El Octavio

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Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero. (1792) de François Antoine Gourcy
traducción de Manuel Ximeno y Urieta
El Octavio de Minucio Felix



EL OCTAVIO
DE MINUCIO FELIX.




ADVERTENCIA.


Marco Minucio Félix, célebre Abogado en Roma, segun San Gerónimo, escribió por el tiempo del Emperador Septimio Severo, á principios del tercer siglo de Jesu-Christo, un excelente Diálogo en defensa de la Religion Christiana, del qual hablan con grande elogio San Gerónimo y Lactancio. Hace que dos amigos suyos disputen en este Diálogo, Octavio Genáro, que dió el nombre á la obra, en favor de los Christianos, y en favor de los Paganos Cecilio Natál, cuya conversion fue fruto de esta conferencia. Minucio Felix es elegido Arbitro.

Se cree que Minucio era casi contemporaneo de Tertuliano, y tambien Africano; y parece que tuvo presentes, y aun se propuso imitar muchos pasages de este Apologista. Posteriormente San Cipriano no tuvo tampoco dificultad de tomar muchos pensamientos y expresiones de Minucio , principalmente en su Tratado de la Vanidad de los Idolos. En quanto á Cecilio, algunos Sábios han creido que era aquel mismo Cecilio Natál, que convirtió á San Cipriano. Lo que por este Diálogo se comprehende es, que así Minucio y su amigo Octavio, como tambien Cecilio, habian nacido en el seno del Paganismo.

D'Ablancourt, que dió al publico una Traduccion Francesa de este Tratado, aunque poco exácta, dice en su Prefacio, que Minucio Felix habló con todas las gracias y delicadeza de la lengua. Este elogio es sin duda exâgerado. Qualquiera que tenga una ligera noticia de la historia de la decadencia del Imperio Romano, no esperará encontrar baxo el Imperio de Severo todas las gracias de la lengua, ni la pureza de gusto, que caracterizan al siglo de César y de Augusto; pero sin embargo me parece, y no creo que me puedan acusar de que me dexo arrebatar del entusiasmo de Traductor, me parece, digo, que se debe mirar, este Tratado, como un extraño monumento de elegancia, de dialéctica, y aun de gusto, para el tiempo en que se escribió.

Se encuentran en esta obra algunas amplificaciones, que me ha parecido suprimir, así como tambien algunos trozos, que no dicen conexîon con la Religion , y los lugares comunes sobre las extravagancias y desórdenes del Paganismo: tanto mas, quanto estos lugares comunes han sido copiados del Apologético de Tertuliano, que hemos presentado en toda su extension.








EL OCTAVIO


DE MINUCIO FELIX.


Quando pienso en mí amado Octavio, y traigo á la memoría aquellos felices momentos, que tan rápidamente se me pasaban en su compañia, me parece, que le veo á mi lado, y que gozo todavía de los encantos de su amistad, no obstante que se ha huido para siempre de mis ojos: tan profundamente grabadas como todo eso tengo su memoria y su imagen en mi corazon. ¿Y cómo era posible , que yo dexase de supirar continuamente por aquel hombre aventajado , por aquel hombre santo , que me amó con tanta ternura y constancia ; y que nunca jamás, ni en las cosas frívolas, ni en las de mayor importancia , tuvo otra voluntad, que la mia? Parecia, que una misma alma animaba nuestros dos cuerpos. Él solo fue el confidente de mis flaquezas y sí bien es cierto , que me sirvió de compañero en mis descarríos , tambien lo es, que me mostró el camino, quando de la profunda noche del error y del Paganismo, pasé al gran dia de la verdad y de la sabiduría. Sobre todo, me complazco, quando me acuerdo del admirable discurso, que le hizo a Cecilio, nuestro comun amigo, para desengañarse de sus supersticiones, y hacerle abrazar la verdadera Religion.

Fue el caso , que impelido Octavio de sus negocios, y animado del deseo de verme, vino á Roma, desamparando su casa, y arrancandose de los brazos de su muger y de sus hijos, que se hallaban justamente en aquella edad de la inocencia, que los hace todavía mas interesantes, quando la lengua no hace mas que tartamudear, y comienza á formar las palabras, sin poder pronunciarlas por entero. Es imposible que yo explique la alegría que sentí, al ver á un amigo tan amado; solo digo, que fue tanto mas viva, quanto habia sido menos esperada.

Los sentimientos y la curiosidad de la amistad se llevaron los dos primeros dias, pasados los quales fuimos en compañía de Cecilio á la encantadora Ciudad de Ostia. Este exercicio era para mi un remedio tan agradable como provechoso, despues de los baños de mar, que acababa de tomar. Las ocupaciones del Foro, suspendidas con motivo de las vacaciones, daban lugar á los placeres, que trae consigo la vendimia; y el otoño, en recompensa de los pasados ardores del estío, nos ofrecía su apacible temperamento. Habiamos todos tres salido un dia muy de mañana, con el objeto de respirar un ayre fresco y puro, y de disfrutar del placer sobre la arena, que cubre la ribera: y Cecilio, al tiempo de pasar por junto á una estatua de Sérapis, se llevó la mano á la boca, y la besó, segun costumbre de los idólatras. En verdad, hermano mio, me dixo entonces Octavio, que un hombre virtuoso como tú no debe permitir que esté abismado en tan deplorable ceguedad un amigo, que no se aparta de tu lado; ni debe sufrir tampoco, que invoque unos simulacros de piedra, cubiertos de esencias, y coronados de flores: porque al cabo sobre tí ha de recaer toda la ignominia.

Distraidos en nuestra conversacion, atravesamos la Ciudad, y llegámos á la playa, donde parecia que el mar habia macizado y allanado, para nuestro paseo, la arena que la cubria. Como el mar, aun en tiempo de calma, no dexa de tener siempre alguna agitacion, aunque por entonces no veíamos ondas turbulentas, es indecible quánto nos divertiamos en contemplar los varios movimientos de las olas, que ya venian formando mil juegos á romperse á nuestros pies, ya se retiraban precipitadamente. Caminabamos con la mayor tranquilidad por aquella ribera sin advertir el camino que andabamos, porque Octavio nos distraía con su discreta plática sobre la navegacion. Volvimos luego pasos atrás, y nos detuvimos en un lugar del puerto, donde habia distintas embarcaciones de pequeño buque mantenidas sobre estacas. Tambien disfrutamos del espectáculo de una tropa de muchachos que se estaban divirtiendo á un juego que consiste en tirar obliquamente piedrecitas, ó guijarros delgados sobre el agua, de suerte que la piedra rase la superficie, se esconda un poco, como si nadára, y luegos impelida vuelva, á parecer, para esconderse inmediatamente , y rebotar de nuevo. Queda por fin vencedor en este juego aquel, cuya piedra rival á mayor distancia, y da mayor número de botes sobre el agua.

Octavio y yo nos divertiamos con este espectáculo; pero Cecilio muy al contrario estaba algo distante, y al parecer, reflexivo, y disgustado ¿Qué tienes? le dixe: ¿Qué se ha hecho aquella amable alegria, que se manifestaba siempre en tus ojos, y no te huía el rostro, aun en los asuntos mas serios?

No, puedo, negar, me respondió, que la reconvencion que Octavio te ha hecho, me ha tocado en lo vivo; porque tachandote á tí de negligente, me hace á mí pasar plaza de ignorante. Pues esto no ha de quedar así, sino que antes bien Octavio y yo hemos de tratar, á fondo la qüestion. Si te parece bien, yo haré que Octavio, que es de tu misma secta, conozca en breve, que es mucho mas facil disputar como amigos, que conferenciar segun el método de los sábios. Sentémonos, pues, sobre este muelle que hay aquí para resguardo de los baños; y de este modo hablarémos mas á placer.

Sentamonos en efecto, y á mí me pusieron Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/208 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/209 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/210 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/211 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/212 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/213 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/214 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/215 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/216 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/217 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/218 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/219 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/220 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/221 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/222 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/223 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/224 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/225 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/226 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/227 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/228 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/229 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/230 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/231 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/232 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/233 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/234 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/235 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/236 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/237 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/238 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/239 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/240 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/241 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/242 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/243 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/244 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/245 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/246 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/247 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/248 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/249 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/250 Página:Colección de los apologistas antiguos de la religión christiana. Tomo primero.djvu/251 entonces, de que Octavio haya triunfado : tanto mas, quanto de esta suerte me veo libre de pronunciar un juicio siempre odioso. Pero no hay que pensar en alabarlo, porque es muy superior á los elogios de un hombre: y solo Dios puede haberle inspirado lo que acabamos de oir , y haberle dado la victoria.

Con esto nos retiramos todos tres muy satisfechos; Cecilio, porque habia sido desengañados; Octavio , porque habia vencido; y yo por la conversion del uno , y por la victoria del otro,.


Fin del Octavio de Minucio Felix.