El miserere

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Nota: Traducción parafrástica de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).


 Tu semblante convierte
A mi angustia ¡Señor! compadecido;
 ¡Sálvame de la muerte!
 ¡Señor, perdón y olvido
Según tu gran misericordia pido!

 De mi pecho una á una
Mis culpas borra tú con mano pía:
 Si limpia por fortuna
 Luce ya, todavía
Más y más purifica el alma mía.

 Porque, Señor, yo siento
La horrible enormidad de mi pecado:
 Sin reposar momento,
 Su recuerdo allí hincado.
El corazón lastima atormentado.

 ¡Pequé yo en tu presencia,
Pequé yo contra ti! Mas, sí, lo espero;
 Vencerá tu clemencia:
 Tus promesas primero
Cumplir querrás que castigar severo.

 ¡Pequé! ¿ni qué podría
De un infelice de miserias lleno
 Esperarse? Corría
 Desde el materno seno
Ya por mis venas el letal veneno.

 Mas no siempre del vicio
Manchado estuve; que inocente un día
 Fui, y me amaste propicio,
 Y tu sabiduría
Recónditos misterios me entreabría.

 Con el hisopo ahora
Rocíeme, tomando mi hermosura,
 Tu mano bienhechora,
 Y verás mi alma pura
Cuál de la nieve afrenta la blancura.

 Palabras de consuelo
Murmuras entonces á mi mente,
 Huído el negro duelo;
 Y en gozo reverente
Retemblarán mis huesos hondamente.

 Mis crímenes olvida;
Ni sombra de la culpa que me afea
 Dejes; en ti á la vida
 Resucitar se vea
Mi corazón, y renovado sea.

 ¿Cómo ardería tanto
Tu furor, que apartases la mirada
 De mi sincero llanto,
 Y tu diestra indignada
No depusiera la fulmínea espada?

 Antes con rostro blando
Me acogerás en tu amoroso seno,
 Mi espíritu dejando
 Jubiloso y sereno.
De alto saber y fortaleza lleno.

 Y arrancarás. Dios mío,
De mi pecho el cruel remordimiento
 Por la sangre que impío
 Derramó mi ardimiento,
Y mi boca abrirás con noble acento.

 Triunfante en mi ventura
Cantaré largamente tus loores,
 Y á la senda segura
 Traeré los pecadores.
Tu poder celebrando y tus favores.

 Víctimas te ofreciera
Si á expïar alcanzaran mi delito;
 Sé que más placentera
 A tu amor infinito
Es la humildad del corazón contrito.

 ¡Ay! no la maldad nuestra
Impida que á Sïon se abra abundante
 En dones tu alta diestra:
 Da, Señor, que levante
El sacro muro tu ciudad triunfante.

 Entonces sacrificios
Se harán por tus mercedes singulares,
 Y con ojos propicios
 De ofrendas á millares
Contemplarás cubiertos tus altares.