El prisionero

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El prisionero
de Autor anónimo


Versión A
        Que por mayo era por mayo,
        cuando hace la calor,
        cuando los trigos encañan
        y están los campos en flor;
        cuando canta la calandria
        y responde el ruiseñor;
        cuando los enamorados
        van a servir al amor;
        sino yo, triste, cuitado,
        que vivo en esta prisión,
        que ni sé cuándo es de día,
        ni cuándo las noches son,
        sino por una avecilla
        que me cantaba al albor.
        Matómela un ballestero;
        déle Dios mal galardón.


Versión B
        Por el mes era de mayo 		
	cuando hace la calor, 		
	cuando canta la calandria 		
	y responde el ruiseñor, 		
	cuando los enamorados 		
	van a servir al amor, 		
	sino yo, triste cuitado, 		
	que vivo en esta prisión, 		
	que ni sé cuándo es de día, 		
	ni cuándo las noches son, 		
	sino por una avecilla 		
	que me cantaba al albor. 		
	Matómela un ballestero 		
	¡Dele Dios mal galardón! 		
	Cabellos de mi cabeza 	 	
	lléganme al corvejón, 		
	los cabellos de mi barba 		
	por manteles tengo yo; 		
	las uñas de las mis manos 		
	por cuchillo tajador. 		
	Si lo hacía el buen rey, 		
	hácelo como señor, 		
	si lo hace el carcelero, 		
	hácelo como traidor. 		
	Mas quien ahora me diese 	 	
	un pájaro hablador, 		
	siquiera fuese calandria, 		
	o tordico, o ruiseñor, 		
	criado fuese entre damas 		
	y avezado a la razón, 		
	que me lleve una embajada 		
	a mi esposa Leonor: 		
	que me envíe una empanada, 		
	no de trucha, ni salmón, 		
	sino de una lima sorda 	 	
	y de un pico tajador: 		
	la lima para los hierros 		
	y el pico para el torreón. 		
	Oídolo había el rey, 		
	mandóle quitar la prisión. 

        	 

Versión C
        Que por mayo era por mayo,
        cuando los grandes calores,
        cuando los enamorados
        van servir a sus amores;
        sino yo, triste mezquino,
        que yazgo en estas prisiones,
        que no sé cuándo es de día,
        ni menos cuando es de noche,
        sino por una avecilla
        que me cantaba al albor.
        Matómela un ballestero,
        déle Dios mal galardón.