El fin de la vida

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.





VIII
EL FIN DE LA VIDA



Fué flor que al árbol arrancó el granizo
y luego en tierra el sol la vió, despojo,
entre el polvo rodar por el rastrojo
del viento al albedrío tornadizo.

Mantillo al fin la oscura flor se hizo
al pié escondido de espinoso tojo
y en el trascurso de un ocaso rojo
la enterró vil gusano. De su hechizo

<poem>

quedó libre el perfume, lo que aspira hacia el cielo inmortal, templo de calma en que no hay ni granizo ni mentira;

que es el cuerpo algo más que vil enjalma de la mente; para el canto es lira, y es el fin de la vida hacerse un alma.

B. IX 10.