Elementos de economía política: 19

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Capítulo IV : Del trabajo, primer instrumento de producción del principio de población.[editar]

    • I. De la noción del trabajo.
    • II. De la doctrina de Malthus.
    • III. Del principio de población.

§. III. Del principio de población.[editar]

145. En suma, Malthus ha probado:
1.º Que la población tiene en todas partes y siempre una tendencia natural a exceder de los medios de subsistencia.
2.º Que cuando el hombre con su prudencia no consigue equilibrar esa ley, la muerte se encarga de hacerlo: la muerte precedida del vicio y de la miseria.
146. Tal es el principio de población profesado después de Malthus por varios economistas, entrelos cuales nos bastará citar a J. B. Say y M. Rossi.
Por ahora nos basta la noción de este principio; resta sacar sus consecuencias para la mejora de las clases pobres; combatir la discusión de las exageraciones y de las ilusiones en que han ocurrido los adversarios de esta doctrina de buen juicio, y fortalecer, en fin, las reflexiones de los que hallan en la libertad del hombre un contrapeso suficiente a la tendencia que, tiene la población a exceder del límite de las subsistencias.
147. Hasta principios de este siglo, es decir, hasta Malthus, los legisladores, los hombres de Estado, los filósofos, partían del siguiente aforismo: Allí donde está la población allí está la fuerza.
Nadie negaba esta proposición, y todas las instituciones sociales tendían de común acuerdo a acrecentar la cifra de la población; no se sospechaba que es preciso que los hombres estén en proporción del capital disponible, a fin de que el trabajo y el capital produzcan el mejor efecto posible; y se creía que si está probado que mil trabajadores producen un millón, lo esencial para un Estado es proporcionarse dos mil trabajadores, a fin de producir dos millones.
148. Bajo la impresión de estas ideas se han hecho nuestras leyes, y en el día legisladores y publicistas invocan todavía esta doctrina.
La religión cristiana dice: Crescite et multiplicamini; la poesía ha hecho mil elegantes paráfrasis de este pensamiento; la moral fomenta las mismas ideas; la política cree que es obligación de un buen gobierno y de un legislador ilustrado hacer todo lo posible por aumentar la población [1]; en fin, muchos economistas nunca han tratado de saber si se debía seguir o contrariar las ideas recibidas.
149. En tal estado de cosas y a vista del espantoso incremento que va tomando la miseria de las clases pobres, importa examinar esta cuestión, poner bien en claro el principio de población, y ver si de él resulta o no que es preciso oponerse a su desarrollo ilimitado. Acaso veremos que es por lo menos superfluo fomentarle.

  1. Muy conocida y celebrada es la grosera respuesta que dio Napoleón a M. ma Staël, que le preguntaba qué mujeres eran las que él prefería: «Señora, respondió el Emperador, las que más paren.»