Historia XII:Sublevación de Escocia

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Los ingleses estaban muy descontentos de Carlos I, al que acusaban de destruir la religión de Inglaterra, imponiendo los usos católicos, y de acabar con la libertad inglesa impiniendo tributos sin la aquiescencia del Parlamento. Pero no tenían medio alguno para resistir al rey. Esta resistencia les fué posible porque el rey de Inglaterra era al propio tiempo soberano de Escocia y de Irlanda. La revolución que iba a acabar con la monarquía comenzó, no en Inglaterra, sino en Escocia.

Al ir Carlos I a hacerse coronar rey a este país (1632), le habían chocado los usos de los escoceses. Sus iglesias eran construcciones cuadradas, de paredes desnudas, «semejantes a palomares». Sus pastores pronunciaban largos sermones y oraciones interminables, y no llevaban más que una sotana negra. Carlos intentó reformar la Iglesia de Escocia según el modelo de la anglicana. En la ceremonia de su coronación, los cinco obispos escoceses aparecieron con roquetes blancos, y la mesa de comunión estaba cubierta como un altar, con candeleros y tapices, y adornada con un crucifijo. Aquellas formas, que parecían católicas, irritaron vivamente a los escoceses, habituados al culto sin ornamento de las iglesias calvinistas.

Luego Carlos resolvió hacer una reforma de conjunto. En 1636 ordenó a los pastores escoceses revestir la sobrepelliz y ajustarse en la celebración del culto al libro de liturgia inglés, el prayer-book (libro de oraciones). Les indujo a colocar la mesa de comunión al extremo de la iglesia y a pronunciar sermones cortos.

Los pastores escoceses no obedecieron y continuaron empleando la liturgia escocesa. La primera vez que en Escocia se leyó la liturgia inglesa, fué en una iglesia de Edinburgo, la capital. Los bancos estaban llenos de sirvientas, que habían ido a reservar sitio para sus dueñas. Cuando se comenzó a leer la liturgia inglesa, empezaron a murmurar: «¡la misa está entre nosotras, Baal está en la iglesia!» El obispo subió al púlpito para calmarlas. Una mujer le tiró una silla, la multitud se amotinó y rompió las vidrieras de la iglesia (23 de julio de 1637).

El Consejo municipal de Edinburgo preparó una petición al rey contra la nueva liturgia inglesa. Irritado Carlos, ordenó que saliera el gobierno de Edinburgo. Entonces se sublevó la multitud, y todos los protestantes de Escocia se pusieron de acuerdo para firmar la petición. Carlos amenazó con perseguir a los autores.

Los escoceses repitieron entonces el medio empleado en otro tiempo para fundar la Iglesia de Escocia (véase capítulo V). Todos juraron y firmaron el compromiso escrito de trabajar por todos los medios en el restablecimiento de la pureza del Evangelio, tal como estaba antes de las innovaciones recientes. Aquel compromiso se llamó el covenant (convenio).

Carlos no tenía ejército preparado y trató de ganar tiempo. Retiró la nueva liturgia, luego dejó que se reuniera una asamblea general constituída por 144 pastores y 96 seglares, nobles la mayor parte. Aquella asamblea, a pesar del rey, depuso a los obispos y restableció el antiguo régimen presbiteriano.

Carlos declaró disuelta la asamblea, pero la asamblea se negó a separarse. Carlos consideró desde entonces a los escoceses como sublevados y se decidió a hacerles la guerra. Alistó voluntarios, pero, como no tenía dinero, no pudo reunir más que un pequeñísimo ejército de aventureros que no habían combatido nunca, Por el contrario, muchos escoceses acababan de combatir en Alemania. El dinero del rey se agotó muy pronto y su ejército se desbandó. No había muerto un solo hombre en aquella guerra, que fué apellidada guerra de los obispos.

Carlos hizo la paz (1639). Reunió una asamblea de escoceses, la cual pidió la supresión de los obispos. El rey decidió reanudar la guerra.


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