Historia II:Carlos V en España

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Todas estas dificultades aparecieron desde los primeros años del reinado de Carlos V. Cuando abandonó por primera vez su país natal, los Países Bajos, para ir a tomar posesión de sus reinos de España (1517), tuvo que esperar primeramente dos meses en el puerto a que dejase de soplar el viento del sudoeste.

El navío tardó once días para llegar a las costas de Asturias, al Norte de España. Carlos y su escolta bajaron a barcas que los condujeron a tierra. Los habitantes, tomándolos por piratas turcos o franceses, enviaron sus mujeres, sus hijos y muebles a la montaña y tomaron las armas. Se tranquilizaron viendo las banderas castellanas y oyendo el grito de ¡España! Pero no tenían lechos que ofrecer y hubieron de tenderse los llegados en bancos y paja. Al día siguiente se emprendió el camino; pero para 200 personas no había más que 40 caballos o mulos. Se caminó a pie; las damas de la Corte iban en carretas arrastradas por bueyes, por caminos pedregosos, bordeados de precipicios, cortados por torrentes sin puentes, que había que vadear con el agua hasta los arzones. Un mes se estuvo sin pasar por una sola ciudad.


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Carlos no sabía aún el español y estaba rodeado de señores flamencos. Los castellanos se irritaron al ver que aquellos extranjeros guiaban a su joven rey y se hacían dar los mejores puestos. Las Cortes de Castilla (formadas por señores y procuradores de las ciudades) quisieron que Carlos jurase no volver a dar cargos a extranjeros. Pidiéronle también que hablase español y que prohibiese la salida de dinero de España.


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Carlos fué luego a sus reinos de Aragón y pidió fondos a las Cortes (había Cortes en cada uno de los tres reinos). Las de Aragón y Cataluña le hicieron esperar cerca de dos años antes de la votación, y gastó en el país para mantener su Corte casi tanto como le fué dado. No tuvo siquiera tiempo de ir al reino de Valencia.

Los castellanos tuvieron envidia de que su rey hubiera permanecido tanto tiempo en los otros reinos, y cuando Carlos hubo vuelto a Castilla, no quisieron dejarle partir. El rey anunció su partida de Valladolid, se tocó a rebato, y los habitantes se reunieron armados para impedir que el rey se marchase. Carlos escapó gracias a una tempestad. Reunió las Cortes de Castilla y prometió volver antes de tres años, y no dar ningún cargo a extranjeros. Tenía prisa por embarcar, pero el viento soplaba del norte y a diario se hacían rogativas para obtener viento favorable.

Cuando Carlos hubo partido (1520), los habitantes de las ciudades castellanas se sublevaron. Fueron a buscar a la reina doña Juana al castillo en que estaba encerrada y quisieron hacerla tomar las riendas del gobierno; pero la reina seguía loca y no quiso firmar nada. Mientras tanto, Carlos estaba en Alemania ocupado en arreglar el asunto de Lutero (ver Capítulo V). Dejó que los grandes señores castellanos reunieran tropas y combatieran a los de las ciudades. La rebelión fue sofocada, y, cuando Carlos volvió a España, no salió de ella en siete años para satisfacer el amor propio de los castellanos.

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