Elementos de economía política: 24

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Capítulo V : Del trabajo, instrumento de producción (continuación.) -de la división del trabajo.[editar]

    • I. Lo que es la división del trabajo y su poder.
    • II. Utilidad de la división del trabajo en las diferentes profesiones.
    • III. De la división del trabajo entre las naciones.
    • IV. Origen de la división del trabajo; de los límites que encuentra.
    • V. De los inconvenientes que se achacan a la división del trabajo.

§. V. De los inconvenientes que se achacan a la división del trabajo.[editar]

174. Un autor francés [1], M. Lemontey, y varios después de él, han examinado la influencia que puede tener la división del trabajo relativamente a los trabajadores en particular y a los trabajadores en general. Muchas de las observaciones que han hecho merecen ser estudiadas, porque conviene conocer todas las consecuencias de los hechos que se observan, salvo a contrapesar los inconvenientes con las ventajas.
175. Primera objeción. Con la división del trabajo un hombre acaba por no ser toda su vida más que una palanca; otro, una clavija o un manubrio. El salvaje, que disputa su vida a los elementos y subsiste de su pesca y de su caza, es un compuesto de fuerza, de astucia, de sentido y de imaginación. El labrador, a quien la variedad de las estaciones, de los terrenos, de los cultivos y de los valores obliga a incesantes combinaciones, es siempre un ser pensador; pero el jornalero que nunca ha hecho más que levantar una válvula o fabricar la vigésima parte de un alfiler, pierde su inteligencia y su moralidad: su inteligencia, porque no sabe hacer más que la vigésima parte de un producto; su moralidad, porque no tiene ocasión de reflexionar sobre sus deberes ni de elevar su alma a Dios.
No se puede, negar que hay una degeneración en las facultades del individuo, cuando toda su ocupación, toda su atención, todos sus cuidados se encaminan a una operación de detalle contantemente repetida; pero es un error creer que una operación de este género ocasiona necesariamente el embrutecimiento, si el trabajador tiene algunas horas de solaz y un jornal regular. Aunque un hombre sea picapedrero, por ejemplo, es lo cierto que consagra una parte de su tiempo a su esposa, a sus hijos, a sus compañeros, a sus placeres, a relaciones; en una palabra, en que la parte inteligente y sensible de su ser halla algún pábulo [2]; y aun, durante su trabajo, cuanto más sencilla sea la tarea, más podrá su espíritu reposado ocuparse de sus negocios y de sus ideas personales, luego que el sueño haya restaurado sus fuerzas, si ya no es también mientras que su cuerpo trabaja mecánicamente; pero es preciso no confundir los efectos del exceso del trabajo y de la insuficiencia de los jornales que provienen del exceso de población con los de la división del trabajo éstas dos cuestiones son muy distintas.
Todavía puede añadirse que los que en las artes se dedican a las operaciones más maquinales, no son en general los de mayor capacidad. El que tiene aptitud para ser un buen aparejador, dice J. B. Say, no es toda su vida picapedrero. Con este motivo observaremos además que todos los trabajos productivos son, por efecto de la repetición forzada, algo mecánicos, hacer cálculos, resolver ecuaciones, corregir pruebas o faltas de gramática, preparar medicamentos, etc., es hacer trabajos análogos al pulimento de los cuerpos o a cualquier otra tarea considerada como menos noble. Por otra parte, cuando un trabajador inteligente concentra su atención sobre una operación, esta operación, por sencilla que sea, se divide y se ramifica. Siendo el campo menos vasto, las investigaciones son más profundas: de aquí aquellas observaciones que conducen a los descubrimientos, -¿Cómo habéis hecho, decía uno a Newton, para descubrir vuestro principio de la atracción? -Pensando siempre en él, respondió. Muy lejos se está, lo repetimos, de haber reflexionado bastante sobre la equivalencia de las diversas ocupaciones.
Nada prueba hasta ahora que la separación de los trabajos deprave la parte moral del hombre.
No vemos que en los campos, donde la división está menos adelantada, la superioridad moral o intelectual (prescindiendo de las demás causas de desmoralización) sea más notable en el operario agrícola que en el de los talleres. El operario de los campos ¿es por ventura menos rutinero, más probo y menos tonto? Y el salvaje ¿puede acaso ser un argumento?
176. Segunda objeción. Como el trabajo llega a hacerse extremadamente fácil, el jornalero de profesión puede para él ser reemplazado por el primer vago que se presente. Además, no encuentra fácilmente en otra parte una colocación análoga; se halla, con respecto al amo, en una dependencia tan absoluta como humillante, y se disminuye el precio de la mano de obra sin que él pueda remediarlo.
A esta objeción responderemos recordando el principio de población: es preciso siempre que el número de los hombres esté en proporción con el trabajo disponible. Ya sea el operario más o menos hábil, es raro que no se lo pueda reemplazar, y no es éste un inconveniente exclusivo para los trabajos sencillos: sólo están verdaderamente asegurados contra la competencia los operarios que tienen una habilidad extraordinaria, un verdadero monopolio.
177. También se puede decir hasta cierto punto que la división del trabajo liga la suerte del jornalero a la del fabricante, y hace más estable su posición; porque como la suspensión de los trabajos perjudica al fabricante, éste no se decide sino en el último apuro a dejar descansar sus máquinas y sus capitales, al paso que el operario, que todo lo hace por sí mismo y tiene instrumentos suyos, está más expuesto a que le despida el que le ocupa, a menos, sin embargo, de que haya entre los trabajadores, a causa de su número, demasiada competencia.
178. La división del trabajo tiende, además de esto, a transformar el trabajo individual en un trabajo de asociación, y la ley descubierta por Adan Smith, que tantos progresos ha proporcionado a las industrias, debe tener en el porvenir, según todas las apariencias, una influencia inmensa [3].
179. En esta cuestión es preciso no confundir la influencia de la separación de las operaciones con la influencia de las máquinas, de que hablamos más adelante. con ocasión del capital. El trabajo de las máquinas puede hacer superfluo el empleo de muchos jornaleros, pero no simplifica el trabajo de los jornaleros a quienes ocupan. Con la tundidora actual dos jornaleros hacen tanta obra como quince o veinte hombres, pero los dos jornaleros tienen por lo menos tanta inteligencia como cualesquiera tundidores ordinarios.
180. Observaremos que siendo la división del trabajo favorable a la invención de las máquinas, sirve por lo mismo para realzar la dignidad humana, porque desde el momento en que un hombre no tiene que hacer más que las veces de una clavija o de un manubrio, se le libra de esa ocupación para encomendársela a un nuevo mecanismo. No hay razón para que cese el progreso; y si hoy la división del trabajo, todavía incompleta, obliga al hombre a desempeñar una tarea estúpida y le reduce al oficio de máquina, tiende a irle dispensando por días de una multitud de trabajos fatigosísimos, que le convierten todavía algunas veces en rueda, volante o bestia.

  1. Influencia moral de la división del trabajo, artículo que forma parte de un tomo en 8.º, publicado en París, en 1801, bajo el título Razón y Locura (Raison et Folie).
  2. J. B. Say cita el ejemplo del ingenioso poeta cómico francés Sedaine, que empezó por ser aserrador de piedras.
  3. Véase acerca de este punto la obra de M. J. Proudhon, titulada: Del orden en la humanidad, cap. Economía política.