El pasado: 18

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Escena IV[editar]

CRIADO, ROSARIO y TITI.


Criado. -¡Señorito! Vienen del expreso por su equipaje.

Ernesto. -Voy.

José Antonio. -¿No la verás antes?

Ernesto. -No. (Mutis.)

José Antonio. -(Para sí.) ¡Muchacho! ¡Muchacho! (Aparece en la galería Rosario que está convaleciente de una grave enfermedad apoyándose en el brazo de Titi.) ¡Oh, mamá! ¿Por qué has hecho semejante cosa?

Rosario. -Me siento muy fuerte.

José Antonio. -(A TITI.) Tú no debiste permitirlo...

Rosario. -No le digas nada, fui yo, quería ver el cielo y respirar un rato a gusto entre mis flores. ¡No te enojes! ¡Tanto tiempo entre cuatro paredes!

José Antonio. -Te consiento, pero de ahí no debes pasar.

Titi. -Eso le digo yo. Estaba empeñada sin embargo en que había de recorrer el jardín.

Rosario. -Naturalmente.

José Antonio. -Es un desatino, no lo consiento.

Rosario. -Nadie conoce mejor que yo mi estado. Estoy mucho más fuerte de lo que sospecha el mismo médico.

José Antonio. -Bien. Te haré ese gusto, porque el día está muy apacible. No obstante ya verás con el médico. (Le ofrece su brazo y la conduce hacia el sillón.) Ocuparás el trono de abuelita.

Rosario. -¡Qué hermoso está mi jazmín! ¡Qué hermoso!

Titi. -Parece de nieve ¿verdad? Recuerdo cuando lo plantaste.

Rosario. -¡Yo lo planté!

Titi. -Hace muchos años... a poco de nacer Silvia.

Rosario. -Eso es.

José Antonio. -(A TITI.) No digas entonces que hace muchos años que si la chica te oye...

Titi. -¡Qué lástima, no se ofenda!... Lo que es yo a esa atrevida no le hablaré una palabra más.

Rosario. -No le guardes rencor. Bien sabes que jamás habla en serio.

Titi. -¡Te parece!... Es más avispada y pizpireta de lo que piensan.

Rosario. -¿Por qué riñeron? Cuéntame.

Titi. -Me dijo, como te conté, que era una lengua larga.

Rosario. -Por alguna causa habrá sido.

Titi. -Ninguna. Figúrate que me cree capaz de contar ciertas cosas...

Rosario. -¿Qué cosas?

José Antonio. -Mamá, estarías más a gusto con un almohadón en la espalda...

Rosario. -Estoy muy cómoda.

José Antonio. -¿Quieres traerle Titi? Perdona que...

Titi. -(Yendo en busca de lo pedido.) ¡Oh, con mucho gusto!...

Rosario. -Ven, José Antonio. Siéntate a mi lado. Tu debías estar en tu casa, y por mí... quién sabe cuantas cosas has abandonado.

José Antonio. -¡Ninguna, y aún cuando así fuera!... He llevado a abuelita hoy. (Yendo al encuentro de TITI, que trae el almohadón.) ¡Imprudente!...

Titi. -Queda tranquilo.

José Antonio. -A ver, mamá. Podremos estar así... ¡Ajá!

Rosario. -Gracias.

Titi. -Rosario, si no me precisas hoy que te hallas tan bien, haré una escapadita hasta casa. Voy y vuelvo.

Rosario. -Sí, hija, sí...

Titi. -Hasta luego. (Mutis.)