Fulano de tal

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Fulano de tal (1925) de Felisberto Hernández
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Fulano de tal
de Felisberto Hernández


A María Isabel Guerra

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Conocí un hombre, una vez, que era consagrado como loco y que me parecía inteligente. Conocí otro hombre, otra vez, que estaba de acuerdo en que el loco consagrado fuera loco, pero no en que me pareciera inteligente. Yo tenía mucho interés en convencerle, y del laberinto que el consagrado tenía en su mesa de trabajo, saqué unas cuantas cuartillas –esto no le importaba a “él”– y traté de reunir las que pudieran tener alguna, aunque vaga ilación –esto de la ilación tampoco le importaba a “él”– y así convencería al otro de la inteligencia de éste. Pero me ocurrió algo inesperado: leyendo repetidas veces lo que escribió el consagrado me convencí de que, en este caso, como en muchos, no tenía importancia convencer a un hombre. Sin embargo, publiqué esto como testimonio de amistad con estas ideas del consagrado.

... Y me quedé loco de no importárseme el porqué de nada y de no poderme entretener: todos los demás se pueden entretener y no están locos. Los genios crean, se entretienen y desempeñan un gran papel estético. Los papeles estéticos son muy variados y están naturalmente combinados con las leyes biológicas de cada uno. La combinación primordial en las leyes biológicas no la entienden los cuerdos: el placer y el dolor, con un gran predominio de dolor –acaso dolor solamente. Y esta combinación es la gran base del entretenimiento humano. Los que están por volverse locos y buscan el porqué del cosmos, están a punto de no entretenerse. Hay horas en que no sé por qué –ni se me importa saberlo, como ahora por ejemplo– imito a los que se entretienen y escribo. Pero, tanto da: al rato me encuentro con que no tengo ni había tenido en qué entretenerme.

Lo que me parece que tiene más presión de entretenimiento, es contar hasta mil: esto no tiene pretensión de trampa de entretenimiento. En cambio, las artes y las ciencias, sí. Las trampas de entretenimiento de las artes, consisten en hacer variaciones sobre un tema determinado, y las de las ciencias en plantear casos especiales de todo: y habiendo genio, estos entretenimientos no escasearán nunca, y habrá siempre tanta originalidad en ellos, como si las impresiones digitales de cada uno fueran creación propia.

Tanto en las trampas del arte como en las de la ciencia, hay grandísimas emociones, y la emoción es, precisamente, el queso de las trampas de entretenerse. Pero yo ya probé el queso de todas las trampas y me da en cara: he aquí mi tragedia de la locura de no entretenerme.

Los hombres se consideran entre sí con grados de superioridad, por la manera de entretenerse: y hay casos más curiosos, aún; los hombres que se entretienen en considerar grados en la comprensión del entretenimiento de otros, es decir, no el caso de los productivos, sino el de los receptivos ¡y eso que casi siempre los productivos de los cuales se entretienen en clasificarles el entretenimiento, están muertos!

Pensaba que los casos más generales de amistad se producen por identidad de entretenimientos; sin embargo hoy conocí un hombre del que no pude ser amigo, a pesar de haberme dicho que había sufrido mucho tiempo la falta de entretenimiento: pero estaba cuerdo y la falta de entretenimiento era por haber estado mucho tiempo preso. Me había ocurrido algo parecido otra vez que conocí un hombre de cabellos blancos que estaba epilogando: decía que estaba a punto de no entretenerse, pero era de los cuerdos, y de los que a pesar de tener inteligencia o no, predican a los que están en el prólogo haciendo hincapié en que se han entretenido más tiempo que ellos –y a esto le llaman “experiencia”. Además, el estar a punto de no entretenerse era porque estaba por morirse.

Casi todos los niños se entretienen espontáneamente en trampas simples, y a medida que van siendo hombrecitos aumentan la complejidad. Una excepción son los precoces, que cuando niños los vemos entretenerse en trampas complejas –y todas las mamás se entretienen en admirar lo desproporcionado del entretenimiento con la edad– y cuando hombres los vemos en trampas simples.

Los hombres que de más lejos hacen sospechar su entretenimiento son los gordos, y la superioridad entre ellos está en según sea el cerebro por el cual les pase el estómago. Los hombres que tenemos que tener más cerca para sospecharles el entretenimiento, son los absoluto-perfectos cuerdos.

Me he entregado a una trampa de entretenimiento a pesar de saber que es trampa; me alivia en casi todas las horas del día de mi tragedia y me hace conciliar con las demás trampas. Esta maravillosa trampa, en vez de queso tiene un pedazo de jugosa carne chorreando sangre: me casé y tengo hijos.

Cosas para leer en el tranvía[editar]

Juegos de inteligentes:

Los despejados juegan a las esquinitas y aprovechan la confusión general para quedarse con una esquinita.

Los teósofos juegan al gallo ciego y si abrazan el tronco de un árbol, dicen que es el talle de una joven, y si les sacan el pañuelo de los ojos, dicen que la joven se convirtió en árbol y si les muestran la joven, dicen que es la reencarnación, y si la joven dice que no, dicen que es falta de fe.

Los eruditos juegan a quien se acuerde mejor de estos juegos.

Domicilios espirituales:

El Dios de los católicos es un Dios que está en el aire.

El diablo está especialísimamente en los buenos.

Los santos están en sus tareas.

Los ángeles han volado demasiado alto.

Los escritores están casi siempre en sus escritorios.

Los cultos están en todas partes.

Los bohemios están en el mundo.

Los héroes están embalsamados.

Teoría simplista de las almas gordas[editar]

Pienso en una nueva teoría teosófica de la reencarnación. Es necesario explicar la desproporción de los habitantes que nacen en relación con los que se mueren. Pienso que los delgados tengan alma delgada y los gordos alma gorda. Si al morir un delgado, el alma le vuelve a nacer en el almita de un niño, un gordo hace reencarnar cuatro, cinco o más almitas a la vez.

De sable en mano[editar]

De repente dos hombres tienen públicamente una lucha intelectual. Después que sus cerebros les dan la medida, se consideran ofendidos, se baten a sable y la acción se les despide de la inteligencia con un fuerte apretón de manos. Triunfa la casualidad en forma de porcentaje de valor combinado con el mayor número de lecciones de sable. Entonces cambian de problema estético: el problema de la inteligencia se cambia por un problema coreográfico, aunque en los demás casos el problema coreográfico y el de la inteligencia sean complementarios.

Diario[editar]

2 de agosto[editar]

... Me enviaron un libro: “Tragedias de Intelectuales”. Se trata de un intelectual casado, que la madre política lo domina…

7 de agosto[editar]

... Además me presentaron a X. Es idealista, íbamos por un camino de árboles. Hacía viento. Al idealista se le voló su sombrero verde que se le confundía en el pasto. Corrió tras él, y al final lo pisó…

12 de agosto[editar]

... Este celebrado pianista nos invitó a cenar. Nos habló de otros pianistas: a uno de ellos le llaman “El Mago de la Memoria”. Toca toda la obra de un autor. Otro que ahora está en Norte América, improvisa en los estilos Bach, Beethoven, etc., con sólo tres notas que le den. Después de cenar ejecutó a Verdi transcripto y arreglado por Liszt. Al despedirme consentí en acompañarles mañana al cine…

13 de agosto[editar]

... Los programas tenían la foto de una actriz que un jurado yanqui había considerado la joven de facciones más perfectas, y por lo tanto, la más bella del mundo…

4 de septiembre[editar]

... En un gran salón habían hecho una pequeña repartición y allí se encerraba el que votaba. Era entre dos listas que había que elegir para poner en los sobres. A pesar de eso, algunos tardaban un ratito en salir. Eran los que tenían cara de más inteligentes. Después llegó un hombre muy extraño que me pareció el más inteligente de todos. Al rato de haber entrado y cuando todos pensábamos que saldría, se oyeron pasos reposados, acompañados de sus vueltitas de cuando en cuando. Pasó un rato más y los pasos no cesaban, pero de pronto cesaron y se sintió caer en el piso una moneda chica, de las que tienen sol y número.

7 de septiembre[editar]

... Entre los que jugaban a las bochas había uno altísimo. Había quien proponía que como tenía piernas tan largas, debía dar solamente dos pasos antes de bochar. Yo me opuse diciendo que el hombre es la suma de lo que es. Otro dijo que una condición natural como eran las piernas largas, podía compensar la inteligencia que era otra condición natural. Otro dijo que a muchos hombres altos, había que unirles los pies a la cabeza a manera de alas.

Prólogo de un libro que nunca pude empezar[editar]

Pienso decir algo de alguien. Sé desde ya que todo esto será como darme dos inyecciones de distinto dolor: el dolor de no haber podido decir cuánto me propuse y el dolor de haber podido decir algo de lo que me propuse. Pero el que se propone decir lo que sabe que no podrá decir, es noble, y el que se propone decir cómo es María Isabel hasta dar la medida de la inteligencia, sabe que no podrá decir no más que un poco de cómo es ella. Yo emprendí esta tarea sin esperanza, por ser María Isabel lo que desproporcionadamente admiro sobre todas las casualidades maravillosas de la naturaleza.


FIN