Historia IV:Los pintores en Italia

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Los tres pintores italianos más célebres aparecieron antes de finalizar el siglo XV, en el centro de Italia, en las comarcas que ya en la Edad Media habían producido grandes artistas del mismo género. Dos eran de Florencio, Leonardo de Vinci y Miguel Angel, que fué al propio tiempo el escultor más grande del Renacimiento; el tercero, Rafael, nació en Umbría. Su historia da idea de lo que era entonces la vida de un gran artista.


Leonardo, nacido en 1452 en Vinci, aldea de Toscana, era hijo de un rico burgués de Florencia, propietario de un castillo. Aprendió siendo niño la geometría, la mecánica y la música. Luego su padre le puso de aprendiz en el taller de un pintor en Florencia. Pronto fué conocido como pintor. Marchó a establecerse a Milán para entrar al servicio del duque. Había aprendido también el arte del ingeniero. Escribió al duque enumerándole todo lo que sabía hacer, puentes, cañones, minas, máquinas de guerras, navío, edificios, acueductos, esculturas en mármol y en bronce, pintura, arquitectura.


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Leonardo no se alababa en vano, porque, a más de sus cuadros y un número muy grande de dibujos, dejó manuscritos que tratan de mecánica, ingeniería militar, ciencias naturales, ilustrados con dibujos que representan sus inventos, y en ellos se han encontrado descritos los principios de descubrimientos que no se han realizado hasta nuestros días.

Pero Leonardo era difícil de contentar y emprendía tantas cosas que nunca lograba llevarlas a término. El duque le encargó un monumento con la estatua a caballo de su predecesor, Sforza. Leonardo trabajó dieciséis años sin poder terminarle. El duque le empleó también como arquitecto para construir edificios, como decorador para organizar fiestas, hacer dibujos de trajes, erigir arcos de triunfo.

Los monjes de un convento de Milán le encargaron que pintase la Sagrada Cena en la pared de su refectorio. Leonardo empleó mucho tiempo en este trabajo. Francisco I, que vió aquella obra todavía en buen estado, quedó maravillado. Pero la pared era húmeda, el color fué atacado por detrás, y hoy es difícil representarse lo que era la pintura cuando estaba fresca.

No se pagaba a Leonardo el sueldo que se le había prometido y tenía deudas. Luego el ejército francés invadió el Milanesado (1499). Leonardo anduvo errante algún tiempo y entró al servicio de César Borgia. Volvió a Florencia. El gobierno de la ciudad le envió al campamento delante de Pisa, que los florentinos sitiaban, para que hallase medio de desviar el curso de río.

El Consejo decidió hacer pintar, en las paredes de una gran sala, las victorias de Florencia. Dióse el encargo de representar una a Leonardo. Estudió mucho tiempo las crónicas e hizo estudios de caballos. Ensayó una pintura con cera caliente, que no obtuvo resultado; luego otra con aceite de nuez, que dejaba transparentarse el estuco dado sobre la pared. Entonces se disgustó y se fué a Roma.


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Permaneció algunos años en Roma, donde el Papa le dió sueldo. Volvía a veces a Florencia. Entonces hizo el célebre retrato de Mona Lisa, que se denomina "La Gioconda" (Museo del Louvre), en el que trabajó cuatro años.

Volvió a Milán por tres meses, y Leonardo obtuvo el título de "pintor de Su Majestad Luis XII". Siguió sus trabajos de ingeniero e hizo canales y esclusas.

Cuando Francisco I entró en Pavía, Leonardo le presentó un león automático que andaba. Al llegar cerca del rey, el pecho del león se abrió y dejó caer flores de lis. Francisco I dió a Leonardo un sueldo grande para la época y le llevó consigo a Francia. Le alojó en un pequeño castillo cerca de Amboise. Allí escribió el italiano tratados acerca de la anatomía del hombre, huesos, músculos, nervios, venas, que conocía admirablemente. Sus dibujos son a la vez obras científicas y obras de arte.


Rafael Sanzio, nacido en 1483 en Urbino, pequeña población de la montaña, era hijo de un artista que pintaba cuadros de santos. Tenía nueve años cuando murió su padre. Entró de aprendiz en el taller de un célebre pintor de Perusa denominado "el Perugino", y le ayudó a hacer pinturas para retablos. Luego fué a Florencia, pintó varios cuadros de Santas Vírgenes (que en Italia se llaman Madonas). El duque de Urbino, su ciudad natal, le protegía.

Cuando el duque hubo muerte, el Papa Julio II llamó a Rafael a Roma y le tomó a su servicio. Se había mandado hacer nuevas habitaciones y quería que se pintasen frescos en las paredes. Rafael emprendió la obra de los famosos frescos de las Stanze -la Poesía, la Filosofía , la Justicia-, representadas en forma de mujeres, y los grandes cuadros inspirados en la Sagrada Escritura: el Juicio de Salomón, Adán y Eva. Trabajó en esto tres años. El Papa le dió luego otra sala en la que pintó grandes escenas.


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Habiendo muerto Julio II, el nuevo Papa León X, de la familia de los Médicis, trató a Rafael de manera muy honrosa. Pero, en vez de dejarle pintar, le encargó de dirigir la construcción de la iglesia de San Pedro, cuyo arquitecto había muerto. Rafael empezó a estudiar las obras del arquitecto romano Vitruvio y a dibujar los monumentos antiguos de Roma. Hizo también el plano de una casa de campo para un cardenal y dibujó platos de lujo para un gran banquete.


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Como el Papa quisiera tener lindos tapices con que cubrir las paredes de la capilla Sixtina, Rafael dibujó los cartones y los tapices fueron tejidos en Bruselas.

Pintó también, para un convento de Plasencia, un cuadro de altar que representa a la Virgen. Es la famosa "Madona de San Sixto", al presente en el Museo de Dresde.

Para agradar al rey de Francia, Rafael, por mandato del Papa, pintó un San Miguel y una Sagrada Familia. Estas obras fueron confiadas a un ayudante de Rafael, que las acompañó hasta Fontainebleau (1518). Figuran hoy en el Museo del Louvre.


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De todos lados los príncipes extranjeros le enviaban a pedir cuadros. Rafael, que tenía demasiados encargos, no tenía tiempo más que para dar unas pinceladas y confiaba el trabajo a sus discípulos. El Papa le encargó decorar la galería exterior del palacio del Vaticano, denominada las Logias. Rafael dirigió el trabajo, que fué ejecutado por sus discípulos.

Debido a exceso de trabajo, cayó enfermo de melancolía. Fué acometido por la fiebre cuando dirigía excavaciones en la campiña malsana, y murió el año 1520, teniendo no más que treinta y siete años. Dejaba, a más de las dos series de frescos del palacio de Julio II y del Vaticano, una cantidad enorme de cuadros, sobre todo Madonas, que se consideran las obras maestras de los pintores italianos.


Miguel Angel que ya conoceremos como escultor, se vió obligado, contra su voluntad, a hacerse pintor. El Papa Julio II, que le había tomado a su servicio, le encargó pintar frescos en el techo de una sala de su palacio. Miguel Angel trabajó en este encargo, a su pesar, cuatro años y medio. "No estoy en mi verdadero lugar, no soy pintor de frescos". Le desesperaron en un principio las manchas de humedad, se cansaba de estar todo el día subido en un andamiaje, con la cabeza echada hacia atrás, el rostro embadurnado con la pintura que goteaba. Pintó en los ángulos los profetas y las sibilas, y en medio las escenas del Antiguo Testamento desde la Creación. Representó personajes de cuerpo vigoroso, semejantes a las estatuas antiguas.

El Papa Paulo III encargó a Miguel Angel que pintase dos paredes de la Capilla Sixtina. Miguel Angel pintó el gran fresco del Juicio Final. Le comenzó en 1535 y trabajó en él ocho años. Representa los elegidos subiendo al Cielo y a los condenados precipitados en el Infierno, con cuerpos desnudos imitados de lo antiguo.

Los tres grandes pintores tuvieron cada uno discípulos que imitaron su manera de pintar. Leonardo de Vinci, establecido en Milán, fundó la escuela lombarda; Rafael, establecido en Roma, la escuela romana, y los discípulos de Miguel Angel formaron la escuela florentina.

Un pintor muy grande, que no pertenecía a ninguna escuela, fué Allegri, apellidado el Corregio, nacido en Parma (1494 - 1534). Pintó sobre todo escenas religiosas y cuadros mitológicos. Hacía figuras muy graciosas en una luz muy suave. Sus obras principales están en Parma y en Dresde. El Louvre posee dos -una escena mitológica, el Antíope-, una escena religiosa, el Matrimonio místico de Santa Catalina.


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En el siglo XVI, lo mismo que en el XV, Venecia siguió siendo un centro pictórico importante. Los venecianos no imitaban a los grandes maestros de Florencia, como hacían los otros pintores de Italia. Pintaban directamente copiando de la naturaleza y trataban de representar sobre todo el color y la luz. Se les ha llamado coloristas.

El más antiguo y el más célebre, Tiziano (nacido por el año 1490), fué en un principio discípulo de Giorgione. Siguió haciendo progresos hasta el final de su vida. Pintó escenas mitológicas y algunos cuadros de santos. Representó siempre la naturaleza con gran intensidad de vida y de alegría, y hasta sus vírgenes son muchachas de su tiempo, de frescas carnes. Tiziano fué célebre también como pintor de retratos. Retrató a los grandes soberanos de su tiempo, Carlos V y Francisco I.

Venecia siguió teniendo grandes pintores, cuando la pintura estaba en decadencia en todo el resto de Italia. En la segunda mitad del siglo XVI aparecieron en Venecia pintores ilustres, que se ha convenido en reunir bajo la denominación de escuela veneciana.


Robusti (1518 - 1594), apellidado el Tintoreto, a causa de la viveza de sus colores, quería, son sus manifestaciones, unir el dibujo de Miguel Angel al color del Tiziano. Pintó sobre todo grandes frescos en las paredes de las iglesias y de los palacios, 56 cuadros en el Palacio de los dogos, y un Paraíso y un Juicio final gigantescos. Pero sus cuadros se han ennegrecidos y no se juzga bien de lo que valió como colorista.


Caliari, apellidado Veronese (1528 - 1588), nacido en Verona y establecido en Venecia, pintó sobre todo grandes escenas religiosas. Pero en ellas puso personajes de su época con trajes venecianos. Su obra más conocida, Las bodas de Canaán (hoy en el Museo del Louvre), había sido encargada para un convento. Representa señores con trajes de seda y oro, en una galería magnífica que sostienen columnas.

La última escuela italiana fué creada en Bolonia en el siglo XVII por los Carracho, fundadores de una Academia. Enseñaron a sus discípulos que había que tomar de cada pintor lo mejor que tenía. Los pintores de Bolonia no estudiaban ya la naturaleza, imitaban a los maestros del siglo XVI. Crearon el tipo de la pintura del siglo XVII, que representa figuras siempre sonrientes, en una luz suave, sin ninguna originalidad.

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