Enciclopedia Chilena/Folclore/Villancico, El

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ECH 515 39 - Villancico, El.djvu
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El Villancico
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-515/39
Título: El Villancico
Categoría: Folclore


Villancico, El.

 Folk. Especie musical.

 Es el canto navideño destinado a celebrar la presencia del Niño Dios en el mundo cristiano. Además del personaje central se encuentran, las más de la veces, la Virgen María y San José, y con menor frecuencia, los reyes magos y los pastores que, según los Evangelios, acudieron a adorar al Mesías. Junto a estos seres, las simples descripciones del lugar, de la circunstancia, y de los actos de homenaje, constituyen una expresiva estampa poético-musical, cuya materialización plástica aparece con todo su aparato decorativo en los tradicionales Nacimientos chilenos.

 El mencionado carácter esencial de ofrenda del villancico utiliza diferentes cauces. En algunas ocasiones discurre como una sencilla salutación colmada de buenos deseos:

Señora doña María,
vengo toda avergonzada.
¡Que viva el Niño,
mi amado Dios!

 En otras, manifiesta el pesar provocado por el término de la fiesta de Navidad:

Buenas noches, Mariquita,
yo vengo con mucha pena,
porque al Niñito Jesús
se le acabó la novena.

 En estas condiciones, el villancico adopta características de esquinazo, pudiendo llegar a un grado imperativo:

Despierna, Niño de Dios,
a los rayos de la luna.
Abreme las puertas quiero
antes que me dé la una.

 Pero cu propósito más común es el ofrecimiento de presentes propios de la cosecha campesina, como frutas y verduras; o bien animales domésticos, desde vacas y caballos hasta aves de corral; figurando además diversas prendas de vestir infantiles; obsequios todos éstos que pueden aparecer en heterogéneo conjunto o separados en la forma señalada. A menudo los regalos consistentes en productos de la tierra, flores y alimentos en particular, se depositan materialmente en aquel lugar de los pesebres rurales reservado para tal efecto habiéndose omitido casi por completo en nuestros días la entrega de los de mayor valor. Pero también es usual que los textos de los villancicos anuncien en primer término, en cada estrofa, cualquier donativo de los nombrados, agregando de inmediato, con ingenuo procedimiento de antítesis jocosa, la pérdida o destrucción del mismo, a causa de toda suerte de percances, generalmente ocurridos en el camino. He aquí un ejemplo de este último tipo del cual transcribiremos un fragmento musical suficiente para su apreciación orgánica.

II
Señora, yo le traía
unas diucas muy cantoras,
y al pasar por Angostura
se me volaron, Señora.

Estribillo
Aru ru ru, ru
duérmete Niño Jesús.

III
Señora, yo le traía
un barrilito de vino,
y como tenía sed
me lo tomé en el camino.

IV
Señora, yo le traía
un tordo muy hablador;
se me volé esta mañana,
antes de rayar el sol.

Despedida
Por fin, misiá Mariquita,
no hallaba ya qué traerle,
porque un pollo que tenía
un zorro le dio la muerte.

 Lo expuesto permite observar en nuestros cantos folklóricos de Navidad, un planteamiento eminentemente narrativo enumerativo de sus asuntos, expresado con tendencia al diálogo conciso de una mera conversación amistosa, sin preámbulos ni fórmulas reverenciales, lo que en absoluto puede achacarse a una conducta irrespetuosa, sino a la fresca, hermosa y directa actitud de comunicación del hombre humilde de espíritu.

 La estructura métrica del villancico consta, predominantemente, de cinco cuartetas, octosílabas, la última de las cuales es una despedida o cogollo, siendo habitual la intercalación de un estribillo de dos, cuatro, o seis versos, penta, hexa, hepta, octo, o decasilábicos, sea después de los dos primeros versos y del final de cada estrofa, sea sólo en la segunda posición, resaltando en ambas por su condición reiterativa lírica. Observemos un ejemplo del primer tipo, no tan fácil de encontrar como el segundo.

Señora doña María
vengo toda avergonzada,

Estribillo
Que viva el Niño,
mi amado Dios.

A cantarle en mi guitarra
con mi voz desentonada,

Estribillo
Que viva el Niño,
mi amado Dios.

 El planteamiento de caracterización musicológica referente a la tonada, tiene plena validez con respecto del villancico, quien junto con el esquinazo, los parabienes, el romance, el verso en ciertos casos, cuando posee pie rítmico, y la tonada propiamente dicha, constituye una verdadera familia musical, por razones de afinidad melódica, rítmica, armónica e interpretativa. La diferenciación de los componentes del grupo en referencia, se basa en la función específica que cada uno de ellos cumple en su núcleo social.

 Los cánticos de Navidad se conservan en gran parte del territorio nacional, descollando su práctica en las poblaciones de los oasis de la provincia de Antofagasta, en el interior de los valles de la provincia de Coquimbo, en las pequeñas localidades rurales de las provincias de Aconcagua, Valparaíso, O'Higgins, Colchagua, Curicó, Talca y Maule. En el resto de las regiones sureñas decrece considerablemente, para rebrotar con fuerte religiosidad en las islas de Chiloé. En todos estos lugares se interpretan como complemento de celebración, al término de la pertinente Novena el día de conmemoración del nacimiento de Cristo, en unión de otros cantos y danzas folklóricas, tanto en el atrio o interior de los templos, como en casas particulares de distintas condiciones socioeconómicas, llegándose en algunas ocasiones a efectos teatrales rudimentarios, concretados en la representación escenográfica de los personajes aludidos en los villancicos, usualmente compendiados por una imagen de madera o yeso del Niño Dios, y por la actuación colectiva y espontánea de los circunstantes, que acostumbran a golpear las puertas de la iglesia, para demostrar su intención de entrar en ella; traer ofrendas del tipo de las ya indicadas, y provocar bulliciosa alegría, por medio de gritos, descargas de escopetas, uso de matraca entre los más comunes procedimientos.

 La regocijada simplicidad expresiva y la índole anecdótica de esta especie folklórica, la hacen particularmente apta para un elemental y grato contacto del alumno de la educación primaria con el acervo tradicional chileno, gracias al cual puede adquirir nociones sobre los antecedentes y formas de celebración de una festividad universal, caracterizar personajes, y desarrollar hábitos musicales. Otro cauce de aplicación del villancico consiste en su armonización destinada a conjuntos corales, como incremento del repertorio navideño.

 En los últimos años, la labor del Instituto de Investigaciones Músicales da la Universidad de Chile, por medio de discos y folletos; la finalidad de divulgación de los llamados grupos folklóricos, y las esporádicas intervenciones del clero, han permitido una mayor expansión del villancico y han estimulado su cultivo espontáneo y auténtico en aquellos lugares en que se conserva como uno de loa hechos propios del comportamiento aglutinante de la comunidad.

 De acuerdo con la importancia otorgada al espíritu religioso de la conquista española; con las noticias documentales de los cronistas, entre los que sobresale el padre Alonso de Ovalle, con su Histórica Relación del Reino de Chile, sobre la introducción y desarrollo de loa cantares tradicionales hispánicos; y con la cronología fehacientemente comprobada de villancicos chilenos, en especial los recogidos en San Pedro de Atacama y en Chiloé, en lo que a texto poético, línea melódica y acompañamiento instrumental se refiere, podemos suponer que este miembro de la familia de la tonada se evidencia en nuestro país conjuntamente con la realización de las primeras fiestas navideñas, cuyo mayor brillo se logró en los conventos de religiosas. Sobre este particular, el prestigioso historiador chileno Eugenio Pereira Salas, basándose en el padre Juan de Guérnica, nos informa acerca de la costumbre de cantar villancicos, al son de guitarras, campanillas y tambores, en el convento de las monjas Clarisas de Nuestra Señora de la Victoria. Posteriormente, también los núcleos familiares llevaron a sus casas la devoción de la Novena del Niño, sin omitir el canto de los villancicos, muchos de los cuales fueron recreados en consonancia con el avance de las nuevas formas de vida y con las peculiaridades de las diferentes regiones geográfico-humanas nacionales en formación. Otros han sido producto del ingenio criollo, pero manteniendo siempre las condiciones esenciales que les imprimieron los autores españoles medievales, en gran parte sumergidos en el anonimato, condiciones que ya encontramos bien definidas en el siglo XV, en el Auto del Nacimiento de Gómez Manrique.



Bibliografía

Pereira Salas, Eugenio. "Los villancicos chilenos". Revista Musical Chilena, año X, octubre de 1955, N°51.


"Antología del Folklore Musical Chileno". Fascículos N° 1 y 2. Instituto de Investigaciones Musicales de la Universidad de Chile, Stgo. 1961 y 1962.


Barros, Raquel y Dannemann, Manuel. "Introducción al estudio de la tonada". Revista Musical Chilena, N°89, año XVII, Stgo., julio-septiembre de 1964.