El pesimista corregido: 31

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El pesimista corregido Santiago Ramón y Cajal


Conocía, ciertamente, los triunfos y prosperidades de su antiguo amante, pero no pudo sospechar, nunca la transfiguración admirable operada en su físico, la expresión de seráfica dulzura de la mirada, la calma y jovialidad encantadoras de su espíritu. Y el genio de la especie, sonriendo satisfecho, rectificó antiguos presagios. Y como frisaba Elvira en los treinta años, y no era cosa de perder el tiempo en transiciones retóricas, visto, además, que Juan se las daba, con razón, de ofendido, resolvió la valerosa doncella acortar las distancias y derretir de una vez el hielo con una impetuosa oleada de sangre enardecida. En consecuencia, Juan recibió un día esta breve y expresiva epístola:

"Olvida lo pasado y atente al presente. Y el presente es que tú encarnas el hombre soñado por mí, y que te amo. No me preguntes el porqué del cambio ni te engolfes en disquisiciones psicológicas. Yo misma no lo sé. El corazón ha hablado: he aquí todo. ¿Quieres saber lo que dice? Te espero esta noche en el Real."

-Buena señal exclamó Juan al recibir la expresiva epístola: el genio de la especie se ha reconciliado conmigo.

Y sin que por un momento sintiera la menguada tentación de echar en cara a Elvira antiguos desdenes, acudió a la cita y reanudó, con más ilusión y cariño que nunca, las interrumpidas relaciones.

Y se casaron, siendo felices. Y cuentan las crónicas que el genio de la especie no tuvo motivo de arrepentirse al contemplar, años después, la hermosa y robusta prole.

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