El Eunuco: 01

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
El Eunuco
Prólogo
 de Publio Terencio Africano


Si hay quienes deseen complacer a muchos varones principales sin ofender a nadie, el poeta mándase contar por uno de ellos. Y si alguno hubiere a quien le parezca que le han ofendido gravemente de palabra, téngalo por respuesta y no por ofensa, pues él picó primero. El cual, trasladando muchas y zurciéndolas mal, de buenas comedias griegas hizo malas latinas. Ese mismo dio a la escena no ha mucho El fantasma, de Menandro, y en la comedia El Tesoro representó que aquél a quien le pedían el oro había de probar cómo era suyo, antes que el demandante mostrase de dónde tenía aquel tesoro, o quién lo había puesto en la sepultura de su padre.

De hoy más, no se engañe a sí mismo, ni diga entre sí: «Yo ya estoy bien acreditado: sus críticas no me alcanzan». Que no se engañe, le digo; y deje ya de provocar a Terencio. Muchas más cosas podría decirle, que por ahora callaré; mas si persevera en herir, como lo viene haciendo, las descubriré después.

No bien los Ediles compraron esta comedia que vamos a representar, que es El Eunuco, de Menandro, el poeta rancio recabó de ellos que se la dejasen ver. Comienza a representarse en presencia de los magistrados, y alza la voz diciendo que Terencio era ladrón y no poeta, y que había dado a luz una fábula en que ni aun palabras había puesto, porque era la antigua comedia El Adulador, de Nevio y Plauto, de donde había tomado las personas del truhán y del soldado. Si esto es falta, lo será por inadvertencia, no porque el poeta haya querido cometer hurto. Y que esto es así, vosotros mismos lo vais a sentenciar ahora.

Hay una comedia de Menandro, nominada El Adulador, en la cual entran un truhán, llamado Colace, y un soldado fanfarrón. El poeta confiesa haber tomado estas dos personas para su Eunuco; pero que las fábulas estuviesen ya hechas en latín, declara que no lo sabía. Y si no es lícito usar de unas mismas personas, ¿qué más lo será representar esclavos intrigantes, mujeres honradas, malas rameras, un truhán comilón, un soldado fanfarrón, niños sustituidos, esclavos que engañan a los viejos, el amor, el odio, la sospecha? En fin, nada hay ya que primero no esté dicho. Por lo cual es bien que vosotros atendáis estas razones y permitáis que los poetas noveles hagan lo que hicieron los antiguos. Dadnos favor y oídnos con silencio, para que entendáis qué os representa El Eunuco.

Prólogo