Exclamaciones o meditaciones del alma a su Dios/Capítulo XVII
1. ¡Oh Dios mío y mi sabiduría infinita, sin medida y sin tasa y sobre todos los entendimientos angélicos y humanos! ¡Oh Amor, que me amas más de lo que yo me puedo amar, ni entiendo! ¿Para que quiero, Señor, desear más de lo que Vos quisiereis darme? ¿Para qué me quiero cansar en pediros cosa ordenada por mi deseo, pues todo lo que mi entendimiento puede concertar, y mi deseo desear, tenéis Vos ya entendido sus fines, y yo no entiendo cómo me aprovechar? En esto que mi alma piensa salir con ganancia, por ventura estará mi pérdida. Porque, si os pido que me libréis de un trabajo y en aquél está el fin de mi mortificación, ¿qué es lo que pido, Dios mío? Si os suplico me le deis, no conviene por ventura a mi paciencia, que aún está flaca y no puede sufrir tan gran golpe; y si con ella le paso y no estoy fuerte en la humildad, podrá ser que piense he hecho algo, y hacéislo Vos todo, mi Dios. Si quiero padecer, mas no querría en cosas en que parece no conviene para vuestro servicio perder el crédito, ya que por mí no entienda en mí sentimiento de honra, y podrá ser que por la misma causa que pienso se ha de perder se gane más para lo que pretendo, que es serviros.
2. Muchas cosas más pudiera decir en esto, Señor, para darme a
entender que no me entiendo; mas como sé que las entendéis,
¿para qué hablo? Para que cuando veo despierta mi miseria, Dios
mío, y ciega mi razón, pueda ver si la hallo aquí en esto escrito de
mi mano. Que muchas veces me veo mi Dios, tan miserable y flaca
y pusilánime, que ando a buscar qué se hizo vuestra sierva, la que
ya le parecía tenía recibidas mercedes de Vos para pelear contra
las tempestades de este mundo. Que no, mi Dios, no; no más
confianza en cosa que yo pueda querer para mí. Quered Vos de mí
lo que quisiereis querer, que eso quiero, pues está todo mi bien en
contentaros. Y si Vos, Dios mío, quisiereis contentarme a mí,
cumpliendo todo lo que pide mi deseo, veo que iría perdida.
3. ¡Qué miserable es la sabiduría de los mortales e incierta su
providencia! Proveed Vos por la vuestra los medios necesarios para
que mi alma os sirva más a vuestro gusto que al suyo. No me
castiguéis en darme lo que yo quiero o deseo, si vuestro amor (que
en mí viva siempre), no lo deseare. Muera ya este yo, y viva en mí
otro que es más que yo y para mí mejor que yo, para que yo le
pueda servir. El viva y me dé vida; El reine, y sea yo cautiva, que no quiere mi alma otra libertad. ¿Cómo será libre el que del Sumo
estuviere ajeno? ¿Qué mayor ni más miserable cautiverio que estar
el alma suelta de la mano de su Criador? Dichosos los que con
fuertes grillos y cadenas de los beneficios de la misericordia de Dios se vieren presos e inhabilitados para ser poderosos para soltarse.
Fuerte es como la muerte el amor, y duro como el infierno.
¡Oh, quién se viese ya muerto de sus manos y arrojado en este
divino infierno, de donde ya no se esperase poder salir, o por mejor
decir, no se temiese verse fuera! Mas ¡ay de mí, Señor, que
mientrasdura esta vida mortal siempre corre peligro la eterna!
4. ¡Oh vida enemiga de mi bien, y quién tuviese licencia de
acabarte! Súfrote, porque te sufre Dios; manténgote porque eres
suya; no me seas traidora ni desagradecida.
Con todo esto, ¡ay de mí, Señor, que mi destierro es largo! Breve es
todo tiempo para darle por vuestra eternidad; muy largo es un solo
día y una hora para quien no sabe y teme si os ha de ofender. ¡Oh
libre albedrío, tan esclavo de tu libertad, si no vives enclavado con
el temor y amor de quien te crió! ¡Oh, cuándo será aquel dichoso
día que te has de ver ahogado en aquel mar infinito de la suma
Verdad, donde ya no serás libre para pecar ni lo querrás ser,
porque estarás seguro de toda miseria, naturalizado con la vida de
tu Dios!
5. El es bienaventurado, porque se conoce y ama y goza de sí
mismo, sin ser posible otra cosa; no tiene ni puede tener, ni fuera
perfección de Dios poder tener libertad para olvidarse de sí y
dejarse de amar. Entonces, alma mía, entrarás en tu descanso
cuando te entrañares con este sumo bien, y entendieres lo que
entiende, y amares lo que ama, y gozares lo que goza. Ya que
vieres perdida tu mudable voluntad, ya ya no más mudanza; porque
la gracia de Dios ha podido tanto que te ha hecho particionera de su
divina naturaleza con tanta perfección que ya no puedas ni desees
poder olvidarte del sumo bien ni dejar de gozarle junto con su amor.
6. Bienaventurados los que están escritos en el libro de esta vida.
Mas tú, alma mía, si lo eres, ¿por qué estás triste y me coturbas?
Espera en Dios, que aun ahora me confesaré a El mis pecados y
sus misericordias, y de todo junto haré cantar de alabanza con
suspiros perpetuos al Salvador mío y Dios mío. Podrá ser venga
algún día cuando le cante mi gloria, y no sea compungida mi
conciencia, donde ya cesarán todos los suspiros y miedos; mas
entretanto, en esperanza y silencio será mi fortaleza. Más quiero
vivir y morir en pretender y esperar la vida eterna, que poseer todas
las criaturas y todos sus bienes, que se han de acabar. No me
desampares, Señor, porque en Ti espero, no sea confundida mi
esperanza; sírvate yo siempre y haz de mí lo que quisieres.