Enrique IV: Primera parte, Acto IV, Escena IV

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Enrique IV
Primera parte: Acto IV, Escena IV
de William Shakespeare




ACTO IV

ESCENA IV

YORK- Un cuarto en el palacio Arzobispal.

(Entra el Arzobispo de York y un caballero.)

ARZOBISPO.- Daos prisa, mi buen Sir Michael, llevad esta carta sellada, con alada premura, al lord Mariscal; ésta a mi primo Scroop y las demás a su dirección; si supierais la importancia que tienen, os apresuraríais.

CABALLERO.- Adivino su contenido, mi buen lord.

ARZOBISPO.- Es muy probable. Mañana, buen Sir Michael, es el día en que la fortuna de diez mil hombres va a jugar la suerte suprema. Porque mañana, en Shrewsbury, según los datos exactos que he recibido, el rey, al frente de un poderoso ejército formado a toda prisa, se encontrará con lord Harry; y temo, Sir Michael, que, con la enfermedad de lord Northumberland (cuyas fuerzas eran el contingente más considerable) y con la ausencia de Owen Glendower, que habría prestado poderoso auxilio y que no ha acudido, dominado por ciertas profecías, temo, repito, que el ejército de Percy sea demasiado débil para sostener una lucha inmediata con el del rey.

CABALLERO.- Y bien, mi buen lord, nada debéis temer. Ahí están Douglas y Mortimer.

ARZOBISPO.- No, Mortimer no está.

CABALLERO.- Pero ahí están Mordake, Vernon, lord Harry Percy, ahí está milord Worcester y un grupo selecto de nobles caballeros, de valientes guerreros.

ARZOBISPO.- Es así; pero por su parte, el rey ha reunido la flor de los gentiles hombres de todo el reino, el Príncipe de Gales, lord Juan de Lancaster, el noble Westmoreland, el belicoso Blunt y muchos otros combatientes, sus émulos, hombres muy estimados por su experielicia y autoridad militar.

CABALLERO.- No dudéis, milord, que encontrarán dignos adversarios.

ARZOBISPO.- No espero menos, pero es útil desconfiar; así, para prever lo peor, Sir Michael, apresuraos. Porque si lord Percy no triunfa, el rey, antes de licenciar sus fuerzas, piensa visitarnos, informado como está de nuestra confederación y nada es más prudente que fortificarnos contra él. Por lo tanto, daos prisa; aun debo ir a escribir a otros amigos. Ahora, Dios os guarde, Sir Michael.

(Parten de opuesto lado)

Primera parte: Acto IV, Escena IV