Estudio crítico de la obra de Felipe Trigo

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


Autora: María de Plattis

UN NOVELISTA DE LA MUJER Y DEL AMOR [1][editar]


El Mercure de France, rindiéndole cuenta a sus lectores de la primera novela de Felipe Trigo, Las Ingenuas, escribía: «Felipe Trigo, como Gabriel D'Annunzio, en Italia, ha creado, en España, de un golpe, un género. Es arte, y gran arte, el del autor de Las Ingenuas, o no lo entendemos nosotros. Sus maestros son, sin duda, Flaubert y Maupassant

Lo mismo el ilustre novelista español es un analizador profundo de las almas, un concienzudo observador de la vida y un estudiador infatigable de los problemas amorosos. El amor, en su refinada voluptuosidad de la civilización moderna, en su sensualidad ardiente y sincera de la raza latina, cautivo entre las tormentosas dudas con que las filosofías extrañas hubieron de amarrarlo y de velarlo como con una túnica cilicio, constituye la esencia de las novelas de Felipe Trigo, y ocupa buena parte de sus libros de sociología y de arte. Su prosa es férvida, clara, llena de vigor, lo sobrado flexible y varia para ir desde el verismo más audaz al lirismo más alado. Menos decadente que Gabriel D'Annunzio, porque es más sincero, sólo se le asemeja en la casi inconsciente reproducción del alma propia en los protagonistas de sus obras. Jorge, el bello adolescente de La sed de amar; Luciano, el gentil amante de Las Ingenuas; Darío, el artista de Alma en los labios; Víctor, el escritor de La Altísima..., son todos personificaciones diversas del espíritu ardiente y triste, insaciado e insaciable, de su creador, y que se parecen como hermanos.

Mas donde aparece principalmente la derivación flaubertiana de la obra de Felipe Trigo y el valor de su ingenio instintivo y penetrante es en la pintura de la mujer y en el análisis de la psiquis femenina. Aparte de la protagonista, una verdadera guirnalda de mujeres se agita en cada uno de sus libros, surgiendo de diversos ambientes, y ninguna de ellas, joven o madura, ingenua o corrompida, impasible o sensual, amante gozosa o amante dolorosa, deja de vivir vida autónoma, deja de obrar según su naturaleza, según su educación, y sin contradecirse jamás. Ante el amor son igualmente débiles y vencidas. Ni una de la numerosa falange escapa al imperio del dios ciego, y las más honestas, las más lejanas de la pasión, después de una lucha más o menos larga, acaban por ceder a la fragilidad de su temperamento, a los deseos del amante, al arte en verdad refinado que las asedia y hechiza.

En las novelas de Felipe Trigo buscaríamos inútilmente el amor del alma de las novelas de Fogazzaro, pero buscaríamos también inútilmente la animalidad erótica de las novelas de Zola. El ideal del escritor español es el de la verdad, en la vida; el ideal conciliado con las tendencias naturales, el ideal capaz de alimentar y de extinguir, al mismo tiempo, la llama de la pasión. Purificar los sentidos por medio del alma: he aquí su pensamiento y la demostración continua hacia la cual tiende su arte. Y esta teoría suya, junta con otras análogas, se encuentra expuesta con orden y claridad en una de sus últimas obras: El amor en la vida y en los libros. Esta obra prueba la magnífica fecundidad de su autor, que, habiendo sido invitado para inaugurar, en el Ateneo de Madrid, una serie de conferencias autocríticas, «en vez de una conferencia (son sus palabras) escribió un volumen de doscientas páginas, del cual después extrajo la conferencia».

«Yo hablo — dice él — en nombre de la vida.» Y después de haber, en la primera parte, desarrollado diferentes opiniones acerca del amor y, en la segunda, las varias manifestaciones del amor, dedica la tercera al amor como será..., cuando la sociedad haya podido transformarse. La última parte está reservada para el estudio de la novela erótica, y en esta parte del libro se incluye la conferencia que Felipe Trigo ha intitulado: La impotencia de la crítica ante la importancia de lo emocional en la novela moderna, tema interesantísimo, desenvuelto por el escritor con aquella elocuencia de fuego y aquella acuidad de percepción que le son particulares.

Me duele que las proporciones de mi modesto estudio no me consientan penetrar más hondamente en este libro, que refleja un temperamento original y libre, audaz, enemigo de toda aparcería y de toda mentira consagrada. El mismo análisis merecería la otra obra de Felipe Trigo, Socialismo individualista, que es una nueva aplicación de las teorías socialistas, un socialismo «aristocrático» (el único que el autor puede concebir, porque es el único conforme con su naturaleza), capaz de conciliar los intereses de la comunidad con toda la libertad natural del individuo. El espíritu de este libro resúmese en una fórmula que el autor mismo escribe en la introducción: «Es bueno y justo socialmente todo aquello que conviene al individuo.»

Felipe Trigo estudia el origen animal del socialismo, examinando al hombre en el estado de barbarie primitiva; afirma la imposibilidad actual del socialismo, defiende su condición evolutiva y predice la gradual transformación, primero social y antropológica, en el sentimiento de nacionalidad, en el carácter individual, en la intelectualidad, en el amor y en los deseos; luego, las otras transformaciones consecutivas en la propiedad, en el trabajo, en la herencia, en la mujer y en la familia. Todos estos problemas son estudiados con el método y claridad que hacen de tan fácil comprensión la prosa de Felipe Trigo, aun cuando trata los temas más complejos. Creo que semejante libro, traducido al italiano, sería ávidamente leído y ampliamente discutido [2].

En las novelas, su estilo, sin dejar de permanecer limpio y fluido, se enriquece de imágenes poéticas, se colora de un sentimiento que pasa sin cesar desde la más exquisita esfumatura del idilio a la intensidad de la más fiera pasión, se amplifica en descripciones de una evidencia tan neta que hace temblar y palpitar, se afina en cuadros de ambiente y paisaje que completan la mágica impresión de estar asistiendo a escenas mismas de la vida. Y sus conceptos de ética y de estética forman la trama sólida y original de sus novelas bellísimas, compuestas con aquel respeto para el arte, con aquella firmeza y con aquella amplitud de procedimiento, con aquel cuidado del detalle y aquella variedad de los caracteres y de los personajes que van haciéndose cada vez más raros entre los autores contemporáneos, y que con Flaubert, Maupassant y Paul Bourget tuvieron glorioso ejemplo.

Tal facilidad de escribir y tal riqueza de facultades observadoras y analíticas llevaron a Felipe Trigo quizá un poco, en su primera novela, Las Ingenuas, que ya alcanza la cuarta edición, a olvidar el sentido de las proporciones: es una larga novela, en dos tomos, que tal vez pudo reducirse a uno sin daño de su tesitura.

La ingenua representa, a juicio de Felipe Trigo, la mujer que caracteriza principalmente, por cuanto se refiere al sentimiento, la evolución de la conciencia social; ella sufre la lucha de los instintos, que se le despiertan con las viejas tradiciones que la abandonan. Llama ingenua el autor a su heroína antes por compasión cariñosa que por desprecio. Son las víctimas, y no saben más que sufrir, porque no pueden o no quieren llegar hasta la causa de su sufrimiento, afrontarla y vencerla, o, al menos, combatirla. Alguna semejanza tienen las ingenuas de Felipe Trigo con las desencantadas de Pierre Loti: de las unas y las otras, la educación refinada ha hecho apóstatas morales. Entre todas las ingenuas descuella Flora, la jovencita española educada a la parisiense, instintivamente pura, más ansiosa y curiosa del amor que le inspira el marido de su hermana. Esta es una mujer limitada y tranquila. Flora acaba por convertirse en la amante del cuñado. El proceso de tal pasión hállase conducido magistralmente; los personajes, desde el protagonista hasta los de menor importancia, viven la verdadera vida. Algunos episodios de guerra y de viajes por países lejanos (recuerdos de la vida del autor) prestan por algunos momentos nuevos ritmos al de esta pasión formidable.

Superior a Las Ingenuas me parece todavía — y ha sido dicho por muchos — La sed de amar: una excelentísima novela, orgánica, varia de personajes y de hechos, inundada de pasiones, triste, con esa tristeza que proviene de una inmensa aspiración que no halla tregua.

Así, Jorge, el protagonista, sediento de alma, la busca inútilmente en cuantas mujeres tropieza, en la honesta y en la impura, en la refinada y en la impetuosa, en la intelectual y en la sencilla... No sacia su inextinguible sed. Ni la extinguen tampoco las mujeres que cambian con él sus afectos, angustiadas igualmente por la nostalgia divina. Esta es la novela de Felipe Trigo más rica de figuras femeniles, todas con tan poderosa y propia individualidad que viven y vivirán siempre en la memoria de quien una vez haya leído el libro: Lola, la hermana de Jorge, el único cariño de su vida, y que muere como una flor arrancada; Justina, la orgullosa; Silvia, la bella; Marta, la encantadora; Rosa, la ingenua; Mercedes, la cortesana..., y otras, y otras, en situaciones bien distintas, entregadas todas plenamente, y ninguna capaz de «realizarle» el ensueño.

Estas dos novelas pertenecen al primer ciclo del autor, cuyo propósito fué estudiar en ellas — son sus palabras — la pasión, tratando de idealizarla, y demostrando, al fin, la imposibilidad de conseguirlo, por cuanto tiene la pasión de enfermo y monstruoso.

Luego, a manera de afirmación frente a tales negaciones, en Alma en los labios y en La Altísima, quiso Felipe Trigo estudiar el amor verdadero, sentido y visto a través de la verdadera inteligencia, elevado al grado de sentimiento noble y apto para darle al íntegro ser humano reposo y felicidad.

Alma en los labios es la novela predilecta del autor, que en ella ha condensado más que en otra alguna su estilo ardiente, imaginativo, elegante y sinuoso, dócil para revestir lo mismo el concepto más profundo que la emoción más fugaz. El da forma delicadísima al ideal proclamado: el de la fusión perfecta de la ilusión con la realidad, de los sentidos con el alma, de las aspiraciones humanas de la fiebre erótica con las aspiraciones excelsas del espíritu. Alma en los labios es la historia de un envidiable amor entre dos artistas, Darío y Gabriela. Ella aporta la delicadeza, la gracia, la intuición, la sensibilidad, la belleza; él, la profundidad, la energía, la seguridad, el dominio y la audacia. Y hasta cuando la vida, con sus mixtificaciones y sus errores, los separa momentáneamente, se recobran plenos por la absoluta sinceridad recíproca, partes las dos de un todo armónico e indivisible.

La Altísima es la última novela, en orden de fechas, escrita por Felipe Trigo. También ha sido compuesta para el estudio del amor (no de la pasión) y de la mujer liberada (no de la ingenua).

Víctor semejase a Darío, el protagonista de Alma en los labios, y Adria a Gabriela. Otras mujeres florecen por estas páginas, como rosas de un jardín; pero Adria, que ama tanto en su simplicidad; Adria, que se corta la negra cabellera hermosa para darle al amado una prueba de devoción...; la Altísima, recogida por él del fango como una perla caída y salvada, como Margarita Gautier, por su amor mismo, perfuma todo el libro con su alma.

«Todos mis libros — escribíame tiempos atrás el autor — expresan una noble adoración por la mujer, en una especie de armonización sistemática.» Igual que, para Francia, Bourget, Felipe Trigo se puede conceptuar, para España, el gran psicólogo de la pasión amorosa en sus más altas y sutiles manifestaciones,

A modo de descanso entre una y otra de estas últimas novelas, Felipe Trigo publicaba otra, que él mismo llama «fácil», y cuya acción se desarrolla en el transcurso de un largo viaje por el mar. Es un bello racconto, donde el autor recoge sus recuerdos. Es la vida a bordo de un gran transatlántico, y llena de incidentes, de galanterías, de amores..., como en los salones de un hotel de lujo o en el parque de una vida principesca. Si bien más ligeramente que en sus demás obras, el autor no ha querido perder la ocasión de estudiar singularísimas figuras de mujer.

Y esta novela, y otra más breve. Reveladoras, editada con elegantes ilustraciones por El Cuento Semanal, llena de gracia y de agudísima finura, completan hasta hoy la obra de Felipe Trigo, que ya anuncia la publicación de Los héroes [3]


* * *


Su actividad es, como se ve, maravillosa. De libro a libro deja pasar apenas el tiempo necesario para darles forma material. La inspiración se sucede rica, fresca, inagotable en su bella mente de pensador y de poeta, y por todo reposo cambia de género. Además, escribe artículos, conferencias..., y sus largas cartas son para los amigos un don precioso de ingenio que salta en chispas; de pensamiento que se abandona voluntario en múltiples consideraciones y que ama la discusión y el análisis; de sentimiento que se exhala en entusiasmos, en ensueños, en lirismos. Yo tengo la suerte de poseer un paquete de estas preciosas cartas. Forman una especie de conversación estenografiada, páginas íntimas de un diario donde su fantasía y sus creaciones se delínean gradualmente; donde las espirituales confesiones del artista, del hombre, cubren las hojas de vitela con una caligrafía menuda, recta, clara, en el mismo fascinador y triunfal estilo que da tanta valía a sus libros.

Así, por él mismo, supe muchas cosas de su vida de literato. La comenzó tarde, luego que, terminada su carrera errante de médico militar por las heridas que sufrió en Filipinas fué condecorado y pudo, sin preocupaciones de otra índole, entregarse a los ensueños de belleza. Durante algunos años vivió en Mérida, la histórica ciudad de Extremadura, con su gentil compañera Consuelo (nombre dulce para quien ha vivido y vive la vida de la lucha en medio de las ideas y de los hombres) y con sus hijos. Enamorado de Italia, a la cual no conoce aún íntimamente sino por su divino reflejo de gloria, Felipe Trigo complacíase evocándola en el triunfal Arco-Trajano y en los acueductos y anfiteatros de Emerita Augusta. En su biblioteca figuran bien amadas obras del Dante, Ariosto, Machiavelo, Leopardi, y entre los modernos italianos prefiere a De Amicis y a D'Annunzio. Experto en nuestra lengua clásica, también la francesa le es familiar, y, además, conoce la música lo bastante para arrancarle a su violín, como un suspiro hacia Italia, los melodiosos acordes de Cavalleria Rusticana y de la Tosca.

Poco después de publicar su primera novela, Las Ingenuas, aparecida en 1901, la notoriedad de Felipe Trigo estalló tan rápidamente sobre el público aplauso que vióse obligado, para vigilar de cerca la difusión de sus libros, a trasladarse a Madrid, donde actualmente vive con su familia y sin haber cambiado lo más mínimo sus hábitos de trabajador. Acaba de pasar los cuarenta años, y tiene, pues, delante un largo camino de fecundidad, en el que habrá de seguir enriqueciendo la literatura española con nuevas y privilegiadas obras. Si en Italia un buen editor emprendiese la tarea de divulgar, traducidos, los libros de Felipe Trigo, tendría en su compañía la fortuna, ya que el arte de este novelista, fundado en el estudio de la más poderosa entre las pasiones y de la más ansiada, calumniada y discutida mitad del género humano, no es un arte que confine con la moda o cuadre sólo en algún rincón del mundo, sino que es arte universal y eterno.


JOLANDA


  1. Este estudio, debido a la pluma de la ilustre novelista italiana marquesa María de Plattis (Jolanda), ha sido publicado en Roma, con varias ilustraciones fotográficas, por el número correspondiente a Febrero de 1908,de la revista Gran Mondo.— (N. del E.)
  2. De algunas de las singulares teorías de este libro se ha hecho cargo, entre otros tratadistas extranjeros, monsieur Alfredo Naquet, el autor de La ley francesa del divorcio, en su reciente obra Collectivisme et Anarchie. Otras, como las referentes a la condición evolutiva del socialismo y la necesidad de la militarización de los estados, han sido al fin reconocidas y proclamadas igualmente por los socialistas franceses y alemanes. — (N. del E.)
  3. Reveladoras forma parte del presente volumen. Los héroes ha sido publicada recientemente con el título La Bruta (Héroes de ahora). — (N. del E.).