Gaceta del Salvador/Tomo 4/Número 14

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Gaceta del Gobierno del Salvador en la América Central (1853)
Tomo 4 Número 13

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GACETA
DEL
GOBIERNO DEL SALVADOR
EN LA AMERICA CENTRAL.

 TOM. 4.º NUM. 14.

SAN SALVADOR, JUNIO [...] DE 1853.

página 2



Fragmentos Selectos de Economía Política[editar]


...



California[editar]

CALIFORNIA.

PLACERES.—Una carta escrita en Grenvood Valley [California] da curiosos pormenores acerca de la ecsistencia de los buscadores de oro en aquel decantado pais. Vamos á estractar algunos párrafos de la mencionada carta, para que sirva de aviso á los que aun se dejan alucinar por los cuentos de algunos periódicos.

Dice el corresponsal que no todo es tortas y pan pintado en aquel pais, y que es curiosos ver el semblante de los recien llegados, que en sus ensueños, durante el veían montañas de oro, y que á las pocas horas de su llegada ven estos ensueños cambiarse en crueles realidades, y el que se creía modesto, añade al prometerse regresar luego que hubiese realizado un pequeño capital de 5,000 francos de renta, aceptaria de buena gana, despues de rentas, despues de algunso dias de existencia en California, los medios devolver al pais que dejó bajo la influencia de relaciones engañosas, ó cuando menos cruelmente exagerados. Cuán pocos sospechan la tarea que ha de cumplir el minero para recoger al cabo de la jornada, algunas partículas de ese polvo de oro tan difícil de recoger.

Al desembarcar en San Francisco, nada parece dificil á los aventureros; tienen mucha resistencia fisica: y ni las privaciones ni las enfermedades les asustan. De unos de estos guapos hace el corresponsal la siguiente pintura.

"Llega por fin al placer: compra una pala, un pico, un rocker y un plato, sienta su tienda y se pone á la obra bajo la accion directa y poco benéfica de un calor tropical. ¡Mas ay! ya no se encuentra el oro en la superficie del suelo. Es menester cavar y quitar hasta la roca, una tierra endurecida por el sol, mezclada de tenaces guijarros y enredada de enormes raices: y la roca no se encuentra á menudo, sino á los cinco, diez, y hasta veinte pies de profundidad. . . . . . . . . . . . . .
Figúrense ustedes las primeras impresiones del atleta, que la mayor parte del tiempo, no ha manejado mas que la vara de medir, la pluma de escribiente de un alguacil, ó las pessas de una botica. En la primera arde, su cuerpo se niega á enderezarse, sus piernas se aflojan, y al dia siguiente siente un completo quebranto; sin embargo, el hombre enérjico resiste, pues tiene que acostumbrarse. Al tercer dia, aparece una callosidad, se le abre la palma de la mano, se le despelleja la punta de los dedos..., pero y aqueda iniciado y se le admite en el gremio de los mineros. página 3 página 4