quél es la forma y la materia el Arte.

Epístola II[editar]


        Con nueva voz y, espíritu divino  	 	
	aspirado de vos, prosigo el canto 		
	que de toda alabanza haréis dino. 		

	    Y entre las musas del Pierio santo 		
	en igual armonía el nombre vuestro 	 
	la mía celebre, sin dudoso espanto. 		

	    Bien conozco cuán próspero y cuán diestro 		
	tengo el cielo en teneros de mi parte 		
	cual bien en mi empezada labor muestro. 		

	    Algunos quieren que llamemos Arte 	 
	esta que llamo epístola, y algunos 		
	dicen que de estos títulos se aparte. 		

	    Poético Ejemplar me dicen unos 		
	que se diga, y no sé cómo es posible 		
	no ser tales renombres importunos. 	

	    Por ellos considero, y veo visible 		
	vibrar la horrible lanza al pecho mío 		
	que a Lycambe la muerte dio terrible, 		

	    y no por eso han de hallar vacío 		
	en que sus vanos silogismos puedan 	
	caber, ni su insolente desvarío. 		

	    Que cuando a mi trabajo se concedan 		
	la gloria que los sabios le conceden; 		
	los que dejan de serlo, no lo vedan. 		

	    Ni puedes más del modo que proceden, 	 
	que tocar en la haz con sucias heces, 		
	mientras los tiempos desta suerte rueden. 		

	    Y en cuanto que los rígidos jueces 		
	llenos de austeridad, y oscuro estilo 		
	de la Parca letal toman las veces. 	 

	    Y aunque Minerva labre el sutil hilo 		
	y sea labor de su divina mano 		
	lo profanan y entregan a su filo. 		

	    Yo que con vuestro aliento surco ufano 		
	el proceloso mar de su fiereza 	 
	donde es inútil el remedio humano. 		

	    Acudo a que me ayude la grandeza 		
	de vuestra excelsitud, para que cante 		
	de nuestro español verso la belleza. 		

	    De nuestro español verso el elegante 	 
	método, el armonía y la dulzura 		
	a la griega y latina semejante. 		

	    En qué verá el que sabe de escritura 		
	ser capaz de admitir cuántos sujetos 		
	ofrece la poética letura. 	 

	    Y los que fueren dotos y discretos 		
	halláranse en las coplas castellanas 		
	aptas para explicar altos concetos. 		

	    En noble antigüedad en las grecianas 		
	liras se halla, en el trocaico verso 	 
	que es el nuestro, y lo propio en las romanas. 		

	    Esto es notorio en todo el universo, 		
	esto dicen los sabios escritores 		
	y esto hace y conoce el más adverso. 		

	    Esto vemos cantar de los mayores 	
	que su número y sílabas guardaron, 		
	cual hizo Anacreón y otros autores. 		

	    Los poetas modernos le aplicaron 		
	la consonancia propia que tenía 		
	en la lengua vulgar que le hallaron. 	

	    Deste género vemos cada día 		
	algunas coplas hechas en Italia, 		
	faltas de su donaire y gallardía. 		

	    Que a sola España concedió Castalia 		
	por natural, cantar en su idioma 	
	liras de Marte y fuegos de Acidalia. 		

	    Y el que en el suyo fuera deste toma 		
	trabajo de escrebir, es propiamente 		
	corneja, que ni es cuervo ni paloma. 		

	    A imitación del lacio diligente 	 
	nuestros números sacros resonaron 		
	en la gálica lira en voz ardiente. 		

	    De amor los blandos juegos celebraron 		
	con más feliz espíritu que fueron 		
	los italos y más se levantaron. 	 	

	    Mas en la perfección en que pusieron 		
	nuestros mayores esta compostura 		
	a todas las naciones prefirieron. 		

	    En ninguna se halla la dulzura 		
	que en la nuestra, la gracia y la terneza, 	 
	la elegancia, el donaire y hermosura. 		

	    Si aplicallo quisieres a la alteza 		
	heroica, cual ya hizo Juan de Mena, 		
	bien lo puedes fiar de su grandeza. 		

	    Si a pasiones de amor, si a llanto y pena, 	 
	con Garci-Sánchez puedes conformarte 		
	cuya musa de gloria el mundo llena. 		

	    Si a fábulas quisieres aplicarte, 		
	a cartas, epitafios y otras cosas, 		
	Don Diego en él nos ha enseñado el arte. 	 

	    Baltasar del Alcázar en graciosas 		
	epigramas lo usó, y el numeroso 		
	Burguillos en sus dulces y altas glosas. 		

	    El singular en gracia, el ingenioso 		
	Lope de Rueda, el cómico tablado 	 
	hizo ilustre con él, y deleitoso. 		

	    El gran Pedro Mejía, el extremado 		
	Juan Iranzo, en las justas de los santos 		
	en que fue el uno y otro laureado. 		

	    En este verso celebraron tantos 	 
	cuántos vemos en santas alabanzas 		
	que en las suyas resuenan hoy los cantos. 		

	    Y si la fatal suerte en sus mudanzas, 		
	ínclito Duque, el vuelo refrenara 		
	dejándonos lograr las esperanzas; 	 

	    y vuestro fébeo padre se lograra 		
	a la tebana y a la lesbia lira, 		
	con la dulzura dél aventajara. 		

	    Mas a pesar de su implacable ira 		
	vivirá en nuestra bética ribera 	 
	Fernando en cuanto el sol los orbes gira. 		

	    Nuestros antiguos de la edad primera 		
	celebraron en él sus inmortales 		
	proezas, sin que el nombre dellas muera. 		

	    Si estos versos acaban en vocales, 	 
	son más dulces, más tersos y elegantes 		
	y apartándose de ellas no son tales. 		

	    Si dar quisieres a los consonantes 		
	voces agudas, puedes, conociendo 		
	los lugares y causas importantes. 	 

	    Siempre es forzoso en ellos ir diciendo 		
	nuevas cosas, y nunca se consiente 		
	palabra ociosa el número supliendo. 		

	    La copla será buena puramente 		
	que en agudeza acabe o en sentencia, 	
	y la que no, por buena no se cuente. 		

	    No son de menos gloria y ecelencia 		
	los antiguos romances, donde vemos 		
	en el número igual correspondencia. 		

	    La antigüedad y propiedad tenemos 	 	
	de nuestra lengua en ellos conservada 		
	y por ellos lo antiguo conocemos. 		

	    Cantar en ellos fue costumbre usada 		
	de los godos, los hechos gloriosos, 		
	y dellos fue en nosotros trasladada. 	 

	    Las rapsodias que usaron los famosos 		
	griegos, fueron sin duda de esta suerte 		
	y los areitos índicos llorosos. 		

	    Con ellos se libraban de la muerte 		
	y la injuria del tiempo sus hazañas 	 
	y vivía el varón loable y fuerte. 		

	    Dellos los heredaron las Españas 		
	casi en el mismo tiempo que cantaban 		
	los regujíos en todas las montañas. 		

	    La mesma ley que guardan hoy guardaban 	 
	los antiguos, usar los disonantes, 		
	y esto con gran veneración usaban. 		

	    Por viciosos tenían los consonantes, 		
	y más si eran agudas las dicciones 		
	y por buenas las voces más distantes. 	 	

	    Fueron siempre estas dos composiciones 		
	tenidas en España en grande estima 		
	hasta que entraron nuevas invenciones. 		

	    Llamo nuevas, que el número a la rima 		
	del grave endecasílabo, primero 	 
	floreció, que en el Lacio, en nuestro clima. 		

	    El provenzal antiguo, el sacro ibero 		
	en este propio número cantaron, 		
	antes que dél hiciese el Arno, impero. 		

	    El Dante y el Petrarca lo ilustraron 	 	
	y otros autores y esto les debemos, 		
	a ellos que de nosotros lo tomaron. 		

	    La justa posesión que dél tenemos 		
	que a la musa de Tajo y catalana 		
	se atribuye, tampoco la apliquemos. 	 

	    Primero fue el Marqués de Santillana 		
	quien le restituyó de su destierro 		
	y sonetos dio en lengua castellana. 		

	    He querido aclarar el ciego yerro 		
	en que viven aquellos que ignorando 	  	
	esto, siguen la contra yerro a yerro. 		

	    El que en ellos escribe irá notando 		
	la variedad de suertes que hay en ellos 		
	que van sujetos varios demandando. 		

	    Mas tienes de advertir en el hacellos 	 
	que tengan once sílabas y mires 		
	la contextura que los hace bellos. 		

	    Y que siempre te guardes y retires 		
	que en agudo no acabes el acento 		
	Porque la una sílaba no tires. 	 

	    Boscán dijo sin más conocimiento: 		
	«aquella reina que en la mar nació», 		
	Y uso deste troncado abatimiento. 		

	    Y Garcilaso dijo y no advirtió: 		
	«Amor, Amor, un hábito vestí», 	 	
	y don Diego en mil versos los usó. 		

	    Lo mesmo ahora habrá de ser de mí 		
	que citando los versos que dijeron 		
	incurro en los que siempre aborrecí. 		

	    Al verso que cortaron, e hicieron 	 
	los agudos el número diverso 		
	de nueva otra advertencia le añidieron. 		

	    Que para ser cabal, ornado y terso 		
	no hiera en la penúltima, y al hiere 		
	hará de doce sílabas el verso. 	 

	    De Lasso por ejemplo se refiere: 		
	«El río le daba dello gran noticia», 		
	en que alargar el número se infiere. 		

	    «De mi muerte y tu olvido la noticia» 		
	dijo el Conde de Gelves, y Malara 	
	«Donde de mis desdichas no hay noticia». 		

	    Si, con esto tu ingenio se prepara 		
	no te aconsejo que al cerebro apliques 		
	cosa de cuantas la memoria aclara. 		

	    Deja los preparados alfeñiques 	 
	la alquermes cordial, las cornerinas; 		
	no te acuerdes de jugos, ni alambiques. 		

	    No estragues la virtud con medicinas 		
	y dietas, ni tomes de ordinario 		
	eleboro, anacardo y mastiquinas. 	 

	    Que no hará el jugoso letuario 		
	que hagas buenos versos, sino el Arte, 		
	que es la perfecta hierba y herbolario. 		

	    Como della tu escrito no se aparte 		
	y te guíe el ingenio llanamente, 	 
	puedes entre estas musas ocuparte 		

	    El verso suelto pide diligente 		
	cuidado en el ornato y compostura, 		
	en que vicio ninguno se consiente. 		

	    Porque como la ley estrecha y dura 	 
	del consonante no le obliga o fuerza 		
	con ningún atamiento, ni textura, 		

	    la elegancia y cultura en él es fuerza 		
	que supla la sonora consonancia 		
	con que el verso se ilustra y se refuerza. 	 

	    Y así hará enfadosa disonancia 		
	si aquella parte principal no llenan 		
	de admiración, o cosas de importancia. 		

	    A cualquier verso lánguido condenan, 		
	flaco, o infelice en número o estilo, 	 
	y del nombre de verso lo enajenan. 		

	    Siempre deben huir del común hilo, 		
	desviarse de bajos pensamientos, 		
	seguir la alteza y majestad de Esquilo. 		

	    Aplícanlos a heroicos argumentos 	  	
	cual hacen al hexámetro latino, 		
	no a tiernos y a llorosos sentimientos. 		

	    Esto rió el sofístico Aretino 		
	en su pungiente epístola a Trebacio, 		
	que una elegía hizo en ellos al de Urbino. 	 

	    Donde se pone a disputar despacio 		
	a quién, a dónde y cómo han de aplicarse 		
	en que llenó un burlesco cartapacio. 		

	    No se pueden valer ni aprovecharse 		
	de licencias poéticas, ni absuelven 	 
	vicios de impropiedad para excusarse. 		

	    Pobres son de concetos los que envuelven 		
	muchas historias, fábulas, sentencias, 		
	y en esto sus intentos se resuelven. 		

	    Llama pobreza, y llama impertinencias 	 	
	amontonar gran copia de figuras, 		
	aunque digan en ellas ecelencias. 		

	    Andan los que esto hacen tan a scuras 		
	como aplicar los élegos llorosos 		
	fuera de Venus, a discordias duras. 	 

	    Son yerros tan impropios y viciosos 		
	como vestir de púrpura a los ríos 		
	y los reyes de cárbasos muscosos. 		

	    A éstos siguen otros desvaríos 		
	que en vana ostentación hacen su asiento 	 
	de que Dios guarde los intentos míos. 		

	    Que es mostrar general conocimiento 		
	de antigüedad, y cosas improbables 		
	llevando la lección por fundamento. 		

	    Advierte, que el ser raras y agradables 	  	
	al oído, si son dificultosas 		
	y ascondidas, no pueden ser loables. 		

	    Después de ser cansadas y enfadosas 		
	del modo que has oído, son pesadas, 		
	confusas, sin provecho y enojosas. 	 

	    Todas son cosas libres y excusadas 		
	en el noble escritor, y dinamente 		
	de los buenos ingenios condenadas. 		

	    Sigue en esto el decoro de prudente 		
	y no estimes en tanto que te alaben 	 
	cuanto que el sabio junto a sí te asiente. 		

	    Esto sienten aquellos que bien saben, 		
	y esto saben aquellos que bien sienten, 		
	en quien Minerva y las virtudes caben. 		

	    Muchas cosas permiten y consienten 	 
	las licencias poéticas, y veo 		
	muchas que no sé yo se exenten, 		

	    Y si no fuera licencioso y feo, 		
	ajenos yerros pregonar, yo diera 		
	más ejemplos que rayos da Cirreo. 	 

	    Y por ventura algunos advirtiera 		
	que el vulgo estima y loa la inorancia 		
	que alguna obstinación se redujera. 		

	    Esto hace al sujeto repunancia, 		
	y se ve más culpable en tratar dello 	 
	que en dejallo, aunque es justo y de importancia. 		

	    Lo que escribes importa disponello 		
	que al tiempo, ni al lugar, id a la persona 		
	falte el decoro ni al lenguaje bello. 		

	    Cuando en vulgar de España se razona 	 	
	no mezcles verso extraño, como Lasso: 		
	«Non essermi passato oltra la gonna». 		

	    Otro afligido en un lloroso paso 		
	dijo sus desventuras lamentando: 		
	«Debrían de la pietá romper un sasso» 	 

	    Don Guillén de Casaus a don Fernando 		
	en muerte de doña Angela su esposa 		
	«In tristo humor vogli occhi consumando». 		

	    Cualquiera cosa destas es viciosa 		
	no la debe usar el que no quiero 	 
	padecer la censura rigurosa. 		

	    El que verso elegíaco escribiere 		
	debe considerar que la grandeza 		
	trágica, ni la cómica, requiere. 		

	    Siga un medio entre ambas, que en la alteza 	 	
	de estilo a la tragedia no se iguale 		
	ni a la comedia imite en la llaneza. 		

	    Quien de estas dos proposiciones sale 		
	hace que mude en género de efeto, 		
	y los quilates no le da que vale. 	 	

	    En su lloroso y lamentable afecto 		
	en sentimientos tristes y afliciones, 		
	en miserias de amor, en llanto, aprieto, 		

	    en quejas y afligidas narraciones, 		
	en congojosas iras y gemidos 	 
	se aplican en las trágicas acciones. 		

	    En las comedias pueden ser oídos 		
	entre el celo rabioso y la mudanza 		
	de la astuta ramera a sus rendidos. 		

	    En alegres favores de privanza, 	 
	en fríos desdenes, en astucias viles 		
	de siervo, o en afetos de venganza. 		

	    Sin que trates de Alcestes ni de Aquiles 		
	en el sublime estilo, ni lo abatas 		
	a Sosia, o Davo, en condición serviles. 	 	

	    Las voces deste verso han de ser gratas 		
	al oído, no duras ni afetadas 		
	ni ajenas de la elegia de que tratas. 		

	    Han de ser las elegias lastimadas, 		
	blandas, tiernas, suaves, tersas, claras, 	 
	sin ser de historia o fábula ofuscadas. 		

	    Si por descuido en esto no reparas 		
	no le das a la elegia lo que debes 		
	y le quitas el ser, y tú disparas. 		

	    Y pues tratamos della, porque lleves 	 
	más entera noticia y puedas dalla 		
	no así, cual piensan, con razones leves. 		

	    Has de saber que en la elegía se halla 		
	que abraza el verso lírico, y el blando 		
	epigrama, do puedes procuralla. 	 	

	    Mas advierte que yéndola buscando 		
	hallarás conocida diferencia, 		
	aunque a la una y otra esté abrazando. 		

	    De su esplendor consiste la ecelencia 		
	en la estrechez del consonante asido 	 	
	a la tercera rima en asistencia. 		

	    El decoro guardando que has oído 		
	hará florida, ilustre y agradable 		
	la elegía, y a tu nombre esclarecido. 		

	    Dejando ya el estilo lamentable 	 	
	al misivo la pluma enderecemos 		
	que no es menos difícil que loable. 		

	    Y lo primero que advertir debemos 		
	que la epístola abunda de argumentos 		
	varios, donde ampliamente la ocupemos. 	 

	    Sirve para amorosos sentimientos 		
	casi como la elegía, si levanta 		
	más el estilo, voz y pensamiento. 		

	    Cosas en ella de placer se canta, 		
	sucesos en viajes dilatados 	 	
	y a varias digresiones se adelanta. 		

	    Son a chacota y mofas dedicados 		
	los versos della y pueden si agradare 		
	ser en mordientes sátiras usados. 		

	    Ha de tener quien della se encargare 	
	fácil dispusición, copiosa vena, 		
	ingenio que ni inore ni repare. 		

	    De imitaciones vaya siempre llena 		
	puestas en su lugar precisamente, 		
	que de otra suerte es tanto que disuena. 	 

	    Dicen si van en parte diferente 		
	que son puertas sacadas de su quicio 		
	que ni adornan, ni sirven a la gente. 		

	    Pocos advierten de excusar un vicio 		
	cometido de muchos escritores 	 
	que se alzan con todo este ejercicio. 		

	    Y sin que se censuren son censores 		
	de fáciles descuidos y usan ellos 		
	epítetos y frasis de oradores. 		

	    De quien se dice, y bien, que el no entendellos 	 
	hace esa micelánea, y no es tan leve 		
	que haya dispensación para absolvellos. 		

	    El propio nombre inoro que se debe 		
	al que el que ajenas obras conocidas 		
	de otros autores aplicarse atreve. 	 
	    Y con dos o tres sílabas movidas, 		
	y una dición de su lugar trocada 		
	las da en su nombre para ser leídas. 		

	    El que esto hace, y no repara en nada 		
	y de ajenos trabajos se aprovecha 	 
	hace lo que la esponja en agua echada; 		

	    que tomada en la mano, si se estrecha 		
	da el humor propio que tenía cogido 		
	sin dar cosa, aunque da, de su cosecha. 		

	    Al que de oficio tiene estar rendido 	
	a hurtar el conceto, o pensamiento, 		
	o el verso ya del otro referido, 		

	    le sucede de modo que al hambriento 		
	que come lo contrario y lo dañoso 		
	a su salud, aunque le dé contento. 	 

	    Que en comiéndolo queda muy gustoso 		
	saboreando el gusto al apetito, 		
	sin entender que hay más que aquel reposo. 		

	    Así, el que hurta del ajeno escrito, 		
	aunque luego le agrada y le recrea, 	 
	le ofende al noble honor tan vil delito. 		

	    Hace que el vulgo libremente vea 		
	su cortedad de ingenio, y manifieste 		
	por suya aquella obcenidad tan fea. 		

	    Y justamente hace que le cueste 	 
	las plumas que le quiten y la fama, 		
	sin que remedio a reparalle preste. 		

	    Dios libre a mis amigos desta llama, 		
	y a los demás a gracia reducidos 		
	vayan por donde la razón los llama. 	 

	    Tres modos hay por donde son regidos 		
	los que en ajenas obras ponen mano 		
	y son con fuertes leyes compelidos. 		

	    Unos imitan del sermón romano, 		
	otros hurtan, y otros puramente 	 
	traducen de otra lengua en castellano. 		

	    La imitación en tiempo conveniente 		
	es lícita, y licencia permitida 		
	al ingenio más alto y ecelente. 		

	    Si es de idioma ajeno deducida 	 
	en el nuestro, o imitándola en concreto, 		
	o siendo a su propósito vestida. 		

	    Puede el más doto y puede el más discreto 		
	en sus obras usar de imitaciones, 		
	entre sabios tenidas por preceto. 	 

	    Del hurtar, sin que usemos de razones 		
	que de nuevo lo aclaren, están claras 		
	del uso dél las bajas condiciones. 		

	    Y (a) sí tú, que lo sigues y lo amparas 		
	con adotiva musa, que alimenta 	 	
	la vana ostentación con que la aclaras, 		

	    mira que ese furor icareo intenta 		
	en ese vuelo tu mortal ruina 		
	y abatimiento, en vez de honrosa cuenta. 		

	    Es el modo tercero la divina 	 	
	tradución, tan difícil cuan gloriosa 		
	al que observa el decoro a su dotrina. 		

	    Su ley es inviolable, y religiosa, 		
	tratada con lealtad y verdad pura, 		
	que ni pueden quitar ni añadir cosa. 	 

	    Una ececión mitiga esta ley dura 		
	que obliga al que traduce, aunque se aparte 		
	de la letra, siguiendo su escritura, 		

	    a conservar y aun mejorar con arte 		
	la grandeza, primor y la ecelencia, 	 
	original, sin ofender la parte. 		

	    También se le concede por licencia 		
	que no se obligue a voz ni a consonancia, 		
	sino al conecto, al número y sentencia. 		

	    Al espíritu, frases y elegancia 	 
	y propiedad de lengua, levantando 		
	el estilo en las partes de importancia. 		

	    Desto los arquetipos desgustando 		
	promulgan una ley precisa y justa 		
	al imitante con rigor mandando: 	 

	    que si Leusin de imitaciones gusta 		
	no adjudique por suyo lo imitado, 		
	pues no dispensa tal la ley augusta. 		

	    Y danles mandamiento rubricado 		
	de Apolo, a Colindón, y a Magancino, 	 
	poéticos malsines del juzgado, 		

	    que vayan cada cual por su camino, 		
	y al que no les hiciere manifiesto: 		
	ejecuten la ley del descamino. 		

	    Mudando ya deste discurso puesto, 	 
	vuelvo al final propósito que sigo 		
	temiendo en tantas burlas ser molesto. 		

	    Y entre las cosas de importancia digo 		
	que use el poeta cándidas razones 		
	si aceto quiere ser, y a Febo amigo, 	 

	    que el concurso de hórridas diciones 		
	huya, y evite encuentro de vocales 		
	que sonar hacen mal las oraciones. 		

	    Los poetas que aspiran a inmortales 		
	condenan el echar a un sustantivo 	 
	tres adjetivos, aunque sean iguales. 		

	    Cual el que dijo, en un dolor esquivo: 		
	«Amor cruel, indómito, tirano, 		
	por quien en muerte acerba y cruda vivo». 		

	    Otro dijo: mi mal ha hecho ufano 	 	
	«la dulce, alegre y fresca primavera, 		
	con hoja, flor y fruto soberano». 		

	    Otro dijo: «¡Ay, Amor, qué hay en tu esfera 		
	sulfúreo ardiente, horrible, eterno fuego 		
	donde mis ansias crecen sin que muera!» 	 	

	    Al censor de estos términos me llego, 		
	y así se lo aconsejo a cualquier hombre, 		
	y si fuere mi amigo se lo ruego, 		

	    que de ellos huya, y que también se asombre 		
	como de ver fantasmas, por vicioso, 	 
	el gerundio poner jamás por nombre. 		

	    No faltará un sofista curioso 		
	que desentrañe a Servio y a Donato 		
	y diga que el gerundio es poderoso 		

	    a levantar el verso, y darle ornato, 	 
	y que lo hace grave, concluyendo 		
	que sin razón lo infamo y lo maltrato. 		

	    Y habrá mil apoetados que leyendo 		
	esto dirán que son triviales cosas 		
	y que las pueden enseñar durmiendo. 	 	

	    Que tienen mil autores y mil glosas 		
	de donde las tomé y queriendo vello 		
	no verán maravillas milagrosas. 		

	    Que dellos sabrán esto sin sabello, 		
	y que dellos dirán en sus corrillos 	  	
	que dellos puede Apolo, desprendello, 		

	    que dellos inflamando los carrillos 		
	los llenarán cual Bóreas de aire vano 		
	que al Pindo aun sea difícil resistillos. 		

	    Y a la cordura dándole de mano 	 
	darán voces diciendo ciegamente: 		
	«Cuanto ha dicho está escrito en castellano. 		

	    Ya sabemos el río desta fuente 		
	que es donde el cisne se baño de Apolo 		
	con que se fertiliza su corriente». 	 

	    Al que supiere le respondo sólo 		
	por sólo responder, no respondiendo 		
	a los que Esgueva hacen a Pactolo. 		

	    Y estoy de su metáfora riendo 		
	dina por cierto del nativo tronco 	 
	que va musas y grajas revolviendo. 		

	    Y aplican a este coro un cisne ronco 		
	sin ver que la dulzura de su canto 		
	es graznar en estilo zafio y bronco. 		

	    Si me atrevo a hablar y hablo tanto, 	 
	es porque los poetísimos entiendan 		
	que no es para aquí cisne tan maganto. 		

	    Y si sus ojos con estambre vendan, 		
	que es a lo jumental, conozcan desto 		
	que otros métodos hay de donde aprendan. 	 

	    De los primeros tiene Horacio el puesto 		
	en números y estilo soberano 		
	cual en su Arte al mundo es manifiesto. 		

	    Scalígero hace el paso llano 		
	con general enseñamiento y guía; 	 
	lo mismo el doto Cintio y Biperano. 		

	    Maranta es ejemplar de la poesía, 		
	Vida el norte, Pontano el ornamento, 		
	la luz Minturno, cual el sol del día. 		

	    Estos, y otros con divino aliento, 	 
	enseñen lo que el cisne no ha cantado 		
	ni le pudo pasar por pensamiento. 		

	    Y habiendo de esto tanta copia dado 		
	que llenar pueden dello mil Parnasos 		
	y a Febo laurear con lo enseñado, 	 	

	    Acuden todos a colmar sus vasos 		
	al oceano sacro de Stagira 		
	donde se afirman los dudosos pasos, 		

	    se eterniza la trompa y tierna lira. 		

Epístola III[editar]


        Voces me da el temor de mi osadía  	 	
	que remita tan célebre sujeto 		
	al autor sacro de la luz del día. 		

	    Tiéneme en esto la razón sujeto 		
	con los ejemplos que me trae delante 	  	
	que testimonio dan de mi defeto. 		

	    Que no fue tanto el amador constante 		
	oponerse al stigio y duro encuentro 		
	y enternecer el muro de diamante: 		

	    ni entrar Alcides al tartáreo centro, 	 	
	ligar el can, quitar de la cadena 		
	el amigo, que opreso tenían dentro; 		

	    cuánto mi Musa de temores llena 		
	emprender cosa que el poder humano 		
	repuna, y el divino le condena. 	 	

	    Mas este miedo vergonzoso allano, 		
	gran Señor, con teneros de mi parte 		
	y el premio espero conseguir ufano. 		

	    Y en los versos que ahora ofrece el Arte 		
	del cómico, y bucólico, y el claro 	
	trágico, igual al épico de Marte. 		

	    Con tan felice y tan seguro amparo 		
	bien puedo proseguir, sin que me impida, 		
	el cobarde temor del vulgo avaro. 		

	    Es preceto por ley establecida 	 	
	que hable pura, casta y propiamente 		
	el poeta, y en lengua conocida. 		

	    Que no mezcle vocablo diferente 		
	con mudar letras, o añadir diciones, 		
	sino cual pide el Arte, y, se consiente. 	 

	    Sea griego, o latino, o de naciones 		
	bárbaras, aplicado y bien dispuesto 		
	es usado de célebres varones. 		

	    Mas no se entiende que ha de ser compuesto 		
	de esclavón y germano, y mixturado 	  	
	de aquella suerte en otra lengua puesto. 		

	    Esto, del modo que ha de ser usado 		
	con la decencia y culto que conviene 		
	en otra parte queda ya tratado. 		

	    Y en esta digo es justo se condene 	  	
	el que corrompe voces naturales 		
	cual hizo Aldricio así escribiendo a Irene: 		

	    «Eres oficinaria de mis males, 		
	indómita, crüel, lisonginosa, 		
	de corruscantes ojos penetrales.» 	 	

	    Otro dijo en un ansía congojosa: 		
	«ay me, que por estar alonjinada 		
	manipulando estoy mi faz llorosa.» 		

	    Otro al de Gelves, «en la fuerte espada 		
	ecedes al más ínclito herostano», 	 
	de Heros, ved si hay voz tan mal formada. 		

	    De suerte, que hablando en castellano 		
	si de extranjera voz se aprovecharen 		
	no huyendo lo impuro es ser profano. 		

	    A los que desta el paso desviaren 	  	
	van caminando a ser reprehendidos. 		
	y a despeñarse cuando bien se amparen. 		

	    De dos archipoetas conocidos 		
	una murmuración oí a un poeta 		
	(porque usaban vocablos ascondidos. 	 	

	    Sclopetum llamaban la escopeta, 		
	estapeda decían al estribo, 		
	famélica curante a la dieta. 		

	    Al maldiciente le decían cancivo, 		
	a la casa común de la vil gente 	  	
	público alojamiento del festivo. 		

	    Carnes prívium, llamaban comúnmente 		
	a las carnestolendas, y así usaban 		
	de aquesta afectación impertinente. 		

	    A los propios vi un día que negaban 	  	
	la diferencia en todos los sujetos 		
	y unas voces al alto y bajo daban. 		

	    Al épico y al cómico en concetos 		
	hacían iguales, y reían negando 		
	el arte, y despreciaban los precetos. 	 	

	    Cual el vulgar sacrílego inorando, 		
	con brutez, de las armas la destreza 		
	y su infalible afeto no alcanzando, 		

	    aplica el buen suceso a la presteza, 		
	o a la determinada confianza, 	  	
	negando del preceto la certeza. 		

	    de modo, que por esta semejanza 		
	al fuerte Sayas se opondrá Segura 		
	y el vulgar diestro al único Carranza. 		

	    Esto es ajeno todo de cordura 	  	
	sin proporción, ni buen conocimiento 		
	hacer tan ciega y bárbara mixtura. 		

	    Y si no me llevara el pensamiento 		
	arrebatado a empresa de más gloria 		
	no dejara indiciso este argumento. 	 	

	    Mas volviendo al discurso y la memoria 		
	de las composiciones, se me ofrece 		
	la que ilustra la fábula y la historia. 		

	    Esta es la rima otava en quien florece 		
	la heroica alteza y épica ecelencia, 	 
	y en dulzura a la lírica engrandece. 		

	    Hácense con alguna diferencia 		
	respondiendo las voces terminadas 		
	con variación distinta en su cadencia. 		

	    Mas en poema, aquellas son usadas 	 	
	en que el Bocacio su Teseida canta 		
	de quien primero fueron inventadas. 		

	    En variar sujetos se adelanta 		
	a cuantas composturas hoy tenemos, 		
	y en estilo se abaja, o se levanta. 	 	

	    No desdeña que en cuentos la apliquemos 		
	ni en comedias en largas narraciones, 		
	ni en las tragedias tristes della usemos. 		

	    En glorias amorosas, en pasiones, 		
	en burlas, veras, mofas, risa, llanto, 	 	
	elogios, epitafios, descripciones: 		

	    a todo se acomoda, y en su canto 		
	parece bien, guardando propiamente 		
	el decoro, que en ella importa tanto. 		

	    Dureza de diciones no consiente 	 
	ni letras que le causen aspereza 		
	ni del verso detengan la corriente. 		

	    Pide soltura, y quiere la presteza 		
	en el decir, sin que le ocupe cosa; 		
	hermosura en los versos y pureza. 	 	

	    No guarda ley en acabar forzosa, 		
	cuando quiere, y del modo que le agrada, 		
	puede con facultad licenciosa. 		

	    Esta licencia no será otorgada 		
	al soneto, que es lícito y no puede 	 	
	alterar de su cuenta limitada. 		

	    Y cuando en esto alguna vez ecede, 		
	y aumenta versos, es en el burlesco, 		
	que en otros, ni aun burlando se concede. 		

	    Esto usó con donaire truhanesco 	 
	el Bernia, y por su ejemplo ha sido usado 		
	este épodo, o cola, que aborrezco. 		

	    Sólo en aquel sujeto es otorgado, 		
	mas en soneto grave, o amoroso, 		
	por sacrílego insulto es detestado. 	 

	    Tiénese de tratar con generoso 		
	espíritu, y huir que en él se hallo 		
	dición humilde, ni vocablo ocioso. 		

	    Con armonía tienes de adornalle, 		
	en las rimas con gracia y hermosura, 	  	
	toda pureza y, elegancia dalle. 		

	    Huir de toda oscuridad procura, 		
	y de escrebir de modo diferente 		
	que se habla, y hablar en lengua puro. 		

	    Usar licencia en él no se consiente 	  	
	ni cosa alguna que al oír ofenda, 		
	ni, a los números sea desconveniente. 		

	    Entre algunos poetas hay contienda 		
	sobre si el verso puede o no cortarse, 		
	y hay quien nos diga en contra y quien defienda. 	  	

	    Y tantos pareceres oigo darse, 		
	con tanta variedad, y diferencia, 		
	que hay duda a cuál huir, o a cuál llegarse. 		

	    Y tengo por vulgar impertinencia 		
	no hacello, y hacello con eceso 	 
	condenaré, si vale mi sentencia. 		

	    Así, el que se desvela y trata en eso 		
	y del Ruscelli observa los precetos, 		
	que sobre el caso escribe un gran proceso: 		

	    Guardando la ecelencia a los sonetos, 	  	
	el debido candor, y exornaciones 		
	a la dispusición de los concetos: 		

	    no se ate a seguir observaciones 		
	que el uso,,y natural le irán mostrando, 		
	y de dotos escritos las leciones. 	 	

	    Desta incisión por ley van condenando 		
	al que en el primer verso en los cuarteles 		
	o en los tercetos della fuere usando. 		

	    Y condénanlo a penas tan crueles 		
	que como a heresiarca lo relajan 	  	
	los acroes del señor de los laureles. 		

	    Por este modo en la unión se encajan 		
	y del influjo apolíneo se envisten 		
	y al néctar dulce con acíbar cuajan. 		

	    Huyen los que este inepto coro asisten. 	 	
	siguen los que en el ménalo dichoso 		
	en paz sabrosa la ambición resisten. 		

	    Donde puedes quieto, y con reposo 		
	consonar con las musas blandamente 		
	y con Apolo el verso numeroso. 	 

	    Y lo que el ciego Dipsas no consiente 		
	con rudeza, o crueldad, será admitido 		
	del que es menos severo y más prudente. 		

	    No estés del temor desto enflaquecido, 		
	ni a tu lira le niegues la sonora 	 	
	canción, de afeto y ánimo encendido. 		

	    Canta la causa en ella, y causadora 		
	de la ardiente pasión del ciego amante 		
	que el desdén ama, y la crueza adora. 		

	    En estilo sublime y elegante, 	 
	en oración pulida y castigada 		
	numerosa, y de espíritu constante; 		

	    limpia, eficaz, y en voces regalada 		
	cual de Píndaro fue y del Lesbio Alceo, 		
	esta poesía mélica cantada. 	 

	    Y si quieres que llegue tu deseo 		
	adonde aspira, que es a la dulzura 		
	del número, en que tantas fuerzas veo, 		

	    la suavidad le viene y la blandura 		
	de nunca o, pocas veces las vocales 	 	
	colidir, o juntar en su textura. 		

	    Donde en número casi son iguales 		
	las vocales y graves consonantes, 		
	dulces serán los versos y cabales. 		

	    Landísima es la L y cuando cantes 	 	
	dulzuras, usa della, y dale asiento 		
	que a las semivocales la adelantes. 		

	    De la R usarás cuando el violento 		
	euro contrasta al boreas poderoso 		
	con hórrido furor su movimiento. 	 	

	    La S al blando sueño y al sabroso 		
	sosiego has de aplicar, y desta suerte 		
	guarda el decoro a las demás cuidoso. 		

	    Y sobre todas una cosa advierte 		
	que con tal armonía se concierte; 	 	
	que el concurso de sílabas que usares 		

	    que en sus colocaciones y lugares, 		
	regalen y deleiten los oídos, 		
	que es propio de poetas singulares. 		

	    Estos advertimientos entendidos 	 
	en la ilustre canción prosigue, y mira 		
	que la adornes de afectos encendidos. 		

	    De toda aquella novedad que admira 		
	gracia, elegancia, lenidad, blandura 		
	y voces que consuenen en la lira. 	 

	    Con advertencia singular procura 		
	que siempre levantada sea en concetos, 		
	siempre agradable, y si empre con dulzura. 		

	    Usa en ella de muchos epitetos 		
	que al verso dan dulzura, y hermosean, 	  	
	y por ellos se expresan los afetos. 		

	    Los versos que los ánimos recrean 		
	altos, y de la plebe desviados 		
	les hace la perífrasis que sean. 		

	    Con ella son maníficos, y ornados 	 
	de jocunda belleza y lozanía, 		
	cual deben ser en la canción usados. 		

	    Acomódase siempre esta poesía 		
	a variedad de números, y extiende 		
	a todos argumentos su armonía. 	 	

	    Divídese en estancias, y el que entiende 		
	la gravedad de su cultura bella 		
	con lasamiento ni durez la ofende. 		

	    Obligan al que hubiere de hacella 		
	que veinte versos tenga cada estanza 	  	
	no más, y nueve los menores della. 		

	    En esta ley ha habido tal mudanza 		
	que de cinco hasta veinte las tenemos, 		
	y una del Conde a veinte y tres alcanza. 		

	    Dicen que de alabanza carecemos 	 	
	si una canción hacemos a un sujeto 		
	y más de quince estanzas le ponemos. 		

	    Contra este ruscélico preceto 		
	don Pedro de Guzmán hizo al Olvido 		
	una canción, y traspasó el decreto. 	  	

	    Sin ser dél, ni sus leyes compelido 		
	el culto Cangas hizo en tres canciones 		
	la descripción de Pafo y la de Gnido. 		

	    Célebre fue y loada de varones 		
	la del ingenioso y doto Sayas, 	  	
	sin sujetarse a lacias opiniones. 		

	    Así, letor, cuando estos pasos vayas 		
	no tengas miedo, que si haces esto 		
	desmerezcas el lauro con sus vayas, 		

	    debes anteponer a lo propuesto 	  	
	la variación de números que hacen 		
	venusto este poema, y bien dispuesto. 		

	    En la estanza primera como aplacen 		
	al gusto, o al oído en la textura 		
	las rimas, de aquel modo las enlacen. 	  	

	    Mas ha de ser, que en esta ligadura 		
	mudar no puedan consonancia della, 		
	que es detestable objeto de censura. 		

	    De versos cortos tienes de hacella 		
	con los endecasílabos mezclados 	  	
	que he de ser dulce la hacen alta y bella. 		

	    Faltará a la canción do son usados 		
	los cortos, o los largos, solamente 		
	quien oídos le dé desocupados. 		

	    Canción de versos cortos, no consiente 	  	
	majestad en estilo, porque aspira 		
	a la dulzura de ellos conveniente. 		

	    Para las consonancias de la lira 		
	es la de endecasílabos austera 		
	poco agradable, y della se retira. 	 	

	    Así deben tejerse de manera 		
	que la dulzura temple la aspereza 		
	y consuene la dulce con la fiera. 		

	    Quieren también que gocen desta alteza 		
	la sextina, y el nombre le conceden 	  	
	de canción, igualándola en pureza. 		

	    Dar a una estanza solamente pueden 		
	seis versos, con las voces diferentes, 		
	que sin ninguna trabazón proceden. 		

	    Son al fin de los versos convenientes 	  	
	dos sílabas, de nombres sustantivos 		
	y aquí los verbos son impertinentes. 		

	    Concetos altos, pensamientos vivos. 		
	Voces puras, sonoras, regaladas 		
	demandan, con ilustres adjetivos. 	  	

	    Las consonancias dellas van trabadas 		
	sexta y primera, quinta con segunda 		
	cuarta y tercera, sin que sean trocadas. 		

	    Aquella será ilustre y más jocunda 		
	que varïare más, y más dijere, 	 305 	
	Y de terneza, y más conceto abunda. 		

	    Si doblar las estanzas te pluguiere 		
	de seis en doce, no te dan licencia 		
	que mudes voz ninguna que tuviere. 		

	    Es ley, que no la ecenta preminencia, 	 	
	encerrar en tres versos solamente 		
	a los seis consonantes sin violencia. 		

	    Esto advirtiendo el doto, y el prudente, 		
	Y el que menos noticia tiene dello 		
	hará lo que es forzoso y conveniente. 	  	

	    Bien sé que habrá quien diga sin sabello, 		
	después de habello visto que lo sabe 		
	mejor que yo he sabido disponello. 		

	    Y que el aéreo síndico en quien cabe 		
	la eolia toda en su porosa testa 	  	
	haya por do lo escrito no se alabe. 		

	    Pudiera darle al síndico respuesta, 		
	y al nosequé del coro patriarchesco, 		
	que tanto haber un título le cuesta. 		

	    Y preguntar si es término burlesco 	 	
	entre sacras deidades colocarse 		
	y a sus lados pintarse al óleo y fresco. 		

	    Si es decoro decente figurarse 		
	en sus ideas, profanas, por divinos, 		
	y a divinos querer aventajarse. 	  	

	    Si es de espíritus puros o malinos 		
	desanimar los justos y los sabios 		
	con sus calificados desatinos. 		

	    Si es de sabios llamar a todos Babios; 		
	y al más glorioso y de mayor estima 	  	
	siempre en su ofensa calentar los labios. 		

	    Betis se injuria desto y se lastima 		
	Híspalis, y ofendida pide al cielo 		
	los tales lance en la volcánea sima. 		

	    ¿Qué irritación es ésta? o ¿cuándo suelo 	  	
	declarar tales vicios, ni ofenderme 		
	de lo que es plaga general del suelo?. 		

	    Aquí, de mi razón pienso valerme 		
	que contra maceadores censurantes 		
	sola y desnuda puede defenderme. 	  	

	    Si en lengua pura, y versos elegantes. 		
	numerosos, corrientes, tersos, puros, 		
	ligados con forzosos consonantes; 		

	    sin sujetarme los precetos duros 		
	del Arte, mis precetos acomodo 	  	
	no por cansados términos, ni oscuros; 		

	    y en ello tengo dicho en nuevo modo 		
	lo que al posible mío fue posible, 		
	que no en todo se puede decir todo; 		

	    ¿por qué de Vulgio la infestión horrible 	 	
	ha de empavorecer mi pensamiento 		
	ni retraerme de él su voz risible? 		

	    Vaya adelante mi honoroso intento 		
	y al son ahora de la agreste Musa 		
	cantemos el bucólico argumento. 	  	

	    Cantemos en el verso que rehusa 		
	la alteza urbana a Ménalo agradable 		
	que la zampoña y voz pastoral usa. 		

	    Del dios de Arcadia siempre fue loable 		
	la fístula y los árcades famosos 	 	
	por ella, y su alabanza perdurable. 		

	    Usáronla en sus cantos amorosos, 		
	en sus luchas y juegos pastorales 		
	entre bosques, y árboles frondosos. 		

	    En ella fue, y en verso humilde a Pales 	 	
	la custodia encargada del ganado 		
	de los partos, contagios y otros males. 		

	    En este verso no ha de ser cantado 		
	el horrible Creonte, o crudo Atreo, 		
	ni sujeto de Marte, o Jove airado. 	 	

	    Cantarán los pastores su deseo 		
	a su rústico Pan o a Fauno antigo 		
	sin salirse de Ménalo, o Liceo; 		

	    del fértil pasto, o del seguro abrigo, 		
	del tiempo alegre, o desabrido invierno, 	  	
	del cierzo odioso, o de favonio amigo. 		

	    Esto ha de ser en verso humilde y tierno. 		
	que al sujeto sea clara semejanza, 		
	sin voz que deje el pastoral gobierno. 		

	    Aquel será más dino de alabanza 	  	
	que la silvestre musa ejercitare 		
	entre redes, apriscos y labranza. 		

	    Y si al dardo y sabueso la aplicare 		
	o al fugitivo amor de la ascondida 		
	ninfa, y por él los montes lastimare, 	  	

	    con justa estimación será leída 		
	la égloga, que destos argumentos 		
	en ríos, prados, selvas fuere oída. 		

	    Y aunque se aplique a varios pensamientos 		
	porque admite sujetos diferentes 	  	
	el amatorio es fin de sus intentos. 		

	    El blanco adonde tiran las más gentes 		
	es éste, y los antiguos que lo usaron 		
	lo dieron por ejemplo a los presentes. 		

	    Entre las cosas que guardar mandaron 	 	
	son, que hable el pastor con los pastores 		
	en aquello que sólo ejercitaron. 		

	    De la caza si fueren cazadores; 		
	si pescador, de nasas y garlitos; 		
	si labrador, del campo y sus labores. 	  	

	    No han de ser sus rancores infinitos 		
	ni sus pasiones con violento daño, 		
	ni amor adulterado de apetitos. 		

	    En sus rabiosos celos no haya engaño 		
	que administre venganza ni crueza, 	  	
	ni suceso que cuenten por extraño. 		

	    Lo que trataren todo sea llaneza, 		
	con propiedad conforme al ejercicio 		
	guardando en él la erótica pureza. 		

	    Tiénese en una égloga por vicio 	  	
	que una persona vaya, y otra venga, 		
	aunque administren diferente oficio. 		

	    Tres personas no más quieren que tenga, 		
	y éstas, que sin moverse de un asiento 		
	digan aquello que a su fin convenga. 	 	

	    No quieren que se encuentre en argumento 		
	una con otra, y esto estrechan tanto, 		
	que dicen que ni en voz, ni en pensamiento. 		

	    La que en una persona en gozo o llanto 		
	concluye su argumento, es más gustosa, 	 	
	y la de dos, en diferente canto. 		

	    Quieren también que sea ley forzosa 		
	que no pase de diez el que hiciere 		
	églogas, y no sé el que dio en tal cosa. 		

	    Y si un auto de Apolo no exhibiere 	 	
	al eglógrafo absuelvo, porque inoro 		
	en qué delito incurra el que ecediere. 		

	    Esto es lo del otro cita o moro, 		
	que promulgó la bárbara herejía 		
	contra España, que ilustra el cintio coro, 	  	

	    diciendo que no estaba la poesía, 		
	del Pirineo acá, bien entendida, 		
	sin dar otra razón que su osadía. 		

	    Quedara esta inorancia establecida 		
	entre la gente, ajena de cordura; 	  	
	de invidia, y odio, y deslealtad regida. 		

	    Si Apolo que su propio honor procura 		
	en nuestra dota España no tuviera 		
	trasladado su espíritu y dulzura. 		

	    Esto diga del Tajo la ribera 	  	
	fertilizado con el sacro Lasso, 		
	cual del céfiro alegre primavera. 		

	    O el mantuano Dauro que el Parnaso 		
	con abundante vena de oro riega, 		
	y al Tebro y Arno les impide el paso. 	  	

	    Y tú ¡oh, fecundo Betis!, cuya vega 		
	enriqueció la sacra musa albana 		
	que a los confines celestiales llega. 		

	    Sed aquí el testimonio al que profana 		
	la española deidad, pues a la vuestra 	  	
	no se puede negar que es soberana. 		

	    Y si no fuere a mi deseo siniestra 		
	la inevitable suerte, y me dejare 		
	gozar el aura de la vida nuestra; 		

	    haré que el pensamiento desampare 	  	
	la oscura Pafo, y siga el claro Delo 		
	por do la amada Erato lo llevare; 		

	    y con voz libre del común recelo 		
	que se oirá ribombar en Elicona 		
	subiré, España, tu alabanza al cielo. 	  	

	    Y a despecho del bando que pregona 		
	cosa tan desviada de lo cierto, 		
	te ornará Febo y te honrará Belona. 		

	    Y primero del orden y concierto 		
	faltarán los efetos naturales, 	  	
	y en dar su luz Apolo será incierto. 		

	    Pacerán juntos peces y animales 		
	por los montes, las aves y serpientes 		
	en perpetua amistad serán iguales. 		

	    Que el nombre tuyo y letras ecelentes 	  	
	borre la invidia, ni la sacra fama 		
	deje de celebrar de gente en gentes. 		

	    Si de ti la bucólica se ama, 		
	y quieres hacer églogas, conviene 		
	otra nueva advertencia que te llama. 	  	

	    Gran parte de ella de su ser contiene 		
	del común uso y trato la desvías, 		
	y el origen te enseña de do viene. 		

	    Compónense de odas y elegías; 		
	de coros de tragedias, y de algunas 	 	
	partes líricas, y otras poesías. 		

	    Si destas soledades te importunas, 		
	y ya huyendo quieres desviarte 		
	de las montañas, prados y lagunas, 		

	    dellas, si gustas, quiero acompañarte, 	  	
	al cómico teatro, adonde veas 		
	la fábula ingeniosa recitarte. 		

	    Dirás que ni la quieres ni deseas. 		
	que no son las comedias que hacemos 		
	con las que te entretienes y recreas. 	 	

	    Que ni a Ennio ni a Plauto conocemos, 		
	ni seguimos su modo ni artificio, 		
	ni de Nevio ni Accio lo hacemos. 		

	    Que es en nosotros un perpetuo vicio 		
	jamás en ellas observar las leyes 	 	
	ni en persona, ni en tiempo, ni en oficio 		

	    Que en cualquier popular comedia hay reyes, 		
	y entre los reyes el sayal grosero 		
	con la misma igualdad que entre los bueyes. 		

	    A mí me culpan de que luí el primero 	 	
	que reyes y deidades di al tablado 		
	de las comedias traspasando el fuero. 		

	    Que el un acto de cinco le he quitado, 		
	que reducí los actos en jornadas, 		
	cual vemos que es en nuestro tiempo usado. 	  	

	    Si no te da cansancio y desagradas 		
	desto, oye cuál es el fundamento 		
	de ser las leyes cómicas usadas. 		

	    Y no atribuyas este mudamiento 		
	a que faltó en España ingenio y sabios 	  	
	que prosiguieran el antiguo intento. 		

	    Mas siendo dinos de mojar los labios 		
	en el sacro licor aganipeo, 		
	que enturbian Mevios y corrompen Babios; 		

	    huyendo aquella edad del viejo ascreo 	  	
	que al cielo dio y al mundo mil deidades 		
	fantaseadas de él, y de Morfeo; 		

	    introdujimos otras novedades, 		
	de los antiguos alterando el uso, 		
	conformes a este tiempo y calidades. 	 	

	    Salimos de aquel término confuso 		
	de aquel caos indigesto, a que obligaba 		
	el primero que en plática las puso. 		

	    Huimos la observancia que forzaba 		
	a tratar tantas cosas diferentes 	 	
	en término de un día que se daba. 		

	    Ya fueron a estas leyes obedientes 		
	los sevillanos cómicos, Guevara, 		
	Gutierre de Cetina, Cozar, Fuentes. 		

	    El ingenioso Ortiz, y aquella rara 	  	
	musa, de nuestro astrífero Mejía, 		
	y del Menandro, bético Malara. 		

	    Otros muchos que en esta estrecha vía 		
	obedeciendo el uso antiguo fueron 		
	en dar luz a la cómica poesía. 	 	

	    Y aunque alcanzaron tanto, no ecedieron 		
	de las leyes antiguas que hallaron 		
	ni aun en una figura se atrevieron. 		

	    Entiéndese que entonces no mudaron 		
	cosa de aquella ancianidad primera 	  	
	en que los griegos la comedia usaron. 		

	    O por ser más tratable o menos fiera 		
	la gente, de más gusto o mejor trato, 		
	de más sinceridad que en nuestra era; 		

	    que la fábula fuese sin ornato, 	  	
	sin artificio, y corta de argumento, 		
	no la escuchaban con desdén ingrato. 		

	    El pueblo recebía muy contento 		
	tres personas no más en el tablado 		
	y a las dos solas explicar su intento. 	  	

	    Un gabán, un pellico y un cayado; 		
	un padre, una pastora, un mozo bobo, 		
	un siervo astuto y un leal criado. 		

	    Era lo que se usaba, sin que el robo 		
	de la espartana reina conociesen 	 
	ni más que el prado ameno, el sauce o pobo. 		

	    Tuvo fin esto, y como siempre fuesen 		
	los ingenios creciendo y mejorando 		
	las artes, y las cosas se entendiesen, 		

	    fueron las de aquel tiempo desechando, 	 	
	eligiendo las propias y decentes 		
	que fuesen más al nuestro conformando. 		

	    Esta mudanza fue de hombres prudentes 		
	aplicando a las nuevas condiciones 		
	nuevas cosas que son las convenientes. 	  	

	    Considera las varias opiniones, 		
	los tiempos, las costumbres que nos hacen 		
	mudar y variar operaciones. 		

	    Estas cosas no sé si te desplacen 		
	por ser contra tu gasto su extrañeza 	 	
	aunque en probable ejemplo satisfacen, 		

	    Oyelas con el ánimo y pureza 		
	que se te ofrecen, que razones justas 		
	con la verdad se templa su aspereza. 		

	    Si del sujeto comenzando gustas 	 
	y a él se inclina tu afición dichosa 		
	y con el mío el modo tuyo ajustas, 		

	    confesarás que fue cansada cosa 		
	cualquier comedia de la edad pasada, 		
	menos trabada y menos ingeniosa 	 	

	    Señala tú la más aventajada 		
	y no perdones griegos ni latinos 		
	y verás sí es razón la mía fundada. 		

	    No trato yo de sus autores dinos 		
	de perpetua alabanza que estos fueron 	 	
	estimados con títulos divinos. 		

	    No trato de las cosas que dijeron 		
	tan fecundas, y llenas de ecelencia 		
	que a la mortal graveza prefirieron. 		

	    Del arte, del ingenio, de la ciencia 	 
	en que abundaron con felice copia 		
	no trato, pues lo dice la experiencia. 		

	    Mas la invención, la gracia y traza es propia 		
	a la ingeniosa fábula de España, 		
	no cual dicen los émulos impropia. 	 	

	    Cenas y actos suple la maraña 		
	tan intrincada, y la soltura della, 		
	inimitable de ninguna extraña. 		

	    Es la más abundante y la más bella 		
	en facetos enredos y en jocosas 	 	
	burlas, que darle igual es ofendella. 		

	    En sucesos de historia son famosas, 		
	en monásticas vidas ecelentes, 		
	en afectos de amor maravillosas. 		

	    Finalmente los sabios, y prudentes 	  	
	dan a nuestras comedias la ecelencia 		
	en artificio y pasos diferentes. 		

	    Esto sabido, importa la advertencia 		
	del modo que han de ser, y a que te obliga 		
	el decoro que enseña la experiencia. 	 	

	    Y para que bien logres tu fatiga 		
	el argumento que siguieres sea 		
	nuevo, y que nadie en su vulgar lo diga. 		

	    Decir lo que otro dijo es cosa fea 		
	en el propio idioma, aunque se aparte, 	 	
	si deja rastro o luz por do se vea. 		

	    Con extrañeza en todo has de mostrarte 		
	admirable, vistiendo las figuras 		
	conforme al tiempo, a la edad y al arte. 		

	    Al viejo avaro, envuelto en desventuras. 	  	
	al mancebo, rabiando de celosa, 		
	al juglar decir mofas y locuras. 		

	    Al siervo sin lealtad, y cauteloso, 		
	a la dama amorosa o desabrida, 		
	ya con semblante alegre, ya espantoso. 	 	

	    A la tercera astuta y atrevida, 		
	al lisonjero envuelto en novedades, 		
	y al rufián dar cédulas de vida. 		

	    Los efetos aplica a las edades, 		
	si no es que dando algún ejemplo quieras 	 	
	trocar la edad, oficio y calidades. 		

	    Entre las cosas que prometen veras 		
	no introduzcas donaires, aunque dellos 		
	se agrade el pueblo, si otro premio esperas. 		

	    Los versos han de ser sueltos y bellos 	  	
	en lengua y propiedad, siempre apartados 		
	que en la trágica alteza puedan vellos. 		

	    Si te agradare pueden ser llegados 		
	al satírico estilo, en que tuvieron 		
	por principio los cómicos osados. 	 

	    Guarda el decoro que jamás perdieron 		
	en dar conforme al caso que tratares 		
	el estilo, y el verso, cual hicieron. 		

	    Si a rey, legado alguno le enviares 		
	diferencia el estilo al ordinario, 	 	
	que es vicio si a los dos los igualares. 		

	    No debes ser en esto voluntario 		
	sino mirallo bien, porque es defeto, 		
	y en la comedia nuestra necesario. 		

	    Cuando hagas comedia, ve sujeto 	 	
	al arte, y no al autor que la recita, 		
	no pueda el interés más que el sujeto. 		

	    Con el cuidado que es posible evita 		
	que no sea siempre el fin de casamiento 		
	ni muerte si es comedia se permita. 	 

	    Porque debes tener conocimiento 		
	que es la comedia un poema activo, 		
	risueño, y hecho para dar contento. 		

	    No se debe turbar con caso esquivo 		
	aunque el principio sea rencilloso, 	
	el fin sea alegre sin temor nocivo. 		

	    La comedia es retrato del gracioso 		
	y risueño Demócrito, y figura 		
	la tragedia de Eráclito lloroso. 		

	    Tuvo imperio esta alegre compostura 	 	
	hasta que Tifis levantó el estilo 		
	a la grandeza trágica y dulzura. 		

	    Siguió en nueva invención el propio hilo 		
	añidiéndole ornatos, y enseñando 		
	a los farsantes, el discreto Esquilo. 	 	

	    Desterró el uso prisco mejorando 		
	las personas, haciéndolas honestas, 		
	y a no representar satirizando. 		

	    Y no parando su invención en éstas, 		
	sobre el teatro puso las aciones, 	  	
	haciéndolas al pueblo manifiestas. 		

	    En efeto enseñó a dotos varones 		
	el hacer y saber representallas, 		
	testando las antiguas opiniones.¡ 		

	    De aquella suerte la tragedia hallas 	 
	en que las hizo su inventor primero 		
	aunque algunos osaron mejorallas. 		

	    No traspasando el inviolable fuero 		
	de los actos, y cenas, y el decoro 		
	de las personas, y el suceso fiero. 	 	

	    Sófocles añidió el lloroso coro, 		
	lamentando desdichas miserables, 		
	entre reales púrpuras y oro. 		

	    Fueron en aquel tiempo así agradables, 		
	mas en el nuestro en todo se ha mudado 	  	
	si no es en los sucesos espantables. 		

	    El maestro Malara fue loado 		
	porque en alguna cosa alteró el uso 		
	antiguo, con el nuestro conformado. 		

	    En el teatro mil tragedias puso 	  	
	con que dó nueva luz a la rudeza 		
	della apartando el término confuso. 		

	    Aplica al verso trágico la alteza 		
	épica, y dale lírica dulzura 		
	con affectos suaves, sin dureza. 	 	

	    Con epitetos adornar procura 		
	tus versos, que al poeta hermosean, 		
	y al orador ofenden la escritura. 		

	    En la tragedia alguna vez afean 		
	los sucesos contados de otra suerte 	  	
	dando ocasión que la verdad no crean, 		

	    Y si en este preceto no se advierte 		
	la Historia en que se funda la tragedia 		
	se ofusca, y, de lo cierto se divierte. 		

	    De fábula procede la comedia 	 
	y en ella es invención licenciosa 		
	cual vemos en Naharro y en Heredia. 		

	    El cómico no puede usar de cosa 		
	de que el trágico usó, ni (a) un solo un nombre 		
	poner, y ésta fue ley la más forzosa. 	 	

	    Si quieres que se estime, y que se nombre 		
	tu musa, y que a las musas dinamente 		
	te hagan de mortal, inmortal hombre; 		

	    hállete el vulgo siempre diferente 		
	en lenguaje, pues hablan los poetas 	 	
	en otra lengua que la ruda gente. 		

	    Procura que tus obras, sean secretas 		
	antes que las divulgues, si no quieres 		
	que sean a nuevo poseedor sujetas. 		

	    Si por la vía hercúlea acaso fueres, 		
	ten cuenta en una grata que hay en ella 		
	do Ciso baila a Baco y danza a Ceres. 		

	    Del círculo oriental la forma bella 		
	jamás aquí fue vista la presencia 		
	ni de su extremidad pudieron vella. 	 	

	    Con otra luz traída con la ciencia 		
	de un fantástico y nuevo Prometeo 		
	sienten de Apolo menos el ausencia. 		

	    Aquí la lira celestial de Orfeo, 		
	en menosprecio, con Vulchin consuena; 	  	
	Mulcio es Píndaro aquí; Agas, Museo. 		

	    Está de voces disonantes llena 		
	del poeta Cleón siciliano, 		
	que de torpezas ambos orbas llena. 		

	    Agido, el que cantó en sermón greciano 	  	
	al macedonio príncipe la horrible 		
	idolatría, con discurso vano, 		

	    es quien preside aquí, con el terrible 		
	y detestable Momo y Zoilo injusto, 		
	émulos de visible y de invisible. 	 	

	    De aquí digo que huigas, si tu gusto 		
	no es querer peligrar, probando el daño 		
	que no reserva al escritor de Augusto. 		

	    Si te parece que es consejo extraño, 		
	mira el efeto bien, y verás cierto 	 
	que ni te lisonjeo, ni te engaño. 		

	    Ni cosa ajena de verdad te advierto. 		

Esta obra se encuentra en dominio público. Esto es aplicable en todo el mundo debido a que su autor falleció hace más de 100 años. La traducción de la obra puede no estar en dominio público. (Más información...)