Historia XII:Gobierno absoluto de Carlos I

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Carlos gobernó entonces como soberano absoluto, nadie podía oponerle resistencia. El jefe de la oposición en la Cámara de los Comunes, Elliot, fué encerrado en la Torre de Londres y allí murió.

Carlos seguía los consejos de dos hombres, amigo uno de otro. Para los asuntos políticos su consejero era uno de los antiguos jefes de la oposición en la Cámara, Wentworth, que en 1640 fué nombrado duque de Strafford. Fué enviado de gobernador a Irlanda (1632), donde trabajó para preparar un ejército. Estableció en Irlanda un gobierno absoluto, como el de Richelieu en Francia, y escribía a Inglaterra: «Lo que yo hago aquí, vos podéis hacerlo ahí».

El Consejo del rey funcionaba como tribunal para juzgar las causas políticas (era llamado la Cámara estrellada), y condenaba a los autores que hablaban mal del Gobierno. Leighton, un médico que se había hecho pastor, había escrito un libro en que decía de los obispos «hombres sanguinarios, perseguidores de los santos, que llenan el país de juramentos, de embriaguez y de pecados». Fué condenado a pagar una multa de 10.000 libras (250.000 pesetas), a ser puesto en la picota por primera vez, a perder una oreja y la mitad de la nariz y a que le marcasen con hierro al rojo las letras S. S. (sembrador de sediciones), luego a ser puesto segunda vez en la picota y a perder la otra oreja y la otra mitad de la nariz, y a ser encerrado en prisión para el resto de su vida (1630).

Un abogado, Prynne, había escrito un grueso volumen contra el teatro, que declaraba condenado por la Sagrada Escritura. Insultaba a las actrices, a los espectadores y a los magistrados que permitían las representaciones. Como la reina y sus damas hubieran representado una comedia, Prynne fué condenado a ser puesto en la picota, a perder las dos orejas y a prisión perpetua (1634).

Carlos no quería ya reunir el Parlamento. Ahora bien, como las rentas ordinarias de los dominios del rey y los ingresos de las aduanas no bastaban enteramente para cubrir sus gastos y hubiera en 1635 un pequeño déficit de 18 millones, Carlos intentó proporcionarse dinero por otros medios.

Una vieja ley permitía al monarca, cuando el reino era invadido, imponer a los súbditos un tributo para equipar barcos. En 1634, Carlos obligó a pagar este tributo, llamado ship money (dinero para los barcos). Ningún enemigo amenazaba a Inglaterra, pero los jueces manifestaron que el rey tenía la facultad de hacer lo que juzgaba necesario para la defensa del reino en caso de peligro, y que él sólo tenía el derecho de decidir si el peligro existía.

Los ingleses no tenían medios para resistir. Un gentilhombre, Hampden, se negó a pagar el impuesto, y se ordenó entablar una causa que fué solemnemente vista (1637). La mayoría de los jueces dió la razón al rey, pero los discursos pronunciados en aquella causa fueron repartidos por todo el país y Hampden se hizo célebre.


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